VISIONES DE CRISTAL

Summary: Katniss es atormentada a diario por las pesadillas de los Juegos en los que murió su hermana. Al no haber podido presentarse voluntaria, siente que la culpa recae en ella. Está sumida en una depresión de la que, con ayuda de su mejor amigo Gale Hawthorne, ¿conseguirá superar? Fic corto basado en la canción (versión acústica) de Saviour, LIGHTS.

Dedicado a mis amigas, que no hacen más que insistir que Peeta es mejor para Katniss (Ori, resistiremos hasta el final).

I just want to run to you

And break off the chains, and throw them away

I just wanna be so much

And shake off the dust that turned me to rust

Sooner than later, I need a saviour

I need a saviour


CAPÍTULO 2: AGOSTO

Decir que he renacido es poco.

Desde el momento en que encontré una razón para vivir, la antigua Katniss volvió a mi ser para guiarme en lo que se ha convertido mi nueva vida.

Las cosas, por fin, han empezado a irme bien: la caza me mantiene ocupada y distraída, más ahora que estoy enseñando a Rory a manejar el arco; con Posy he creado un vínculo muy especial, igual de fuerte si no mayor que el que mantenía con mi hermana; Vick es una gran persona, dulce y cariñoso, siempre atento conmigo; Hazelle y yo continuamos comportándonos como madre e hija.

Y luego está Gale, que sigue siendo... simplemente Gale.

Un Gale más cariñoso y atento que de costumbre.

Desde aquella noche en que me besó algo cambió. Fue como nos hubiéramos dado cuenta de la presencia de algo que siempre ha estado ahí. Algo invisible que había tomado forma y color. Algo sólido, sin barreras ni tapujos. Ya no teníamos razones para ocultar algo que ambos sabíamos de su presencia.

Recuerdo que me sorprendió. No le devolví el beso, pero tampoco le aparté. Es más, en el fondo no quería.

Los siguientes días fueron extraños. Apenas nos atrevíamos a mirarnos, y yo no sabía que hacer. ¿Estaría enfadado? ¿Esperaba que lo volviera a besar?

El segundo beso también me lo dio él. Y después hablamos de todo menos de ello.

Entonces nuestra relación cambió. Siempre nos quedamos el uno cerca del otro, como si inconscientemente nos buscásemos. He dejado de ser tan reacia al contacto físico, y permito que me abrace. Hay mañanas (cuando me despierto a la vez que él) que se despide de mí dándome un beso en la frente.

Y me dice que me quiere.

Como jamás le he devuelto los dos besos ni las numerosas caricias que recibo. Sé que él no sabe si siento lo mismo, si le correspondo. También sé que espera una respuesta. Quizá un no, quizá un dejemos de vernos, o quizá... quizá un sí. Pero soy incapaz de darle una respuesta segura, ya que ni yo misma sé lo que siento cada vez que está cerca de mí.

Pero de lo que estoy segura es de que sin él no puedo vivir.

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Posy y Prim huyen.

Huyen del fuego, de las llamas.

Y de Cato.

Tras ellas, Peeta las apremia entre gritos, animándolas a correr más y más. Entonces, en un visto y no visto, Peeta calla. Las niñas se giran y ven a Cato mucho más atrás. Por unos instantes, se alegran de haber puesto distancia entre ellas y el asesino, pero la felicidad se esfuma al contemplar la cabeza de Peeta separada del resto de su cuerpo, metros más allá. Un charco sanguinolento le rodea, y sus ojos abiertos expresan horror. Posy y Prim gritan, pero no se detienen.

Lo miro todo desde un árbol, impotente. Como han huido, como ha degollado Cato a Peeta de una tajada... Y no bajo de la rama en la que estoy encaramada. Les grito yo ahora a las niñas, pero parece como si un cristal aislara mis gritos del resto del mundo.

Impotente y sola, en mi reducto de horrores y fechorías.

Ellas corren mientras yo salto de árbol en árbol para seguirlas. Cato se acerca; ellas lo saben.

Prim tropieza y cae al suelo rodando mientras grita. Cuando se detiene, embarrada y mojada, advierte a Posy de que no se dentenga.

Una menos. Cato descarga el filo de su cuchillo por las venas de Prim, quien muere ahogada por la sangre que brota de su boca.

Posy derrama lágrimas mientras corre a esconderse en una cueva al pie de las montañas, pero Cato sabe donde está y la acorrala en ella. Mientras Posy suplica por su vida, Cato sonríe sádicamente. Después, la despedaza, trozo a trozo, miembro a miembro, mientras ella apenas tiene tiempo de gritar de dolor...

Pero ahí no acaba.

Mi madre llega a casa junto a mi padre, felices y contentos; por alguna razón, explota el suelo que hay bajo ellos y mueren ardiendo, juntos, de la mano. Como deberían haberlo hecho en la realidad, sus almas ascienden simultáneamente a ese lugar pacífico que puede que exista, ajenos a lo que está sucediendo en el mundo, ajenos a que me están dejando sola.

Cuando lloro de dolor y amargura, nadie me escucha. Sigo en esa caja transparente que se va volviendo oscura, cada vez más oscura, hasta que ya no queda ni un rincón de luz ni aire.

Grito y me incorporo jadeante y sudorosa, tal y como llevo haciendo durante más de medio año. Las lágrimas aguantan orgullosas en mis ojos, pero cuando sus brazos me rodean, se derraman sin vergüenza. Hacía mucho que no tenía un sueño como éste. Incluso pensé que esa etapa en la que mi imaginación sale a la luz había desaparecido. Al parecer, solo se había tomado unas vacaciones.

Acostumbrada a pensar cada noche antes de dormirme que voy a sentir solamente el sufrimiento que me corroe por dentro como no lo siento de día, la pesadilla me ha pillado desprevenida, y por eso Gale tarda más en calmarme que las anteriores noches. Sus palabras de consuelo son solo eso, palabras, y las sensaciones que su cálido abrazo provocan no es ni un vago reflejo de lo que deseo sentir.

—¿Estás bien?

Niego con la cabeza, angustiada. No hago mas que ver las muertes de los cinco una y otra vez, crueles muertes persiguiéndome. Pero como Gale no sabe esto, se lo explico:

—No se van, Gale. Las pesadilas no se van—susurro apretándome las sienes, agarrándome el pelo recogido en una trenza en dos puños. Varios mechones me caen sobre la frente cuando él me quita las manos y las pone en mi regazo. Los aparta y dice:

—No se irán nunca, Catnip.

Sin rodeos. Directo, tal y como él dice las cosas, sin importar la gravedad de éstas.

Y me doy cuenta de que tiene razón, porque por mucho que mi vida haya vuelto a la normalidad, las noches no lo harán. Y esto siempre sería así desde la muerte de mi padre, aunque Prim no hubiera ido a los juegos. Aunque mi madre no se hubiera hundido otra vez en esa depresión.

Asiento, comprendiendo lo que todo ello conlleva.

Permanecemos durante un rato en un silencio sepulcral, donde tan solo se escucha mi respiración agitada calmándose poco a poco. Cuando ya se acompasa a la de Gale, le miro. Frente a mí, con tan solo la luna como fuente de luz, vislumbro vagamente el contorno de su nariz y sus labios. Tímidamente, acaricio su rostro, palpando las características que hacen que lo reconozca: la barba incipiente, los labios carnosos, las espesas cejas, el pelo rebelde de alguien que acaba de levantarse. Él respira entrecortadamente, y se acerca a mí sin dejar de contemplar mis ojos, como pidiendo permiso. Apenas me a tocado de una forma poco platónica desde aquel segundo beso, seguramente para dejarme mi espacio y tiempo para pensar. Pero de eso hace semanas, así que ya va siendo hora de que decida algo. Y mi alma debe decidir antes que yo, porque mira un segundo más mis ojos y me besa.

Esta vez es distinto. Cuando sus labios tocaron por primera y segunda vez los míos, sentía algo contenido. Ahora, que sabía que iba ha hacerlo y lo esperaba, me permito sentirle de verdad. Sus labios rozan los míos y se unen.

Como juntar una llama y gasolina.

Explotamos.

Enredo mis manos en su pelo mientras él me abraza la cintura, acercándome mucho más a su cuerpo. Le beso; y me besa. Y es magnífico, como si debiera ser así para siempre. Pateo las sábanas enredadas en mis piernas porque me molestan, y Gale se atreve a ir un poco más lejos posando una de sus manos en mi muslo.

Cuando me separo de él por falta de aire, sus labios no soportan ese espacio, y acaricia mi frente con ellos mientras susurra que me quiere. ¡Cuántas veces habré oído esas palabras en los labios de distintas personas, él incluido! Y jamás, en ningún momento, he sabido realmente lo que es corresponder ese sentimiento. Pero algo me impide hacerlo aun, así que agarro su rostro y esta vez soy yo la que le besa. Acaricia mi pelo desde las puntas mientras va deshaciendo la trenza que siempre he tenido. Cuando cae por mi espalda libre, me doy cuenta de que me gusta sentirlo en mis hombros.

Pronto, él me empuja con suavidad hacia abajo, dejándome sobre el viejo colchón, y deposita suaves besos en mi cuello mientras se tiende sobre mí. Sentir su cuerpo pegado al mío es extraño y familiar a la vez. Agradable y escalofriante. Aterrorizador, pero lo deseo. Nos dejamos llevar por las pasiones más primarias de nuestro ser. El fervor de sus caricias, los jadeos entrecortados de nuestras respiraciones... Sus manos me rozan la cintura por debajo de la camiseta de una forma experta mientras sus ojos vuelven a mirar los míos en una pregunta silenciosa. Nos entendemos sin palabras, y mi asentimiento es evidente.

De alguna forma, tengo miedo. Miedo a algo que debería ser bello. Miedo a él. Es absurdo, porque con todo lo que hemos pasado: hambre, terror, odio, sufrimiento... la timidez y los nervios no deberían de ser capaces de dominarme. Pero se nota que lo hacen al temblarme las manos cuando yo le quito la camiseta.

Gale me agarra las muñecas para detenerme un instante.

—Te quiero—dice.

Me besa, y lo veo. Distintas imágenes, sin conexión unas con otras, pero, de alguna forma, tienen sentido. Veo un futuro no muy lejano. Me veo a mí, dentro de unos años, sonriendo igual que lo hacía cuando era pequeña, feliz y sin temor ni preocupaciones. Le veo a él, nos veo juntos, y el tiempo pasando sin que nos importe. Entonces, aparece frente a mí una mujer bella, embarazada. Y, no sé cómo, pero quiero eso. Yo, que siempre dije que jamás me casaría y tendría hijos. Gale abraza a la mujer, y entiendo que soy yo. Son como pequeñas visiones, visiones de cristal que al más mínimo golpe pueden desmoronarse. Con el más nimio fallo pueden cambiar. Y no es lo que quiero.

Deseo que sea tal y como lo estoy viendo.

Más tarde, en un momento de la noche, pienso en que esto es lo que debía suceder. Que, de cualquier forma, pasara lo que pasara, esto debía ser así. Le necesito, y por más que dijera que le tenía no ha sido hasta hoy (la noche en la que he aceptado la verdad) que he descubierto hasta qué punto es eso cierto.

Gale me besa en la frente, en los párpado, la mejilla, los labios...

¿Me siento preparada? No, pero eso no importa.

En silencio me despido de todos los seres queridos que he perdido. Prim, mis padres...

—Te quiero—le susurro a la noche, les susurro a ellos.

Le susurro a él.

Y sonríe socarronamente.

—Ya lo sabía.


¡FIN! Espero que lo hayáis disfrutado al leer tanto como yo al escribirlo. Puede que añada un epílogo, pero no es muy probable. ¿Segundas partes? A esa pregunta, creo que no hace falta responder. Para mí, la historia a finalizado. ¿Y para vosotros? Vale, se me ocurren millones de aventuras para esta apasionada pareja, pero si las cuento alguna vez, serán aparte de este fic. Muchos besos y abrazos a mis lectores.

Cassandra Stryder Hawthorne