VISIONES DE CRISTAL

Summary: Katniss es atormentada a diario por las pesadillas de los Juegos en los que murió su hermana. Al no haber podido presentarse voluntaria, siente que la culpa recae en ella. Está sumida en una depresión de la que, con ayuda de su mejor amigo Gale Hawthorne, ¿conseguirá superar? Fic corto basado en la canción (versión acústica) de Saviour, LIGHTS.

Dedicado a mis amigas, que no hacen más que insistir que Peeta es mejor para Katniss (Ori, resistiremos hasta el final).

I just want to run to you

And break off the chains, and throw them away

I just wanna be so much

And shake off the dust that turned me to rust

Sooner than later, I need a saviour

I need a saviour


CAPÍTULO 2: JULIO

Cada día es un nuevo día. El tiempo pasa, y con él mi tristeza disminuye, pero ahí está.

Dos meses después de la muerte de mi madre sigo teniendo pesadillas en las que ella se ha incluido. Me levanto por las noches gritando, con lágrimas en los ojos.

Pero siempre está él para consolarme en la oscuridad.

Gale y yo vivimos en la misma casa (la mía). Él necesitaba salir de aquel agobiante lugar en el que vivía, lleno de niños; yo necesitaba que la casa no estuviera tan vacía por las noches.

Y nos volvimos a juntar para sobrevivir.

Las habladurías no nos importan. Hazelle aceptó entendiéndonos a los dos. Además, Gale es mayor de edad, y oficialmente puede hacer lo que le venga en gana. Pero para el resto de la Veta (que aunque somos muchos estamos enterados de todo) es algo imperdonable. Normalmente, dos personas viven juntas de verdad cuando están casadas; y el hecho de que Gale y yo compartamos casa sin casarnos es un crimen.

Cada vez que él lo menciona me sonrojo. Para los que nos conocen es evidente que tan solo somos dos buenos amigos que se cuidan mutuamente. Compartimos juntos la parte más importante de nuestra vida, que es la supervivencia. Yo me enorgullezco de esto, porque no todo el mundo consigue alguien en quien confiar de verdad. Hay parejas que ni eso.

Retomo la rutina que una vez invadió mi vida: cazo, recolecto, pesco, llego a casa cocino, llega Gale, cenamos y picamos almendras frente a la chimenea. Me viene bien, porque es una forma de intentar convencerme de que en mi día no puede volver a haber un cambio tan drástico como los dos últimos. Siempre será lo mismo: cazar, comer, dormir; cazar...

Aun así, hay veces en las que Gale decide que salgamos de la rutina, y un domingo en que no es necesario cazar (porque tanto Hazelley sus hijos como nosotros tenemos suficiente comida) me lleva a distintos sitios del bosque: una hondonada, un lugar donde antes había una ciudad... Un día le digo que decido yo donde ir, y terminamos en un lago.

—Mi padre solía traerme aquí. Él cazaba mientras yo chapoteaba en el lago y buscaba las katniss. Salía tan limpia del bosque que cuando llegaba a casa mi madre fingía no reconocerme.

Sonrío débilmente sin apartar la vista del agua.

—Nunca he tenido oportunidad de traer aquí a Prim. Me hubiera gustado.

Entonces, ambos decidimos eliminar los malos recuerdos de este lugar y crear unos nuevos, en los que solo existan Catnip y Gale.

Pasamos el día allí: le enseño a nadar, recogemos saetas y nos tumbamos en la fresca hierba de la orilla empapados e intentando aprovechar los últimos rayos de sol para secarnos. Es uno de esos días que a mí me gustan, y me alegro de pasarlo con Gale.

Una tarde de julio en la que Gale está trabajando en las minas recuerdo lo que le dije, que me hubiera gustado traer a Prim aquí. Me visto (aun estoy en la cama), me hago mi trenza habitual y salgo en dirección a la casa de Hazelle. Está fregando, como siempre, y me saluda desde la ventana. En cambio, es Vick el que me abre.

—¡Hola, Katniss!—dice. Al cabo de unos segundos Rory llega y me saluda con el mismo brío. Es increíble lo mucho que el chico se parece a Gale. Ya tiene trece años (los que debería de tener actualmente Prim) y, como su hermano, es altísimo. Me ha alcanzado de sobre y continúa creciendo con la complexión de los que somos de la Veta: delgados y altos, con los huesos muy pronunciados.

Entro a la cocina y saludo a Hazelle y a la pequeña Posy. Esta tiene ya cinco años.

Cuando le comento a Hazelle lo que quiero hacer me dice que no tiene nada en contra, y se va a vestir a Posy.

Minutos después, las dos estamos en el bosque, recogiendo prímulas. Tardamos unas horas en llegar al lago, pero a Posy no le importa. La chiquilla jamás ha visto nada más que las destrozadas casas de la Veta, y estar en contacto con la naturaleza la sorprende. A parte de que soy paciente, aguanto el que se pare a mirar cualquier cosa porque su sonrisa y sus ojos grises muy abiertos me recuerdan a las caras que puso Prim la primera vez que la traje al bosque.

Llegamos y plantamos las prímulas cerca del lago, para que se mantengan bien frescas y vivas. Después, Posy y yo jugamos un rato en la orilla, y a la niña le emociona el hecho de saber que existen espacios más amplios que una bañera. A última hora de la mañana, volvemos a marcharnos, y de camino voy comprobando todas las trampas de Gale, cogiendo ardillas y conejos y dejándolas otra vez en su sitio.

Esa noche, Gale tarda más en llegar. Y cuando lo hace, entra por las puertas con una sonrisa, algo extraño dado que las minas no son de su agrado.

—Me he pasado por casa al salir. Posy estaba muy contenta.

Ahí está la razón.

—Lo que has hecho...

—He hecho lo que era correcto—le interrumpo—. Llevarla a ella ha sido como llevar a Prim otra vez a mi lado.

—Gracias.

—No tienes porqué dármelas.

—Claro, Catnip—dice burlón, pero con cariño. Me río y nos miramos, sorprendidos.

Hacía meses que no escuchaba mi risa, ni siquiera en el bosque. Y esta vez a salido fácil, sin ser forzada.

Preparamos con el fuego de la chimenea una ardilla cada uno (todo un manjar) y nos las comemos acompañadas de bayas y unas cuantas fresas que he podido quedarme. Además, ayer, el padre de Peeta me regaló una abrra de pan de más al cambiarlas por tres conejos.

En un momento de la noche en que estamos sentados en el suelo frente a la chimenea aunque haga calor, él se acerca a mí, coge mi rostro entre sus manos y escudriña en mis ojos en busca de algo cuya procedencia desconozco. Contemplo sus ojos grises con curiosidad. Hasta hace poco, cuando miraba a la gente de la Veta con ojos grises, tan solo veía cenizas y muertes, escombros... Ahora, los de Gale me conceden la esperanza y confianza que solo él puede darme. Él: mi compañero, mi amigo, mi punto de apoyo, mi... ¿mi qué? Todas esas palabras son demasiado suaves para definir lo que es Gale para mí.

Después, silencioso y espontáneo, tal y como es él, me besa.

Y pienso en que, quizá, era esto lo que yo buscaba desde el principio.


Creo que ha sido el más breve de todos, lo siento, pero estaba planeado así desde el principio. El último capítulo está por legar, y creo que será más largo que este. Tendrá escenas románticas y momentos dramáticos, lo esencial para finalizar esta bonita historia. Quizá, si tengo tiempo, añada un epílogo. Espero que os haya gustado en vez de decepcionado ; )

Cassandra Stryder Hawthorne