9. La Boda

Algún tiempo después empezaron con los preparativos que tuvieron lugar durante tres meses, tiempo justo para tenerlo todo listo antes de la fecha escogida, el día 20 de Mayo de 2010. Bárbara contó en todo momento con la ayuda de su novio, sus amigos y su madre, aunque como siempre, no pararon de discutir cada detalle. Pero en esta ocasión no fue necesario considerar ningún lujo excéntrico, porque ella había aprendido hace mucho tiempo que son otros detalles los que de verdad dan sentido a la vida, y que ésos no se compran con dinero. Por mucho que puedas llegar a tener.

Y por fin, el gran día llegó. En la peluquería, Chali daba los últimos retoques a su famoso moño "Grace Kelly" aquel peinado les traía a ambas muy bonitos recuerdos. Tanto que Bárbara había insistido en llevar ese recogido el día de su boda. Y en que fuese su madre quien la peinara. Wada y Anabel, ya vestidas, peinadas y maquilladas observaban con interés a la veterana peluquera, como daba el toque final a su obra maestra. Cuando le dieron a la novia los últimos toques de maquillaje, las dos chicas se despidieron y partieron rumbo a la iglesia.

Y esa tarde, la novia con un diseño en blanco roto de Hannibal Pantano que Richard de Castro le había regalado, cumplía uno de sus sueños: casarse con un vestido de ese diseñador. Se dirigía radiante hacia el altar, del brazo del creativo, que ejercía de orgulloso padrino. El vestido era precioso si, pero lo que más llamaba la atención era su rostro, pletórico de felicidad. Frente al altar la esperaba el único hombre al que había amado en su vida, que le había enseñado lo que era el amor y con quien quería compartir su vida para siempre. Estaba allí, feliz, contemplándola con esa mirada chispeante que tanto conocía y que la llenaba de alegría. Cuando por fin llegó y se tomaron de la mano, mientras subía los dos escalones que les separaban del altar, volvió a sentir esa conexión especial, ese estremecimiento que la hacía temblar. Recordó que hubo un tiempo en que su solo tacto la desconcertaba y como no entendía que le ocurría y pretendía alejarle de ella. Ahora caminaba dispuesta a unirse a él para siempre y estaba segura de que no había mujer más feliz que ella sobre la faz de la tierra. Así transcurrió la ceremonia, ante la atenta mirada de familiares y amigos. Muchos fueron los que derramaron lágrimas de emoción en el preciso momento en que el sacerdote les hacía la gran pregunta:

- Santiago Rodríguez ¿quieres a Bárbara Ortiz como legítima esposa para amarla y respetarla todos los días de tu vida?

- Sí, quiero.- pronunció las esperadas palabras mientras deslizaba el anillo de oro en el dedo anular de la mano derecha de su amada.

- Y tú Bárbara Ortiz ¿aceptas a Santiago Rodríguez como legítimo esposo para amarle y respetarle todos los días de tu vida?

- Sí, claro que quiero.- ella le puso el anillo a él y después de mirarle a los ojos, desvió la cabeza hacia donde su madre se encontraba, en el banco más próximo de la primera fila. Y ambas se miraron emocionadas y Chali se echó a llorar de alegría, porque era uno de los días más importantes en la vida de su cachorra.

Se entregaron las arras y el sacerdote dio por concluida la ceremonia.

- Por el poder que me ha sido concedido, yo os declaro marido y mujer. Podéis besaros.

Y la pareja selló con un beso su recién estrenada vida matrimonial, entre aplausos, muestras de afecto y exclamaciones de alegría de todos sus invitados, amigos y familia muy queridos por ellos y algunos llegados de los lugares más remotos.

Álvaro y Gonzalo habían decidido no entrar a la iglesia y se quedaron fuera hablando de mil cosas, recordando los viejos tiempos y comentando novedades. Uno de los temas que ocuparon la conversación de los dos amigos fue el hecho de que Diego De La Vega se hubiese casado y ahora fuese padre de un niño. Álvaro se mostraba escéptico y Gonzalo le contaba que hasta había hecho las paces con sus dos hermanas. Álvaro no tenía muy claro lo que pensaba hacer si su medio-hermano le pedía una tregua. Y en estas estaban, cuando se dieron cuenta de que la ceremonia había llegado a su fin. Los invitados empezaban a abandonar la Iglesia. Ambos empezaron a repartir arroz y pétalos de rosa en puñaditos a todo el mundo que asomaba por la puerta. Las cestas se las había suministrado Beatriz nada más llegar. Además de repartirlos, jugueteaban tirándose arroz a la cabeza como si fuesen dos críos.

- Es que ni el arroz podéis repartir como personas normales, que parecéis niños.-riñó Sandra a Gonzalo.- Os debería dar vergüenza. Anda… dadme un puñadito.

Mientras, los novios se hacían las fotos de rigor con la familia más próxima. Richard fue el padrino y la madre de Santi, la madrina.

Poco después, una lluvia de pétalos de rosa y arroz les esperaba a la salida de la iglesia, frente a la puerta de Goya del Museo Nacional de El Prado, desde donde algunos visitantes y turistas se volvían curiosos a observarles y reían y les señalaban con la mano. Les llamaba la atención el hecho de ser testigos accidentales de una boda, algo que recordarían como anécdota cuando regresaran a sus lugares de origen.

- ¡Que vivan los novios!- Gritaron Gonzalo y Álvaro lo más alto que pudieron.

- ¡Viva!-contestaron todos al unísono.

- Tras la lluvia de arroz, todos se fueron acercando a darles la enhorabuena a los recién casados. Y entre ellos, Gonzalo, Sandra y Paula.

- Bueno chicos, enhorabuena. Ha sido una ceremonia preciosa.-los felicitó Sandra

- Santi, tío ¡felicidades! Mira que cuando mi Sandra me enseñó la invitación no me lo podía creer. Pero ahora que os veo juntos, me parece que hacéis una pareja estupenda. Bárbara mujer un beso… Que menos que besar a la novia más guapa de Madrid…

- Bueno, Gonza por eso que acabas de decir- dejó que la besara en la mejilla.

- Joer Barbiloca, será que te tendré que dar la enhorabuena ¿no? Porque… Santi chaval lo que es a ti no sé si decirte lo mucho que lo siento.- dijo dándole un teatral golpecito en el hombro.

- Paula… ¡pero qué clase! Creo que nunca te había visto con un vestido tan elegante.- la alabó Santi riendo con su broma.

- Serás bichillo, pequeña macarrilla…-contestó Bárbara un poco molesta por el comentario.

- Que no… que era broma, tía. ¡Felicidades parejita!

Bárbara le dio dos besos a la chica y pensó que nunca entendería su peculiar sentido del humor.

- Y lo de la elegancia… Yo no quería ponerme este trapo… pero ha sido cosa de mi vieja… que ya sabéis como es…

- Paula ¿otra vez? ¡Que te he dicho ya mil veces que no me llames vieja, que soy tu madre! ¡Hombre ya la niña esta!

- Esta Paula, nunca cambiará.- sonrió Gonzalo pasándole el brazo por encima de los hombros a su hija adoptiva. Sandra se unió a ellos, y mientras discutían, la familia De Soto-De La Vega se apartaron dejando que otros invitados felicitaran a la pareja, pues todos estaban ansiosos por hacerlo.

La celebración del banquete en el nuevo salón para banquetes del "San Pan" discurrió muy animadamente y todo el mundo disfrutó mucho de la comida, la bebida y todo lo que se sirvió. La distribución de las mesas produjo algún que otro quebradero de cabeza en los primeros momentos, ya que los novios sentaron estratégicamente a todos los invitados. Finalmente, todo el mundo lo pasó en grande, charlaron, bailaron y algunos arreglaron sus diferencias, como fue el caso de Álvaro y Diego. Que finalmente zanjaron de una vez por todas su vieja disputa y volvieron a abrazarse como hermanos. Los jóvenes presentaron a sus hijos y decidieron que deberían verse para que los primos pudiesen mantener el contacto. Al fin y al cabo, la familia es lo primero. También Benito y Noelia tuvieron un acercamiento durante el baile posterior al banquete. Pues la directora de marketing sólo necesitó el vino de la cena y unas pocas copas de la barra libre para desmelenarse. Bailaron juntos un par de canciones rápidas y hasta una lenta. Y Benito no desaprovechó la oportunidad de acercarse a ella, acompañándola hasta su casa cuando ella decidió marcharse. Si pasó o no pasó algo entre ellos esa noche, Santi y Bárbara no se enteraron. Estaban demasiado ocupados atendiendo a sus invitados.

En uno de los momentos de la noche, poco antes de servir los postres, los novios se acercaron a la mesa 14 y saludaron a sus compañeros de trabajo, para asegurarse de que lo estaban pasando bien. La verdad es que la gente de esa mesa no se conocía y se habían presentado entre ellos cuando empezó el convite. Wada parecía haber hecho muy buenas migas con Jorge, editor de gráficos de GameNaTech así que quien sabe que podría salir de ahí ¡de una boda sale otra boda! Y Anabel parloteaba sin cesar con su novio Miguel. Laura, la asistente personal de Santiago y una de sus mejores amigas en la empresa, se había presentado diciendo que prefería que la llamaran iKi, a todo el mundo le pareció encantadora y de inmediato congenió con Wada y Anabel. Su jefe, Nandy había acudido con su novia. Y Andrea y su novio, reportero de la revista independiente que dirigía, habían acabado en esa mesa porque en las dos mesas preparadas para la gente de Bulevar 21 estaban a rebosar, pues era increíble la cantidad de gente que había pasado por esa redacción, todos buenísimos amigos de la pareja. Bárbara se había llevado una sorpresa monumental cuando Georgina, la nueva ejecutiva de GameNaTech la reconoció como la peluquera que le había hecho el recogido para su boda, celebrada 8 meses antes. Justo el día en que Santi le dio la sorpresa de pedirle matrimonio. Ambas celebraron la extraordinaria coincidencia con un pequeño brindis en su honor.

Poco después, Bárbara le hacía entrega del ramo de novia a su amiguisima, Cayetana De la Vega. Que no pudo reprimir las lágrimas ante su emotivo gesto. La ejecutiva seguía sin encontrar a su hombre ideal y su amiga esperaba que eso cambiase más pronto que tarde y que la magia de esa tradición del ramo pudiese ayudarla a conseguirlo. Que mala suerte había tenido la pobre Caye en el amor. Las dos se abrazaron entre sollozos de emoción.

Y como en todo banquete nupcial que se precie, los novios partieron el pastel de boda, pero gracias a la destreza de Bárbara con el cuchillo, acabaron perdidos de nata hasta las orejas. El momento del vals fue muy tierno, con beso incluido cuando la música dejó de sonar, y tras pasar el resto de la noche bailando y divirtiéndose con todos sus invitados acabaron el día rendidos. Al día siguiente por la tarde, salía su vuelo para Nueva York, donde iban a pasar una semana de luna de miel. Y tras unas vacaciones excepcionales en la Gran Manzana, donde Bárbara cumplió su deseo de visitar todas las tiendas exclusivas que se le pusieron a tiro y disfrutar de una estupenda suite en un hotel de lujo, además de todas las actividades que tuvieron la suerte de disfrutar juntos, llegó el momento de volver a su casa de Madrid y de seguir con el ritmo cotidiano de su vida.