13. La llegada de los mellizos

De nuevo en la consulta de "Control Prenatal" la doctora Esteve se disponía a realizarle a Bárbara la ecografía de la semana 22. En esta ocasión podrían ver imágenes en 3D de los bebés. Los futuros padres estaban un poco nerviosos e ilusionados porque por fin sabrían el sexo de sus retoños y podrían decidir sus nombres. Durante el último mes habían estado barajando una lista de posibilidades. Como nombres de niño estudiaban Juan y Martín aunque no acababan de decidirse. De niña, ambos estaban de acuerdo en llamarlas Isabel y/o Leire. Hoy por fin sabrían cuales deberían descartar.

- Bárbara te veo muy bien.-comentó alegremente la doctora Esteve nada más recibirles.

- ¿A que sí? Yo la veo hasta más guapa.

- Eso eres tú Grem…Santi, que me miras con buenos ojos. Estoy enorme. Y eso que sólo estoy de 5 meses y medio…

- Es normal, llevas ahí dentro dos inquilinos que necesitan crecer mucho y hacerse grandes. Vamos a verles, que tal están.-comentó Santi divertido.

- Bueno, pues aquí están estos pequeños. Tal y como yo me inclinaba a pensar, son mellizos. Cada uno está en su bolsa amniótica, completamente separados. Eso quiere decir que puede tratarse de dos niños, dos niñas o de un niño y una niña… En cualquier caso, vuestros hijos no serán idénticos. Aunque seguramente nacerán con poco tiempo de diferencia, tan sólo se parecerán lo mismo que dos hermanos nacidos de partos diferentes. ¿Los veis?

- Es increíble… ya se ven casi casi formaditos… la manita, el bracito, los deditos…

- Es asombroso.

- Si, los bebés ya están totalmente formados. Poseen todos sus órganos, lo único que les queda es crecer y crecer. Hasta que estén preparados para nacer. Vamos a ver si nos dejan que les veamos el sexo.- La doctora movió el transductor por encima del abdomen de Bárbara y buscó en la pantalla.- Ahí está, este es un niño y el otro… si, parece que es una niña. Felicitaciones, vais a tener la parejita.

Ambos estaban alucinados. Y sin poder apartar la vista del monitor.

-Ay, es maravilloso. Que ganas tengo de verles la carita…

-Increíble, ya queda menos de 4 meses…


Esos 4 meses se habían esfumado en un suspiro, entre compras y más compras, arreglar la habitación de los bebés, leer revistas sobre el embarazo y la paternidad, recibir felicitaciones de sus amigos y familiares, debatiendo que nombre de los cuatro que les gustaban les iban a poner…Y aquella tarde monótona y aburrida como todas desde que cogiera la baja en la pelu, Bárbara se hallaba recostada en el sofá, viendo en la televisión una serie diaria muy graciosa a la que había terminado enganchándose. Pensó que cuando volviera a trabajar se la tendría que grabar y verla por las noches. Aquel día en particular, se había encontrado con un poco más de molestias de las que eran habituales en estas últimas semanas de embarazo, pero tampoco le dio mayor importancia… De todas maneras miró el reloj con pesadumbre, todavía faltaba una hora para que Santi volviera del trabajo. Suspiró. Estaba necesitada de mimitos… Recordó que había obligado a Chali a marcharse a cenar con Claudio, pese a que su madre insistía en no dejarla sola faltando tan poco para salir de cuentas. Otra vez ese pinchacito. Los mellizos estaban revueltos. Llevaban ya meses moviéndose y dándole patadas. La primera vez fue tierno y revelador, pero luego empezó a pensar que igual los niños le salían futbolistas… Había que ver la fijación que tenían en destrozarle el hígado a su madre… la doctora Esteve le había comentado que era normal. Los bebés compartían un espacio muy reducido y a poco que se movían, presionaban las estructuras de alrededor. Después de tropecientas llamadas, esa mujer tenía el cielo ganado. Le habían cogido un cariño especial, y sospechaba que era recíproco. Confiaba totalmente en ella. Ya era como de la familia, hasta les había regalado un detallito para los niños, una pareja de muñequitos-sonajero en azul y rosa…

Pensando estas cosas estaba… cuando entonces el pinchazo fue mucho más fuerte y el dolor le atravesó dejándola casi sin respiración. *Creo que ya vienen* pensó entre entusiasmada y asustada. Así, que se levantó del sofá con toda la calma que fue capaz de reunir y alargó la mano para coger el teléfono, y cuando estaba a punto de marcar el número del despacho de Santi, la puerta principal se abrió con su sonido característico y allí estaba él…

- Santi… llegas pronto ¡menos mal que eres tú!

- Estoo… si había poco trabajo y he podido irme un poco antes…

El chico al verla levantada, con el teléfono en la mano y el tono de profundo alivio con el que le recibía, se puso inmediatamente en estado de alerta.

- Bárbara ¿qué pasa?… ¿estás bien?

- Si… digo no… creo que ya vienen… los bebés…

- Vale… ante todo no perdamos la calma ¿vale cucu?-se pasó las manos por la cabeza con preocupación.- La maleta que te quieres llevar al hospital sigue encima de la cómoda, ¿no?

- Sí… Judith dijo que el parto se podía adelantar. Por eso empecé a hacerla hace dos semanas…

- Bueno, pues ahora lo cojo todo y nos vamos al hospital. Pero tranquila. Vuelvo enseguida.

Se fue hacia el dormitorio sin ni siquiera cerrar la puerta principal. Y volvió a aparecer al cabo de pocos minutos con una maleta mediana de un chillón tono rosa chicle. Ayudó a Bárbara a caminar con la mano que le quedaba libre y abandonaron la vivienda. El trayecto en coche hasta el hospital se les hizo eterno a ambos, sobretodo porque Bárbara no paraba de quejarse y por lo que parece, las contracciones eran cada vez más fuertes. Cuando por fin llegaron a urgencias de ginecología, Santi empezó a ponerse de los nervios y a subir el tono de voz mientras preguntaba por la doctora Esteve. Las administrativas le dijeron que era su rato de descanso pero que había otros doctores que se podían hacer cargo de la situación.

- Mire… ¡es que usted no lo entiende! ¡Nos tiene que atender ella porque es nuestra médico! Y ha estado todo el proceso con nosotros… confiamos en ella para este momento. Y ella siempre nos ha dicho que sería quién nos atendería…

Algunas enfermeras que pasaban se lo quedaban mirando y pensaban *otro pesado armando gresca en administración*, pero él no se movió de allí hasta que consiguió que la administrativa llamara a la doctora, que se hallaba en la cafetería de personal del centro, tomando un café. Cuando ella entendió de quién se trataba, comunicó que subía enseguida. A Santi, le dijeron casi con asombro, que la doctora venía para allá y a punto estuvieron de darle un sedante para que se tranquilizara. Mientras tanto, dos celadores habían adjudicado una habitación a Bárbara, que se encontraba controlada por un monitor prenatal y atendida en esos momentos por la matrona. Pocos minutos después la doctora Esteve cruzaba la puerta de la habitación.

- ¡Judith, por fin! Menos mal que estás aquí…-suspiró Bárbara más tranquila.- Diles que me den algo…

- Bueno pareja, me parece que esto no va a tardar mucho. Según estoy leyendo en las gráficas, estas casi dilatada… me temo que no te vamos a poder poner la anestesia epidural.

- ¿Qué? No no… a ver tiene que haber un error aquí… ¡me tienen que poner anestesia! Díselo Santi… ¡Ay! Nooo otra vez este dolor….

- Doctora… ella pidió epidural, es que mírela como está se la tienen que poner… tenemos todos los papeles…

- Lo siento, pero es demasiado tarde. Está casi de parto y mientras sube el anestesista y la preparamos para la anestesia ya habrá tenido los bebés. Están ambos en posición correcta, por lo que en principio no parece que vaya a ser necesario realizar una cesárea. Miró a Bárbara a los ojos con determinación.- Lo siento, pero vas a tener que ser fuerte. Te ayudaremos en todo lo que esté en nuestras manos. ¿De acuerdo?- esperó a que la chica asintiera.- Muy bien. Santi, ¿vas a pasar al paritorio?

- Si si si si ¡claro!

- Pues ve con Carmen que te indicará como debes vestirte. Vamos a ir pasando a tu mujer. Hasta ahora.

Tendida en la camilla del paritorio, Bárbara sudaba profusamente mientras una enfermera le limpiaba la frente con una gasa empapada. Las contracciones habían ido aumentando en intensidad y acortándose en el tiempo. Estaba de parto. Tomándole la mano izquierda entre las suyas se hallaba a su lado su preocupado y nervioso marido vestido de verde quirófano de la cabeza a los pies. En un acceso de dolor particularmente fuerte, ella había empezado a gritarle soltándose de su mano:

- ¡Ay Dios miooooooo! Santiago, si salgo de ésta te voy a matar… Mira lo que me has hecho, todo esto es culpa tuyaaaaaa

- Cucuruchito… no digas eso, mujer

- Ni cucuruchito ni nada… ¡aquí te querría yo ver! Ayyyyyy otra vez noooooooo…-cuando el dolor cesó volvió a preguntar desconcertada- ¿Dónde estás? ¿Pero por qué me has soltado la mano?

- Pero si me has soltado tú hace un momento…-decía el pobre Santi sin comprender nada.

- Ay por favor no te vayas… Santi te quiero, te quiero, te necesito…

- Estoy aquí cucu, tranquila…- expresó con cariño volviendo a tomar su mano entre las suyas.

La doctora le daba indicaciones de cómo debía respirar, y cuando llegó el momento le pidió que empujara con todas sus fuerzas, ya se veía la cabeza… La primera en nacer, entre fuertes lloros, fue la niña y quince minutos después llegaba al mundo su hermanito. Dos pediatras les atendieron y les realizaron el test de Apgar, confirmando que se hallaban en perfecto estado de salud. Acto seguido los envolvieron en dos sábanas blancas. Le entregaron el niño a Bárbara, completamente agotada tras el esfuerzo, y la niña a Santi que la acercó para que su mujer pudiera verla bien. Ambos, los miraban extasiados, nunca habían visto nada más bonito en este mundo.

- Mira qué cosita, es precioso… ay tiene tus ojos, se parece mucho a ti... Creo que ya sé como le vamos a llamar… me parece que es un pequeño Santi.

La niñita era más clarita de piel y pelo y sus ojitos eran de color miel. Decidieron llamarla Isabel. Con infinita ternura, el chico le susurró a la bebé:

-¡Hola Isabelita! Soy tu papi y esta es tu mami…

En un precioso gesto de amor, Santi besó la frente de los dos bebés, y acto seguido, besó en los labios a Bárbara. Cuando se separaron, ambos sonrieron. Desde ese momento, habían pasado a ser una familia de cuatro miembros.