VISIONES DE CRISTAL
Summary: Katniss es atormentada a diario por las pesadillas de los Juegos en los que murió su hermana. Al no haber podido presentarse voluntaria, siente que la culpa recae en ella. Está sumida en una depresión de la que, con ayuda de su mejor amigo Gale Hawthorne, ¿conseguirá superar? Fic corto basado en la canción (versión acústica) de Saviour, LIGHTS.
Dedicado a mis amigas, que no hacen más que insistir que Peeta es mejor para Katniss (Ori, resistiremos hasta el final).
I just want to run to you
And break off the chains, and throw them away
I just wanna be so much
And shake off the dust that turned me to rust
Sooner than later, I need a saviour
I need a saviour
CAPÍTULO 2: ABRIL
Mientras camino junto a Gale, no siento nada. Ni dolor, ni tristeza, ni angustia, ni soledad.
Nada.
Suelto un suspiro tembloroso y me pasa el brazo por los hombros, sosteniéndome en pie mientras caminamos junto a su madre al Edificio de Justicia. Quizá él piense que la muerte de mi madre me ha afectado, y la verdad es que es como un peso menos. Esté donde esté, sufrirá menos.
Volví de la casa de Hazelle un poco más tarde de lo normal. Entré y no encontré a mi madre en el salón, así que supuse que estaría en nuestra habitación. Encendí el fuego (no me quedé frente a él) y calenté unas cuantas castañas. No tenía demasiada hambre, pero sí que me apetecían unas naranjas. Mi padre las compró unas Navidades. Recordaba aun el jugo de la fruta explotando en mi boca. Comimos tres gajo cada uno, y después mi padre me enseñó unos cuantos villancicos. No había vuelto a tener unas Navidades como aquellas. Fueron las últimas que pasamos con él.
Más tarde, me marché al dormitorio y me detuve en el umbral de la puerta. Miré a mi madre durante unos minutos, intentando averiguar que había mal en ella. Tenía los ojos azules abiertos y miraba al frente, como solía hacer. Pero su palidez era excesiva. Me acerqué con cuidado para que no se asustara y me arrodillé junto a su cama. Le tomé la mano fría, pero sus ojos seguían sin dignarse a mirarme.
Por un momento me enfadé: era yo, su hija, y no me hacía ni caso. Solté su mano bruscamente y ésta calló flácida al borde de la cama, colgando mientras sus dedos rozaban el suelo. Me detuve y volví a contemplarla.
Blanca, con la vista perdida, profundas ojeras bajo sus ojos apagados.
Tanteé corriendo con los dedos su cuello, buscando alguna vena que me diera la esperanza de que aun viviera.
No la encontré.
Y huí.
Salí de casa y corrí calle arriba, siguiendo la fila de casas idénticas a la nuestras hasta detenerme en una específica puerta. Aporreé hasta que abrieron.
Hazelle iba abrigada con una bata, y sus ojos adormilados me miraron confundidos. Tras ella, Gale salió de una habitación amodorrado.
Entré en la casa dejándome los modales en la calle y sollocé antes correr hacia Gale. Él me acogió entre sus brazos sin saber aun de que iba la cosa. Me condujo a la cocina y me sentó en una silla mientras me pedía que me calmara. Yo no dejaba de llorar, ni siquiera me avergonzaba de que Hazelle y Gale me mirasen. Olvidé aquella vez en los bosques, ese día que me prometí no llorar ante mi amigo, y dejé que me intentara consolar. Hazelle estaba angustiada, los dos estaban angustiados, y ninguno sabía que me sucedía. Cuando me calmé, conseguí susurrar:
—Es ella. Se ha ido.
—¿Quién se ha ido, amor?—preguntó Hazelle acariciándome el pelo.
—Mi madre. Está muerta... ¡y todo por mi culpa!
Gale se tensó y salió de la cocina. Hazelle sollozó disgustada y me abrazó como debería haber hecho mi madre conmigo cuando Prim murió. ¿Por qué justamente ese día, el mismo día de la cosecha, se me cerró la garganta y no pude pronunciar las palabras que salvarían a mi Prim? Mi madre habría podido sobrevivir con ayuda de Prim. Ahora cargaba con la muerte de dos personas. Bueno, tres, me dije al recordar a Peeta. Porque él habría tenido una oportunidad de haber abandonado a mi hermana cuando aun estuvo a tiempo. Me agarré a Hazelle como pude. Cuando Gale llegó, estaba vestido y se abrochaba una cahaqueta. Asustada, me desprendí de Hazelle y le dije, histérica:
—¡No te vayas!
Frunció los labios.
—Alguien tiene que avisar a los agentes de la paz, Catnip.
—¡No me importan los agentes de paz! ¡No me dejes sola! ¡No ahora con todo esto, si es...!
—¡Katniss!—alzó él la voz por encima de la mía. Me agarró de los hombros e hizo que le mirara fijamente—. Tengo que ir, pero te prometo que volveré en cuanto pueda, ¿de acuerdo?
A duras penas asentí y le dejé marchar. Hazelle me trajo un pijama (un pantalón de chándal negro y una camiseta blanca que supuse que sería de Gale por como me quedaba), me preparó un té e hizo sentarme en el sofá junto a ella. Estuvimos esperando lo que me parecieron horas. Dejé que la taza de té se enfriara para bebérmela de un trago. Por suerte, ni Vick, ni Rory y ni Posy se habían despertado con todo el jaleo que había armado yo solita.
Serían las dos de la mañana cuando Gale por fin llegó.
Entró en su casa y se arrodilló frente a mí, en el suelo. Me miro unos instantes y después me dijo:
—Los agentes de la paz se han llevado el cuer... a tu madre. Mañana tenemos que ir al Edificio de Justicia.
Hazelle se marchó.
Gale encendió la chimenea mientras yo me acurrucaba en una esquina del sofá, llorando de nuevo. ¿Por qué me dolía tanto la pérdida de un ser querido que ya daba por muerto? La respuesta era sencilla: porque no había aprovechado las numerosas oportunidades que había tenido de arreglar las cosas con ella, aceptarla como madre otra vez... Había perdido la última oportunidad.
—Deberías dormir—dijo Gale mientras miraba el fuego.
—No creo que pueda—musité. Mi voz sonaba demasiado ronca. Me levanté y me senté junto a él en el suelo, frente a las llamas, sin mirarlas verdaderamente.
Estuvimos mucho tiempo en silencio, acostumbrados a él cada vez que estábamos juntos. Entonces, en algún momento de la noche, no supe ni como ni cuando, ambos buscamos a la vez el contacto del otro. Sus brazos me rodearon de una forma familiar pero a al vez extraña. Bien recibida. Me cogió en brazos y me llevó al sofá, donde nos tumbamos de costado. Sus dedos acariciaron mi rostro mientras yo no dejaba de pensar: Estoy sola, solo me queda él. Le necesito.
Necesidad. Un concepto que no aprendí bien hasta esa noche.
Cuando el fuego se apagó, nos acercamos mucho más, proporcionándonos calor el uno al otro.
—¿Estás bien, Katniss?
Negué con la cabeza mientras escondía mi cara en su cuello. No quería hablar, no quería sentir nada más que no fuera él. Pero Gale no pareció entenderlo.
—Sabes, si necesitas un lugar, a mí no me importa que te quedes con nosotros, Catnip. Podemos hacerte un sitio y...
Volví a negar con la cabeza. Gale compartía un dormitorio con Vick y Rory, y Hazelle con Posy. Yo no sería más que un incordio en esa casa.
Suspiró resignado y acercó sus labios a mi oído.
—Duérmete—repitió. Y, sin darme cuenta, lo hice.
Horas después, me desperté gritando.
Llegamos al Edificio de Justicia y Hazelle le pregunta algo a un agente de la paz que nos dirige a numerosos sitios. Me hacen rellenar papeles con mis datos, los de mi madre, mi firma... Cuando un hombre trajeado (una rareza en el Distrito 12) ve la edad que tengo, me mira con el ceño fruncido.
—Legalmente aun no tienes la mayoría de edad, señorita Everdeen.
—El año que viene cumplo los dieciocho—replico indignada.
—Aun así, deberás ingresar en un orfanato.
Niego con la cabeza.
—Puedo cuidarme yo sola. Llevo años haciéndolo.
—Eso no es de mi incumbencia.
Estoy a punto de abrir la boca para decirle qué no es de su incumbencia cuando Hazelle dice con voz autoritaria.
—Yo cuidaré de ella oficialmente.
El hombre la mira detenidamente, como analizando sus capacidades y se encoge de hombros, para después apuntar algo en unos papeles. Hazelle es conocida en todo el distrito por lavar la ropa a la gente a cambio de unas cuantas monedas. También por ser la mujer embarazada de un minero que murió días antes de que diera a luz. Nadie duraría de sus capacidades como madre.
Aun así, es una opción que me desconcierta. Le dije anoche a Gale que no quería quedarme con ellos, y él probablemente se refiriera a esto, a que no tengo ninguna otra opción. Pero... aun puedo vivir en mi casa.
Cuando le miro, él me imita, y en pocos segundo, sabe en lo que estoy pensando.
Niega con la cabeza y me hace un gesto que quiere decir algo así como: haz lo que quieras.
Más tarde, al anochecer, me acompaña a casa. Hoy no ha bajado a las minas; pidió el día libre por fallecimiento de un familiar. En realidad, Gale no está emparentado conmigo, pero puede pasar la mentira por el mismo aspecto que ambos tenemos: piel aceitunada, pelo negro, ojos grises... Llegamos al porche y nos sentamos en las escaleras. Durante unos minutos vemos pasar a niños, ancianos y hombres manchados de la veta del carbón. Estos últimos volverán de trabajar.
—¿Como es estar en las minas, Gale?—le pregunto al ver como un chico de su misma edad que pasa frente a nosotros con el típico mono azul le saluda. Gale asiente con la cabeza en su dirección y yo recuerdo vagamente haberle visto en el colegio.
—Lo sabes, Catnip. Has estado allí.
Es cierto. Todos los años realizamos una excursión escolar a las minas, pero normalmente no suelo ir de lo mala que me pongo cada vez que pienso en mi padre.
—Ya, pero tan solo media hora.
—Es asqueroso. No por el trabajo, sino por... Bueno, ya sabes.
En efecto, lo sé.
—Cada vez que bajo solo pienso en subir. Y también está el miedo de no volver a ver el exterior, ver a mi madre, a mis hermanos, a ti...
—¿Crees que si nuestros padres hubieran sabido lo que iba a suceder nos lo habrían dicho?
Me contempla mientras piensa qué decir.
—Creo que... se lo hubieran guardado para ellos mismos. Es lo que yo haría contigo: no te diría nada.
—Al menos...—susurro consternada al considerar la posibilidad.—Al menos te despedirías de mí, ¿no?
—Sí, sin que lo supieras. Me despediría de ti como es debido
¿Cómo es debido?
—Me tengo que ir, Catnip—dice mientras se levanta y camina unos pasos más allá. Se detiene y me mira—. No dudes en venir a casa si necesitas algo.
Asiento y vuelvo a dejar que se marche.
Sin abrazos ni caricias. Eso solo fue anoche, un momento muy especial. Ahora hemos vuelto a las viejas costumbres.
Entro en casa y cierro la puerta.
Los dos próximos capítulos giraran mucho más entorno a Catnip y Gale.
Amanda Stryder Hawthorne
