Disclaimer: Los personaje sno me pertenecen, todos los derechos están reservados por J.K Rowling y Warner Bros. Sin fines de lucro.
Capítulo 1: Enfermería.
No tenía mucho que había llegado cuando Molly y Arthur entraron a la enfermería. Lupin y Tonks se había hecho a un lado para que ellos pudieran llegar mejor hasta su hijo. Bill estaba en muy malas condiciones, todos formaban un círculo alrededor de su cama, lo contemplaban con pena, excepto Lupin.
Él miraba a Tonks sin que ella se diera cuenta, la miraba como si fuera prohibido hacerlo. Estaba tan agradecido de tenerla junto a él, de que estuviera viva, y de que él estuviera más vivo que nunca, totalmente rendido hacía ella, tenía que aceptarlo. Desde hacía tiempo lo sabía, aunque se empeñaba en negar sus sentimientos, lo sentía dentro, creciendo.
Quería lanzarse sobre ella y abrazarla, sentirla entre sus brazos, decir todo lo que había callado pero no podía, o más bien eso le decía su mente, lo trataba de convencer que eso no era lo correcto. Y el siempre escuchaba con su cabeza, pero ahora los gritos del corazón se estaban volviendo más y más fuertes. Maldecía su sentido de la rectitud en esos instantes.
En algún punto de su mente se perdió divagando, tratando de resolver el acertijo entre lo correcto y lo que él quería hacer, cuando reaccionó Molly y Fleur estaba envueltas en una acalorada conversación.
—Por supuesto, no importa cómo se vea… no es r–realmente importante… pero era un muchacho muy guapo… siempre tan guapo… y él iba a casarse.
—¿Y que quiegue decig con eso? —Dijo Fleur súbitamente en voz alta —¿Qué quiegue decig iba a casagse?
Tonks alzó la vista y observó a Fleur. La señora Weasley levantó la cara llena de lágrimas mirándola sobresaltada.
—Bueno… solo que…
—¿Usted piensa que Bill ya no va a quegueg casagse conmigo? —Preguntó Fleur —¿Usted piensa que pog esas mogdidas ya no me amagá?
—No, eso no es lo que yo…
—Pogque él lo hagá —dijo Fleur alzándose en toda su estatura y echando atrás su largo cabello plateado —Tomagá más que un Hombge Lobo paga que Bill deje de amagme…
Parecía inverosímil tal momento, todos estaban impactados ante la discusión. Tonks miraba con detenimiento a Fleur, podía ver la determinación de la rubia en todo su cuerpo rígido y su nariz ahora respingada. Sentía tanta envidia.
—Bien, si, estoy segura —dijo la señora Weasley —pero pienso que quizás dado como–como el…
—¿Usted piensa que yo no queguia casagme con él? o quizás ¿Usted lo espera? —Dijo Fleur con las fosas nasales dilatadas —Qué me importa cómo se vea, yo soy bonita lo suficiente paga nosotgos dos, cgeo. ¡Todas esas magcas muestgan que mi esposo es valiente! Y yo hague eso —dijo fieramente, empujando a la señora Weasley a un lado y arrebatándole el ungüento.
La señora Weasley cayó hacia atrás, contra su esposo y miró a Fleur mientras untaba las heridas de Bill, con una expresion curiosa en su cara. Nadie dijo nada. Harry no se atrevió a moverse, como todos los demás estaba esperando la explosión.
Algo en el interior del hombre lobo estaba alertándolo, alguna repercusión tendría aquella pelea, lo sentía y no estaba seguro de estar preparado.
—Nuestra tia abuela Muriel —dijo la señora Weasley después de una larga pausa —tiene una tiara muy hermosa, hecha por los duendes, estoy segura que podría persuadirla para que te la preste para la boda. Ella esta muy encariñada con Bill, tu sabes, y quedaría encantadora con tu cabello.
—Ggacias —dijo Fleur rigidamente —estoy seguga que segá adogable.
Y entonces, Harry casi no vio lo que pasó, ambas mujeres, estaban llorando y abrazándose. Completamente perplejo, preguntándose si el mundo se había vuelto loco, dio media vuelta: Ron parecia tan pasmado como el, y Ginny y Hermione intercambiaban miradas sobresaltadas.
Tonks se había llevado las manos a la boca, totalmente sorprendida, un sentimiento le tiraba desde el estómago con fuerza y sin más se volteó hacia Remus y estalló.
—¡Lo ves! —dijo ella sorprendiéndose de sus propias palabras.—Ella todavía quiere casarse con él, ¡aun cuando ha sido mordido! ¡A ella no le importa!
—Es diferente —dijo Lupin, apenas moviendo los labios y pareciendo súbitamente tenso. Su presentimiento no había fallado, pero no tuvo tiempo de prepararse—Bill no será un hombre lobo por completo. Los casos son completamente…
—Pero a mi no me importa tampoco, ¡no me importa!—Dijo mientras tomaba el frente de la túnica de Lupin y lo sacudía—te lo he dicho un millón de veces…
—Y yo te he dicho un millón de veces —dijo Lupin, tratando se serenarse, mirando al piso—que soy muy viejo para ti, muy pobre… muy peligroso…
Tonks lo soltó, se volvía lo mismo de siempre, estaba harta, se sentía tan decepcionada de aquel maravilloso hombre, ese que se había convertido en el amor de su vida y que por prejuicios impuestos por la sociedad se negaba a ser feliz con ella.
—He dicho todo el tiempo que estás tomando una postura ridicula sobre esto, Remus —dijo el Señor Weasley sobre el hombro de Fleur mientras ella se enderezaba.
Hasta Arthur lo decía. Lupin lo sabía, pero no podía hacer nada al respecto, toda una vida con aquellos paradigamas, era difícil ponerse blando. La amaba, y por eso prefería verla con alguien que pudiera hacerla feliz, que no corriera el riesgo de matarla cuando hubiese luna llena, era doloroso imaginar algo así, pero ya estaba acostumbrado.
—No estoy siendo ridículo —dijo Lupin calmadamente —Tonks se merece alguien joven y completo.
—Pero ella te quiere —dijo el Señor Weasley, con una pequeña sonrisa —y después de todo Remus, los hombres jóvenes y completos, no necesariamente permanecen así.
Miro tristemente a su hijo, yaciendo entre ellos. De un momento a otro Hagrid apareció en la enfermería y la Profesora Mcgonagall se retiró con Harry. Todos habían guardado silencio y le daban la espalda a Lupin y Tonks, pues se concentraban en Bill.
Ella ya no lo miraba. Tonks sentía que los nudillos comenzaban a dolerle, estaba apunto de quebrarse ahí mismo, lo cual sin duda empeoraría las cosas. La metamorfomaga se puso de pie y sin avisar abandonó la enfermería.
Comenzó a andar sin un rumbo fijo, lo único que quería era alejarse de ahí, era estar en cualquier lugar donde él no estuviera, donde pudiera pensar que debía hacer. Involuntariamente las lágrimas aparecieron una tras otra bajando con violencia por sus párpados, ni siquiera quería molestarse en limpiarlas. No necesitaba el orgullo, sentía la necesidad de llorar por horas y lo iba a hacer, porque esas lágrimas significaban el fin de algo importante en su vida.
Se sentía marchita, vacía. Lo había intentado todo, se lo había dado todo, y sabía que él no era malo que lo que menos quería era ser grosero con ella, al contrario era demasiado bueno como para pensar que alguien como él merecía la felicidad. Ya ni siquiera se trataba de la edad, porque eso al fin y al cabo no había importado tanto, se trataba de ser hombre lobo y del necio razonamiento de Remus.
Lupin se quedó contemplando la puerta, sin saber muy bien porque aún seguía ahí de pie en la enfermería ¿Qué esperaba? quizás que Tonks apareciera de nuevo. Demasiado fantasioso para su gusto. Si ella se había ido seguramente no volvería.
Un la oleada de desesperanza lo golpeó, se sentía como si el corazón se le estuviera haciendo cada vez mas chico.
Instintivamente, se llevó una mano al pecho y sintió el frío contacto con la cadena que traía puesta. La sacó con cuidado y tomó entre sus dedos los bellos anillos de plata. Eran el único y más fuerte recuerdo que tenía de sus padres. El anillo de su madre tenia un cristal finamente tallado, el de su padre era liso y grueso, esa era la única prueba que tenía de su existencia, de que alguna vez fueron felices como una familia.
Sin querer pensó en ellos, ¿Qué dirían ahora de él? ¿Estarían realmente orgullosos de su hijo? Ellos siempre lo habían protegido, lo habían amado muchísimo y él a ellos. Casi podía oír a su madre, sabia que ella le recriminaría que dejara ir a Tonks, sin duda, su madre vería en los ojos de su único hijo cuanto amaba a esa extraña mujer, lo alentaría; su padre seguramente le diría que si ella lo amaba entonces nada más importaba.
No estaba muy seguro de que eso sería lo que ellos dijeran, talvez, en realidad era lo que silenciosamente pensaba su corazón.
Se detuvo entonces y reflexionó ¿Qué acaso no era eso lo único que importaba? Ella era la única mujer que se había acercado a él, con sinceridad, sin lástima, con dulzura, llevándole tantas risas, le había regalado los momentos más gratos de su vida. ¿Por qué él no podía corresponderle? si estaba loco por ella, si a Nymphadora Tonks no le importaba que él fuese un hombre lobo.
El corazón comenzó a palpitarle con prisa, se quitó la cadena, la metió a su bolsillo y salió de la enfermería con un estruendo provocado por la puerta.
Tonks contempló la puerta del castillo con tristeza, era hora de que se fuera a casa, de sentarse a reflexionar, de encontrar un camino que seguir o encontrar el camino que había perdido. Suspiró con pesadumbre. Albus estaba muerto y su corazón al parecer también.
Debía continuar. Se volvió y comenzó a caminar hacia la salida, el dolor le calaba los huesos.
Casi a mitad del camino una curiosa figura llamó su atención, el sauce boxeador se erguía ante ella, pasivo, esperando a que alguien lo molestara.
Tonks soltó un bufido. Todos sus pensamientos la llevaban a él, quisiera o no. Era bien sabido que el sauce tenia un pasadizo en las raíces que llevaba a la casa de los gritos, lugar donde Lupin se refugiaba en sus años en Hogwarts de sus transformaciones, lugar donde también él y Sirius se habían reunido después de tantos años. Dos hombres importantes en su vida, el tío favorito a quién tuvo muy poco tiempo, y el amor de su vida quién no le concedió el tiempo para estar a su lado. Era toda una ironía.
¿Qué pensaría Sirius de aquella situación? De estar vivo seguramente Lupin y Tonks serían su circo personal. Porque su tío se había dado cuenta antes de morir que algo sucedía entre ellos dos, no era tonto, al contrario, había sido un canino demasiado astuto. Quizás hubiera regañado a su amigo Lunático por su tonta forma de pensar, quizás él la habría ayudado. Las lágrimas brotaron nuevamente, extrañaba mucho a Sirius en esos momentos, porque estaba segura que él le hubiera ofrecido su hombro para llorar y la habría alentado a seguir adelante.
Se sentía como un loco, había corrido las ultimas dos plantas del castillo, era como si hubiera perdido algo, y realmente así sería si no se daba prisa. No había rastros de Tonks por ningún lado. la frustración comenzaba a hacerse presente con pensamientos negativos, su mente lo recriminaba, le gritaba que la oportunidad estaba perdida.
El licántropo se detuvo absorto al hecho que, se encontraba parado a espaldas de la puerta del Castillo, su cuerpo le había exigido un momento para asimilar que se había decidido tarde. Había estado jugando con su indecisión y con los sentimientos de Tonks. Se llevó una mano a la frente totalmente abrumado.
"quizás aún no se haya ido" —Se consolaba Lupin —"Quizás aún este por…"
Al darse la vuelta, así como había aparecido esa desolación, la expresión se le iluminó. El cielo le concedía su última oportunidad.
Ahí estaba, a unos cuantos metros Tonks observaba con aire melancólico el sauce boxeador.
Ya había tenido suficiente de recuerdos, si quería salir adelante era lo primero que debía suprimir, aunque no quisiera. La chica tomó aire y siguió su camino.
—No…—Susurró Remus, la voz parecía querer traicionarlo en esos momentos
Corrió en dirección de la bruja.
—¡Espera!
Al escuchar esa voz algo helado le recorrió el cuerpo haciendo que se paralizara. Tonks giró lentamente su cuerpo hasta quedar frente a frente con Lupin quien jadeaba un poco. Los hermosos ojos de la bruja estaban abiertos de par en par, evidentemente sorprendida. El hombre lobo se percató que en la chica había estado llorando.
Tonks recordó su aspecto e inmediatamente se limpió la cara con la manga de su túnica. No quería que él la viera de esa forma, aunque en ese momento lo único que le importaba era saber porque Remus Lupin había ido a buscarla.
Cuando recuperó el aliento, Lupin dio unos pasos hacia delante para acortar la distancia entre ambos.
Ninguno de los dos decía nada, se miraban. Tonks sorprendida por ver a Remus tan diferente, tenia algo en los ojos, un brillo que lo delataba, algo que en la enfermería no tenía. Y él estaba aún más sorprendido de sí mismo y de lo que estaba a punto de hacer. La brisa jugueteó con el cabello de ambos, animándolos a hablar.
—¿Sucede algo? —preguntó ella rompiendo con el silencio
—No te vayas Tonks… —Dijo él casi en súplica
—Remus… creí que todo estaba dicho, creí que lo que habias dicho en la enfermería eran tus ultimas palabras al respecto, ya ha sido suficiente para mi, ya no quiero…
—Lo sé, he sido un idiota, he sido un terco tratando de negar lo que realmente siento —El corazón de Tonks comenzó a latir bruscamente ¿de verdad estaba oyendo eso? — Pero, es difícil para mi, toda mi vida he sido un marginado, un retraído, he estado solo y siempre me guío por mi cabeza, siempre la escucho porque quiero hacer las cosas correctamente, aunque eso signifique hacer lo que no quiero. Casi nunca me pasan cosas buenas, es por eso que cuando suceden me alejo, estoy acostumbrado a esta vida, pero esta vez tengo que admitir que tampoco puedo mas con esta situación. — Hizo una pausa, la metaformomaga lo miraba pasmada. Tomó aire —Tonks estoy loco, estoy loco por ti.
Tonks contuvo la respiración. Ni en sus sueños más locos se imaginó aquella escena. el licántropo decidió seguir alentado por esa cara de felicidad que veía en la joven.
—Has estado a mi lado aunque yo tratara de alejarte, significas tanto en mi vida. La verdad no se como pudiste fijarte en mi pero, si a ti no te importa que sea lo que soy, entonces, quiero ser feliz por una vez en mi vida, quiero estar contigo. Te amo—
— Remus… —Ella se había quedado sin palabras, la esperanza, la vida había vuelto, la felicidad explotaba en su interior.
Lupin tomó ambas manos de Tonks y la miró con detenimiento, era el momento justo y perfecto.
—Sé que te va a parecer una locura Tonks, pero la verdad no me importa…—
Tonks no comprendió lo que él quería decir pero esperó. A Lupin le temblaban las manos, era como si regresara a la adolescencia, las piernas le iban a fallar en cualquier momento. Buscó en el bolsillo del pantalón y sacó los dos brillantes anillos.
—Remus… ¿Qué es eso? —Dijo ella con sobresalto
—Le pertenecían a mis padres, y estoy seguro que ellos estarían muy felices…
—¿Muy felices…? ¿Por qu..?
Lupin tomó la mano izquierda de Tonks y la miró a los ojos. El brillo apareció de nuevo esta vez reflejado en todo su rostro, su sonrisa, sus ojos.
—Nymphadora Tonks… ¿Te casarías conmigo?
Ella ni siquiera reparó en que él la había llamado por su nombre completo, había sonado tan hermoso, que no aborrecía oírlo. Aquella escena era un sueño.
—¡Oh por Dios! ¡Remus! ¡Si! ¡Si quiero!
Lupin colocó aún temblando el anillo en el delgado dedo anular de su ahora prometida. Se miraron profundamente y sin poder contenerse más tiempo, ambos buscaron los labios del otro.
En ese instante la conversación de la enfermería le parecía tan lejana… el dolor había desaparecido siendo reemplazado por un cúmulo de sentimientos: alegría, pasión, amor y nerviosismo mezclándose uno con otro.
Al separarse, él le acarició con cariño la mejilla y ella buscó enlazar la mano libre del ex profesor.
—Remus ¿Estás seguro? —Preguntó tímida. Estaba consiente de que talvez hubiera sido un arranque por parte de Lupin y quiso estar mas segura.
—Bastante —Contestó él con su encantadora sonrisa
—¿Cuándo? —Dijo ella. Tenían que fijar una fecha, hacer preparativos y en ese momento se sentía tan atontada que no creía ser capaz de decidir sola.
—¿Cuando? — Repitió él pensativo —Lo más pronto posible.
—¿Cuándo es lo mas pronto posible para ti? —
—Si no te parece que es otra locura ¿Dentro de dos semanas?
—¡Claro que es una locura Remus! Pero me encanta la idea– dijo extasiada
Tonks lo abrazó y alzó la vista para observar sus ojos azules. Al verlo sonreír de esa forma, como nunca lo había visto, estaba segura que el sentimiento era mutuo y que serían muy felices.
Lupin sentía que estaba muy enamorado de ella, su vergüenza por parecer un adolescente a su edad se había esfumado, se sentía plano, capaz de enfrentar cualquier cosa, nada se comparaba con lo que experimentaba en aquel momento, había hecho lo que su corazón verdaderamente quería.
Abandonaron Hogwarts y se dirigieron a casa del hombre lobo. Ahí hablaron de la ceremonia.
Ambos coincidieron en que querían algo pequeño, íntimo, sólo con los miembros de la Orden del Fenix y la casa de los padres de Lupin, con unos pequeños arreglos sería perfecta para la ocasión. Lo único que a Lupin le preocupaba en esos momentos era que ya habían acordado que, después del funeral del profesor Dumbledore irían a hablar con los padres de Tonks y eso no le daba buena espina.
–Bien, mi padre es un muggle como sabrás y la tradición es que él pague el vestido de la novia, pero si se rehúsa tengo los suficientes ahorros y creo que me alcanzaría para pagar el vestido, las decoración, las invitaciones…
–Tonks… no te pedí matrimonio para que tu pagaras todo. Si lo hice no fue solo porque quiero que nos casemos y ya; cuando fui profesor en Hogwarts ahorré considerablemente, ya sabes yo no gasto mucho en mi y guardé ese dinero para alguna ocasión que lo ameritara. Déjame encargarme de los gastos de la boda–
–Esta bien, pero del vestido si no se encarga mi padre lo haré yo–Dijo ella complacida
Era un acuerdo razonable.
–Después de decirles a papá y mamá veré lo de las invitaciones y tendremos que limpiar toda esta semana ¿te parece cariño?
El corazón le dio un vuelco al escucharla llamarlo así.
–Estoy de acuerdo.
