N/a: Hola, personas que me leen xD En un aviso rápido, he decidido cambiar el título de este fic porque me acabo de dar cuenta de que hay otro fic que se llama similar :/ Así que... mejor lo cambio. Además, uso mucho la ciudad de Tokio, así que... como sea xD Ah, y otro aviso, no me acuerdo si ya lo había dicho... pero próximamente (no sé exactamente cuando) le cambiaré el rating a este fic por M. Por el momento no se lo cambio para que siga apareciendo en la página principal de los fics de LovCom... Así que... creo que no hay nada más qué decir, así que... ¡lean! :DD

Disclaimer: Nada que relacionen con lo que ya sabemos de Lovely Complex me pertenece. Todo lo demás sí xD


Capítulo Dos. 31 cm

La luna brillaba como nunca esa noche. Sus ojos estaban hipnotizados mirando a la chica que estaba acostada junto a él. Sonreía, y sus ojos brillaban mucho más hermoso que la Luna en sí. Era tan perfecto… se sentía tan bien… Acarició el rostro de leche de su compañera y ella hizo lo mismo con su rostro. Se miraban fijamente y él no podía pensar en un lugar mejor que ese. Risa se acercó a él y recargó su cabeza en su pecho. Otani aspiró el aroma que despedía su cabello y enterró la cabeza en éste, deseando que eso nunca terminara.

Ella levantó la cabeza después de un rato y lo miró dulcemente. Se acercó a él y le dio un beso suave en los labios, al cual él respondió gustoso. Definitivamente ese era el mejor día de su vida. Ella era tan suave como la seda y él no podía aguantarse las ganas de acariciarla, lo cual hizo. Lentamente el beso fue adquiriendo intensidad, él rodó para colocarse encima de ella, y al hacerlo le dolió la cabeza sobremanera.

Maldición, ¿porqué tenía que ser tan injusto?

Había rodado de la cama al suelo. ¿Por qué siempre tenía que ser así? ¿Por qué nunca podía disfrutar de sus fantasías al menos un miserable día?

Un ruido proveniente de la cocina llamó su atención. Se levantó pesadamente y miró el reloj que tenía en la mesita de noche. Eran las diez y media. Gracias a Dios era domingo, pero aún así era muy tarde, o al menos lo era para el ambiente al que se había acostumbrado a vivir en los últimos meses.

Odiaba esa ciudad. La odiaba con todo su ser, pero sólo estaba ahí por ella. Y eso lo hacía odiarla más. ¿Qué no podía estar pasando por el mismo tormento en Osaka? ¿Por qué demonios tenía que ser en Tokio?

Gruñó algo ininteligible y se dirigió al baño, olvidándose por completo del ruido de la cocina. Después de un rato de estar haciendo tonterías, volvió a escuchar ruidos provenientes de su cocina, y ahora sí se dirigió hacia allá. Lamentablemente no tenía algo con lo cual podía golpear a un posible ladrón, así que esta vez tenía que rezar porque no fuera alguien muy fornido. Cuál fue su sorpresa al ver quién era.

—¿Qué rayos haces aquí? —gruñó, molesto de haber sido asustado tan temprano en la mañana. Bueno, ni tan temprano, pero se acababa de despertar.

—Cálmate, ¿qué no puedo visitarte? —Risa estaba "intentando" hacer el desayuno con mucha concentración. Tenía el ceño fruncido levemente mientras hacía unos huevos. Ack, no de esa comida otra vez…

—Pero al menos podrías avisar, ¿no crees? —se quejó él mientras se sentaba en su pequeño comedor.

Sintió una punzada en el corazón cuando se dio cuenta de lo que esa escena parecería para ojos espectadores. La mujer, haciendo el desayuno y el hombre sentado en el comedor esperando que le sirvan. Se sintió un idiota al seguir soñando despierto. Ella estaba con ese horrible tipo, ese fotógrafo horrendo, Rei. Suspiró enfadado, no quería atormentarse la existencia pensando en él tan temprano, así que prefirió concentrar su atención en otra cosa.

Risa iba de vez en cuando a visitarlo, igual que él la visitaba cuando Rei no estaba en sus vidas… demonios, Rei no. En aquel momento no quería pensar en el odioso rubio oxigenado ese…

—Hace tiempo que no venía —dijo ella, mientras seguía concentrada en su labor. El olor a huevos llegó a la nariz de Otani, quien no pudo reprimir una mueca de disgusto. Risa lo vio y entrecerró los ojos—. ¿Qué, estabas mejor sin mí?

—¡No, no! —se apresuró a decir—. Son los huevos… —error. Muy grande error.

Risa acababa de apagar la estufa cuando él dijo aquello. Se dio la vuelta lentamente, mientras un aura negra se hacía presente en ella. Otani tembló.

—¿Qué se supone que significa eso? —preguntó lentamente.

—Por Dios, amazona… sabes que odio los huevos —la retó él.

—Pues a Rei le gustan.

Maldición.

Oh, demonios, demonios, maldita sea.

¿Por qué tiene que mencionarlo a él? Justo ahora, que quiere borrar de su cerebro el registro de que ese ser humano existía…

—Ya sé que te cuesta mucho trabajo registrarlo —dijo él malhumorado—, pero no soy tu querido rubio oxigenado, y odio esa clase de comida. Tú lo sabes mejor que nadie —se dio la vuelta enojado y se cruzó de brazos.

—¿Y qué se supone que haga? ¿Los tiro a la basura, señorito "no me gusta la comida que no sea japonesa"? —espetó ella molesta.

Otani apretó la mandíbula, tanto, que creyó que se la quebraría. Se giró enojado y se puso justo enfrente de ella. Trató de pensar en un buen contraataque, pero la lengua se le trabó y sólo se quedó ahí, mirándola enojado. Creyó que explotaría de enojo, ¿cómo se atreve a ir a su casa tan temprano solamente a molestarlo? Ni siquiera podía pensar claramente, estaba tan molesto que simplemente se encaminó a su habitación para patear algo, pero Risa lo detuvo agarrándolo por la muñeca. Todo el enojo que Otani sentía pareció desvanecerse en el momento en que su piel rozó la suya.

—Lo siento —se disculpó ella antes de que él volteara—. Tienes razón, yo sé que no te gusta esta comida y aún así la hago. Perdóname, si quieres… si quieres yo me lo como, tú hazte lo que quieras —balbuceó. Otani sintió que su estómago se retorcía con una sensación muy lejana al enojo. Volteó y la miró fijamente.

—¿Y ahora a ti qué te pasa?

La expresión de Risa cambió por completo, de estar arrepentida a hacer una mueca.

—¿Siempre tienes que ser tan seco? —espetó, sin emoción alguna en su voz.

—Es que tú nunca te disculpas —contestó él, sin querer responder a su pregunta.

No era seco, simplemente no mostraba sus emociones…

Risa lo miró por un segundo y después tomó sus huevos y se sentó en la mesa en la que unos minutos antes él estaba sentado. Se preparó un digno plato de huevos revueltos mientras Otani la miraba acusadoramente.

—No me ignores.

—¿Eh? —dijo ella, mirándolo confusa—. Lo siento, ¿dijiste algo?

Otani la fulminó con la mirada.

—¿Por qué te disculpaste?

—Ya te dije, no debí hacerte los huevos porque ya sabía que no te gustaban… yo… es sólo… —lo miró con el ceño fruncido, confundida—. No puedo dejar de pensar en Rei.

¡Ah, demonios! Otani quería maldecir a todo lo que existe. Ahí estaba el asunto: Risa solicitaba que Otani se convirtiera en el mejor amigo que odiaba ser.

Tomó aire, se dirigió a su lado y se sentó sin mirarla directamente a los ojos.

—¿Qué pasó ahora? —murmuró.

—Peleamos —Otani alzó una ceja y Risa rió despacio—. Le enoja que pase tiempo contigo.

—Qué novedad… —dijo él, mirando el techo de la cocina. Sentía que Risa lo miraba fijamente y aquella mirada lo quemaba, pero no quería mover ni un músculo. Fingió estar concentrado en el techo para no tener que mirar sus ojos—. ¿Y qué? ¿Te amenazó o algo?

—No —susurró ella. Otani la escuchó suspirar y fue entonces cuando bajó su mirada y la observó. Risa mantenía la vista fija en sus piernas, con un aura deprimente alrededor—. No entiendo porqué no puede confiar en mí… Yo… yo lo quiero, ¿sabes? —lo miró y Otani sintió que se retorcía su corazón cuando vio sus ojos llorosos. Con la manga de su pijama le secó las mejillas y acarició su rostro.

—Lo sé —contestó, sintiendo un hueco en su pecho. Risa lo miró dulcemente y sostuvo su mano con la suya. Apoyó la cabeza contra su mano y cerró los ojos. Otani se ruborizó e hizo todo lo posible para que su corazón se calmara un poco, pues se puso a latir como loco.

Él la amaba, la amaba más que nada en el mundo y con cada simple movimiento que ella hiciera su corazón brincaba. Realmente estaba preocupado de morir de un paro cardiaco, y lo peor era que se tenía que tragar todo.

Todo lo que sentía por ella.

Risa abrió los ojos y dejó ir su mano. Otani se levantó torpemente de su silla y fue a servirse algo de comer, pero no tenía nada de hambre. Se quedó quieto, sin saber qué hacer, otra vez sintiendo la mirada de su mejor amiga clavada en su espalda.

—Entonces es un idiota —dijo al fin—. Si no puede confiar en ti… No estarías con él si no lo quisieras, ¿no? Es un idiota… —repitió.

Risa sonrió y terminó de comer su desayuno.

—Y después de pelear me anunció que íbamos a trabajar juntos.

Otani estaba ensimismado maldiciendo al tipo ese, cuando aquella oración lo regresó al presente.

—¿Eh? ¿Que no trabajaban en la misma compañía ya?

—Sí… pero ahora él será el fotógrafo de las modelos que yo arregle, o yo seré la estilista de las modelos que él fotografié. Como quieras verlo —sonrió.

Otani se sintió más desdichado que antes.

Odiaba a Rei. Siempre lo había odiado; desde que Risa mencionó que ese tipo estaba tratando de tener una cita con ella. Ese maldito poste de luz… si Risa era alta, ese tipo era todavía más alto. Por Dios, ¿1.87? Eso es tan… tan… ¡agh, lo odiaba! Y odiaba el hecho de que él se había quedado igual, no había crecido ni un méndigo centímetro más… Seguía midiendo 1.56, como siempre. Así que siempre que se encontraba a lado de ese güero oxigenado se sentía tan mal. Tan frustrado, enojado y sobre todo… celoso.

Hubo una vez que casi llora de rabia. ¿Cómo era posible? Se sentía tan indignado con la vida por haberlo hecho pequeño… Risa también se había quedado en el metro setenta y dos, pero aún así… Había veces que se odiaba incluso a sí mismo por ser tan pequeño. Rei le llevaba 31 centímetros. Treinta y uno. Era obvio que Risa lo preferiría… además que lo tiene todo: dinero, atractivo, talento… es un maldito muñeco perfecto. Ah, como lo odiaba.

Hasta tenía un acento "impecable". ¡Ah, rayos! Con sólo pensar en él sus entrañas se revolvían y quería romper cosas, incluso morder y destruir. Le tenía tanto odio… Y aunque le llevara treinta y un centímetros, y tuviera dinero hasta para nadar en él, lo que más odiaba era que la tenía a ella. Tenía a la única mujer por la cual él había dejado su amado hogar y por la cual él daría cualquier cosa. Era tan idiota, todos lo eran. Pero no podía dejar de amarla, y se frustraba de sólo pensar en que por más que se arrastrara frente a ella, Risa nunca podría verlo como un hombre. Ni siquiera una milésima parte de uno.

Siempre tuvo que pretender que era su mejor amigo, que sólo eran el dúo cómico y que nunca progresarían de ello. Mejor amigo, ja, qué mentira. Giró un poco su cabeza para encontrarse con su mirada perdida, que había pasado de mirarlo a él a mirar un punto fijo en el suelo. ¿Qué era lo que esa amazona tenía de especial? Nunca lo podría decir. Realmente, nunca podría… Simplemente era perfecta. Era una idiota y aún así él se moría por ella…

Suspiró, frustrado. ¿Cómo demonios se fue a enamorar de ella? No tenía una idea de qué hacer para captar su atención… No como Rei, que hasta admiradoras tenía. No era que Otani no tuviera, pero las niñas de su clase no cuentan como seguidoras a lado de modelos perfectas que darían cualquier cosa porque el rubio les guiñara el ojo.

Era injusto.

Su vida era tan injusta.


N/a: Lo siento mucho por cortarlo hasta ahí, pero mi mamá llegó hecha una furia hace rato (cuando lo escribí) y se me cortó la inspiración u.u Muchas gracias por leer, cuídense y nos vemos en el próximo cap! :D