5. Cena Especial
Sobre las 9 de la tarde y al igual que todos los días, Bárbara traspuso el umbral de su casa. Dejó la chaqueta colgando del perchero situado a su izquierda, en el recibidor. Y acto seguido, dejó caer su bolso en la primera silla que encontró en el salón. Un penetrante aroma a pescado al horno atrajo su atención desde la cocina y se encaminó hacia la habitación con curiosidad.
-Santi, cariño ¡ya estoy aquí! ¿Puede ser que hayas cocinado salmón al horno para cenar?-preguntó esperanzada.-¿Qué celebramos?
Al llegar a la puerta de la cocina vio a su novio delante del horno, consultando la hora en el reloj digital del electrodoméstico. Llevaba puesto un gracioso delantal a cuadros que le daba un aire de lo más cómico…
-De verdad, cucuruchito… ¿es que no puedo preparar tu plato favorito sin que medien segundas intenciones? Hay que ver que malpensada eres.
Ella le sonrió.
-Lo que tu digas Gremlin, pero seguro que estás tramando algo… por cierto ¿Qué tal hoy en el trabajo?
-Bien, seguimos con el nuevo videojuego de estrategia. No acabo de definir los gráficos, no sé… Espero tenerlo a punto antes de que acabe la semana que viene. Y ¿tú que tal en la peluquería?
-Uff… pues ya sabes, estoy agotada. Lo normal para ser viernes… Peinando a las maris habituales, haciendo permanentes, cardados y esas cosas… Ay pero ¿sabes qué? Lo que sí que me ha hecho ilusión ha sido esta mañana, que he podido… sí eso que dice tanto Richi…
-¿Ser creativa?
- Eso mismo. ¡Le he hecho el estilismo a otra novia! La he dejado guapísima. Un maquillaje precioso y un moño… Vamos que su novio no la va a reconocer cuando llegue al altar y si Richi y Caye siguieran en Bulevar nos la ponían de portada este mes… Georgina se llamaba… sí, más maja…
*A ver si por fin te das por aludido y me pides matrimonio de una vez, que desde hace semanas no paro de contarte de todas las novias a las que arreglo en la pelu… No sé yo si mi madre tendrá razón con la estrategia subliminal esta, porque este infraser mío no se entera de nada…* Pensó la rubia.
-Umm así que la has dejado guapísima. Claro que sí mi vida, con razón eres la mejor estilista de todo Madrid… Cucu, ¿esto está bien de sal?-le preguntó aparentando indiferencia, mientras le acercaba a la boca una patata asada pinchada en el tenedor.
Bárbara llevaba cosa de un mes hablándole de cada novia a la que arreglaba en su peluquería. A estas alturas, creía haber captado el mensaje. Aunque no estaba de más asegurarse antes de sorprenderla con el anillo de compromiso. Llevaban año y medio de convivencia, desde que ella regresara de la India. Y si había esperado tanto para pedirle que se casara con él, era porque Bea (siempre tan sensata, y dado el historial de su relación) le había aconsejado paciencia. Que no se dejara llevar por un impulso y esperara a que se hubiesen acostumbrado el uno al otro y a que Bárbara se sintiera preparada. Él nunca había tenido dudas, pero tampoco había querido precipitarse. De todos modos, habían pasado un año y medio juntos extraordinario. Claro que con sus peleas y broncas pero… ¿Qué pareja no discute? La vida en común es complicada, pero habían superado la prueba de fuego del día a día.
- ¿Sabes qué día es hoy?
- Hoy hace un año y seis meses que volviste de Bombay y que vivimos juntos.-le contestó con una gran sonrisa.
Bárbara pensó en lo encantador que estaba sonriente y en lo que le gustaría ver esa sonrisa y esa mirada limpia en los hijos que tuviesen. Se mordió el labio inferior, ella nunca se había planteado estas cosas. Se sorprendió pensando que en el fondo era una sentimental, quería lo que todo el mundo: amar, ser amada y tener una familia. No entendía como pudo pensar una vez que ella era diferente a los demás, había sido una tonta.
Se sentaron a cenar y empezaron a charlar de los pormenores del día. El salmón estaba riquísimo. Bárbara constató que Santi era muy buen cocinero, había aprendido mucho de Carmelo cuando su segunda casa fue la de los Pérez. Tomaron el postre y cuando estaba a punto de levantarse para recoger la mesa, como hacía todas las noches, notó que la temblorosa mano de su novio la así por la muñeca. Levantó la vista y le miró, se había puesto serio.
-Creo… que no voy a tener un momento mejor que este para decirte… para pedirte…
Ella notó su nerviosismo, siempre le pasaba lo mismo cuando tenía algo serio o importante que decirle. Se puso por un momento en lo peor.
-Santiago no te pongas nervioso y suéltalo ya… ¿Qué pasa? No me asustes…
Captando la ansiedad en su tono de voz, el chico sonrió y ella se tranquilizó. Entonces fue cuando se dio cuenta de que sobre la mesa había un estuche de joyería abierto con un anillo plateado en su interior.
Bárbara Ortiz, luz de mis ojos, ¿quieres casarte conmigo?
Al oír aquellas palabras, la chica no pudo evitar sentir una mezcla de emociones que estaban muy cerca de ser la felicidad más completa. *Tengo que felicitar a mi madre por sus ideas subliminales*
- Si quiero… ¡Claro que quiero! ¡Creía que nunca me lo ibas a pedir! Ay, que anillo... es todo de oro blanco... tan precioso...
Lo cogió de la cajita y lo deslizó por su dedo anular, se puso de pié de un salto y rodeó la mesa para llegar hasta donde él se encontraba. Con lágrimas en los ojos, le abrazó y le susurró al oído:
- Te quiero
- Y yo también a ti. Me alegro de verte tan feliz, y pensar que tenía miedo de saber como ibas a reaccionar… Creo que he interpretado bien esas señales subliminales de novias que me has estado lanzando ¿no? Jejeje los consejos de tu madre algo habrán tenido que ver en esto…
Bárbara puso en su cara la expresión de pequeño pony pucheritos pillado en falta.
- No sé cómo te puedo querer tanto, con lo bobo que eres a veces... Tenemos que fijar la fecha. Verás cuando se lo diga a mi madre, a Richi a Caye… ay no se lo van a creer… Ay Santi ¡que nos vamos a casar!
De pronto, miró sus ojos llenos de felicidad, como los suyos, y no creyó en la profundidad de las palabras que salieron de su boca hasta que las hubo pronunciado:
- Te adoro, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
Se besaron.
