Draco se pegó a la pared mientras los pasos de Potter se desvanecían. El auror podría haber sido invisible, pero no era para nada silencioso.

Draco alzó una mano enguantada y se tocó los labios. Potter lo había besado. Draco se había esperado una maldición después de haberle dado un pícaro beso aparentando que le daba algo que ver al tipo que seguía a Potter. No se había esperado que le respondiera.

Sacó la lengua y sintió el rastro del sabor de Potter. Los besos habían sido castos, solo un breve toque de labios con labios, pero Draco aún se sentía conmocionado. Esa mañana se había levantado, había desayunado y había ido por un café, enfrentándose a la existencia mundana que se desplegaba ante él. Ahora, después de menos de doce horas, su mundo se había puesto de cabeza. Las posibilidades se desplegaban ante él y cada una parecía más aterrorizante que la anterior.

Draco suspiró, creando una nube plateada con su aliento. Potter era sinónimo de discordia. No sería buena idea que Draco se involucrara en la vida de Potter en ningún sentido. Entre más pronto Potter hiciera lo que había venido a hacer a Seattle y se fuera, mejor.

Así que, decidiendo, Draco se asomó con cuidado por el borde de la pared. Ni un alma se veía. Draco negó con la cabeza, salió del callejón y se dirigió a la repostería antes de que cerrara. Potter lo podría encontrar en el hotel una vez que acabara de cazar magos oscuros o lo que fuera que hiciera.

Draco estaba saliendo de la tienda cuando casi se tropieza con Potter, que estaba recargado contra la pared junto a la puerta, sonriéndole con suficiencia. Se preguntó cuándo Potter había aprendido a sonreír así. No debía de haberse visto adorable en él.

-¿Atrapaste a tu hombre?- dijo Draco.

-El bastardo se subió a un autobús,- dijo Potter. –Las puertas se cerraron justo cuando lo alcancé.

-Qué mala suerte.

Potter se encogió de hombros.

-Si me estaba siguiendo, volverá. Aunque, supongo que pudo haber estado siguiéndote…

Draco elevó una ceja. Si ésa era la sutileza que Potter empleaba, entonces su tiempo con los aurores no le había enseñado mucho.

-Muy poco probable,- dijo Draco.

Potter no comentó nada al respecto.

-Creo que ya estoy listo para ese café. Mi cara está medio congelada.

La cafetería, cuyo verde logo se dejaba ver en casi cada esquina de Seattle, estaba a solo unos pasos, así que se metieron y se unieron a la fila. El lugar estaba lleno de gente, debido a, obviamente, la gélida temperatura.

-¿Qué pedirás, Potter?- preguntó Draco.

-Sorpréndeme.

-Entonces, trata de conseguirnos una mesa. No estoy listo aún para regresar afuera, al frío.

Potter asintió y se alejó. Casi todas las pequeñas mesas estaban ocupadas, pero una pareja se veía como si estuvieran recogiendo sus cosas, así que Potter se acercó y les dirigió una sonrisa cautivadora y unas cuantas palabras que Draco no pudo escuchar. Claramente, fueron cautivados al instante: Draco sabía muy bien cómo el acento británico convertía a los americanos en esclavos dispuestos, y Potter tenía un exceso de encanto que el idiota no sabía siquiera cómo manejar apropiadamente. Aun así, el truco sirvió.

Un barista (1) jovial le solicitó su orden, así que Draco le recitó su complicada orden de siempre, añadiendo un té Chai con leche para Potter, extra caliente.

La mesa estaba en la esquina más alejada, cerca de la ventana, así que su conversación sería relativamente privada. La persona más cercana a ellos estaba absorta en un libro maltratado, así que lo más seguro era que no les pondría nada de atención. De todas maneras, no era como si Draco estuviera a punto de divulgarle algún secreto a Harry Potter.

Con las bebidas en las manos, Draco se acercó a la mesa y le extendió una a Potter. Éste rodeó el vaso con sus manos, dándole un trago con cuidado, y asintiendo en aprobación.

-Sabe bien.- Señaló al logo que la bolsa ostentaba. -¿Qué es una "Cow Chip Cookie"? (2)

Draco alcanzó la bolsa y sacó una galleta individual que había comprado para Potter en un arrebato de locura.

-La debilidad de Sylvia. Lo más seguro es que la maldita subsista de ellas y algo más porque está tan delgada como un junco. Son en verdad tentadoras.

Potter rompió un pedazo de la galleta repleta de chocolate, se lo metió a la boca y cerró los ojos con una expresión llena de gozo.

-Oh, Dios,- murmuró. Dejó de masticar pero mantuvo los ojos cerrados. Draco se le quedó viendo, con su mente yéndose a lugares oscuros y prohibidos al ver la cara que había puesto Potter. Sus ojos verdes se abrieron de golpe y se fijaron en él, y luego continuó masticando, despacio, como si Draco le hubiese traído una delicia del Monte Olimpo.

Draco sonrió, convenciéndose de no pensar en ver esa misma expresión en un ambiente más intimo.

-Entonces, ¿está rica?- preguntó Draco.

-Esto es ambrosia, joder. ¿Cómo se llama?, y, ¿tenemos tiempo para regresar y comprar más?

-Creo que esa es la de Doble Chocolate con Amaretto. Yo prefiero la de Chocolate Blanco con nuez de macadamia, aunque con el número de chocolaterías cerca de aquí, normalmente me doy el lujo de comprar trufas, helado o arándanos cubiertos con chocolate.

Potter terminó de masticar y tragó.

-Entonces, ¿aún tienes ese amor por los dulces?

Draco tomó un trago de su café y se volteó. No quería recordar sus días de escuela.

-Tú también, como veo.

Potter asintió y tomó otro pedazo de galleta, luego masticó y tragó antes de contestar.

-Sí, nunca pude tener suficientes dulces de niño. Imagino que aún trato de compensar el sentirme desprovisto. Pero, éstas están muy ricas.

Draco se rió.

-Supongo que podemos regresar y comprarte una caja, no vaya a ser que trates de robarme las de Sylvia.

-¿Quién es Sylvia?- preguntó Potter.

Draco frunció el ceño al notar que le había dado oportunidad a Potter de comenzar a preguntar.

-¿Quién nos estaba siguiendo?- rebatió.

-No lo sé,- replicó Potter.

-Pero sabes por qué.

-Tal vez- Potter se encogió de hombros. -¿Sylvia?

Draco rodó los ojos.

-Sylvia Spagnola es la Presidenta de la Sociedad de Cultivadores de Orquídeas del Pacífico Noroeste.

La frente de Potter se arrugó, remarcando el borde de su cicatriz, apenas visible bajo su flequillo negro y desarreglado. Menos mal se había quitado el gorro lanudo.

-¿Herbolario?

-Sí, Potter. Herbolario. ¿Necesito encontrarte un diccionario?

-No. Es sólo que no entiendo. ¿Por qué? ¿Y por qué aquí?

Draco miró por la ventana.

-Por mucho que disfrute divertirte con la historia de mi vida, o al menos de los últimos diez años, tengo una reunión muy temprano mañana y probablemente debería acostarme temprano.

Potter se levantó.

-Te acompaño de regreso a tu hotel.

-No soy una damisela en peligro.

Potter sonrió.

-Voy en esa dirección, de todas maneras. Bien podríamos caminar juntos.

-Como quieras.

Draco recogió las galletas de Sylvia y tiró su vaso al basurero antes de dirigirse de nuevo al frío, con Potter detrás. Después de un momento de debate mental, se regresó a la repostería.

El vendedor alzó la mirada con sorpresa cuando Draco entró, seguido por Potter.

-¡Bru! ¿Todo en orden? ¿Te di las galletas incorrectas?

Draco sonrió y negó con la cabeza.

-No. Mi… amigo, aquí presente, se obsesionó de repente con tus galletas de Doble Chocolate con Amaretto. ¿Podrías envolverle media docena, por favor?

Potter comenzó a buscar en un bolsillo de su abrigo, pero Draco lo detuvo.

-No te apures, Potter. Lo cargaré como otro gasto relativo a Sylvia.- Draco le extendió su tarjeta de crédito muggle al vendedor y tomó el paquete de galletas. Se lo entregó a Potter.

-Cualquiera amigo de Bru es amigo mío,- dijo el vendedor con una sonrisa mientras registraba el cargo. Draco frunció el ceño, pensando que debía esforzarse más en recordar el nombre del hombre, pero se rindió dándolo por causa perdida. Garabateó su firma falsa en el pequeño pedazo de papel y tomó el recibo, guardándolo junto con su tarjeta de crédito. Draco se había enamorado con ese pequeño rectángulo de plástico. Podía comprar cualquier producto muggle que él quisiera con solo entregar la tarjeta. Gringotts podía aprender una que otra cosa de los muggles acerca del comercio.

Miró a Potter, que sonrió y le murmuró un "Gracias". Claro, Draco jamás le admitiría a Potter que admiraba algo muggle, fueran galletas o tarjetas de crédito, o esos increíbles cafés con un toque de menta y jarabe de chocolate.

El aire se sentía más frío cuando salieron y Draco se puso los guantes con un gesto de alivio. Las banquetas ya brillaban por el hielo, deslumbrando en la luz baja de las farolas como diamantes aplastados.

Finalmente, Potter preguntó:

-¿Por qué Seattle?

Draco había estado impresionado por su silencio, pero no le sorprendió que fuera Potter quien lo rompiera.

-¿Por qué no? - Draco rebatió. –Las plantas crecen en todos lados. Te pregunto lo mismo.

-Los criminales también crecen en todos lados.

-¿Cuánto te tomará investigarme?- preguntó Draco.

Por solo un momento, Potter pareció listo para negarlo, pero luego se encogió de hombros.

-Depende de la logística. Podría terminar mañana, o podría tomarme una semana. Sería más fácil si simplemente me dijeras porqué estás aquí, qué tipo de Herbología y eso. ¿Por qué?

-Nunca me he sentido particularmente cooperativo con lo que te interesa, Potter.

Potter resopló, haciendo niebla el aire ante él. Caminó a través de la nube y ésta se disipó.

-Como si no lo supiera.- Su tono no sonó amargado, si no divertido.

Draco alzó una ceja y lo miró. Quería preguntarle qué había querido decir con lo de que El Profeta no sabía todo sobre él, pero asumió que no llegaría a ninguna parte con ese tipo de preguntas después de haber rechazado su propia solicitud de información. Se preguntó si lo nuevo que estaba pasando entre ellos se convertiría alguna vez en algo tangible, o si iba a ser sofocado por su mutua falta de confianza antes de que echara raíces.

Si es que llegaba a haber algo y Potter no estuviera simplemente actuando. Era posible que hubiese aprendido tácticas evasivas durante su tiempo como auror.

No dijeron nada hasta que llegaron al hotel de Draco. Pensó que Potter lo iba a dejar en el lobby, pero, en vez de eso, preguntó:

-¿Te importa si uso el baño? Aún me falta mucho para llegar a la… a donde me estoy quedando.

Aparentemente sí, si Potter planeaba tomar el ferry. Eso de hecho dejaba pocas opciones. Draco pensó que podría investigar un poco a Potter en su tiempo libre. Darle la vuelta era un juego justo, después de todo.

-Por supuesto.- Tomaron el elevador y Draco buscó su tarjeta llave en un bolsillo. Trató de ser cuidadoso con la puerta, también, dado que su magia había destruido de igual manera la cerradura electrónica una vez, confundiendo mucho al gerente del hotel.

Draco se quitó su abrigo y guantes y le indicó con un gesto el baño a Potter. Asumió que el hombre no podría meterse en tantos problemas ahí a solas.

oOOoOOo

Harry dejó el paquete de galletas en el borde del elegante lavabo. Se miró al espejo e hizo una mueca ante el aspecto que mostraba. Parecía un leñador muggle con ese gorro lanudo. Estaba sorprendido de que Malfoy lo hubiese besado siquiera. Y, ¿no había sido eso una sorpresa? Aún se estaba preguntando porqué Malfoy lo había hecho. ¿Para impactar? ¿Divertirse como todo un Slytherin? ¿O simplemente había querido hacerlo? Era muy poco probable que lo hubiese querido hacer en verdad.

Harry hizo lo que debía hacer y se lavó las manos con jabón olor a bosque. Las toallas eran una maravilla: gruesas, doradas y súper absorbentes. Harry pensó en acercarse a la recepción para preguntar dónde las conseguían. Se secó sus manos y luego colgó la toalla de nuevo en la barra plateada y brillante, dándole palmaditas y enderezándola cuando estuvo a punto de resbalarse.

Debajo del estante de las toallas había varias botellas y frascos. Harry tomó uno, curioso.

-¿Te moriste ahí dentro, Potter? – dijo Malfoy.

Harry rodó los ojos y salió del baño. Malfoy estaba sentado atrás de su escritorio, con su agenda abierta y papeles repartidos por toda la superficie. Le lanzó una mirada a Harry, pero fue vaga; su mente estaba en otro lugar. La despedida tácita pesaba en el aire.

Harry se puso sus guantes dirigiéndose a la puerta.

-Bueno, em… ¿Te veo luego?

-Lo más seguro es que sí, Potter,- dijo Malfoy y agitó su mano con pereza. Harry se alegró al ver que seguía escribiendo con una pluma y no con un bolígrafo muggle.

Harry suspiró y salió, sintiéndose extrañamente vacío. Se habían estado llevando mejor de lo que había esperado; además se sintió algo sorprendido por cómo Malfoy lo había corrido. No es como si hubiera estado esperando que lo invitara a quedarse…

Nada de eso; había estado esperando que le invitara otra bebida y tal vez que platicaran más. "Y más besos", añadió amablemente su mente traidora.

"No más besos", refutó firmemente, aunque se sintió algo idiota al discutir consigo mismo.

Una vez afuera, unos cuantos copos de nieve cayeron del cielo y Harry arrugó la nariz. Carl había mencionado que cualquier cantidad de nieve paralizaría a la región entera. Algo así dificultaría mucho su investigación.

Harry anduvo por la calle, checando cada sombra por posibles fisgones. Se preguntó si el hombre de la gabardina en verdad los había estado siguiendo, o si Malfoy solo lo había inventado para poder (besarlo) ser un imbécil.

De todas maneras, no vio a nadie más que unos cuantos peatones bien abrigados, la mayoría dirigiéndose a sus carros o saliendo de ellos. Harry cruzó varias calles y había comenzado a andar por el pavimento elevado que dirigía a la terminal del ferry cuando se dio cuenta que había dejado sus galletas junto al lavabo en el baño de Malfoy.

Se detuvo y metió los dedos en los guantes más apretadamente mientras cavilaba. Podría dejarlas y eso le daría una excusa para regresar al día siguiente, pero eso podría verse como algo hecho adrede, o peor, que no las quería en realidad. Harry sí que las quería, no solo porque le estaba dando hambre, sino también porque Malfoy se las había comprado. Su antiguo enemigo le había comprado repostería. Eso parecía un momento decisivo.

Harry se había ido hacía apenas unos cuantos minutos. Lo más seguro era que a Malfoy no le importaría una última interrupción. Entraría y saldría antes de que Malfoy tuviese tiempo para distraerse.

Así que, decidido, Harry se dio la vuelta y se dirigió de regreso al hotel. Le sonrió avergonzado al portero y dijo entre dientes:

-Olvidé algo.

El elevador se detuvo tres veces en lo que subía. Dos fueron para dejar a hombres de negocios con cara seria, y una para una pareja anciana que se movía arrastrando los pies, el hombre ofreciéndole solícitamente el brazo a la mujer para que se apoyara mientras le sonreía amigablemente a Harry. El simple hecho de verlos hizo que sintiera una punzada. A veces se preguntaba si él terminaría viejo y solo, aún yendo a la Madriguera para las festividades, en vez de estando con su propia familia.

Harry sacudió la cabeza para disipar sus pensamientos sensibleros y caminó hacia la puerta de Malfoy. Levantó la mano para tocar.

Un sonido apagado desde adentro hizo que su mano se detuviera. Algo le hizo sentir una punzada de inquietud, así que golpeó con fuerza la puerta.

-¿Señor Black?- gritó en voz alta, cambiando el apellido de Malfoy en el último momento.

Harry pensó haber escuchado su nombre, cortado con rapidez. Su varita estaba en su mano al instante y lanzó un Alohomora, destruyendo el seguro muggle con una lluvia de chispas. La puerta se abrió y Harry entró, poniéndose de cuclillas para luego rodar. Un rayo rojo golpeó la puerta donde su pecho habría estado si se hubiera quedado parado.

Expelliarmus!- gritó Harry.

Una varita oscura salió volando de la mano de un hombre con cara redonda y cayó atrás de un sofá. La atención de Harry se enfocó en Malfoy, atado a su silla en el centro del cuarto. Una figura oscura estaba parada detrás de él, con la varita apuntándole a la garganta.

El hombre se agachó detrás de la silla, usando a Malfoy como escudo, y el hechizo aturdidor de Harry alcanzó solo las puntas de su cabello.

-¡Maldita sea!- gritó el primer mago mientras se inclinada sobre el sofá, obviamente yendo por su varita.

-¡A la mierda con esto!- gritó el segundo y Harry escuchó el pop de la Desaparición. Harry se levantó y le mandó otro hechizo al primer hombre, pero éste había ya conseguido su varita caída y la usó para hacer un encantamiento escudo con rapidez. "Bastardo suertudo", maldijo Harry.

Incárcero!- gritó Harry, seguro de haber capturado al hombre, pero fue demasiado tarde. El hombre se desapareció, mientras el hechizo de Harry lo ataba al desvanecerse. Harry maldijo de nuevo, más enojado esta vez, furioso por haberles permitido escapar.

Malfoy lo veía en silencio, levantando la ceja cuando la atención de Harry regresó a él.

-¿Alguna idea de quiénes eran?- preguntó Harry, moviendo su varita para liberar a Malfoy con un Finite Incantatem no verbal. Las ataduras de Malfoy se desintegraron y éste comenzó a flexionar las manos mientras las pasaba para el frente.

Malfoy negó con la cabeza.

-Estaban buscándote. Supongo que debería estar agradecido de que volvieras.

Harry frunció el ceño.

-¿Por qué no habrías de estarlo?

-Porque si no hubieras estado aquí, ellos no habrían estado aquí,- dijo Malfoy bruscamente. Se levantó y se dirigió a la puerta, donde examinó el mecanismo destruido, soltando un suspiro pesado.

-Rayos, ahora tendré que explicarle esto a Mantenimiento.- Se dirigió al escritorio y levantó el celular color crema, solo para hacer una mueca y estrellarlo contra el escritorio. –Salazar, ¿también el teléfono?

-Bueno, ¿qué dijeron?- demandó Harry.

Malfoy levantó el celular y bufó.

-¡Con un carajo! Éste en verdad me gustaba.- Arrojó el teléfono aparentemente muerto sobre la agenda y se dirigió a la recámara. –Dijeron: "¿Qué está haciendo Harry Potter en Seattle paseándose por la ciudad con alguien como tú?"- dijo Malfoy fingiendo un tono agudo y luego desapareció entrando a la recámara.

Un momento después, Harry lo escuchó hablando con el personal del hotel, explicando que el seguro de la puerta se había roto, otra vez, y también el teléfono. Y probablemente el termostato. Harry se estremeció y pasó su vista por el lugar, preguntándose qué mas había sido afectado.

Malfoy entró al cuarto de nuevo y levantó la botella de vino para servirse otro vaso, deteniéndose solo cuando el líquido rojo amenazaba con derramarse. Levantó el vaso y le dio un trago abundante. Fue entonces cuando Harry se dio cuenta que Malfoy estaba más asustado de lo que dejaba ver.

-¿Hay algo que quieras decirme ahora, Potter?- preguntó Malfoy sin darse la vuelta.

Harry se sentó en el sofá con un suspiro, aún agarrando su varita por si los hombres regresaban.

-Estoy aquí para encontrar un círculo de contrabandistas. Ha habido una entrada de artefactos mágicos de Hawaii. Comenzó como algo novedoso y rápidamente se hizo un problema. Varios artículos estaban equipados con una maldición que se activaba en el momento que dejaban las islas, con resultados horribles. El Ministerio he mandado varios grupos a ciudades portuarias para tratar de localizar la ruta de contrabando.

-Al parecer tienes suerte,- dijo Malfoy con sarcasmo. -Los encontraste a la primera.

-Sí, qué suerte,- dijo Harry secamente. Su mirada se encontró con la de Malfoy. No se molestó en mencionar que no había garantía de que los atacantes y el círculo de contrabandistas estuvieran relacionados. Podrían hacer estado siguiendo a Harry por una razón completamente diferente.

Un golpe se oyó en la puerta y Malfoy llegó a la puerta a zancadas, para dejar pasar a un muggle de cabello negro con una caja grande de herramientas y varias partes electrónicas. El hombre se puso a hacer varios arreglos al mecanismo de cierre.

-Supongo que debería irme,- dijo Harry y se levantó. Se detuvo, pensando que debía poner varias barreras para evitar que los culpables regresaran, pero no podía hacerlo mientras el hombre de mantenimiento estuviera trabajando.

-¡No te vas a ningún lado!- dijo Malfoy, con los ojos destellando.

El de mantenimiento los vio de reojo y Harry se volvió a sentar, poco dispuesto a discutir con audiencia.

Malfoy ignoró a Harry para acercársele al hombre y comenzar a platicar con él, hablando de algún deporte muggle, de entre todos los temas posibles. La proximidad de Malfoy a la puerta era más para detener a Harry si trataba de escapar que por otra cosa. Rodó los ojos y alcanzó su vaso de vino vacío para servirse lo que quedaba en la botella.

Se lo llevó a la ventana y miró la noche oscura de Seattle, encendida por las luces muggles tan lejos como podía ver, y realzada por los copos de nieve que caían y que ahora eran más grandes y que comenzaban a pegarse a los techos y caminos… Era en verdad algo hermoso.

oOOoOOo

Draco pausó su vaga plática casual, completamente distraído por la imagen de Harry Potter parado cerca de la ventana. Se había quitado el abrigo y servido otro vaso de vino, y Draco tenía que admitir que su pose relajada era conmovedora.

Harry Potter, el auror más apto del mundo y mago extraordinariamente poderoso, estaba en la habitación de hotel de Draco bebiendo un vaso de vino. El Profeta habría pagado generosamente por tal historia.

Tuan terminó de instalar el nuevo lector de tarjeta para la puerta y luego señaló el teléfono del otro lado del cuarto. Draco asintió, deseando que Tuan pudiera reparar su celular destruido ya que estaba en eso.

Tuan chasqueó la lengua cuando levantó el auricular y presionó los botones.

-Es usted una amenaza,- anunció con un acento muy marcado.- ¿Cómo es que rompe todas las cosas, señor Black?

Potter bufó desde la ventana, tratando de no reír, y Tuan sonrió, señalándolo con una herramienta muggle.

-Él sabe. ¿El señor Black rompe sus cosas, también?

-No tienes idea,- replicó Potter, con una sonrisa divertida en los labios y los ojos brillándole. Draco sintió que era muy poco justo que el bastardo no solo fuera bien parecido, sino también lo suficientemente encantador como para ganarse al normalmente reticente hombre de mantenimiento. Y qué descaro, acusar a Draco de romper sus cosas. Él jamás había roto una sola cosa de Potter.

-Tú,- le dijo Draco a Tuan severamente.- Arregla las cosas. Y tú. Silencio.- Dirigió su mirada de Tuan a Potter.

-Sí, señor Black,- dijo Tuan, pero seguía sonriendo ampliamente. Potter solamente se le quedó viendo de forma enigmática y se volteó de nuevo a la ventana.

Tuan terminó en poco tiempo, cambiando el teléfono roto por uno nuevo. Checó el termostato y dijo que estaba funcional, y luego recogió sus cosas y le sonrió a Draco.

-Rompe algo más, señor Black, solo llámeme. Yo regreso y lo reparo para usted.

-Sí, sí, gracias, Tuan. Habrá una propina sustancial para ti en la recepción mañana, como siempre.

-Buenas noches, señor Black. Buenas noches, amigo del señor Black.- Tuan se inclinó sin ganas y salió. La puerta se cerró con un clic satisfactorio.

-Una amenaza,- dijo Potter sin tono alguno, como si fuera un concepto curioso.

-¡Tú eres la amenaza! Yo estaba perfectamente bien hasta que llegaste. Regresas a mi vida y en un solo día he sido seguido, atacado y la mitad de mi habitación ha sido destruida.

-¡Tu habitación está bien!- protestó Potter.

-Y mañana debo ir y reemplazar mi celular antes de que Sylvia trate de contactarme.

-¿Habrías preferido que no los hechizara?

-Habría preferido que no vinieras,- se quejó Draco, pero antes de que Potter pudiera rebatir, añadió: -Así que, dado que ese es el meollo del asunto, y dado que al parecer crees conveniente arrastrarme en el maldito desastre que has causado aquí, espero que lo arregles todo.

-¿Y cómo propones que haga eso?

-Tú eres el auror. Tú resuélvelo. A mí en lo personal no me importa, pero no te irás a ninguna parte mientras exista la posibilidad de que algún criminal se aparezca aquí preguntando por tu paradero.

-¿Estás sugiriendo que me quede aquí?

Draco rodó los ojos. En serio, que el hombre hubiese vivido tanto tiempo era un misterio.

-No, Potter, no lo estoy sugiriendo. Te lo estoy exigiendo. A menos de que conozcas algún modo de evitar que el desastre que te persigue continúe jodiendo mi vida más de lo que ya está.

-Iba a poner algunas barreras…

-Este es un establecimiento muggle, Potter. ¿Cómo sugieres hacer eso sin destruir más aparatos muggles?

-Tengo ciertas habilidades,- replicó Potter secamente. Levantó la ceja y Draco trató con fuerza de no pensar en las habilidades de Potter.

Draco le lanzó una mirada asesina.

-Como sea, pero si me despierto con una varita apuntándome a la garganta, te perseguiré y convertiré tus pelotes en berenjenas.- Se encaminó a la recámara y luego se detuvo.- Ese sofá de ahí se hace una cama si lo jalas. No es como en Transformaciones, pero se puede usar. Eso, si es que no me abandonas para que yo lidie con tus acosadores.

Con eso, Draco entró a la recámara, caminó al armario con espejo, y sacó su albornoz. Un baño largo y caliente le haría bien, y si Potter no estaba cuando terminara… Bueno, ya se encargaría de eso si llegaba a pasar. A decir verdad, confiaba que Potter haría lo correcto. ¿Cuándo no lo había hecho?

Continuará…


(1) Un barista (sí, así lo encontré en Internet) es un profesional especializado en el café de alta calidad. Viene de la palabra en italiano para "bartender".

(2) Es el nombre de una marca de galletas. Me parece que la tienda solo está en Seattle. Busquen el nombre tal y como está y verán su página oficial. Las galletas se ven… pff… *le gruñe el estómago de hambre*

Adigium21


En el siguiente capítulo:

"Maldita sea, ¿qué he hecho?"

La pregunta se elevó sobre su neblina de dicha absoluta, haciendo que la tensión regresara a su cuerpo. Tragó con dificultad y escuchó el sonido de sus respiraciones, no tan sincronizadas, en el silencioso cuarto.

-Solo duérmete,- dijo Malfoy por fin. –Lidiaremos con esto en la mañana, ¿te parece?

-Sí, de acuerdo,- susurró Harry. Sin molestarse en moverse de su posición, cerró los ojos y, sorprendentemente, se durmió casi al instante.