N/a: ¡Hola, humanos! ¿Qué puedo decir? Era de esperarse, en cierto sentido, que esto llegaría a pasar de un momento a otro. Tengo una cierta horrible tendencia por abandonar las cosas cuando se van a poner buenas xD Principalmente porque no sé cómo demonios plantear lo que tengo en la cabeza de forma que me entiendan, y también PORQUE CRÉANME QUE ESTO ESTÁ LOCO. LO DIJE EN UN PRINCIPIO PORQUE ERA EN SERIO. ESTO A PARTIR DE ESTE MALDITO CAPÍTULO DA UN GIRO TOTALMENTE LOCO —que estaba planeado, todo estaba planeado, lo cual es peor—, y estoy rezando con todas mis fuerzas que sigan leyendo esta historia después de lo que va a pasar PORQUE DIOS SANTO, ¿CÓMO DEMONIOS SE ME VINO A OCURRIR ESTO? D': Verán, en pocas palabras, este fic fue creado en mi cerebro gracias a "Must Get Out", de Maroon 5 (¿recuerdan cómo al principio yo les dije que este fic estaba basado en su música? BUENO, AHÍ ESTÁ), y para poder escribir lo que, en cierto modo pasa en este capítulo, tenía que echarme los capítulos pasados pa que la cosa se entendiera, que ni sé si se cumplió o qué… pero bueeeno… AH, POR CIERTO, GRACIAS A TODOS POR SUS REVIEWS, DE VERAS DEVERITAS QUE SIENTO HORRIBLE POR ABANDONAR ESTO POR TANTO TIEMPO. ESPERO QUE ESTE CAPÍTULO, QUE ESTÁ LOCO Y ENORME (en serio me asusta la respuesta, NO MIENTO) COMPENSE TODO Y YO SEA CAPAZ DE VOLVER A ESCRIBIR ESTA HISTORIA.
Disclaimer: ¿Alguien realmente va a demandarme por esto? ESPEREN, CREO QUE CON LO BAJO QUE HE CAÍDO EN ESTE CAPÍTULO, ES NECESARIO RECLAMAR QUE NADA ME PERTENECE EXCEPTO YOKO Y REI Y ESTA TRAMA LOCA QUE GRACIAS AL CIELO NUNCA PASÓ NI PASARÁ A MENOS QUE EN UN UNIVERSO ALTERNO DE LOVE*COM ESTOS DOS IDIOTAS FUERAN MÁS IDIOTAS DE LO QUE YA ERAN LO CUAL SERÍA HORRIBLE y creo que ya mejor me callo y ustedes leen, que de todos modos se entiende. (Y si no, NO PIENSO RECAUDAR DINERO DE ESTO NI NADA. NI QUE FUERA TAN BUENA ESCRITORA).
Capítulo Siete: Juguete.
—…y después me invitó a su departamento y nos divertimos, si saben a lo que me refiero —un grupo de modelos estaba cuchicheando del otro lado del autobús, riéndose como idiotas y contando sus "aventuras".
—¿Te dijo que te llamaría?
—Sí, claro que lo hizo. Pero estoy más que segura de que no lo hará —sonrió—, después de todo, ya tuvimos un gran momento anoche y no creo que quiera llevarse una decepción después.
—¿Pero de qué demonios estás hablando? —otra de ellas dijo—. ¡Si estás que ardes! —todas rieron.
Agh. Qué asco. Risa prefirió subirse al autobús en lo que aquellas locas seguían hablando. Eso, entre muy poquitas otras cosas, era lo que no le gustaba de aquella ciudad. Todos se usan, se entregan como si el hacer el amor fuera un chiste y después nunca en la vida se vuelven a hablar. Risa tenía el sentido del honor muy grabado en su ser como para soportar todos los días escuchar hablar a aquellas mujeres acerca de sus conquistas y de la poca apreciación por sus cuerpos que tenían.
Es por eso que ahora se encontraba en el autobús, leyendo una revista. En la contraportada se encontró con el rostro despampanante de aquella modelo que acababa de contar sus hazañas abajo. Era muy bonita, no iba a negarlo, pero algo en su sonrisa no estaba bien. Risa se concentró en las comisuras de su boca, en sus ojos vacíos, y sintió una pena terrible hacia aquella muchacha. Jugando con su cuerpo todas las noches por conseguir una pizca de placer. Un placer vacío que realmente no cumplía con sus expectativas. ¿Qué necesidad tiene de jugar con alguien? O peor, ¿de ser el juguete de alguien? En cierto modo Risa agradecía el tener a Rei. Al menos sabía que él le seguiría llamando.
Aún así, todavía viendo el rostro de la joven, se preguntaba qué razones tendría alguien para poder llegar a hacer algo así.
Mientras ponía la revista de vuelta en su sitio y se ponía de pie, se imaginó la posibilidad de que Rei podría estar engañándola con alguien de ese modo. Sacudió la cabeza, tan fuerte que casi se lastima, y se dispuso a hacer la selección de la ropa para la sesión siguiente.
…
—¿Tiene cita? —la muchacha del mostrador tenía los ojos bien fijos en su revista, jugueteando con un mechón de su cabello con los dedos mientras masticaba chicle.
—¿Trabajar aquí cuenta?
—¡Ah, Ayuzawa-san! —La chica se ruborizó hasta en los pies de la conmoción. Dio un brinco enorme y se arregló estúpidamente, aventando la revista y tirando el chicle tan lejos de ella como fuera posible. Una situación que se vería cómica pero resultó ser triste. Rei suprimió el decimosexto suspiro que dejaría salir hoy, y eso que aún era temprano. —Lo siento, no lo reconocí, eh… eh… ¿por qué está aquí exactamente? —la mujer parecía a punto de desmayarse del torbellino de emociones que debía estar experimentando. Rei se preguntó internamente si estaba condenado a pasar por eso toda su vida—. Quiero decir, no me lo tome a mal, es sólo, ya sabe —farfullaba, agarrándose el cabello demasiado—, si usted trabaja aquí no es necesario venir a la recepción… Oh, ¿espera algo? Mensajería se lo puede enviar y…
—Calma —tuvo que decir, levantando una mano para acallarla—. Solamente venía a ver si el nuevo equipo para mi cámara llegó. Me dijeron que lo enviarían hace una semana, y como mensajería no me llevo nunca nada…
No entendió exactamente qué murmuró por lo bajo, pero estaba seguro de que estaba maldiciendo a quien fuera que se encargara de la mensajería por la expresión en su rostro.
—…en fin —continuó, ignorando aquello último—, ¿quién demonios necesita cita aquí? Es una agencia de modelos.
—Tal vez agentes, o alguien que de dinero, ¿no crees? —y como la cosa más cruel para aquella chica, Risa apareció de la espalda de Rei como si éste la trajera pegada y dijo aquello, sonriente. Antes de que la pobre mujer pudiese decir algo, se acercó un poco más y le dio un suave beso en la mejilla, rompiendo el corazón de la mostradora en pedacitos que podían ser vistos a simple vista.
Rei sonrió encantado, como si la cosa pudiera llegar a ser mejor para la muchacha.
—Bueno, no lo sé. El punto es que —se volvió a la recepcionista—, si alguna vez llegan, ¿podrías avisarme? Te estaré eternamente agradecido.
—C-Claro —susurró ella, volviendo su mirada hacia la revista para evitar así mirar cómo se alejaba Rei de la mano de Risa.
—Eres cruel con la raza femenina —dijo ella cuando se encontraban fuera del edificio—. La pobre muchacha casi se muere cuando te vio.
—Yo no tengo la culpa —murmuró él, como si fuese una disculpa.
—No exactamente, pero al no hacer nada empeoras las cosas —contestó Risa mientras seguían caminando en dirección al metro. Rei suspiró nuevamente, mirando el contorno de barrotes que rodeaban la entrada a la estación.
—¿Entonces estás diciendo que cada vez que una mujer se aloque al verme debo seguirle la corriente y volverme un cretino como los que odias? —respondió con ironía.
—Al menos así la mitad de ellas te aventarían algo y te llamarían cosas horrendas y ya no tendrías que pasar por esa situación todo el tiempo —miró el cielo antes de bajar los escalones—. Tu problema es que eres muy bueno.
—Espera un momento —dijo él, tomándola del brazo con ímpetu para que se detuviera. Ella ya se encontraba un escalón más abajo de él, lo que acrecentó su diferencia de estaturas cuando se volvió a verlo—. ¿Me estás atacando? ¿Es aquí donde se supone que tengo que atacarte de vuelta?
—Sólo si tienes un buen contraataque —le guiñó el ojo y después continuó bajando las escaleras, con un Rei con el ceño fruncido detrás de ella.
…
Uno diría que después de tanto tiempo viviendo el deporte, ganándose la vida por ello, un jugador convertido en maestro disfrutaría su trabajo.
Eso es lo lógico.
Pero Otani se sintió horrorizado al escuchar el chillido que los tenis de sus alumnos hacían al girar con la pelota, jugando como él solía hacerlo cuando vivía en Osaka.
Felices.
No se sintió horrorizado hacia el sonido de los tenis chillando en sí, sino al hecho de que sintió una horrible desesperación que casi lo arroja a gritar sin sentido. De pronto quería gritarles a aquellos niños que dejaran de jugar, que eran basura, que ninguno de sus sueños se haría realidad algún día. Que todo tiene consecuencias y que si se enfocan en algo perderán lo demás. En que nunca, nunca serán felices y no hay nada en el mundo que cambiará eso. Que no tiene sentido amar algo, amar a alguien, porque al final del día se quedarán solos, vacíos, buscando desesperadamente algo que nunca vendrá. Algo que nunca será real. Que su vida se arruinará. Que su vida ya está arruinada. Que jugar baloncesto, o convertirse en maestro de educación física no cambiará eso para nada.
En lugar de eso, se incorporó de su asiento, sonó el silbato que colgaba de su cuello y dijo:
—¡Buen trabajo, chicos! —con la voz más falsa y la sonrisa aún más, apretando los puños por dentro de sus bolsillos, sintiendo el vacío en su pecho agrandarse cada vez más mientras veía cómo se acercaban en grupos, cada quien con sus amigos, naturalmente. Reprimió el impulso de soltarse a reír histéricamente, pensando en lo grandioso que había sido de su parte dejar de hablarle a Nakao y a Suzuki. De nunca contestar sus llamadas, de cambiar su número telefónico no sin antes avisarle a sus padres para que hicieran correr la voz de que seguía vivo. Porque para aquellas alturas Otani sabía que Nakao se regresó a Osaka con el simple propósito de mirarlo a la cara. Otani se preguntaba qué reacción había tenido su "mejor amigo" al saber que se había mudado. A Tokio. Tokio…
Oh, le hubiera encantado verlo.
—Esto es suficiente por hoy. Asegúrense de recoger las pelotas y poner todo en su lugar. Nos vemos mañana —con esto último, todos los niños salieron disparados a hacer sus labores. Otani se dio la vuelta y casi choca con alguien que se encontraba justo detrás de él.
—Pensé que quizás tendrías la tarde libre —levantó las manos con dos paquetes de lo que parecía ser comida congelada.
—Pues estás de suerte —contestó él, tomando uno de los paquetes que Yoko sostenía en sus manos tomando su mochila—. Vamos.
…
Yoko vivía en un bloque de apartamentos no muy lejos de la agencia. De alguna forma se las había arreglado para encontrar sitio ahí, pero eso no lo hacía un lugar agradable. Mientras pasaban por las calles atestadas de gente, Otani vio cómo los miraban un par de muchachos enormes, y se pudo imaginar de lo que se estarían burlando. Suprimió un gruñido y tomó a Yoko del brazo, apurándola al caminar. Ésta se mostró encantada ante el gesto, ignorante de aquellos tipos que ahora reían por lo bajo.
Al llegar a su apartamento, Yoko se dispuso a calentar aquellos paquetes de comida que había comprado mientras Otani se acomodaba en el sillón. Se quitó la sudadera y trató de ponerse lo más cómodo posible, sin mucho éxito. Trató poniendo algo de música, pero se encontró con gustos muy raros para él así que lo abandonó.
—¿Hay algún problema? —preguntó Yoko inocentemente, asomando la cabeza desde la cocina.
—No, nada. —Se apresuró a contestar—. Solamente quería ver qué tenías aquí —señaló el librero que tenía enfrente.
—Oh, no hay nada interesante, la verdad —respondió taciturnamente, volteando de vez en cuando para ver el microondas (¿que no sabe que te avisa cuando acaba? pensó Otani)—. Solamente son unos cuantos libros de diseño y la mayoría son revistas donde han salido nuestras modelos.
—Oh, ya veo —dijo él regresando lentamente al sofá.
Yoko sintió su aburrimiento y se apresuró a sentar junto a él.
—Y dime, ¿qué tal tu día? —trató de hacerlo sonar casual, aunque la verdad sonó algo desesperado.
—Normal, creo —respondió él, mirando el suelo—. Estaba recordando cosas temprano.
—¿Ah, sí? —nuevamente, trató ser casual pero al oír "recordar" se le encendió la bombilla que decía "Peligro. Pasado significa Risa"—. Pues yo también estaba recordando cosas… como cuando fuimos a aquella fiesta, ¿recuerdas?
Maldición. ¿Por qué mencionó eso justo ahora? ¿Y si le pide explicaciones? ¿Y si se acuerda de que ellos…? Oh, Dios, ¡pero qué estúpida…!
—Oh, sí. No me acordaba hasta ahora —Yoko reprimió las ganas de manotearse la frente o golpearlo o llorar—. Fue algo intenso, ¿no? Recuerdo que bebimos mucho…
—¡Oh, ya está listo! —gritó lo suficientemente alto para que Otani no se diera cuenta que el timbre del microondas no había sonado aún—. Ahora vuelvo.
La comida fue por lejos menos incómodo. No había muchos temas de los cuales hablar, así que Yoko se aferró a lo único que sabía que podía ayudarle: deportes.
Por un buen rato hablaron de jugadores y de partidos de baloncesto y fútbol, y sus opiniones al respecto. Yoko se sintió mejor después de un rato, hablando con más soltura acerca de cosas que aprendió sólo para este momento.
Poco a poco, se fue acercando a él, de vez en cuando jugueteando con su cabello, otras veces tomando su brazo sin razón aparente. Otani se empezó a dar cuenta de sus intenciones lentamente, pero fue hasta que tenía que irse que se decidió a enfrentarla.
—Mira, Yoko, no soy tonto. Sé que has estado haciendo todo esto porque quieres estar más cerca de mi —soltó Otani, viendo como Yoko se horrorizaba.
—Atsushi-kun, yo…
—No me des explicaciones. No quiero saber nada. —Se enfundó en su sudadera mientras abría la puerta—. Sólo quería decirte que… —miró al suelo por un segundo, con el ceño fruncido— no te rindas tan pronto. —Dicho esto, salió por la puerta cerrándola delicadamente tras de sí.
Yoko se quedó ahí, pasmada. ¿Acaso él…?
Una sonrisa enorme se expandió por su rostro. Soltó un gritito de emoción mientras giraba y arreglaba su mesa, excitada con la idea de que había superado un paso más.
Una cosa estaba segura: Otani Atsushi comería de su mano en menos de lo que ella misma había planeado.
…
Rei seguía molesto con Risa. No sabía exactamente porqué, pero le molestaba enormemente su actitud de superioridad y cómo era que creía que era "blando". ¿Qué demonios significaba eso? Bien, no había dicho "blando" exactamente, sino "bueno", pero para él fue como si fuera la misma cosa. Lo más ridículo del asunto era lo mucho que pensaba en ello. Lo mucho que le preocupaba aquello.
Sin darse cuenta, aún absorto en sus pensamientos, abrieron la puerta de su oficina y cayó en la cuenta de que le hablaban hasta mucho tiempo después.
—¿A-Ayuzawa-san? —era la misma chica de la recepción—. Eh… venía a decirle que el equipo para su cámara no ha llegado aún —se veía nerviosa. Rei, en vez de sentir pena como en ocasiones anteriores, se encontró molesto ante su actitud—. Traté de hablar con la empresa que se lo iba a mandar, pero…
—¿Te dijeron si lo habían mandado? —su voz se oía más fría de lo normal. Un escalofrío recorrió la espalda de la chica.
—N-no… digo, ¡sí! —tartamudeó. Tan molesto—. Me dijeron que no lo habían mandado aún porque…
—¿Qué? —ahora sonó más duro—. ¡Pero si yo mandé el pedido hace semanas! —su enojo contra todo lo que le había estado pasando por la cabeza salió finalmente. La chica no sabía qué hacer.
—Ah… ah… Traté de explicarles eso, pero…
—¿Lo van a mandar o no? —la cortó de golpe, los ojos fríos como el hielo.
—Ah… sí… señor —no sabía porqué lo había dicho pero eso pareció tener un efecto en Rei—. Llega mañana —y dando una rápida reverencia, se escabulló por la puerta, cerrándola suavemente.
Por un minuto, no hizo nada, sólo mirar la puerta con el ceño fruncido. ¿Señor? ¡¿Señor?
Una nueva ola de enojo cruzó su rostro. ¿Pero qué demonios estaba pasando? ¡Apenas era un joven! Es más, ¡¿por qué se molestaba por algo tan vanal como su edad? Frunció el ceño aún más, y al recordar que eso provoca arrugas, se apresuró a deshacerlo. Incluso se puso a estirar su piel y a verse en el espejo. ¿Pero qué demonios estoy haciendo? se preguntó mientras comprobaba que su rostro seguía siendo perfecto como siempre.
—¿Admirando tu rostro, señor perfecto? —Eso dio con él. Soltó un respingo y miró con furia hacia la puerta, sólo para encontrarse a Risa apoyada en un codo sobre ella—. Ups, ¿dije algo malo? —preguntó socarronamente al ver su expresión, pero Rei seguía molesto.
—¿Cuál demonios es tu problema? —le espetó. Las cejas de Risa alcanzaron su cabello mientras cerraba la puerta—. Yo estaba bien esta mañana, pero tú… tú me hiciste algo —la señaló con un dedo acusador y Risa se echó a reír.
—¿Y qué hice, exactamente? —preguntó aún con aquel tonito de superioridad que le estaba llegando a los nervios—. ¿Qué acaso el señorito no puede aceptar que…?
—¿Que qué? ¿Eh? ¿Que no soy lo suficientemente malo para ti? ¿ Qué demonios? —la cortó levantándose de un brinco de su silla y tirando el espejo al suelo, el cual se hizo añicos—. ¿Por qué siempre tiene que haber algo en mí que no es suficientemente bueno en tu concepción? Si soy muy bueno, es malo. Si no peleo, es malo. Si me preocupo por ti, es malo. ¿Pues qué demonios quieres que haga? ¿Que te aviente a la carretera? ¿Que te encierre en un cuarto sin comida ni agua? ¿Que te use como un juguete y luego te destruya? Dime, ¡dime qué demonios tengo que hacer para que sea el novio perfecto!
—Rei, calma —dijo ella con los ojos muy abiertos, tratando de abrirse paso hacia él, pero Rei se encontraba muy alterado—. Yo nunca dije que quería un novio perfecto, yo…
—Ah, claro, es eso. Es que "eres demasiado bueno, Rei", "eres tan perfecto" —dijo, remarcando las comillas con los dedos hablando histéricamente—. ¿Es eso, no? ¿Que todo el mundo cree que soy perfecto? ¡Yo sólo quiero ser perfecto para ti! Pero al parecer ¡ni siquiera eso quieres! ¿Entonces qué demonios haces conmigo, eh? ¿Qué es lo que buscas, alguien que te haga el amor cada noche? Pues fíjate que hay infinidad de hombres que se venden para desesperadas como tú…
Chaz. La cachetada lo calló por completo, desubicándolo también. Risa lo miraba con los ojos llenos de lágrimas. Rei se quedó viendo el punto en donde su cabeza giró al recibir el impacto.
—¿Qué demonios te sucede? —sollozó Risa, haciendo ademán de irse. Pero cuando llegó a la puerta, escuchó que Rei contestaba.
—¿Que no era esto lo que querías? ¿Que fuera un cretino?
El portazo le dio la respuesta.
…
Risa se apresuró a su oficina y cerró la puerta con fuerza, apoyándose sobre ella mientras nuevas lágrimas corrían por su rostro.
¿Por qué no le dijiste nada? ¿Por qué no contraatacaste? se preguntaba internamente.
Porque no sabía qué decir.
No sabía qué hacer. Solamente se quedó patéticamente llorando contra la puerta por un buen rato, evitando pensar en que Rei tenía razón ¿qué demonios hago con él si no quiero un novio perfecto? Entonces, ¿qué quería?
Oh, no. No se iba a poner a pensar en esas cosas justo ahora. Prefería quedarse en el estado en el que no sabía qué hacer y necesitaba que alguien la ayudara. Eso era más cómodo.
Así que hizo lo que siempre hacía cuando no sabía qué hacer. Tomó su teléfono y los números se marcaron solos.
—¿Hola? —escuchó que contestaban del otro lado.
Se le hizo un nudo en la garganta. ¿Qué se suponía que le iba a decir?
—Sé que las cosas no han estado muy bien —comenzó, y luego hizo una mueca—. Agh, no. Otani —dijo, cambiando el tono de su voz y dejando aquella tontería—, hace mucho tiempo que no hacemos algo juntos, así que estaba pensando… bueno… quizás querrías, ya sabes, venir a mi casa y… ¿ver una película conmigo? Es más, rentemos una que no hayamos visto y hay que ponerla en silencio mientras inventamos los diálogos, como hacíamos antes… ¿sí?
—¿Y ahora qué te picó? —Gruñó él del otro lado. Risa no pudo evitar sentirse mal—. Está bien —contestó, pero fue como si fuese de mala gana—, yo paso por la película, me queda de camino. Tú consigue las palomitas y lo que sea que quieras que bebamos. Nos vemos a las ocho. —Y cortó sin decir una palabra más.
Bueno, no podía pedir más. Era progreso, se dijo, mientras se colgaba la mochila en el hombro y decidía que había tenido suficiente de aquel lugar por hoy.
Una costumbre que se hizo mientras Risa estudiaba en la Universidad consistía en que cada sábado en la noche, sin importar que lloviese, tronase, o relampaguease, rentarían una película, se sentarían en el sofá de cualquiera de sus departamentos, y harían ridículas interpretaciones de lo que fuese que estuviese pasando en la cinta. Normalmente tomaban refresco, pero mientras la presión de la Universidad acrecentaba sobre Risa, tuvieron que cambiar poco a poco las cosas, pasando desde cervezas hasta vino barato, haciendo que las conversaciones entre los personajes cada vez fueran más ridículas y las risas más estruendosas.
El recuerdo le provocó añoranza. Recordaba cómo se despertaba cada domingo, con el orgullo destrozado, sobre Otani en el sofá. Dulces, palomitas, botellas y otras cosas más en el suelo, mientras ella se encontraba enredada en los brazos de su mejor amigo, quien roncaba como nadie. Recordó con claridad el desastre de caramelo enredado en su cabello, sus mejillas rojas aún, y lo único que ella quería hacer era mirarlo, mirarlo por siempre. Acurrucarse por siempre con él de esa manera, como si nada importase, con el cabello pegajoso y el aroma a mantequilla por todas partes.
Sacudió la cabeza, eso fue hace mucho tiempo. Y aunque probablemente pasará nuevamente, algo dentro de ella le advirtió que no podía dejarse llevar. Otani era su mejor amigo, y estaba Rei… Rei. Apretó los dientes con fuerza, mientras cerraba con un portazo su oficina, encontrándose con una Yoko muy contenta. Ella siguió su paso sin advertirla y una sensación amarga se apoderó de su cuerpo. Quizás no debería comprar vino. No sabía qué había pasado entre Yoko y Otani, si es que algo había sucedido en primer lugar. No podría saberlo aunque quisiera, Yoko y ella ya no se hablaban como antes, y apenas vería a Otani aquella noche.
Al salir del edificio donde trabajaba decidió que sería mejor caminar, al menos unas dos o tres estaciones después de la que quedaba justo frente su trabajo. Todavía quedaba una hora para las ocho y podía pasar a comprar las cosas que quería. Mientras recorría las calles a su alrededor y veía a la gente pasar y chocar contra ella, su mente viajó hasta aquellos momentos en los que su vida no parecía tan complicada. En los cuales sabía lo que quería y no era parte del consumismo de una ciudad llena en cantidad pero vacía en el interior. Cuando sus pensamientos eran suyos, cuando no dependía de la opinión de los demás ni tenía que cuidarse de que le lavaran el cerebro. Cuando estaba rodeada de gente que respetaba su cuerpo, que respetaba a los demás, que respetaba la vida misma.
Cuando era feliz.
Entró en la primera tienda que vio antes de soltarse a llorar ahí mismo, resoplando con frustración al ver que era una licorería.
Bueno, que se pudran Otani y sus planes.
Esta noche se iban a emborrachar.
…
Mientras subía los escalones para llegar a su departamento, Otani se repetía una y otra vez lo que estaba haciendo.
Él mismo se había hecho a la idea, justo después de cerrar la puerta de Yoko hacía unas horas, que trataría de ser conquistado por ella. Iba a hacer su mejor esfuerzo, ya lo había planeado.
Sintió cómo la frustración se apoderaba de su pequeño cuerpo hasta que se tuvo que apoyar en la pared, los nudillos tan blancos que incluso sentía su mano sangrando, ya fuese interna o externamente, ya no importaba.
¿Cómo demonios fue a caer nuevamente tras una miserable llamada? ¡Sólo una!
¿Realmente estaba tan estúpido? ¿Era tan idiota como siempre le cantaron en la cara? ¿Qué acaso no pudo decirle que no? ¡Claro que pudo decirle que no! ¿Entonces por qué demonios le dijo que sí, con un carajo?
Porque no le puede decir que no.
Ya sin importarle nada, aventó un puñetazo a la pared, gritando de dolor al lastimarse con el frío cemento. Se llevó la mano a la boca, apoyando sus labios levemente sobre la superficie lastimada, llorando suavemente a su mano herida. Se dijo a sí mismo que su vida no podía ponerse peor y se horrorizó al momento de pensarlo. ¿Qué tal si Risa llevaba a Rei a la maldita película? Soltó un suspiro de desesperación. ¿Cómo no había pensado en eso? Era seguro que lo haría…
Pero Risa dijo que 'como antes', ¿cierto? Ella debía de saber que las tradiciones no se deben ultrajar. Ella lo odiaría si llevaba a Yoko. Abrió los ojos como si se le hubiese sido revelado algo.
—¿Qué demonios haces ahí? —dio un salto tan alto que por un segundo creyó volar. Se giró rápidamente para encontrarse a Risa subiendo los escalones con varias bolsas en sus manos. Pudo vislumbrar licor en algunas. Genial.
—¿Subo las escaleras? Dios, Koizumi, de verdad que no has cambiado. Tan idiota como siempre. —Sonrió con suficiencia hasta que vio cómo se acercaba Risa, tomaba su mano y, justo en el lugar donde estaba lastimado, apretó su otra mano, haciendo que Otani gritase de dolor. —¡¿Qué demonios te sucede, loca? ¡SUÉLTAME, ME DUELE!
Cómo demonios fue a parar enamorado de esta mujer, Otani no tenía idea.
—¡Cuando te disculpes!
—¿En serio, Koizumi? ¡¿EN SERIO? —gritó él, girándolos hasta que él parecía más alto que ella, entonces levantó su mano hasta la altura de su cara y mordió el brazo de Risa, quién gritó indignada y apretó con más fuerza.
—Maldito enano, estás más muerto que un cadáver, ¡SUÉLTAME!
Al parecer Otani dijo algo similar a "hasta que tú lo hagas" a través del brazo de la pelirroja.
—Bien, maldito desgraciado, de acuerdo —acto seguido, ambos se soltaron. Ambos se sobaron en las partes afectadas. Ambos lloraron un poco al sobar dichas partes. Y luego procedieron a mirarse con odio.
Bien, las cosas vuelven a su sitio al parecer.
Lo que le recuerda a Otani…
—¿Sólo vamos a ser tú y yo, cierto? —Salió con más resentimiento del pensado, pero no se arrepintió. Vio como la cara de Risa tenía impreso el signo de interrogación y se alegró al comprobar que era un idiota por pensar que llevaría a Rei—. Nada, olvídalo. Vamos.
Le ayudó a cargar algunas bolsas y al llegar al departamento de Risa, Otani se maldijo internamente por no ser lo suficientemente fuerte para resistirlo.
Era su maldito juguete, después de todo.
…
—"¡Oh, John Smith, llévame lejos!".
—"¡Con calma, Anne Marie! ¡Tengo que ir al baño!"
Ambos soltaron carcajadas que podían ser escuchadas a diez kilómetros. Risa descansó su cabeza en el cuenco que había entre la mandíbula y el hombro de Otani, mientras llenaba más vino en sus vasos de plástico.
—"¡Pero creí que ya habías ido!"
—"Lo siento, pero…" dun dun duuunnn "tengo diarrea".
Risa casi se ahoga en su vaso. Le dio una suave cachetada a Otani mientras éste bajaba la mirada y se encontraba con sus ojos. Risa dejó la mano sobre su rostro, encontrándose acariciando su mejilla. Poco a poco sus sonrisas se fueron desvaneciendo y Risa supo que ya no podía más.
—Rei está enojado conmigo —soltó, incorporándose. Otani cerró los ojos por un segundo, asombrado ante su estupidez. Obviamente debía de haber una razón por la cual ella lo iba a llamar tan repentinamente—. No fue mi intención lastimarlo ni nada, pero está siendo un tonto.
—¿Quieres que hablemos de esto ahora? —Ups. Se le salió—. A ver, ven, vamos a otro lugar —dijo, poniendo la película en pausa y tendiéndole su mano lastimada. Risa frunció el ceño pero aún así la tomó con suavidad.
Otani la levantó con facilidad, caminando hasta la puerta aún con su mano en la suya. Risa no tenía problema alguno, es más, enredó sus dedos en los de él, mientras Otani abría la puerta y se dirigía hacia las escaleras.
—¿A dónde quieres que vayamos, exactamente? —preguntó ella mientras veía que subían los escalones—. ¿A tu departamento?
—No —contestó con simpleza—. Ahora lo verás.
Risa realmente no entendía por qué se encontraban en la azotea, pero no se quejó. Le gustaba aquel lugar, y al parecer a Otani también. El chico la arrastró hasta el borde, y lentamente los suburbios de Tokio aparecieron ante sus ojos. Ambos apoyaron el brazo que no tenían ocupado con la mano del otro en el soporte que hacía de barandal.
—¿Por qué estamos aquí? —preguntó suavemente ella, rompiendo el silencio.
—Para que escojas —susurró él viendo hacia las luces en la calle—. ¿Prefieres hablar de tu novio justo ahora, viendo las inexistentes estrellas? —Risa soltó una risita— ¿O prefieres que te muestre algo que acabo de ver en aquella nube negra?
—Creo que prefiero ver la película.
—¿En serio? —giró su cabeza, apretando levemente su mano—. ¿Realmente no quieres hablar de Rei?
—No hay nada qué decir, realmente —contestó, apretando su mano de vuelta—. Sólo… se enojó. —Descartó, porque ¿para qué arruinar un momento así, cierto?
Otani sonrió, y de pronto Risa se encontró necesitando vino como nunca.
—Vamos a terminar esa película y esa botella —comenzó, pero Otani la detuvo.
—Espera, quiero mostrarte algo.
Y con el dedo le fue señalando las casas de sus alumnos. Aquellos que vivían por la zona, al menos. Le habló de ellos y lo mejor que juegan cada día. Mencionó a algunos particularmente, de pronto descubriendo que realmente siente cariño por ellos. Una sonrisa tonta se dibujó en su rostro mientras pensaba en ellos y cómo iban a vencer al equipo contrario, cualquiera que fuese.
¿Cómo pudo haber estado tan enojado hacía unas horas? Era estúpido, esos niños eran lo que lo mantenía vivo, lo que lo hacía feliz en esa locura de ciudad.
Risa, tal vez gracias al alcohol, sonreía estúpidamente también. Pero no por las historias que contaba Otani, sino por la sensación que le provocaba el verlo tan emocionado y tan orgulloso de sus alumnos. Veía la felicidad que brotaba de sus ojos al apuntar a alguna casa, pero ella no veía la casa. Lo veía a él.
"Fue una buena idea que nos quedáramos, entonces" pensó, pues todavía tenía la idea de que Otani era el que quería quedarse en Tokio en primer lugar. "Se ve tan feliz… Y yo soy tan miserable" pensó, ignorante hacia todo lo que su amigo vivía.
De vuelta en el departamento, y con la película puesta nuevamente, ambos se acabaron otras cuatro botellas de vino en menos de lo que imaginaron.
Cuando Risa estuvo a punto de abrir la quinta, Otani la agarró con dificultad.
—¿Cuántas botellas compraste? —preguntó con incredulidad—. Creo que es… mejor que… comamos algo —dijo, agarrando un puño de palomitas y aventándoselo en la cara.
Risa tomó otro puñado de palomitas y se lo aventó a la cara también. Buscó caramelos en una bolsa y se los aventó también.
Después de unos minutos, la mitad de la comida estaba desparramada en el suelo, y ellos se reían sin sentido.
—Otani, Otani —llamó Risa, al ver que Otani se resbalaba y caía en el suelo, lo cual provocó que se rieran más—. Mira, mira lo que puedo hacer —dijo, tomando un puño de ositos de goma y aventándolo hacia el cielo, aterrizando limpiamente en su boca. O, al menos, la quinta parte de lo que aventó.
—Eres una tonta —se rió él, tomando uno de los ositos que cayeron en su hombro y comiéndolo sin problemas—. Mira, yo sé hacer algo mejor —acto seguido, se puso de pie pero se resbaló al instante. Risa apenas y pudo atraparlo antes de que realmente se lastimara.
—Creo que me lo mostrarás después. —Murmuró ella, colocándolo de vuelta en el sofá, quitándole unos mechones de la cara. Tomó una de las cajas con tiras de caramelo y sacó una tira roja—. A ver, señorito, abra la boca.
—No —dijo él, cruzando los brazos—. No soy un señorito.
—Bueno, niño —Otani gruñó—. ¿Enanito?
—¡Koizumi!
Risa rió, y Otani se dio el permiso de jugar un poco. No iba a pasar nada malo, ¿verdad?
—Está bien —dijo al fin—. Sólo si dices "chico irresistible".
Pensó que Risa le daría un golpe, o se burlaría de él.
—Oh, de acuerdo, chico irresistible, abre la boca —Otani se sorprendió un poco, pero sonrió satisfactoriamente abriendo la boca. Risa se acercó un poco más e introdujo la tira limpiamente por su boca, mientras Otani la tomaba con su lengua y la arrancaba de sus dedos con ella.
Le quitó la caja y sacó una tira verde. Risa no necesitó que le dijera nada, simplemente abrió la boca. Otani se puso de rodillas en el sofá, acercándose a ella e introduciendo la tira, arrepintiéndose enormemente un segundo después. El ver a Risa tomar la tira con su lengua fue devastador para su pobre cuerpo.
Risa se puso de rodillas también, sonriendo de una forma que Otani nunca la había visto sonreír antes. Tomó la caja y sacó otra tira verde. Otani abrió la boca, saboreando el doloroso placer de esa situación. Esta vez Risa movió la tira lentamente sobre su boca, como si esperara que él hiciera algo. Otani estaba tan idiotizado que le dio un mordisco a lo que alcanzaba. Al parecer eso era lo que Risa quería, porque su sonrisa se agrandó.
Lo que pasó después tomó por sorpresa al muchacho, pues Risa lo empujó lentamente hacia abajo con la tira aún sobre su boca, como si lo estuviera amaestrando. La idea lo espantó en cierto modo, pero en el otro, se sintió tan excitado que sabía que tenía que parar esto de un momento a otro.
Debía pararlo, debía hacerlo… Entonces, ¿por qué seguía con la boca abierta, esperando a que ella hiciera lo que le diera la gana con él, como hace de todos modos? Más importante, ¿qué iba a hacer si no podía pararlo? Si le seguía la corriente… ¿hacia dónde los llevaría?
Pero todo pensamiento se borró en una exhalación al sentir la tira caer lentamente por su boca. La saboreó muy despacio, mientras miraba directamente sus ojos caramelo. Pero ahora eran oscuros. Muy oscuros.
—Otani —susurró, y Otani supo que no lo podría parar, incluso aunque quisiera.
…
Tal vez eso era todo lo que debió de hacer desde un principio: ser su juguete.
Sabía que llegaría el punto en el que no sería suficiente. Sabía perfectamente que un día, sin poder controlarlo, algo sucedería, y estaba en lo correcto.
Risa acarició su rostro con una mano, mientras se agachaba también. Le dio la caja sin que él la pidiera, pero ninguno de los dos separó la vista del otro. Risa abrió la boca lentamente, pero no lo suficiente como para meter la tira.
Todos estos años, cada momento que estaban a solas, Otani suprimió toda la tensión que sentía, todo el deseo.
Pero todos tenemos un punto de ruptura, y él lo tenía también.
Claro que, después de tantos años, todavía tenía algo de control.
¿Verdad?
Otani se incorporó en sus rodillas, para estar casi a la altura de ella, quien estaba agachada. Con la mano libre, acarició su rostro suavemente. Risa, quien tenía la boca entreabierta, levantó su mentón ligeramente, cerrando los ojos al contacto.
Al carajo el control.
Sin pensarlo dos veces, es más, sin siquiera pensarlo, inclinó su cabeza y unió sus labios con los de ella. Con la mano que tenía en su mejilla la atrajo hacia sí, sellando el beso con más fuerza.
Risa no replicó. Es más, aventó las manos tras su cuello e hizo que ambos se cayeran en el sofá de la intensidad con la que lo tomó. Atrapó sus largos cabellos entre sus dedos y lo obligó a intensificar el beso. Otani bajó la mano hasta su cuello, y Risa bajó una mano que tenía en su cabello hacia su espalda, apretándolo más contra ella, si eso era posible. Enganchó una de sus piernas alrededor de su cintura, desesperada por tenerlo más cerca. Al no ser suficiente, se las arregló para enganchar la otra, soltando un pequeño gemido por detrás de la garganta. Nunca se había sentido tan desesperada por algo de esa forma; revolvió su lengua con la de Otani, quería saciarse esa ansiedad. Quería comerse sus labios si era posible. Quería comérselo todo.
No pensaba en Otani Atsushi, su mejor amigo de Osaka. No, él no podría estar besándola de esa manera. Él no podría sostenerla con tanto deseo y desesperación. Él no podría tener tanta hambre como ella. No Otani.
Entonces, ¿quién demonios era esta criatura que la devoraba viva y la dejaba con ganas de más?
Risa arqueó la espalda, en otro intento desesperado de fundir sus cuerpos de alguna forma. Y entonces lo entendió.
Se separó de él, no sin antes morder sus labios. Él inclinó la cabeza hacia ella otra vez, en busca de otro beso, respirando entrecortadamente. Risa se sintió loca al no besarlo desesperadamente otra vez, pero estaba forcejeando con su sudadera, en un intento más por sentirlo más cerca. Otani entendió y soltó las manos que tenía sobre su cintura (oh, no, no lo hagas) y se la quitó de un golpe. Risa le quitó la camisa y se quedó idiotizada con su pecho. Soltó un gruñido y se giró sobre él, haciendo que la gravedad los llevara al suelo, pero no importaba. Ahora ella tenía el control.
Los ojos de Otani brillaban, era un brillo oscuro, guiado por el deseo. Risa no podía soportarlo. Se aventó contra él y enredó sus brazos alrededor de su cuello, besándolo apasionadamente otra vez. Otani respondió de buena gana al beso, enredando su lengua con la suya al mismo tiempo que sujetaba su espalda baja y la apretaba hacia él. Entre los dos se deshicieron de la blusa que ella llevaba, mientras que Otani abandonaba sus labios y se dirigía a su cuello; Risa hizo la cabeza para atrás, para facilitarle el trabajo.
Otani regresó los labios a su mentón, saboreando su suave piel. Con las manos, se deshizo de su sujetador y Risa soltó un gemido de aprobación, tomando su cabeza con las manos e impulsándola hacia abajo. Él no replicó, simplemente se acometió a lo que ella le indicaba. Risa bajó la mano a sus pantalones e hizo lo imposible por desabrocharlos mientras el chico hacía de las suyas en sus pechos. Otani besaba, lamía, incluso mordisqueaba ligeramente sus pezones, volviéndola mucho más loca de lo que ya estaba. Las manos le temblaban mientras buscaba el cierre, soltando leves gemidos de excitación. Podía sentir la dureza de Otani y su desesperación creciendo. Finalmente, bajó el cierre y, sin pensarlo, metió la mano por la abertura, encontrando su miembro y lo apretó ligeramente. Otani se separó de ella bruscamente soltando un breve jadeo. Apretó nuevamente, viendo cómo Otani respiraba con más dificultad, mirándola con el aquel brillo intensificado. En un abrir y cerrar de ojos, sus pantalones se fueron, junto con los de Risa.
Se abalanzó sobre ella, haciendo que el contacto entre su mano y su miembro se perdiera, pero antes de que ella replicase, él abrió sus temblorosas piernas, y aunque aún estuvieran en ropa interior, frotó su increíblemente duro miembro contra ella. Risa soltó un fuerte gemido, aferrándose a él con sus uñas. Buscó con las manos el resorte en sus calzoncillos, para quitárselos de una buena vez, pero Otani no la dejó. Descendió por su pecho nuevamente y tomó sus suaves senos con las manos, apretándolos con fuerza, dejando más sonidos escapar por su boca. Tomó uno de sus senos en los labios y succionó de él, mordisqueándole el pezón y lamiendo todo su contorno.
Ella soltaba maldiciones y seguía tratando de hacer suyo el miembro del chico.
Hacía mucho tiempo que Otani había perdido la cabeza. Cualquier pequeño residuo de sentido común que picara su mente era rápidamente eliminado. No podía permitirse el dudar en un momento así, no ahora.
Pero aún así, y por más que lo odiase, Otani lentamente fue dándose cuenta de lo que estaba pasando. De lo que realmente estaba pasando.
Y por más que una gran, numerosa parte de él quisiera mandarlo todo al carajo (ya que, después de todo, le había dado buenos resultados hasta ahora…) sabía que lo que estaban haciendo no estaba bien. Por más que él siempre se hubiera muerto por una oportunidad así, no debía hacerlo. No… No debía.
Con un gran, terrible gruñido, y con la mínima cantidad de fuerza de voluntad que aún le quedaba, se separó de ella. Risa creyó que era para respirar, o para hacer alguna otra locura que le haría perder la razón. Pero cuando vio cómo se separaba brutalmente y se levantaba, abrió los ojos con terror.
—¡¿Qué crees que estás haciendo? —gritó, como si estuviera a punto de matar a alguien. Lo tomó de la pantorrilla antes de que se fuera más lejos. Otani cayó gracias a la fuerza que ella aplicó para sujetarlo. Acto seguido, se le trepó encima y buscó sus labios con desesperación.
—No… No, Koizumi… —murmuraba él mientras la apartaba, deseando poder dejarse llevar otra vez y borrar todo lo que su estúpida mente le estaba obligando a hacer—. No está bien. No… Suéltame. —Dijo, tras sentir cómo ella se aferraba a él.
—No sabes lo que dices. —Espetó, besándole el cuello, mordiéndole el lóbulo de su oreja.
—¡No! ¡Sí lo sé! —Dijo, empujándola lejos de sí en un intento desesperado de frenar aquello. Se puso de pie antes de que ella pudiera reaccionar y se enfundó en sus pantalones—. Esto no está bien, Koizumi. No debemos… No. —farfullaba, mientras se subía el cierre de los pantalones y buscaba su playera como un loco.
Risa lo miraba sin poder creerlo. ¿Qué demonios se creía el condenado? ¡¿Besándola de esa forma, tocándola de esa forma, ya era casi suya y el idiota se atreve a decir que lo que hacen no está bien? ¿Qué demonios…?
Pero pronto lo vio. Vio lo que Otani veía, pero ella, en vez de hacer conciencia sobre ello, lo borró inmediatamente de su cabeza. ¿Por qué tenía que preocuparse por cosas como esa cuándo hacía apenas unos minutos estaban perfectamente bien? Necesitaba su cuerpo sobre el suyo, su aliento en su piel, su boca sobre la suya, con sus lenguas peleando en sus bocas, necesitaba alimentar el hambre que de otro modo se la comería viva, necesitaba que él se la comiera viva, necesitaba… necesitaba…
—No te vayas —susurró, tomando su playera (que estaba justo a un lado de ella) y apretándola contra su pecho—. No me dejes, no ahora. Ven, anda, vamos a terminar esto…
—Dame mi playera —miraba al suelo; Risa podía ver cómo seguía duro y estaba más que segura de que estaba evitando verla para no tirarse sobre ella. Interesante, lo único que ella quería era que él se le aventara encima.
—Ven por ella —susurró perversamente.
—Por Dios, ¡sólo dámela!
—¡Ven por ella!
—No lo voy a hacer.
—Pues entonces buena suerte saliendo de aquí sin playera ni sudadera —dijo, tomando esta última del suelo. Otani gruñó algo por lo bajo e hizo ademán de irse—. Ya sabes cómo es la señora Hiro, siempre regando sus plantas a altas horas de la noche. ¿Qué pensará de ver al pequeño Otani Atsushi salir del departamento de Koizumi Risa sin pla…?
—¿Qué demonios quieres? —espetó él, mirándola secamente, pero con un deseo ardiendo aún en sus ojos. Cosa que ella no perdió de vista.
—Ya sabes lo que quiero.
Otani soltó un gruñido de desesperación.
—¿Y qué tal si yo no quiero? —respondió, sabiendo perfectamente que era una vil mentira.
—Oh, querido, nunca se te ha dado bien el mentir, ¿lo sabías?
Acto seguido, se arrastró por el suelo hasta llegar a sus pies, bajándole el cierre de los pantalones lentamente, sabiendo lo mucho que le dolería a su erección. Otani se hizo para atrás, pero ella lo siguió.
—Entiende que no está bien… —comenzó, pero entonces vio el rostro de Risa y se le hizo un nudo en el estómago.
Había dejado la actitud perversa y ahora se veía realmente mal. Lo miraba desde abajo, con sus grandes ojos oscuros de pasión, pero con una sensación extraña.
—Sólo ésta vez —susurró.
—¿Qué?
—Sólo una vez —dijo, ahora más fuerte—. Sólo hazlo hoy, y te juro que ya nunca más te lo pediré.
—¿Y qué me garantiza eso?
—Sólo esta vez… —lo miró suplicante. Bajó el resto del cierre sin romper el contacto con su mirada.
Otani no dijo nada, dejó que ella siguiera bajando sus pantalones y luego se recordó a sí mismo y dio un respingo.
—¡No! Yo…
—Por favor —era apenas un susurro, tan imperceptible pero devastador—. Por favor… Atsushi.
Otani sintió cómo se le acababa el aire. Eso fue suficiente, al parecer, porque Risa aprovechó esa oportunidad y le bajó el resto de los pantalones y de paso sus calzoncillos, los cuales cedieron muy fácilmente. Acarició su miembro con ambas manos mientras Otani perdía su cerebro. Perdió la razón, perdió el control.
Lo único que importaba era Risa. Lo único que siempre había importado.
Risa acercó sus labios a su erección. Lo miró intensamente, y él finalmente se rindió. Cerró los ojos y soltó un gran jadeo cuando sintió su boca envolver su ya dolorido miembro. No sabía si Risa había hecho algo así antes, porque lo que estaba haciendo lo hacía demasiado bien. Celos se apoderaron de lo que quedaba de su buen juicio al pensar en las noches que ella debió pasar con Rei. Rei. Otani cayó en la cuenta de que lo que estaban haciendo no afectaba solamente su amistad, sino que implicaba que Risa estaría engañando a Rei.
Antes de poder sentirse culpable, o siquiera sentir algo, Risa succionó con fuerza, sacándolo de sus pensamientos al soltar un gruñido de satisfacción. Sujetó las dos manos en el cabello de la pelirroja, mientras ésta lamía y succionaba sin parar. Otani se mordió el labio, mientras que, sin poder evitarlo, se impulsaba dentro de su boca. Para estas alturas Otani ya soltaba jadeos y maldiciones por doquier, mientras Risa parecía sonreír al succionar. Con las manos masajeó sus testículos, haciendo que Otani finalmente gimiera. Eso pareció gustarle, pues trazó besitos por todo su duro miembro hasta llegar a sus testículos, los cuales introdujo a su boca también. Otani ya había perdido todo sentido de coherencia y soltaba sonidos que él no sabía que podía hacer. Bajó la mirada y se encontró con los ojos penetrantes de la mujer que lo volvía loco en todos los sentidos. Antes de venirse sobre ella se le ocurrió algo. Soltó sus manos de su cabello y la tomó de los hombros, impulsándola hacia arriba. Risa obedeció plácidamente, uniendo sus labios en un loco frenesí de pasión. Otani la arrojó al sofá y se posesionó sobre ella, no sin antes remover lo último que le quedaba de ropa. Antes de que Risa pudiera cantar victoria, él acercó su miembro a su entrada y, como antes, lo frotó por fuera, sin introducirse en ella.
Risa soltó un gruñido, maldiciéndolo sin parar, ya que Otani repitió eso varias veces. El chico acercó sus labios a su ya tenso cuerpo y lamió todo el contorno de su cuello. Risa se estremeció y, al tenerlo tan cerca, lo rodeó con sus brazos y le besó el cuello también. Susurraba cosas inteligibles en su oído, rogándole que la tomara de una buena vez, sin importarle lo patética que debía escucharse. Otani reía suavemente, disfrutando su desesperación. Risa lo besó apasionadamente, borrando la sonrisa de su rostro. Sus lenguas lucharon por dominar la situación y, sin aviso alguno, aún besándose, Otani se introdujo dentro de Risa, quien gritó en su boca. Por un momento Otani se congeló, ¿había sido muy duro? Pero cuando vio el rostro plácido de Risa entendió que había sido un grito de placer, no de dolor. Suspiró aliviado mientras se impulsaba dentro de ella, ganando ritmo.
Dentro de poco ambos se encontraban gimiendo sin parar, Otani agregando más fuerza a medida que el ritmo aceleraba. Risa le rasguñaba la espalda mientras gemía su nombre—"Otani", pues al parecer "Atsushi" implicaba más— y él besaba lo que alcanzaban sus labios, soltando suspiros, gemidos y jadeos por doquier. Risa arqueó su espalda al sentir cómo su orgasmo la golpeaba y la sacudía por completo. Otani la sintió temblar a su merced y supo que ya era suficiente. Se aferró al soporte del sofá y golpeó con fuerza hasta que se vino dentro de ella. Risa soltó una risita al sentirlo venir y acarició su rostro mientras recuperaba la respiración. Al hacer ademán de salirse de ella, Risa puso rápidamente la mano sobre su pecho.
—No, no lo hagas. Quédate conmigo un poco más. —Susurró, tomándolo del rostro y acercando sus labios en lo que pareció ser un dulce beso.
—No me iba a ir a ningún lado. —Susurró él acomodándose en su pecho—. ¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó mortificado, al darse cuenta de lo que acababa de pasar.
—Dormir. —Contestó ella, besando su frente—. Dejemos que mañana Otani y Koizumi afronten esto como crean conveniente.
—Son tan estúpidos que seguramente harán una idiotez —dijo él, cerrando los ojos y bostezando contra la suave piel de su mejor amiga—. Seguramente se gritarán y se odiarán y nunca se volverán a hablar.
—Esperemos que eso último no pase —susurró ella, escondiendo su rostro en los cabellos naranja del chico—, Koizumi seguramente moriría sin aquel idiota haciéndole la vida imposible —cerró los ojos.
—Y Otani se odiaría por el resto de su vida… —murmuró— si no está con ella.
N/a: Esto salió super más largo de lo planeado. Más que nada porque no me atrevía a partirlo, desde que, como dije arriba, este fue el capítulo con el que se ~creó está historia. No, no lo escribí antes que todo, de hecho, llevo como dos meses intentando acabar de escribirlo. Sí, dos meses. Fue horrible D: Más que nada porque encontré muchas cosas de las que me hice fan rápidamente y fui abandonando el escribir, o el escribir en español en primer lugar, porque me he metido mucho a sitios en inglés y a leer en inglés y, oh, sí, he estado de ninja por fanfiction buscando fics de mis nuevas obsesiones PERO ESO ES OTRO TEMA. Espero que aparte el hecho de que haya sido así de enorme compense todo el tiempo en el que no actualicé esta historia. Hay muchas partes que escribí en diferente orden, de hecho, todo el capítulo lo escribí en partes y en diferentes tiempos, por lo cual se ve algo raro en general. Mis disculpas por ello. ¿Qué más? Er... No tengo idea, solamente espero que les haya gustado y que quieran seguir leyendo esta historia loca que se me ocurrió. Ha, ¿apoco creyeron que Otani iba a estar sufriendo para siempre? Esperen... ups. No, mejor no digo nada :P Y YA, ME VOY. Espero ahora sí poder actualizar más seguido. Esto fue porque era complicado escribir a Rei siendo malo y luego el lime y el lemmon que DIOS D: pero ya, ya. Veré qué hago para actualizar seguido :P
Otra vez, muchas gracias por leer! (duh eso se escuchó con rima D: akjbjfskdfj) Acá abajito está la opción para que me envíen un review! Yo siempre ando pidiendo reviews, pero ahora es el doble de importante porque NECESITO saber qué piensan acerca de este nuevo giro! Me ayudaría para ver si estoy haciéndolo bien o simplemente estoy loca, que estoy loca de todas formas, verdad xD pero pues sí... REVIEW!
