N/a: ¡Hola! Muchas gracias por los reviews :D Debo aclarar, este fic es un AU y es algo OoC. Está muy loco porque yo me caracterizo por hacer muchas cosas enredosas y dramáticas y etc... xD Amm... Espero que les guste este cap :D No tengo mucha imaginación para hacer notas, así que esto es todo xD Ahora lean xDD

Disclaimer: Lovely Complex no me pertenece. Todo le pertenece a Aya Nakahara-sama :D Yo sólo soy dueña de la trama(?) y de Rei y Yoko :D


Capítulo Uno. Un chico perfecto.

—¡Ayuzawa-kun! —se escucharon varios chillidos entusiastas al otro lado de la puerta.

Risa suspiró. Siempre era así; su novio era el roba-corazones de la empresa. Era una idiotez, pues todas las mujeres que trabajaban con él babeaban por su atención, y que Risa no lo hubiera hecho tanto como las demás (porque hay que admitir que sí, sí había demostrado una clase de atracción involuntaria hacia él) había sido lo que hizo que él posara sus ojos en ella. Y vaya que tenía a casi toda la compañía en su contra desde el inicio de su relación, pero a ella no le importaba. Su relación era una ironía, pues Risa nunca se había considerado la chica más popular o más bonita de la empresa en la que trabajaba. Era una agencia de modelos, lo que hacía que las cosas con su novio fueran peor. Las modelos podían ser un verdadero dolor de cabeza.

Y tal vez el hecho de que Rei fuera promovido a ser el sexy fotógrafo de lencería (cortesía de su jefa, que aunque estuviera casada y tuviera ya más de cincuenta años, babeaba por Rei y le tenía cierto rencor estúpido a Risa por ser la joven que le robó el corazón) hacía las cosas mucho más difíciles. Apenas llevaban una semana juntos, de hecho ya iban a ser dos, y ya habían terminado como cinco veces. Todas por la misma razón: las malditas modelos a las que se les "resbalaba" una que otra prenda en la sesión de fotos, y como Risa no era la estilista que trabajaba con él, no podía hacer nada para evitarlo. Siempre, siempre tenía que pasar algo, y siempre en el momento en el que ella iba a visitarlo. Ella sabía que lo hacían a propósito, pero aún así le molestaba que Rei le encontrara la gracia.

Porque siempre que ella terminaba con él por ese tipo de situaciones, Rei reía y decía: "¿Crees que te engañaría después de todo lo que pasé para tenerte?"

Tampoco era que su novio casi sacrificaba su vida por ella, pero en serio le había costado mucho trabajo convencer a esa mula terca que tenía como novia para que accediera a salir con él. Pero la verdad era que Risa siempre pensó que estaba jugando con ella. Nunca creyó que los dulces o que las flores que él le enviaba tuvieran otro significado, pues, como ya había aclarado antes, ella nunca se consideró el mejor partido de su empresa. Inconscientemente se sentía feliz de que el verdadero partido de su empresa la hubiera escogido a ella a pesar de tener miles de chicas hermosas a sus pies.

Pues a pesar de que todo el mundo sabía que su familia nadaba en dinero, era demasiado apuesto. Demasiado. A veces Risa dudaba seriamente de que su rechazo hubiera sido la razón por la cual él se había enamorado de ella, era más probable que se hubiera golpeado la cabeza o algo así. Aparte de que medía 1.87 (lo cual era muy bueno, pues ella siempre quiso tener un novio alto), su forma de ser era muy agradable. Tenía los ojos verde olivo, y su cabello era rubio. Risa se burlaba de él porque el tono de rubio que se ponía (porque era evidente que se pintaba el cabello) era muy chillante y lo hacía parecer un niño presumido. Era fuerte, se notaba que hacía ejercicio. Tenía una dieta balanceada y hacía poco que se había hecho vegetariano; se arreglaba tan bien que Risa dudó por un tiempo si era gay o definitivamente se amaba mucho.

Una sonrisa lasciva cruzó su rostro al recordar la forma en la que él le demostró que definitivamente no era gay.

Un golpe sordo la regresó a la realidad. Subió la mirada hacia la puerta de su pequeña oficina y lo vio. Jadeando mientras se apoyaba contra la puerta. Aún así se veía radiante, y la sonrisa que le dedicó hizo que su corazón latiera a mil por hora.

—Nunca logro quitármelas de encima —declaró, divertido. Sonrió aún más al ver el rostro de enojo que había puesto su novia—. Ahora se decidieron por atacarme todas de una sola vez. Tuve que escapar —rió. Luego se acercó a su escritorio y se inclinó lo suficiente para rozar su nariz con la suya.

—Odio que hagan eso —se quejó ella antes de que él le pudiera robar un beso—. Lo que más me molesta es su maldito tono, "¡Azuyawa-kun!" —imitó los chillidos exagerándolos y poniendo una cara de estúpida.

Rei rió aún más y acarició su rostro. —Ya, ya. Vengo con buenas noticias y no quiero que te enojes antes de escucharlas.

—¿Quieres decir que quieres que me enoje después? —lo miró con ironía.

Él sólo sonrió y negó con la cabeza. —De verdad que eres todo un caso…

Eso era lo que no le gustaba de él. Cuando ella se enojaba él simplemente no le daba importancia y cambiaba el tema. O a veces la intentaba calmar, lo que hacía que se enojara más. Había sido así desde siempre, y no le gustaba. Estaba tan acostumbrada a las peleas con su mejor amigo, Otani, que ese cambio era como una bofetada. Por estúpido que se escuchara, le encantaba pelearse con Otani. Le encantaba sentir que lo odiaba y que quería matarlo y ver en su rostro la misma furia que ella sentía. Amaba eso. No sabía porqué. Tal vez era porque se veía tan ridículamente gracioso que no podía odiarlo. Todo se evaporaba cuando ya no había palabras y ambos rostros contenían una furia indescriptible que irónicamente se veía graciosa. Estallaban en carcajadas antes de poder siquiera golpearse y todo el odio desaparecía. Él era tan especial para ella… Era su mejor amigo en todo el mundo. El único que la comprendía y que tenía los mismos gustos que ella tenía. Era el mejor tipo en todo el mundo, y ella se sentía tan afortunada de tenerlo cerca. Había sido casi una bendición que hubiera querido irse a Tokio con ella, pues era el único amigo de Osaka que ella veía desde hace mucho tiempo. Cada que estaba con él recordaba un pedazo de su hogar, de su familia, de todo lo que había dejado atrás. Con él se sentía a salvo, se sentía a gusto. Las horas pasaban realmente rápido y había veces en las que deseaba estar más tiempo con él.

Era como una bocanada de aire en ese lugar tan loco. El ver su rostro era su salvación. Él era lo que la mantenía cuerda, era el que la consolaba, el que siempre estaba ahí para ella. Risa estaba infinitamente agradecida con él por siempre estar ahí. No sabría qué sería de ella si no estuviera ahí.

Al poco tiempo se dio cuenta de que Rei la miraba fijamente. Dio un salto de sorpresa al ver que la miraba entretenido. —Te quedaste perdida —había dicho—. Pero creo que estoy un poco celoso —arrugó la nariz mientras sonreía—; nunca puedes dejar de pensar en él.

Risa abrió los ojos desmesuradamente mientras sentía cómo su pecho se hundía. Maldición, odiaba ser tan obvia.

—Y-yo… —trató de explicar. Al balbucear cosas ininteligibles sólo rió nerviosamente—. No es que sólo piense en él —dio énfasis en la palabra "él" con ironía—, simplemente… recordé que… que…

—Ya, lo entiendo —la interrumpió antes de que siguiera estropeando todo—. Sé perfectamente que él es tu mejor amigo —declaró—. Además, estoy más que seguro que nunca me engañarías con un tipo tan pequeño como él —rió un poco, pero Risa no se rió con él. Se sintió ofendida, de hecho. Rei pareció darse cuenta de su expresión porque trató de componer las cosas: —Tú me entiendes…

—No, no lo hago —contestó fríamente.

—Risa, por Dios… sabes que bromeo…

—¿Con qué cosa? ¿Con que crees que te engañaría con él? ¿O porque crees que es tan pequeño que no se puede considerar un hombre? —sin darse cuenta se encontraba de pie. Apretaba los puños cada vez más fuerte y lo miraba realmente molesta—. Yo sé que te crees el ombligo del Universo, pero no te metas con él. Se supone que confías en mí, ¿no? ¿Entonces para qué demonios dices esas cosas estúpidas? —su voz iba en aumento. Rei se apresuró a calmarla antes de que alguien en los alrededores se diera cuenta de lo que pasaba.

—Sí, Risa, tienes razón —dijo, algo desesperado—. Lo siento, lo siento mucho…

—¡Maldición, Rei! —golpeó la mesa con su puño, y Rei estuvo seguro de que ésta vez sí la escucharon allá afuera. Lo comprobó cuando empezó a oír murmullos provenientes del exterior. Fue su error el suponer que las chicas de las que había escapado antes se irían tan fácilmente—. ¡Para todo tienes que pedir disculpas! ¡Siempre tienes que ser tan endemoniadamente perfecto! ¡¿Qué nunca te enojas? —sus ojos brillaban en furia pura. Rei trató de contenerse, pero odiaba que siempre se pusiera en la defensa del enano y que él siempre tenía que disculparse. En serio lo odiaba.

—¡Claro que sí! —vociferó en respuesta, y Risa parpadeó varias veces, sintiendo cómo la furia flaqueaba un poco—. ¿Qué demonios crees que siento cuando te pierdes pensando en él? ¿Cuando me hablas de él, huh? ¿Crees que soy feliz pensando que vive un piso debajo de ti y que…?

—¡Rei, por favor! —ella retomó su fuerza—. ¡Ya te he dicho miles de veces, Otani es mi mejor amigo y sólo porque viva debajo de mi no significa…!

—¡Por Dios! —la interrumpió, esta vez furioso. Era la primera vez que Risa lo veía así—. ¿Qué no puedes ver la forma en la que te mira? ¡El enano se muere por ti!

—¡Basta! —Risa estaba a un paso de él—. ¡Estoy harta de que siempre me digas lo mismo! ¿Cuántas veces tengo que decirlo? ¡Maldición, ¿cómo es posible que tengas tan poca confianza en mi? ¡Yo debería ser la que se enoje!

—Querida, ya estás enojada —Rei entrecerró los ojos—. No te entiendo, realmente…

—¿Y debes hacerlo? ¿Acaso debes controlar cada cosa que hago o qué? ¡Odio que seas así! ¡Odio que imagines cosas! ¿Por qué siempre tienes que llevarle la contraria a Otani, huh?

Rei la miró con profundo rencor. —¡EL TIPO ME ODIA! ¿Cuántas malditas veces te lo tengo que decir? ¡No lo soporto, no soporto que te mire de esa forma!

—¡Tú eres el que imagina eso!

—¡Tú eres la ciega que no se da cuenta!

Risa sintió que estaba a punto de golpearlo cuando golpearon a la puerta suavemente. Ambos giraron la cabeza tan fuerte que pudieron haberse roto el cuello hacia la persona que se encontraba ahí.

—Perdonen, ¿es un mal momento? —la compañera de Risa, Yoko, miraba la escena un poco sorprendida, pero sin desperdiciar un momento y coquetearle levemente a Rei, quien se sentía en el peor ánimo del mundo como para estar soportando seguidoras—. Risa… La jefa te habla.

—Dile que yo le daré la noticia —gruñó Rei. Yoko lo miró con el ceño fruncido, definitivamente nadie lo había visto tan molesto nunca. Aún así, asintió levemente con la cabeza y cerró la puerta despacio. Rei se giró hacia Risa, que lo miraba confundida. Suspiró, al menos la pelea había terminado.

—¿Qué noticia? —preguntó.

—Oh, sí, eso… —Rei tomó asiento en la silla que se encontraba enfrente del escritorio de su novia y Risa se sentó en el borde del escritorio.

—¿Y bien?

—Te promovieron —dijo, tratando de recobrar el ánimo alegre con el que había llegado hacía unos minutos—. Ahora eres mi estilista —dijo mirando el suelo, de alguna forma no se sentía tan bien como cuando recibió la noticia—. Vamos a trabajar juntos.

Subió la mirada y le dedicó una sonrisa débil. Risa lo miró por unos segundos y luego se abalanzó encima de él.

—Lo siento —se disculpó. Tomó su rostro con las dos manos y lo besó apasionadamente. Rei respondió al beso de buena gana, sintiendo satisfacción al ser al que le pedían disculpas esta vez. La abrazó firmemente y al poco tiempo Risa comenzó a perder la cordura. Rei simplemente la acariciaba, pero ella necesitaba más. Se apretó más contra él y le revolvió el cabello, se pegó más a su cuerpo y Rei entendió lo que quería.

—No, Risa —la apartó un poco de sí mismo—. No quiero que nos descubran —sonrió pícaramente.

—Maldito seas, Rei —ella le devolvió la sonrisa—. Sabes que quieres hacerlo tanto como yo.

—Estoy empezando a creer que te has vuelto adicta a mí —ambos rieron y ella se acurrucó en sus brazos.

Cerró los ojos, y sintió cómo Rei recargaba su cabeza sobre la suya.

—Te amo, Risa.

—Yo también te amo, Rei.