VISIONES DE CRISTAL

Summary: Katniss es atormentada a diario por las pesadillas de los Juegos en los que murió su hermana. Al no haber podido presentarse voluntaria, siente que la culpa recae en ella. Está sumida en una depresión de la que, con ayuda de su mejor amigo Gale Hawthorne, ¿conseguirá superar? Fic corto basado en la canción (versión acústica) de Saviour, LIGHTS.

Dedicado a mis amigas, que no hacen más que insistir que Peeta es mejor para Katniss (Ori, resistiremos hasta el final).

I just want to run to you

And break off the chains, and throw them away

I just wanna be so much

And shake off the dust that turned me to rust

Sooner than later, I need a saviour

I need a saviour


CAPÍTULO 2: Marzo

Una noche más despierto jadeante. Para mí, no es una novedad; pero sí que lo es el sueño que acabo de tener.

En él no aparecía Prim, ni tampoco Peeta, o mi madre moribunda. Sí que aparecía Hazelle, y los niños. Y Gale... él ya no estaba.

Puedo apostar lo que sea a que ha sido el peor sueño de todo el mes. La sensación de perderlo había sido casi tan real como ver la muerte de Prim en pantalla. No le he visto muerto, ni ensangrentado: lo sabía, lo que era peor.

Cuando me visto, desayuno un poco de pan y me dirijo al colegio. Gale me convenció para que continuara con los estudios (que de mucho no me servirán), pero al menos me tienen ocupada parte de la mañana. Cuando salgo de clase, suelo dirigirme a la valla no electrificada a cazar, ya que la primavera se ha situado en el bosque y las presas abundan como en ninguna otra época del año. Los osos finalizan su hibernación, pero son una presa que no puedo cazar por mí misma. Debo esperar a los domingos, cuando Gale me protege (y viceversa), para satisfacer como nunca nuestros estómagos.

Las clases pasan tediosas. Recuerdo el primer día que volví: quizá todos pensaran que no me verían jamás, pero el cuchicheo no pudo evitarse. Varios profesores se acercaron a preguntarme como estaba y qué tal mi madre. A esto último mentía, por supuesto.

Incluso Delly se acercó a darme el pésame, como cuando llegó el cuerpo de mi hermana en una caja de madera.

Madge es la única con quien me siento cómoda. En clases no hablamos, y durante el almuerzo nos limitamos a hacer comentarios por educación. Pero, ahora más que nunca, nos sentimos unidas, porque ella perdió a su tía en los Juegos. Puede que no de la misma forma que yo (ella, por suerte, no la conoció), pero lo sufre pasivamente por los constantes dolores de cabeza de su madre, provocados por las pesadillas del Segundo Vasallaje.

La madre de Madge habló conmigo. Me dijo que me comprendía más que nadie, y lloramos juntas. Fue algo muy íntimo, que solo mi amiga conoce, y desde entonces, hay veces que cuando les dejó las fresas en casa saludo a su madre.

Evito pensar durante todo el día en Gale, pero es como intentar dejar de respirar. No he llegado a comprender el significado del sueño, tan solo me ha trasmitido el pálido reflejo del dolor que se acoplaría en mi corazón con su pérdida junto a la de Prim, pero era algo que ya sabía.

Mientras estoy esa tarde en el bosque comiendo unas fresas que he recogido de nuestro arbusto pienso que necesito verlo llegar de la mina, manchado de negro y con el mono, sano y salvo. Esa urgencia es extraña y desconocida para mí, por eso intento ignorarla.

Casi al instante planeo acercarme al anochecer a su casa, para hablar un rato y sentir su respiración, indicio de vida.

En el Quemador me encuentro a Haymitch, el que fue mentor de mi hermana, comprando unas cuantas botellas de licor. No me extraña que Prim y Peeta murieran.

¡Ah, Peeta! Otra espina clavada en la garganta.

¿Por qué no puedo aguantar el dolor de aquellos huesecillos incrustado en mi piel? No lo sé. En ese momento me derrumbo y hago algo que jamás pensé que haría. Me acerco al puesto de Ripper, una mujer que vende el alcohol, y dejo cinco monedas que he ganado con dos ardillas. Haymitch me mira: me conoce. Ripper tan solo se limita a sacarme dos botellas de un líquido transparente. Cinco monedas son cinco monedas, vengan de quien vengan.

Haymitch tampoco dice nada, sino que me acompaña cuando abro el tapón de la botella y absorbo el líquido. Es como fuego y me quema la garganta. Justamente lo que necesito.

—Es algo fuerte para ti, Katniss—comenta, pero cuando le echo una de mis miradas asesinas se calla.

Apenas bebo dos veces más cuando le doy las botellas a Haymitch con la nariz arrugada y con una extraña sensación de desorientación. Hay estamos: cinco monedas desperdiciadas que Gale o Hazelle podrían haber aprovechado de buena forma.

Llego a casa de Hazelle como puedo y llamo a la puerta. Me abre Vick e intento mostrar mi mejor cara, cubriendo mi lamentable estado. Le entrego las presas a Hazelle.

—¿Te encuentras bien?

A ella es difícil engañarla.

Niego con la cabeza y me dejo caer sobre la silla de la cocina. Hablamos un rato de todo: de sus hijos, del trabajo de Gale, del suyo. Le prometo que le daré una de las cremas de mi madre para curarle las manos, y ella me lo agradece.

—¿Quieres esperar a Gale?

También sabe lo nuestro, que Gale es lo único que me hace seguir siendo Katniss, y me sonrojo un poco. No puedo evitar recordar el bosque y esas ansias de sentirlo a mi lado.

Sin embargo, niego con al cabeza.

—Llegará cansado: no quiero molestar.

—No molestas, Katniss.

En mi casa no me espera nada mejor. Mi madre está tumbada en el sofá. Cuando la digo que Hazelle necesita una de sus cremas, parece volver a ser ella misma. Lo prepara todo, me lo entrega en un viejo bote que consiguió Prim hace años cambiando la leche de Lady y vuelve a tumbarse, a perderse.

Esa noche ceno un poco de pavo recién hecho, y me siento frente al fuego mientras chupo hojas de menta. Cuando miro las llamas, no hago más que ver formas en ellas. Rojo, naranja, amarillo, azul.

Prim.

Su sangre, su piel, su cabello, sus ojos.

Rojo, naranja, amarillo, azul.

Me asusto cuando las llamas empiezan a tomar la forma de su rostro, su cuerpo ensangrentado. Me levanto, cojo un barreño de agua y apago la única fuente que me calienta en esta noche fresca.

En la cama, tapada por las sábanas, no llego a cerrar los ojos. Ni puedo, ni quiero. Odio ver a Gale en las minas, explotando y muriendo, tal y como nuestros padre lo hicieron. Esta semana es en lo único que he soñado.

Intento abrir la puerta girando el picaporte, pero está cerrada con llave. La oscuridad no deja de comerme y yo solo me siento y lloro.


Éste ha sido el capítulo más breve. ¿Pensabais que Gale moriría? No soy tan cruel. Estoy segura de que muchos supieron que era un sueño. Nos quedan aproximadamente cinco meses. La historia finalizará por julio o agosto.

Amanda Stryder Hawthorne