2. La Visita
Aquel era su momento preferido del día, eran las nueve de la noche y el teléfono estaba a punto de sonar, como todos los Viernes. Bárbara esperaba impaciente en el sofá de su piso a que sonara el familiar y esperado sonido que le traía, aunque solo fuese durante unos minutos la voz de su Gremlin, la persona a la que mas quería en el mundo. Aquella noche se estaba retrasando más que de costumbre. No quería preocuparse, pero no podía evitarlo. Madrid estaba muy lejos. Lo que peor llevaba de estar allí era el estar tan lejos de él. Ni siquiera el no entender el idioma, lo que le había costado adaptarse, el no ver ni a Julia ni a ninguna estrella de cine en los 4 meses que llevaba allí… No, lo que peor llevaba era el hecho de no tenerle a su lado. Que tonta había sido, tantos meses compartiendo el día mesa con mesa y había desperdiciado un tiempo precioso que podían haberse dedicado a estar juntos. Le había llevado tanto tiempo descubrir ese sentimiento tan profundo. Sin embargo, él lo tuvo claro desde el principio. Ella siempre pensó que no estaba hecha para amar, pero él con su cariño y su constancia consiguió hacerla la persona más feliz del planeta. Echaba tanto de menos abrazarle, tocarle, besarle… y faltaban todavía 2 largos meses antes de poder volver a sus mesas contiguas en Bulevar… A ver esa carita redonda detrás de sus gafitas, esos ojos sinceros…
En ese momento sonó, por fin el ansiado tono, y como estaba tan concentrada en sus pensamientos, casi se cae al suelo. Se enderezó lo más rápido que pudo y descolgó el auricular con rapidez.
-¿Santi? ¿Eres tú?
- ¡Hola Nenúfar! ¿Cómo estas? ¿Qué tal va todo por ahí?
- Ahora que oigo tu voz, fenomenal. ¿Dónde estabas? Has llamado muy tarde…
- Es que hemos estado de karaoke la gente de Bulevar y también he tenido que hacer algunas cosillas…
- ¿Te has ido de fiesta con el becario, la loro y esta gentecilla?- pensó que en el fondo también los echaba un poco de menos.
- Si, también se ha venido tu madre…
- ¿Y como esta mi pelatriz favorita?
- Muy bien, cariño. Echándote mucho de menos…
- Igual que yo a ella…- Se le quebró la voz por un instante.- Santi, díselo por favor.
- Claro que si
- ¿Y que vas a hacer mañana?
- Pues… lo de siempre peinar a las chicas estas tan monas y tan morenitas… ¿te puedes creer que todavía no he visto ni a la Roberts ni a ninguna rubia? Y eso que llevo 4 meses aquí… ¡tengo unas ganas de verte Gremlin!
- ¿Ah si? Y ahora en casa ¿Qué estabas haciendo?
- Pues estaba sentada en el sofá echándote de menos… esperando a que llamaras.
- Yo también tengo muchas ganas de verte…
El timbre de la puerta sonó con insistencia. Bárbara se levantó del sofá fastidiada.
- Santi… espera un momento que han llamado a la puerta… ¡Siempre pasa lo mismo! Cuando más ocupada estas… Voy a ver que quiere el desesperado o desesperada que llama… ¡Que parece que se esté incendiando algo! Si me parece que oigo el timbre hasta a través del teléfono…
- Ve a abrir, tranquila… aquí te espero.
La rubia dejó el auricular apoyado en la mesita de cristal y se dirigió a la puerta del pequeño apartamento que había alquilado en Bombay. Deseando acabar cuanto antes con la inoportuna visita, ni siquiera miró a través de la mirilla. Abrió la puerta con un movimiento seco y ya se disponía a increpar a cualquiera que estuviese en el umbral cuando se quedó paralizada donde estaba por la impresión. Estaba allí… pero no podía ser, si estaba hablando… por teléfono… estaba balanceando el móvil, una maleta. Móvil, maleta, viaje… Santi… lo tenía delante de ella. Estaba entre sorprendida y emocionada.
-¡Sorpresa cucu!- exclamó el chico moviendo el móvil en su mano izquierda a un lado y a otro, dedicándole una de sus encantadoras sonrisas.
Antes de poder explicarle o decirle otra palabra, Bárbara avanzó hacia él.
- ¡Santi!- estalló la chica en un sollozo, y lo abrazó con todas sus fuerzas. Como si nunca antes lo hubiese abrazado, como si pensara que si dejaba de rodearle con sus brazos se esfumaría sin dejar rastro.- Estas aquí… ¡conmigo! ¡Has venido! ¿Eres tú de verdad?
El chico, guardó el móvil en el bolsillo de la chaqueta y la rodeó con sus brazos, el estar allí, en el portal con ella. Oler su pelo, sentirla a su lado… ¡Cuánto se habían echado de menos!
- Claro que soy yo. Te quiero, Bárbara.- le susurró al oído
- Y yo a ti.- le contestó ella.
Se separaron lentamente y se miraron a los ojos. Uno en los ojos del otro. Se apartaron mutuamente las lágrimas de las mejillas. Y en ese momento, se fundieron en un beso largo y dulce… llevaban 4 meses esperándolo, pero parecía que llevaran toda la vida…
