De nuevo, vuelvo disculpándome por la tardanza, espero que disfrutéis de la segunda parte del pasado de Rukia.

Parte 2:

Entrar de nuevo en aquella parte de la sociedad de almas le ponía nerviosa, aquel hombre del que estaba acompañada sonreía de forma tranquila e incluso podría ser sincera, no había quitado su mano de su cintura y no le gustaba ello.

- Suéltame…- dejó de caminar junto a él.

- ¿Esas son formas de hablarme después de tanto tiempo?- sonrió de manera perspicaz acariciando su mejilla- Te he estado buscando, y tú has venido a mí, no voy a dejarte ir…

Pretendía gritarle, darle una patada y seguir corriendo pero se había quedado rígida, aquella sonrisa y mirada con malicia en cierto sentido la asustaba, ¿cómo iba a enfrentarle si le temía tanto? ¿Cómo se pudo enamorar de él?, los recuerdos venían a su mente como una estrella fugaz…

Había comenzado a vivir de nuevo en el Rukongai, me traía muchos recuerdos volver a Inuzuri, y más con Renji, gracias a él me había salvado, pero todas las noches soñaba como mi pobre hermana era calcinada, el insomnio se hacía más normal en mí, y era horrible, quería dejar de pensar, quizás morir hubiera sido mi mejor opción…

- Rukia, si sigues sin comer vas a enfermar…- susurró él a mi espalda, seguro que estaba muy preocupado por mí, pero no tenía estómago para comer, me angustiaba, e incluso sonreír me parecía repugnante, yo siempre había sido como una muñeca escondida, y ahora que había salido a la luz… seguro que querían matarme…

- No tengo hambre… - le dije mirando por la ventana, como si esperase a algo, ¿quizás quería que alguien me sacara de mi realidad?...- Van a venir a por mí, para hacerme lo mismo que a Hisana…, yo no pedí ser una Kuchiki…

- Si yo no hubiese dejado que te mudaras…

- No es culpa tuya, yo quería una familia, y ese deseo egoísta me ha traído a esta situación.

Preocuparle de aquella manera me hacía sentir como una víbora, estaba consumiendo su vida al ser como mi protector, ¿por qué no podía defenderme yo sola?,¿tan inútil era? No quería aquella vida ni para él ni para mí…

Días después comencé a salir por las calles por poco tiempo, aunque había decidido que quería tomar un poco de aire fresco. Las calles del rukongai seguían siendo peligrosas aunque no estuvieran los nobles acechando. Era terriblemente triste ver como los niños robaban, como las mujeres eran secuestradas, e incluso podía sentir que la seguían, abrazó con fuerza el pan que llevaba entre sus brazos, seguramente algún ladrón quería robarle su comida de hoy y no se lo iba a permitir.

- Eh enana, deja de andar tan rápido, creo que tienes algo que podría ser mi cena – rió el hombre aumentando el paso.

- ¡Tsk, maldición! – corrí entre las demás personas que estaban en las calles, había tirado alguna cosas en mi huida, podía escuchar los insultos y el bullicio que había causado, pero no me importaba, estaba agradecida a Renji y lo menos que podía hacer era llevarle algo de comer, sentía que debía hacer algo por él.

Conforme avanzaba mis pies me fueron fallando, estaba horriblemente cansada, quedaban aun unos metros para llegar y ese hombre me iba a atrapar… Caí al suelo con el pan entre mis manos y cerré los ojos, esperaba que me lo quitara y me diera una bofetada por no obedecer, pero no fue así sentí unos brazos alrededor de mi cintura, cuando abrí los ojos un hombre me protegía…

- Ssh pequeñaja, si haces ruido nos buscaremos un gran problema tu y yo - me guiñó un ojo y sonrió. Aquel hombre me daba un sentimiento de tranquilidad y calidez que nunca había experimentado, era moreno de ojos verdes alguien que nunca había podido ver, quizás él sería quien animara mi vida…

- ¿Qué es esa expresión Rukia? – parpadeó por unos momentos volviendo a mirarle, su agarre se había hecho tan fuerte que sentía como sus dedos se clavaban en su menudo cuerpo.

- ¡ Ya basta!, no vas a engañarme más veces, quiero que me dejes en paz – le dio un empujón sin pensarlo dos veces, no debía mostrar ningún miedo, no a una persona que era capaz de manipularla con tanta facilidad, debía mostrarse como una mujer, como Ichigo había hecho que se sintiera en todo ese poco tiempo juntos.

- No eres capaz de mandarme a algo así, tú me añoras, lo sé – la cogió con fuerza del brazo y tiró de ella haciendo que chocara con su pecho – sé que añoras mi cuerpo y ser mía, y yo también lo deseo…

Sus palabras tan melodiosas al principio se habían convertido en algún tipo de amenaza, volvió a tirar de la morena sin pensar en sus sentimientos , ni lo que los demás nobles pensaran, se dirigían de camino a la mansión Shiba dónde una vez fue suya…

Desde que había conocido a Shiba Kaien, me sentía una persona muy distinta, era capaz de molestarme, enfadarme, reír, sentir nostalgia e incluso sentir cariño por una persona, me sentía como una niña pequeña que cada día para ella era un mundo de diversión y felicidad. En aquellos cinco meses que le había conocido con más insistencia habían sido como un sueño para ella.

- Sigo diciendo que no me gusta Rukia… - susurró Renji entre la penumbra de la habitación, se encontraba sentado en una silla mirándome de forma preocupada - ¿Te estás haciendo la idiota?, es un noble y lo sabes.

- No es como los demás, sé que me quiere, me defiende y...

- Y se acuesta contigo, mancillando así el poco honor que queda de los Kuchiki – gruñó cruzándose de brazos, no podía comprender porque últimamente estaba tan malhumorado, ¿acaso no se alegraba por mí?,¿quería que me muriera de tristeza?Estaba actuando como un completo egoísta y me parecía horrible.

- ¡ No hables así de él!

- ¡ Está casado, asume de una vez la realidad te están engañando, es una treta del clan Shihoin!

Conforme hablaba sus palabras conseguían hacerme más y más daño, no pude evitarlo y le dí un tortazo.

- No hables más así de él… le amo

- … Te arrepentirás Rukia, ya lo verás

Salí de nuestra pequeña casa sin decir nada más, sabía que Kaien-dono no podía estar engañándome, siempre me había protegido, siempre me había acariciado y besado como a una mujer , no como a una mísera muñeca de trapo…

Esa noche decidí ir a verle, su mansión se encontraba al oeste de las demás casas nobles, no estaba cerca de mi anterior casa y eso me alegraba, le esperé en el jardín dónde en ocasiones solíamos quedarnos mirando la luna. Sólo sentarme junto a los lírios pude escuchar su voz, era grave y seria y no tan divertida como de costumbre, me acerqué a la puerta y le oí hablar con alguien…, creo que nunca podré olvidar aquella conversación.

- ¿Cuánto tiempo vas a seguir con esto?, quiero que la mates – susurró una voz grave pero se podía notar en ella diversión en sus palabras.- Tu esposa esta considerada de mala familia por culpa de esa cría, por ella y por su clan tu no eres considerado un noble, todos desean tu muerte.

- Ya lo sé, pero…, en cierto sentido me recuerda a Miyako, ella se alegraba al verme, me gastaba bromas…

- Deja de seguirle el rollo a la Kuchiki – gritó – Si la encuentran los supervivientes de su clan será tu fin, y ten por seguro que tu hijo no lo contara, esa mujer, Kuchiki Rukia es la que te hizo infeliz, debes odiarla, sólo es una muñeca que se puede utilizar.

- Tienes toda la razón… - parecía darle la razón a aquel noble, Kaien giró la cabeza y pudo divisarme entre la oscuridad, yo sólo había sido un juguete entre disputas de clanes, quise correr, pero él abrió la puerta con facilidad, la faceta que me había creado yo misma de él se había roto, me había utilizado por ser una Kuchiki y una ingenua…

- Veo que ya tendré que dejar la faceta de idiota contigo, Rukia.

- Kaien-dono…

- Es una broma…, ¿verdad? – intenté sonreir como si todo se tratase de una broma, que intentaba tomarme el pelo como siempre solía hacer, pero su mirada estaba endurecida, aquella persona que conocía había desaparecido.

- Ven conmigo – tiró de mí con fuerza. Como una idiota le seguí sin rechistar, los pasillos que normalmente consideraba muy extensos me estaban pareciendo muy cortos, cuando me di cuenta de mi situación, me ví tirada en su cama… - Supongo que te pensabas privilegiada, pero hago esto en mi propio beneficio por mi.

- Tiene que ser una broma…, me salvaste.

- Te equivocas, salvé tu preciado cuerpo, por él soy yo el que se encargara de ti – acarició con suavidad una de mis piernas , pero me aparté con rapidez – Eres muy hermosa, la envidia de cualquier mujer, y nada más que una Kuchiki ilegítima, más interesante aún.

- Tú no eres Kaien…- susurré ahogando mi propio asombro, ¿todo lo había echo por probarme?,¿por obtener mi cuerpo?

- No conoces al verdadero, creeme – me cogió con fuerza de las muñecas y se puso sobre mí, estaba claro que no tenía fuerza contra él, buscaba esperanza, pero la olvidé completamente al ver como me tocaba con brusquedad y sin ningún cariño, ya no lo aparentaba. ¿Ser una Kuchiki me había condenado? ¿O mi propio cuerpo me había delatado?. Quería gritar y salir de allí ojala hubiese echo caso a las palabras de Renji…

Aquella noche fue mi pesadilla, me hizo suya incontables veces, e incluso intentaba apuñalarme con su espada, me hería y me daba placer, aquellos sentimientos me confundían y me hacían temerle, quería salir de allí.

- Kaien-dono…, Kaien-dono…

- Por más que ruegues mi nombre no me detendré, sólo haces daño a los demás, por eso tu familia está muerta, no tienes a nadie…

Él tenía razón, mi propio escondite había cavado la tumba de mis seres queridos, ya no contaba con nadie, sólo con un puro odio sobre mí misma, si no hubiese sido por mi existencia, todos serían felices, me odiaba… me odiaba cada segundo desde ese día, hasta todo lo que se avecinase…

Se encontraba en la misma en la misma escena que una vez temió, recordaba como su respiración se agitaba por él, como su miedo por sí misma, le erizaba la piel…

- Te veo más hermosa que de costumbre – sonrió él.

- No he venido como geisha – trató de enfrentarle, mientras se incorporaba y acomodaba su kimono en su blanquecino cuerpo- quiero que dejes de buscarme, quiero que acabes con la fama que mandas sobre mí, la gente me teme, me repudia sin conocerme.

- Por ser una Kuchiki, eso no es intervención mía. – acarició su muslo sin pensárselo dos veces, conocía muy bien sus métodos y sabía que sus manos no acabarían allí

- Déjame vivir una vida tranquila…, yo no pedí ser alguien, sólo quería una familia…

- ¡ Y tu has arruinado la mía! – gritó con voracidad, la tumbó en la cama con brusquedad, y abrió su kimono encontrándose con su suave piel, como la recordaba lo bien que se lo había pasado con ella, descendió sus manos hasta su intimidad pero ésta cerro sus piernas con urgencia. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y su expresión era de súplica.

- No…no lo hagas.

- Eres una prostituta no sé de que te quejas, no eres una chica pura y casta. – acarició uno de sus pechos, haciendo que se tensara aún más no iba a dejarle vencer, no quería que nadie la tocara, esta vez no quería exhibirse delante de nadie…

- ¡ Basta!, ¡Amo a una persona y si quieres tocarme tendrás que matarme! – gritó desesperada entre lágrimas, sus miradas se cruzaron de nuevo, sólo esperaba que su determinación no se destruyese…

Continuará: