CAPÍTULO 5:

ENTRE CAFÉS Y CIGARRILLOS

Pero desde hace una semana – ni un día más ni un día menos – sólo una persona había capturado toda su atención desde que dio el primer paso dentro y a partir de ese microsegundo no ha podido apartar la vista de ella simplemente porque lo intrigaba en sobremanera. Edward siempre había alardeado sobre su capacidad para penetrar la mente de los demás – "leer sus pensamientos" – pero en aquella muchacha parecía haber un escudo que la protegía de tal intromisión y cada vez que creía acertar, ella lo sorprendía con algo totalmente distinto, así que empezó a dedicar sus horas a estudiar cada uno de sus gestos y repetirlos durante el resto del día para memorizarlos y llegar a entenderla, si es que eso era posible de alguna forma.

Bella había encontrado ese lugar uno de sus primeros días en Londres cuando deambulaba por las calles para hacer hora y no mal tercio en el piso de Ángela mientras ésta pasaba tiempo con su novio, Ben. Con solo entrar, Bella quedó fascinada con el local y su exquisito aroma a cacao. Escogió uno de los sofás unipersonales frente al ventanal que daba a la calle y lo hizo su lugar favorito, la vista que proporcionaba era estupenda, ideal para poder captar todo lo que le agradaba y es que otra de las pasiones de Bella era la fotografía, ella tenía la capacidad de encontrar belleza hasta en los actos más simples del hombre.

A decir verdad ella estaba más que feliz en Londres, a pesar de los pequeños o grandes inconvenientes que encontraba, como por ejemplo la sensación de estar siendo vigilada, era algo escalofriante y deseaba poder acabar con eso pues hasta tenía pesadillas en las noches: soñaba con un hombre sin rostro que la perseguía sin cesar en medio de una ciudad fantasma a la que no tenía ni idea de cómo había llegado y cada vez intentaba gritar por ayuda no podía emitir ningún sonido; lo peor no era despertar sudada y con una sensación de falta de aire, sino que era un sueño que se había repetido en días consecutivos y a pesar que las pesadillas en la vida de Bella Swan eran una constante y definitivamente había tenido uno que otro sueño repetitivo completamente diferente a este jamás se habían dado en días consecutivos.

A la tarde siguiente volvió a sentir esa penetrante mirada y decidió encontrar al responsable quedándose enganchada en un mar verde que la observaba con curiosidad, un toque de frustración y embelesamiento. Sin pensarlo y para asombro de ambos, Bella recogió sus cosas y se sentó en la mesa del desconocido – otra vez siguiendo esa extraña conexión.

Hola – dijo tímidamente Bella, quien había abandonado todo el valor anterior.

¿Hola? – le respondió Edward, quien estaba en shock, no podía creer lo que estaba pasando, después de días preguntándose quién era aquella muchacha, ella simplemente va y se sienta en su mesa, la de un completo desconocido, un desconocido que la observaba con descaro, podría tratarse de un acosador, de ser alguien peligroso, pero ella simplemente se le acerca como si nada, ni siquiera con una pizca de terror en la mirada, nada.

Ehhh… debería irme, no sé que me ha pasado – agregó atropelladamente Bella, pues ya había alcanzado el nivel de lucidez y estaba en su momento de "trágame tierra".

¡No! – Casi sonó como un grito desesperado la respuesta de Edward – ¿por qué no pedimos un café? Después de todo ya estás aquí y no es como si te fuera a morder.

¿Gracias? – Otra vez sonó a pregunta su respuesta y ante una mirada confusa de Edward, agregó – por no morderme… aún

Una taza de café se convirtió en cinco más varias horas de charla. Hablaron de cosas insustanciales de cierta forma como del trabajo: a ella le pareció genial que él hiciera lo que más le gustaba en la vida, a Edward, que ella diera su vida por la de otros. Hablaron de sus gustos en la música y la literatura y ambos celebraron que fueran similares; hablaron de muchas cosas en general pero nunca se dijeron sus nombres ni ningún otro dato que les diera más información en caso que alguno desee contactar al otro, simplemente lo dejaron a los dados del destino.

Esta fue una inesperada, sorprendente y agradable tarde de la que ambos tenían deseos que se repitiese.

Sin embargo Edward y Bella estaban tan abstraídos que no habrían notado nada más que no fuera comparable con la explosión de una bomba – y esto sólo porque probablemente serían separados – así que simplemente aquella pelirroja de nariz respingada y caminar petulante que les dedicó una mirada fría con tintes de rencor e hizo una mueca nada agraciada para una mujer pero que sin lugar a dudas significaba que les había declarado la guerra, a él por botarla sin más y a ella por ocupar un lugar que a ella le correspondía por haber pagado derecho de piso, ¡había estado tras el hombre por más de tres años!, ¡Edward Cullen debía ser suyo!


Hola a todas, no sé si aún estén interesadas en esta historia, han pasado varios años de no escribir nada, he tenido un bloqueo y he pasado x algunas cosas que no me permitían escribir sobre algo así además d los estudios... si aún esta´n interesadas sería genial, aunq fuera una yo seguiré publicando

besos