N/a: Hola, holaa :DD Pues... me siento inspirada xD Según mi cerebro a partir del próximo capítulo entraremos a la zona M xD Así que... si no tienen esta historia en alertas deberían porque cuando actualize ya no va a salir en la página principal de los fics de LovCom (porque nunca salen los fics M a menos de que los busquen). Umm... Gracias por leer, no creo dejar nota final así que hasta aquí nos leemos :DD Perdón por no regresar reviews! (no me acuerdo si llegué a contestar algunos) Es que ahora me siento más inspirada y creo que podré actualizar esta historia más seguido, así que... Los dejo para que lean :DD

Disclaimer: Nada que se mencione aquí a excepción de Rei Ayuzawa y Yoko Toyosaki me pertenece... bueno, la trama loca también me pertenece... ¡Como sea! Lo que reconozcan de Lovely Complex (*-*) no me pertenece, le pertenece a la maravillosa Aya Nakahara-sama *-*


Capítulo Tres. Un ángel demoniaco.

Otani miró por la ventana; era un día gris, el cielo se encontraba poblado de nubes…, bueno, en Tokio el cielo siempre estaba poblado de nubes de contaminación, pero ésta vez se sentía distinto, era frío, seco… gris.

Simplemente gris.

Risa se acababa de ir. Antes de irse, se aseguró que Otani comiera algo y platicaron un rato más (gracias al cielo ya no fue nada de Rei). Aunque Otani sabía que ella se iba porque el rubio iba a llegar. Era domingo, después de todo, y ellos siempre salían. Había veces en que lo invitaban, pero realmente no tenía ganas de pasar el día completo con ellos dos, mucho menos con el revoltijo de emociones que le causaba verlos.

Así que prefirió quedarse a limpiar.

Cuando salió para sacar la poca basura que tenía (limpiaba cada que se encontraba solo, lo cual era todo el tiempo, así que realmente no había nada qué limpiar), chocó con alguien en la entrada.

—¡Ah, lo siento! —se disculpó, al ver que tiró unos papeles. Se dispuso a recogerlos, cuando aquella figura hizo lo mismo. Entonces la vio—. ¿Yoko?

La aludida levantó la vista y abrió los ojos exageradamente. —Ah, Atsushi-kun —lo saludó velozmente—. Lo siento mucho, tengo prisa… tengo que ver a Koizumi-san…

Decía esto mientras se levantaba, Otani la ayudó y rió.

—Yoko, hoy es domingo, ¿recuerdas?

La chica parpadeó un par de veces, sin comprender. Después de unos segundos lo entendió. Sacudió la cabeza y se rió nerviosamente.

—Dios, lo siento. Ya estoy tan acostumbrada que ni siquiera pienso qué día es…

—¿Es muy urgente? —preguntó él, mientras le cedía el paso a las escaleras.

—No… bueno sí… bueno, puede esperar para mañana, supongo —dijo nerviosamente. Rebuscó en los papeles y contó las hojas—. Es sólo que… esas modelos… estoy harta de ellas —confesó.

—Sí, Koizumi siempre dice lo mismo.

—Tú también lo dirías si trabajaras con ellas todos los malditos días —replicó ella, arrugando la nariz.

—No creo que podría sobrevivir. Me comerían vivo, a juzgar por lo que dice Koizumi.

Yoko forzó una sonrisa. Siempre que hablaba con Atsushi-kun éste mencionaba a su compañera. Bueno, su ahora casi-jefa, ya que la habían promovido a ser la estilista de Rei.

—Bueno… supongo que entonces no será necesario verla hoy —declaró al fin, pero no se movió de ahí. Otani no comprendía nada, obviamente, pero se quedó ahí afuera también, con una sonrisa de idiota en la cara. Yoko suspiró, lo conocía desde hacía varios años y ya sabía que con él se debía de ir al grano—. ¿Puedo pasar? —señaló su puerta—. Me vine congelando todo el camino y me gustaría tomar un té antes de regresar a esa locura de camino que tengo que tomar para llegar a mi casa —le sonrió coquetamente. Otani, nuevamente, no daba señales de captar la indirecta, pero accedió.

—Claro, pasa —abrió su puerta y le cedió el paso. Yoko entró torpemente y dejó sus papeles en una mesita que se encontraba cerca de la puerta.

Conocía perfectamente ese departamento. Había ido muchas veces cuando Risa estaba ocupada, o cuando fingía que tenía que verla pero quería verlo a él.

Sí, le gustaba Otani. Le gustaba desde que lo conoció, cuando fue al departamento de Risa para trabajar en un proyecto que estaban construyendo juntas. Todavía eran estudiantes, y tenían que diseñar el vestuario de "la chica perfecta" de la temporada. Trabajaron mucho en ello, así que hubo veces en las que Risa se iba a dormir al departamento de Yoko, o viceversa. Como aquella vez. Otani era suplente en aquellos entonces y había llegado al departamento de Risa sin saber que tenía una invitada. Se disculpó torpemente, y se quedó un rato con ellas. A Yoko le pareció tan dulce… tan lindo. Conforme iba más a aquel edificio, más lo conocía (pues se enteró de que vivía un piso debajo de su compañera) y más le gustaba. Sí, era coqueta con los chicos lindos, pero con Otani era otra cosa… se sentía distinta y hacía mucho tiempo que quería confesarle sus sentimientos, pero simplemente nunca encontraba el momento perfecto. Eso fue, claro, antes de que se enterara de que se moría por Risa.

Ahora tenía miedo de decirle algo, pues probablemente la rechazaría por no ser ella. Koizumi esto, Koizumi aquello… Cuando eran estudiantes eran las casi-mejores amigas, pero conforme fueron entrando al mundo del trabajo y el ambiente exhaustivo de Tokio (agregándole modelos irritantes y posiciones de trabajo desfavorables) Yoko se empezó a sentir incómoda. No quería odiarla, pero lo hacía. ¡Por Dios, ¿cómo no hacerlo? Era novia del chico más apuesto de la compañía, la promovían cada dos meses o algo así, tenía talento, era agradable, era alta, y… y… ¡demonios! El único chico que alguna vez la había hecho sentir mariposas en el estómago, ¡se moría por ella! Literalmente, Yoko casi podía verlo morirse por captar su atención, y definitivamente podía ver el daño que le causaba el ser solamente su mejor amigo. Podía ver el dolor y la rabia en su mirada cuando Rei aparecía tomándole la mano o simplemente llegando al edificio. Podía ver la forma en la que sus ojos brillaban cuando la veía sonreír, o su sonrisa cuando ella reía. Es más, podía ver que cuando se peleaban se veían tan endemoniadamente bien… parecía natural. Y eso no le gustaba, no le gustaba para nada.

Y demonios, ¿qué había de malo en ella? Otani era pequeño, Yoko era pequeña… Yoko tenía el pelo negro, largo y lacio, sus ojos eran negros como la noche y su piel blanca como la leche. Sus labios eran rojos como los pétalos de rosa y su voz era angelical. Además de que ella era angelical. Era muy buena persona, pero aún así los celos que sentía de Risa a veces la podían llevar más allá, y el rostro de ángel podía deformarse y convertirse en un verdadero demonio.

Sonreía forzadamente, porque sabía perfectamente que por más bella que ella fuese, por más agradable y perfecta que se comportase, simplemente no era lo que él estaba buscando. Porque él estaba enamorado de Risa.

—¿Yoko?

Ésta dio un brinco, regresando a la realidad. Otani la miraba con el ceño fruncido mientras sostenía su té. Ella lo tomó de sus manos y se lo llevó a la boca sumisamente. Sentía la mirada de Otani clavada en ella, así que alzó un poco la vista y se encontró con sus ojos castaños. Sonrió nerviosamente y él le devolvió la sonrisa.

—Lo siento, estoy un poco rara el día de hoy… —admitió, dejando su té en el suelo, ambos se encontraban sentados en la posición japonesa en el suelo de la sala, Otani asintió levemente.

—¿Puedo saber qué tienes? —preguntó con cuidado, como si fuera un tema delicado—. Estás algo distante…

—Lo sé, lo sé —contestó ella—. Es sólo que… supongo que es el trabajo… —fingió que meditaba sobre el asunto, realmente no quería hablar de la verdadera razón. Por primera vez, Otani se dio cuenta de ello (ya que era un experto en fingir emociones o tragárselas), y se acercó lentamente.

—Yo sé que a veces es incómodo o frustrante hablar de algo, pero hay veces en que simplemente lo que necesitas hacer es dejarlo salir —dijo él—. No te juzgaré ni nada, si quieres seré sólo oídos —sonrió dulcemente, y Yoko sintió que sus ojos se aguadaban.

Balbuceó cosas ininteligibles y se abalanzó sobre él. Otani no estaba preparado para eso, así que reaccionó tenso al principio, y después la cubrió con sus brazos torpemente. Lloró silenciosamente y después alzó su rostro un poco. —Es que sé que no te va a gustar —sollozó, Otani le limpió una lágrima que se resbalaba por su mejilla con su pulgar.

—No te preocupes por eso, últimamente me la paso escuchando cosas que no me gustan —dijo sonriendo amargamente. Yoko parpadeó un par de veces y se incorporó un poco más, haciendo que sus ojos quedaran a la altura de los suyos. Lo tomó del rostro y Otani se congeló. Yoko se dio cuenta de ello y lloró aún más, recargando su cabeza en el hombro de él. Se abrazó fuertemente y él le correspondió al abrazo algo confundido—. ¿Es algo tan malo? —preguntó quedamente.

—No —dijo ella, volviendo a la posición incómoda, con sus ojos mirando fijamente los suyos. Se limpió las lágrimas ferozmente y Otani la trató de calmar. Ahora estaba enojada—. Es sólo que… —tomó aire para calmarse y luego lo expulsó dramáticamente—. ¡Estoy harta! ¡Harta, de siempre ser la segunda! —se puso de pie y empezó a dar vueltas por la habitación, echando chispas—. Todo siempre es: Koizumi-san esto, Koizumi-san aquello… ¿Y yo qué? ¿Soy basura, o simplemente no valgo la pena si me pongo a su lado? ¡¿Eh? ¿Qué acaso siempre tengo que conformarme con ser la chica sumisa, que nunca dice nada, pero que se está muriendo por dentro? Dime, Atsushi-kun, ¡¿qué demonios tengo mal? ¿Qué es lo que tiene ella que irremediablemente no puedo tener yo? Además de la estúpida altura, que es irritante… Maldita sea, ¿por qué yo no puedo tener mi oportunidad? ¿Por qué siempre me tengo que conformar con las sobras? ¡¿Y porqué todo lo que yo quiero tener lo tiene ella? —gritó, con nuevas lágrimas corriendo por sus mejillas, pero ahora lágrimas de rabia, de dolor. Tenía sus manos hechas puños, volteadas hacia ella, levantadas en gesto de berrinche. Se giró hacia Otani, quien se había quedado mudo y lo fulminó con la mirada—. ¿Y por qué demonios si sabes que nunca te va a hacer caso sigues muriéndote por ella? Ja, sé que yo no soy el mejor ejemplo de ello, pero… ¿por qué ella? ¿Por qué, Atsushi? —lo cuestionó más molesta aún. Nuevamente se hincó delante de él y lo tomó del rostro—. Ella no te merece, Atsushi-kun —susurró, con sus ojos llorosos—. Mereces a alguien que te haga feliz, no que te tenga torturándote todo el maldito tiempo. Nunca se va a fijar en ti, entiéndelo. Está con el chico más perfecto del mundo y tú no puedes competir contra él —lloró, mientras veía como el rostro de Otani se ponía pálido y su mirada perdía brillo—. Ríndete, anda, hazlo. No vale la pena que estés así… E-ella no es la u-única mujer q-que hay —dijo, acercándose más a él. Otani definitivamente ya no tenía color alguno en su rostro, un aura negra se esparcía a su alrededor. Sus narices se rozaban cuando un golpe sordo los sacó de su momento.

—¿O-Otani?

Era Risa.

Oh, y para colmo de males, venía con Rei.

Yoko se separó bruscamente de él y se levantó. Otani se quedó mirando el suelo, deprimido. Ni siquiera volteó cuando Risa lo volvió a llamar.

Yoko tenía razón… ¿qué ganaba él muriéndose si ella nunca lo iba a mirar como un hombre? ¿Qué podía hacer para que eso cambiara? Nada. Yoko lo había dicho: Risa está con el chico más perfecto del mundo y Otani no podía competir contra él. No… no podía, ni debía. Risa estaba bien con él. Era feliz… demonios, era más que feliz. Alzó la vista débilmente y se dio cuenta de que los tres presentes se le quedaban viendo con el ceño fruncido. Yoko fue la primera en hablar.

—Yo… Koizumi-san —dijo, mirándola—. Traje unos bocetos para la ropa de invierno que van a lucir las modelos en la pasarela del miércoles… Me encontré con Atsushi-kun en el camino y como es domingo, pensé que…

—Entiendo. No hay problema con que me los des mañana —dijo, su voz sonaba molesta después de escucharla llamarlo "Atsushi-kun", de hecho, sonaba grosera. Claramente le dio a entender que se fuera, lo cual hizo.

—A-Atsushi-kun —dijo, y Risa casi le clavaba cuchillos con la mirada—, yo… nos vemos luego —murmuró y se fue de ahí, tomando sus papeles apurada.

Rei puso su mano sobre el hombro de Risa, tratando de calmarla. No funcionó, pues se giró hecha una furia hacia Otani.

—¿De cuando acá ustedes se llaman por el primer nombre? —demandó.

—Risa… —murmuró Rei.

Ella levantó la mano para que se callara, y Rei la miró confuso.

—¿Por qué le pides explicaciones? ¿Por qué te enoja tanto?

Risa estuvo a punto de matarlo cuando Otani habló.

—Nos conocemos desde hace tiempo —murmuró, con la voz ronca—. Ella me empezó a llamar 'Atsushi-kun' desde hace un tiempo y yo la llamé Yoko… ¿qué hay de malo en ello?

No había expresión alguna en su rostro.

Ni en su voz.

Risa ahora lo miró confundida. Se agachó para mirarlo a los ojos.

—¿Te encuentras bien? —preguntó, ahora preocupada.

Otani se puso de pie, ignorándola y caminó hacia la cocina.

—¿Qué querían? —preguntó, nuevamente sin expresión alguna en su voz.

Rei se enojó ante aquel trato y caminó hacia él con determinación, Risa lo tomó del brazo y negó con la cabeza.

—Solamente… íbamos a ir al cine y queríamos ver si querías venir con nosotros —dijo ella despacio.

—No, no quiero.

—En serio, Otani… ¿estás bien?

—¿Se les ofrece algo más? —se giró para verlos, con el semblante plano.

—Oye, no me hables así —comenzó ella.

—Oh, perdona… ¿Eres mi mamá o qué? ¿Cómo se supone que te tengo que hablar? —contestó él, molesto.

—¡Cállate, enano! —Risa dio un paso hacia él.

—Provócame, amazona —siseó el aludido, caminando hacia ella con una furia que ella nunca antes había visto.

Risa dudó al ver su rostro. Realmente nunca lo había visto así de enojado.

—¿Q-Qué te dijo Toyosaki-chan? —preguntó, ahora viendo lo que en realidad debió de haber pasado.

—¿Me tenía que haber dicho algo? ¡Por Dios, Koizumi! ¡Ya te dije que no quiero ir con ustedes, así que ya lárguense!

—¡Hey! —Rei se metió en la pelea—. ¡No le hables así!

—Tú… ¡Tú eres la persona que menos quiero ver! ¡Lárguense de mi casa! —Ahora sí estaba enojado. Risa creyó que de sus ojos castaños salían chispas rojas y que en cualquier minuto se los podría comer de rabia.

No le gustó cómo se veía.

Realmente estaba preocupada.

Se dio la vuelta tristemente y se llevó a Rei, jalándolo del brazo.

—Vámonos, Rei —murmuró mientras caminaban hacia la puerta—. No nos quieren aquí.

Cerraron la puerta detrás de ellos y Otani dio un grito de furia.

Corrió hacia su habitación y comenzó a tirar cosas al suelo, a patear lo que se encontrara en su camino y a llorar como demente.

"Ríndete, anda, hazlo".

¿Tendría razón Yoko? ¿Debería de rendirse?