Hola a todos.

Les dejo el capítulo 4, y ya solo falta uno...

Disculpen la tardanza, apenas pude terminar de traducirlo...

Y, bueno, como siempre, solo yo lo revisé (esta vez un poco menos minuciosamente), así que perdonen mis errores.

Sale, a lo que vamos...


Draco se despertó con una sensación fugaz de pánico al sentirse atrapado. Algo mantenía sus extremidades abajo, haciéndolo pensar que se encontraba en una pesadilla, hasta que el roce de piel con piel, un murmullo suave y una esencia familiar acomodaron su mundo y calmaron sus nervios.

Harry Potter.

Los recuerdos le llegaron rápidamente, apresurados por la esencia y la sensación de ese suave cabello tocando sus labios.

Harry Potter estaba en su cama.

Draco no podía moverse, apenas podía respirar con Potter apretándolo tan fuertemente. Al parecer, el hombre era una amenaza acapara-camas, jalando las sábanas y con sus miembros extendidos de forma poco elegante. Pero, estaba tibio.

Potter estaba tumbado en su mayor parte sobre su estómago, con su brazo y su pierna izquierdos sobre Draco, y el rostro enterrado en su cuello. Parecía que las sábanas se habían caído de la cama, excepto por un pequeño pedazo que cubría sus pies. Sin embargo, Draco no tenía frío, no con una condenada caldera humana tendida sobre él.

Dado que no podía moverse lo suficiente como para mirar el reloj y checar la hora, solo suspiró y dirigió su mente a la noche anterior. Potter lo había sorprendido; no cabía duda. Follaba con el mismo entusiasmo (y talento) que el que había mostrado en otras áreas de su vida. Un mago excelente, un héroe excelente, un amante excelente. En verdad no era justo.

También era mimoso, algo que era, al parecer, una de las inesperadas debilidades de Draco. Sus amantes eran, por lo general, buenos para una noche y luego los corría por la Red Flú, pero Potter…

Como si los pensamientos de Draco lo estuvieran perturbando, Potter suspiró, murmuró algo que sonó como "no las natillas" y se dio la vuelta, liberando a Draco de su agarre. Éste, con rapidez, se deslizó fuera de la cama, agradeciéndolo. Se levantó viendo el cabello negro y alborotado sobre la almohada y luego se fue al baño para una ducha rápida.

Esperaba que para cuando saliera, supiera ya qué hacer con Harry Potter.

oOOoOOo

Draco no tenía idea de qué hacer con Harry Potter.

Se rasuró con un rastrillo muggle (la magia en el baño jodía las luces) y se quedó viendo su reflejo en el espejo. ¿Tenía los labios hinchados? Se veían un poco abultados. Draco en verdad amaba besar, y Potter era jodidamente brillante en eso; Draco había seguido más tiempo del que debía.

Suspiró y se pasó una franela tibia por el rostro. De todas las cosas estúpidas que pudo haber hecho, follar con Harry Potter era probablemente la peor. El idiota podía ser buen mozo y magnifico en la cama, pero seguía siendo el Chico Dorado del Ministerio, El Vencedor del Mal y el Defensor de la Moral. Draco jamás sería algo más que un sucio secreto dentro de la alacena de Harry Potter. Había dejado Inglaterra en parte para evitar esa posibilidad. Muchos magos y brujas habrían estado más que contentos por tener a Draco en sus camas, pero nunca en sus vidas, no públicamente.

Y Potter sería el peor de todos. Un amante, hombre y ex mortífago, no era para estar con un hombre como Potter. De seguro preferiría mantener a Draco bien escondido. Draco se secó el rostro y se envolvió la cintura con una toalla. Ya no había remedio. Había tomado una estúpida decisión mientras peleaba contra los vestigios de una pesadilla, y ahora sólo sería un recuerdo. Lo pondría en un frasco y lo olvidaría.

Solo esperaba que Potter fuera razonable.

oOOoOOo

Harry suspiró y se estiró, luego parpadeó para despertarse cuando su mano recorrió una tela suave y que le resultaba poco familiar. Se sentía como dormido sobre una nube y no podía recordar cuándo había sido la última vez que se había sentido tan cómodo. Estaba pensando en volver a dormirse, pero cuando se estiró de nuevo su mano rozó su varita.

¿Qué estaba haciendo en su cadera? Normalmente la mantenía bajo su almohada o en la mesita de noche. Abrió los ojos para ver una cabecera impresionante, de madera oscura con almohadillas color crema.

Harry se dio la vuelta y se enderezó, sintiendo los recuerdos de la noche anterior regresar con rapidez. La cama estaba vacía y por un momento pensó que Malfoy se había ido, pero entonces oyó el sonido del agua corriendo, viniendo del baño.

Harry se dejó caer sobre las suaves almohadas.

"Tuve sexo con Draco Malfoy", pensó maravillado. "Tuve sexo jodidamente bueno con Draco Malfoy".

El solo pensarlo hizo que sus latidos aumentaran y que su polla diera un respingo con renovado interés. La oprimió con la mano, frunciendo el ceño. Tenía que orinar, y una erección creciente no le facilitaría las cosas.

La puerta se abrió y Harry retiró su mano, cambiando de postura con la mirada culpable.

Malfoy lo enfocó de inmediato al ver el movimiento y la boca de Harry se secó al ver la forma de Malfoy iluminada por detrás, cubierta solamente por una toalla dorada.

-Buenos días,- dijo Harry rápidamente, esperando que así lo fueran.

-Buenos días,- repitió Malfoy con voz apagada. Se acercó al cajón más cercano y sacó algo de ropa antes de caminar hacia las puertas con espejos, para escoger una camisa pálida y unos pantalones.

-Yo, em… Dejaré que te vistas,- dijo Harry. Salió de la cama, maldiciendo la creciente incomodidad, pero inseguro de cómo evadirla. Al menos su erección había bajado, a pesar de haberlo visto con solo la toalla, porque el comportamiento de Malfoy prácticamente exudaba hielo. Harry sintió una punzada de consternación. Caminó al baño y notó que Malfoy lo veía caminar, aunque tal hecho no le dio satisfacción alguna. Cerró la puerta con firmeza y se recargó sobre el lavabo. Joder, ¿qué había hecho?

Después de un momento, atendió sus necesidades y miro con ansia la ducha, pero temía que Malfoy se enojara si se duchaba en ese momento. Aunque Harry no quería volver a entrar al cuarto y hablar con Malfoy acerca de lo que había pasado la noche anterior, de lo que fuera que los había poseído, sabía que tenían que reconocer eso entre ambos, de una u otra forma.

Decidido a que ser modesto era la mejor parte, Harry tomó una toalla y se envolvió con ella la cintura antes de respirar profundamente y abrir la puerta.

No vio a Malfoy por ningún lado y, por un momento, Harry sintió pánico. Malfoy no podía haberse vestido tan rápido; Harry había estado en el baño por un minuto o dos. Una bata blanca había sido puesta sobre la cama y Harry la tomó con gratitud antes de ponérsela y correr al otro cuarto.

Malfoy estaba vestido, y metía su agenda en un maletín. Ya traía puesto el abrigo y era obvio que estaba a punto de salir.

-¿A dónde vas?- preguntó Harry y luego gimió cuando se dio cuenta que sonaba un poco como una novia celosa.

-Salgo, por supuesto. Voy a ir a mi café favorito para desayunar y tomar café y luego iré a la tienda de celulares para reemplazar mi aparato, lo cual, por cierto, cargaré al Ministerio. ¿Confío en que sabrás encontrar la salida?

-No,- dijo Harry.

-No, ¿no puedes encontrar la salida?

-No, no irás a desayunar o a la tienda de teléfonos. O a donde sea.

Malfoy entrecerró los ojos y cerró los broches de su maletín antes de levantarlo.

-Te aseguro que sí.- Su tono era severo.

-No sin mí,- replicó Harry, viendo que podría ser bastante severo, si lo requería.

Malfoy puso los ojos en blanco y se encaminó a la puerta.

-No necesito un guía turístico, o una sombra, o lo que sea que tú profeses ser.

Harry se movió rápidamente y cerró la puerta con fuerza antes de que pudiera abrirla más de una pulgada. Malfoy se giró con un gruñido y Harry lo puso contra la puerta, manteniéndolo ahí con un brazo sobre su pecho y un muslo entre sus piernas, aunque esto último hacía sido sin querer.

-No,- dijo Harry, y la palabra misma estaba llena de sentimiento.- No me hagas ponerte un hechizo rastreador. Es mi trabajo mantenerte a salvo.

Al parecer había sido una mala idea decirlo. Malfoy bien podría haber sido de piedra, por la forma en que se veía cuando dijo:

-Pues, en verdad no queremos distraerlo de su deber, ¿verdad, auror Potter? Lo de anoche, ¿también era parte de su trabajo?

Aturdido, Harry abrió la boca para responder enojado, tentado a recordarle a Malfoy quién había iniciado lo de la noche anterior, pero pudo notar algo en los ojos de Malfoy, algo que activó un recuerdo de ellos juntos, las manos y la boca de Malfoy y el avasallante sentimiento de que eso era lo correcto. La furia de Harry se dispersó.

-No tuvo nada que ver con el deber,- dijo Harry en voz baja.

Malfoy abrió su boca para hablar, pero Harry la cubrió con su propia boca. Besó a Malfoy de la misma manera que la noche anterior, callando cada intento de protestar, hasta que, por fin, el maletín cayó a sus pies y las manos de Malfoy juguetearon dolorosamente en su cabello. En vez de empujarlo, Malfoy lo acercó aún más.

Cuando ninguno de los dos pudo respirar como se debe, Harry hizo la cabeza para atrás, jadeando, solo para inclinarse hacia delante de nuevo y besar de forma suave y tacaña la mandíbula y el cuello del otro.

-Espérame,- murmuró Harry contra la garganta de Malfoy.-No quiero que nada te pase.

-Soy un mago grande y fuerte, Potter. He conseguido sobrevivir diez largos años sin que me rescataras.- A pesar de sus palabras, Malfoy se mantuvo relajado y acomodado, acariciando el cabello de Harry suavemente con los dedos.

-Tal vez he extrañado rescatarte.

-Tal vez eres un idiota. Tienes diez minutos.

Harry alzó la cabeza para verlo a los ojos.

-¿Esperarás? ¿Lo prometes?

-Soy conocido por mantener mis promesas.

Harry asintió, como disculpándose, pues no quería ofenderlo, pero aun no confiaba en que escaparía.

-No me tardo. Solo quiero ducharme.

Malfoy suspiró y desenredó sus dedos del cabello de Harry, empujándolo ligeramente.

-Diez minutos,- repitió.

oOOoOOo

Draco se quedó recargado contra la puerta por unos cuantos minutos, preguntándose acerca de la motivación de Potter. En parte era obvia, por supuesto, a juzgar por sus labios y manos, pero el resto le resultaba turbio. ¿Potter en verdad quería protegerlo? O solo lo estaba usando como carnada, esperando que los bastardos del día anterior reaparecieran.

La ducha se oía muy fuerte y Draco supuso que Potter había dejado la puerta entreabierta. Draco pensó que debía simplemente salirse e irse, esconderse y no volver a ver a Potter. Alzo la mano y tocó el frío metal de la manija de la puerta.

"Soy conocido por mantener mis promesas", había dicho, pero en realidad no había prometido nada. Aun así, Potter actuaría como lo había hecho antes, y seguiría a Draco; tal vez ya hasta le había puesto un hechizo rastreador. Y luego se enojaría con Draco y lo aplastaría contra la pared y lo vería con esos ojos…

"No es la mejor manera de convencerte a ti mismo de irte, Draco", se regañó a sí mismo, y luego se alejó de la puerta. Los restos revueltos de la "cama" que Potter casi no había usado captaron su atención, así como sus pantalones aventados sobre la silla más cercana. Frunció el ceño, adivinando que Potter no tenía ropa limpia.

Caminó hacia su habitación y eligió un par de pantalones oscuros, una camisa de algodón verte, y, con una sonrisa pícara, un par de bóxers de seda blancos tan finos que estaban a punto de ser transparentes. Draco los tocó con las puntas de los dedos y se imaginó a Potter usándolos. La ola de lujuria casi hace que se tambalee, así que los dejó caer sobre los pantalones antes de encontrar un par de calcetines para quitar su mente de la idea, lo que fue parcialmente exitoso.

La ducha se apagó y Draco pudo ver a un húmedo, casi desnudo Harry Potter, escurriendo, a punto de salir del baño. Draco saltó.

Se quedó parado, viendo por las ventanas los caminos helados de abajo, esperando que el frío que se filtraba por el vidrio enfriara su libido.

-¿Draco?- escuchó, y se desconcertó un momento por cómo se oía su nombre saliendo de los labios de Potter.

-Sigo aquí, Potter,- dijo.

-¿Se supone que debo ponerme esto?

-Si insistes en acompañarme, entonces yo insisto en que te vistas como algo más que un leñador renegado.

-Ja, ja,- dijo Potter con voz apagada, pero no hubo más protestas.

Draco entendió su error cuando Potter salió del cuarto, pasando sus dedos por el ya irremediable cabello negro. Potter se veía como un sueño húmedo con la ropa muggle de Draco, que, a pesar de estar hecha a la medida, le quedaba perfecta. Los pantalones estaban un poco largos y se ajustaban a sus caderas; la garganta de Draco se secó mientras sus ojos viajaban hasta la entrepierna de Potter, imaginándose los bóxers de seda debajo…

-¿Aceptable?- preguntó Potter y le dirigió una sonrisa encantadora.

Draco se encogió de hombros y se volteó, simulando desinterés.

-Servirá.

Cuando Potter se puso su abrigo abultado y se envolvió el cuello con su bufanda, la respiración de Draco se calmó. El gorro de lana completó el cuadro, ocultando el atractivo de Potter casi por completo.

-¿Dónde está ese café que mencionaste?- preguntó Potter, metiendo la caja de galletas en su mochila.

-Cerca del mercado.

-¿Alguna posibilidad de que podamos tomar un taxi?

Draco se permitió que una sonrisa curvara sus labios mientras se ponía sus propios guantes de cuero y volvía a levantar su maletín.

-Por ningún motivo. Sé más hombre, Potter (1). Es solo caminar por cinco minutos.

-Cinco minutos en el clima glacial a la nueve de la mañana,- dijo Potter entre dientes al abrir la puerta. Le echó un vistazo al pasillo de una forma que delataba sus años de familiaridad con revisar detrás de las puertas, preparado para que cualquier clase de mago oscuro saliera de las sombras y atacara. Sin embargo, ninguno salió, así que Potter solo esperó a que Draco cerrara la puerta y se dirigieron al elevador.

Afuera seguía estando miserablemente frío, pero al menos el viento había aminorado y ya no estaba nevando. Un poco de polvo había caído, cubriendo el hielo que se adhería a los bordes del pavimento, a pesar de que los vendedores y los trabajadores públicos lo quitaban sin descanso con palas. Sus pasos aplastaron pedazos de grava o sal o lo que fuera que había sido esparcido sobre la tierra para minimizar el riesgo de resbalarse.

-¿Crees que los que me atacaron anoche eran parte del circulo de contrabandistas? ¿Quién más sabe que estás aquí?-preguntó Draco, más que nada para llenar el silencio y darse un motivo para mirar a Potter de perfil de vez en cuando.

-No lo sé, pero es lo más probable. El departamento de aurores sabe que estoy aquí, por supuesto, pero nadie más. El ataque es una buena señal.

-¿Una buena señal?

Potter asintió.

-Muy poca gente sabe que estoy aquí, así que solo puedo asumir que alguien me vio y me reconoció, lo que significa que debía ser alguien de allá en Inglaterra. Los únicos que podrían conocer mi rostro, y estar dispuestos a atacarte por información. Bueno, de seguro son a los que estoy persiguiendo. Suena lógico, ¿no?

Draco estuvo de acuerdo, habiendo llegado a la misma conclusión.

-Al parecer, te conocen, lo que es curioso,- continuó Potter.

Draco frunció el ceño.

-¿Qué te hace pensar que me conocen?

-Cuando me dijiste lo que dijeron. Algo como: "¿Qué está haciendo Harry Potter en Seattle paseándose por la ciudad con alguien como tú?" ¿Es correcto?

Draco asintió.

-Me parece que sí.

-Es un comentario bastante extraño como para hacérselo a alguien que no conoces. Me parece algo despectivo para alguien que simula se un rico hombre muggle de negocios.

-A menos que se estuvieran refiriendo a que, según ellos, soy muggle,- señaló Draco. –Podría haber sido el simple prejuicio mágico.- Se oía razonable, pero la forma en la que el hombre había mirado a Draco lo hacía pensar lo contrario. No, Potter posiblemente tenía razón: ése hombre sabía quién era, aunque no estaba seguro de que lo había visto mal por ser Malfoy o un antiguo mortífago.

-Supongo que tienes razón,- admitió Potter.

-Por supuesto, el que yo esté aquí es de dominio público. Yo no estoy en una misión de auror secreta.

-¿Has visto a alguien más de Inglaterra?

Draco negó con la cabeza.

-Nadie más que a ti. Ha sido bastante refrescante, de hecho.- Excepto que no lo había sido, para nada. Draco extrañaba su país. Extrañaba la mansión y su propia cama. Extrañaba el Callejón Diagon y ser empujado, (incluso con violencia) por otras brujas y magos hablando el inglés británico como debía ser, y no la floja versión americanizada. Extrañaba el olor de Gringotts y el sabor de una taza de té bien hecha.

-¿Desde hace cuando que no estás en casa?- preguntó Potter, como si hubiese podido leerle el pensamiento. Draco lo miró con recelo y se preguntó por un momento si las habilidades en Legeremancia de Potter habían mejorado en la década que había pasado.

-Parece como si llevara un siglo,- replicó Draco.

-¿Has estado aquí todo el tiempo? Sé que te fuiste justo después de la guerra, pero nadie parecía saber a dónde te habías ido.

Draco sonrió a medias, despectivamente, pero contuvo sus amargas palabras. Habría sido fácil encontrarlo, si alguien se hubiera preocupado lo suficiente como para buscarlo.

-Fui a muchos lados. Francia, África, Madagascar. Incluso pasé un tiempo en Mongolia Exterior, recuérdame nunca volver allí.

-¿Recolectando hierbas?- preguntó Potter, entrometiéndose de nuevo.

-Entre otras cosas.

-¿Te das cuenta que es muy difícil sacarte información?

Draco le lanzó una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Esperabas que fuera sencillo?

Potter suspiró y levantó una mano, posiblemente para acomodarse el cabello antes de recordar que se había cubierto la cabeza con el gorro. Así que mejor se lo acomodó sobre la cicatriz y miró a Draco con sorna antes de distraerse completamente.

-¿Ya viste eso?- dijo Potter, deteniéndose en una esquina para observar la representación gigante de un hombre sosteniendo un martillo enorme. Poniéndose en el lugar del otro, Draco recordó la primera vez que lo había visto. Era bastante imponente, y extraño.

-Arte muggle,- dijo Draco. –Ese edificio es un museo de arte… Maldita sea, Potter, ¡sí vi a alguien de Inglaterra una vez! Lo había olvidado hasta ahora.

-¿Quién?

Draco se mordió el labio, tratando de recordar el nombre del hombre.

-Ese tipo de tu Orden del Fénix. Lo recuerdo de una foto en varios artículos que te adoraban después de la guerra. El chaparro (2), que se veía como que no se había bañado en este siglo. Con un horrible cabello rojo, fumaba una pipa.

-¿Mundungus Fletcher?

Draco chasqueó los dedos.

-Ése mismo. Lo vi aquí. Bueno, no precisamente aquí. Ahí dentro, de hecho. Dentro del museo. Lo reconocí de lejos, aunque no pude recordar su nombre. Él también me vio. Reaccionó con lentitud, asintió con la cabeza y se desapareció. No lo he visto desde entonces.

-¿Qué estaba haciendo en el museo?

-Yo también me lo pregunté en ese entonces. Estaba viendo una cuvette del siglo XVIII. No me impresionó tanto, pero el hombre no tenía nada de gusto.

-¿Una cu… qué?

-Una cuvette. Una vasija, Potter. No era mágica, pero valía bastante. No puedo entender su interés en ella.

-Yo sí,- dijo Potter entre dientes. –Joder, Mundungus Fletcher. Si él no está detrás del círculo de contrabandistas me comeré mi capa de invisibilidad. Necesito ponerme en contacto con Kingsley ya mismo. ¿Hace cuánto fue?

Draco se encogió de hombros.

-¿Dos meses? Puedo ver mi agenda y decirte la fecha exacta.

-De acuerdo. Primero vayamos a un lugar tibio.

El café no estaba muy lejos, ubicado dentro de Pike's Market, con vista al agua. El lugar estaba menos lleno que lo usual; al parecer, el frío clima mantuvo a la mayoría de los que vivían ahí encerrados en sus propias casas.

-Buenos días, señor Black,- dijo Elena, una mesera ya grande, cuando entraron. –Le guardé su lugar de siempre. ¿Trajo a un amigo hoy?

Draco asintió y Potter levantó una mano para saludar.

-Traeré otro menú. Ya regreso con su café, cariño. ¿Qué es lo que su amigo pedirá para beber?

-Un té Chai,- replicó Draco antes de que Potter alzara la voz. Se dirigió a su lugar de siempre y Potter lo siguió, sentándose en la silla frente a la mesa pequeña y de metal blanco. Potter se veía agitado y examinaba a cada cliente que tuviese un aire sospechoso.

-¿Ves a alguien que reconozcas?- preguntó Potter.

Draco miró a su alrededor con menos cuidado que Potter.

-Mucha gente, pero solo porque somos criaturas de hábito. Ése de ahí, Martin, trabaja en el muelle. Denise pide un panqué de mora azul y un moca de vainilla cada mañana. Samuel, allí, ordenará un croissant de huevo con salchicha y luego lo rociará con esa asquerosa salsa roja picante. No veo a nadie amenazador. ¿Podrías relajarte?

-No puedo. Necesito hacerle saber a Kingsley acerca de Mundungus y necesito checar si tengo mensajes. Mira, pídeme lo que quieras, mientras no sea algo asqueroso como caracoles o algo así, y regresaré en un momento. Me apareceré en la isla, me pondré en contacto con Kingsley, checaré si no tengo algún mensaje y regresaré. ¿Te quedarás aquí?

-No he comido aún, Potter. Me quedaré el tiempo que me tome disfrutar mi desayuno. Solo regresa antes de que termine.

Potter le sonrió.

-Genial. Bien, eso haré.- Se puso de pie y de volteó. Luego se regresó, se acercó, se inclinó hacia adelante y depositó un beso en la boca de Draco. Éste parpadeó, pero Potter solo sonrió con desenfado y se fue.

Continuará…


(1) La expresión original es Grow some balls, Potter, que podríamos traducir como Que te crezcan unas pelotas (huevos, cojones), Potter. Pero, como lo puse me gustó un poco más, es menos literal y no deja de dar el sentido que quiere. Espero no les desagrade.

(2) Me quedó la duda… ¿Chaparro solo se dice aquí en México? Es para personas de baja estatura. :S


En el próximo capítulo:

Harry peleó contra una descarga de pánico y llamó la atención de la mujer que los había recibido al entrar.

-Disculpe, señora. ¿Sabe a dónde se fue Mal… Dra… el señor Black?

-Se fue con sus dos amigos apenas llegaron. Ni siquiera se quedaron para el café. ¿Usted aún quiere su té?

Su expresión era claramente desaprobatoria.

-¿Sus… amigos? ¿Acaso comió su desayuno?

Ella negó con la cabeza.

-Lo pagó, pero se fue antes de que se lo pudiera llevar a la mesa. Dijo que tenía prisa y que no se podía quedar.

Adigium21