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Capítulo 6: A salvo

–¡Tonks el traslador! –dijo Ron poniéndose de pie

–Se ha ido hace 10 minutos… se nos ha pasado… –murmuró ella también incorporándose.

Su cerebro trabajaba rápido tratando de encontrar una forma viable para llegar a la madriguera.

La puerta de la casa de abrió dejando ver a una bruja de nariz puntiagada y cabello blanco que los miraba con los ojos muy abiertos como platos.

–¡Ronald, Nymphadora! –se sobresaltó –pensé que algo grave las había pasado, el traslador se ha ido…

–Lo sé Muriel –dijo Tonks con un suspiro –Nos han acorralado, los mortífagos estaban al tanto de que hoy íbamos a trasladar a Harry y nos hemos salvado por un pelo, Ron ha sido muy valiente –miró al ahora pelirrojo y le dedicó una sonrisa de orgullo.

–¿Mortífagos dices? ¿Cómo es eso posible?

–No lo sabemos y seguramente los demás tampoco.

–Entren, vamos a hacer otro traslador para que puedan irse, he preparado un poco de té, tenía los nervios de punta y sólo así pude tranquilizarme un poco, pasen…

Tía Muriel lucía tan preocupada como ellos, Ron y Tonks entraron a la casita y aunque insistieron en irse lo más pronto posible la vieja bruja los obligó a tomarse la taza de té entera que les había servido. Los dos se miraron nerviosos, les urgía llegar a la madriguera así que se tomaron el té de un sorbo. Cuando la tía de Ron vio sus tazas vacías les ofreció una barra de chocolate a los dos, argumentando que, alguna vez alguien le había dicho que era bueno comerlo después de una conmoción.

Tonks miró la barra como si al morderla estuviera haciendo un acto de suicidio. Era inevitable no pensar que el chocolate tenía alguna relación con Remus. Cuando Muriel se dio la vuelta para servirse más té se guardó el chocolate en la bolsa de la capa.

Nadie hablaba, Ron tenía la vista clavada en la decoración de la taza, tía Muriel se había perdido con la vista fija hacía el frente. La vista de Tonks se posó su anillo, y pensó en su esposo, él estaba bien lo presentía, pero seguramente se encontraba con los pelos de punta por su retraso y no de muy buen humor, por lo cuál debía apresurarse.

Tonks meditó un poco; tenían la opción de hacer un traslador nuevo pero ¿Qué caso tenía ya? A esas alturas los mortífagos ya se habrían ido y ciertamente la casa de los Weasley no estaba muy lejos de ahí, seguirían protegidos por los límites de los hechizos.

–Iré por un viejo alhajero que tengo para convertirlo en traslador…

–No hace falta, hemos de ir en escoba, la madriguera no queda muy lejos y no creo que los mortífagos puedan vernos, el camino está protegido

Ella asintió y los condujo hacia el patiecito trasero.

–Tengan cuidado, y en cuanto haya noticias de lo que ha pasado avísenme.

Los dos montaron la escoba, Tonks se impulsó del piso y comenzaron a tomar altura.

–Gracias por todo Muriel –Agradeció la de cabello rosa.

–Gracias –murmuró Ron incapaz de decir algo más.

Kingsley iba de un lado para otro a grandes zancadas y miraba el cielo cada vez que daba media vuelta. Hagrid, Hermione y Lupin estaban de pie, hombro con hombro, mirando también el cielo.

Estaba tardando más de la cuenta, si solamente se les había escapado el traslador encontrar otra forma de llegar no les tomaba mucho tiempo, algo no le gustaba, nada. ¿Y si estaba herida? ¿Y si algo le había pasado a Ron? ¿Y si los había alcanzado un mortífago como a George?... Lupin cerró los ojos tratándose de relajar, sabía que Tonks podía llegar a ser un poco temeraria y eso le preocupaba, ya una vez había ido a San Mungo por combatir con Bellatrix…

De pronto, justo encima de sus cabezas se materializó una escoba y descendió como una centella.

–¡Son ellos! –exclamó Hermione.

Lupin distinguió su brillante cabello rosa y sintió un peso menos encima, aunque ahora empezaba a estar enfadado por su tardanza, y no sabía muy bien el porqué.

Tonks aterrizó con un prolongado derrape, salpicando tierra y guijarros en todas direcciones.

La bruja alzó la vista y lo vio al frente de todos esperándola, con su cara seria, y su corazón se aceleró, él estaba bien.

–¡Remus! –gritó la bruja al mismo tempo que se apeaba de la escoba. Tambaleándose, fue a abrazar a Lupin, quien, pálido y serio, era incapaz de articular palabra.

La abrazó fuerte a pesar de que las palabras no querían salir de su boca, la sintió bajo sus brazos y de no estar molesto por su tardía la hubiera besado ahí mismo.

–Ron se ha comportado de una manera espectacular –explicó Tonks con entusiasmo, y soltó a Lupin–. Impresionante. Le ha lanzado un hechizo aturdidor a un mortífago, directo a la cabeza, y ya saben que apuntar a un objetivo en movimiento desde una escoba de vuelo…

–¿Eso has hecho? –se asombró Hermione mirando a Ron, a quien todavía tenia abrazado por el cuello.

–Siempre ese tono de sorpresa –refunfuñó él soltándose –. ¿Somos los últimos?

–No –respondió Ginny –. Todavía estamos esperando a Bill y Fleur y a Ojoloco y Mundungus. Voy a decirles a mamá y papá que estás bien, Ron. –y entró corriendo en la casa.

–¿Qué ha pasado? ¿Qué los ha retenido? –preguntó Lupin a Tonks, casi con enfado.

La metamorfomaga sabía que Remus iba a adoptar esa postura, casi lo había adivinado, pero intentó ignorar su tono de molestia y comenzó a explicar:

–Bellatrix, ni más ni menos –contestó ella–. Me odia tanto como a Harry; ha hecho todo lo posible por matarme. Ojalá la hubiera pescado, porque se la debo. Pero al menos herimos a Rodolphus. Luego fuimos a casa de la tia de Ron, pero se nos escapó el traslador, tía Muriel estaba muy preocupada por nosotros…

Lupin, a quien le temblaba un músculo del mentón, sólo consiguió asentir.

Su temor fue confirmado, ella había estado en peligro, las misma Bellatrix persiguiéndola, y lo decía asi tan campante, tan serena… típico de Tonks. Pero él no podía evitar sentirse enojado con ella por esa actitud, con el por no poder hacer nada, si algo le hubiera pasado, no se lo perdonaría, pero era un riesgo que ambos habían decidido correr y no iba a retractarse de eso.

–Y a ustedes ¿Qué les ha ocurrido? –preguntó Tonks volviéndose a Harry, Hermione y Kingsley.

Cada uno relató su historia, pero daba la impresión de que la tardanza de Bill y Fleur, Ojoloco y Mundungus los había recubierto de una especia de escarcha, y cada vez les costaba más ignorar el frío que les imbuía.

Minutos después Kingsley se retiró hacía Downing Street y Molly y Artur Weasley aparecieron, bajaron corriendo los escalones de la puerta trasera, seguidos por Ginny. Abrazaron a Ron y luego se dirigieron a Lupin y Tonks.

–Gracias por devolvernos a nuestros hijos –dijo la señora Weasley.

–No digas tonterías Molly –replicó Tonks.

La metamorfomaga evitó poner los ojos en blanco para no ofenderla, pero era obvio que no tenia que dar las gracias.

–¿Cómo se encuentra George? –Preguntó Lupin.

–¿Qué le pasa a George? –inquirió Ron.

–Ha perdido…

Pero unos repentinos gritos de júbilo ahogaron la respuesta de la señora Weasley, porque un thestral acababa de aparecer en el cielo. Tras descender a gran velocidad, se posó a escasa distancia del reducido grupo. Bill y Fleur, despeinados pero ilesos, se apearon del animal.

La señora Weasley fue hacia ellos, pero Bill sólo la abrazó de pasada. Miró a su padre y anunció:

–Ojoloco ha muerto.

Nadie dijo nada, nadie se movió. Tonks abrió muy grande los ojos como si eso le ayudara a distinguir que Bill estaba gastando una mala broma. Lupin se llevó una mano a la sien… un escalofrío recorrió su cuerpo de arriba abajo.

–Lo hemos visto con nuestros propios ojos –explicó Bill. Fleur asintió; la luz proveniente de la cocina iluminaba los surcos que las lágrimas le dejaban en las mejillas–. Ocurrió justo después de que saliéramos del círculo; Ojoloco y Dung estaban cerca de nosotros y también iban hacia el norte. Voldemort puede volar, ¿saben?, y fue derecho hacía ellos. Oí gritar a Dung, que se dejó dominar por el pánico; Ojoloco intentó detenerlo, pero se desapareció. Entonces la maldicion de Voldemort le dio a Ojoloco en pleno rostro; cayo hacía atrás y… No pudimos hacer nada, nada. Nos perseguían una docena de mortífgos… –Se le quebró la voz.

Tonks permaneció en silencio mientras Bill relataba lo sucedido, horrorizada y destrozada por dentro, reaccionó al oír la voz tranquilizadora de su esposo, sobreponiendo la serenidad ante el dolor.

–Claro que no pudieron hacer nada –lo consoló Lupin.

Se quedaron todos allí plantados, mirándose. La de cabello rosa continuaba en shock cuando se dio cuanta que había caminado por inercia siguiendo a todos adentro de la casa, pues ya no tenia caso esperar afuera, nadie más llegaría, jamás.

–¿Qué ocurre? –preguntó Fred escudriñando sus rostros–. ¿Qué ha pasado? ¿Quién…?

–Se trata de… de Ojoloco –dijo su padre–. Ha muerto.

Lupin volteó a ver a su esposa a la cual los ojos se le acababan de anegar de lágrimas y le dio un apreton en la mano.

Las sonrisas de los gemelos se convirtieron en muecas de conmoción; parecía que nadie sabía que hacer. Tonks lloraba en silencio tapándose la cara con un pañuelo (Harry sabía que la bruja estaba muy unida al mago, pues era su favorita y su protegida en el Ministerio de magia).

Bill se acercó al aparador y regresó con una botella de whisky de fuego y propuso un brindis. Doce vasos llenos volaron por la habitación.

–¡Por Ojoloco! –repitieron todos, y bebieron.

El asunto de Mundungus no le agradaba en absoluto, su cabeza trabajaba rápido tratando de atar cabos.

–Con que mundungus ha desaparecido ¿eh? –masculló Lupin, que había vaciado su vaso de un trago.

Todas las cabezas se volvieron hacía él, esperando con curiosidad su opinión.

–Sé lo que piensas –dijo Bill –, y yo también me lo he preguntado cuando venían hacia aquí, porque pareció ciertamente que los mortífagos nos estaban esperando. Pero Mundungus no puede habernos traicionado.

Bill comentó lo que él ya había pensado, Mundungus había propuesto a los 7 Harrys y los mortífagos que los habían estado esperando estaban confundidos por no saber cual era el verdadero, así que aunque el coraje se apoderaba de su cabeza, tuvo que aceptar que Mundungus no había tenido nada que ver.

–Quién-tú-sabes ha actuado exactamente como Ojoloco previó que haría –repuso Tonks con desdén–. Moody nos dijo que El-que-no-debe-ser-nombrado supondría que el Harry auténtico iría con los aurores mas fuertes y expertos. Así que primero persiguió a Ojoloco y, cuando Mundungus se delató, fue a buscar a Kingsley.

Una lágrima cayó por su mejilla y se apresuró a limpiarla.

–No, no puede ser –dijo Harry con decisión, y todos lo miraron sorprendidos. El whisky de fuego parecía amplificarle la voz–. Es decir… si alguien ha cometido algún error revelado algún detalle del plan, estoy convencido de que no fue su intención. No es culpa de nadie –aseguró con un tono más fuerte del que habría empleado normalmente–. Tenemos que confiar los unos en los otros. Yo confío en todos ustedes y no creo que ninguno fuera capaz de venderme a Voldemort.

Se produjo otro silencio. Tonks (como los demás) lo miró, escudriñando el rostro del chico, era una persona muy noble a pesar de haber pasado por tanto en su corta vida.

–Bien dicho, Harry –soltó de pronto Fred.

–¡Eso! ¿Lo han oído todos? Yo sólo a medias –bromeó George mirando de soslayo a Fred, que tuvo que contenes una sonrisa.

Lupin miró a Harry con una extraña expresión de desdén, casi de lástima.

–¿Crees que estoy loco? –le preguntó Harry.

–No, lo que creo es que eres igual que James, que habría considerado que desconfiar de sus amigos era la peor deshonra.

El licántropo dejó su vaso en en una mesita, y se dirigió a Bill.

–Tenemos trabajo. Puedo pedirle a Kingsley que…

–No –lo interrumpió Bill–. Iré yo.

–¿A dónde? –Preguntaron Tonks y Fleur a la vez.

–A buscar el cadáver de Ojoloco –contestó Lupin–. Debemos recuperarlo

–¿Pero eso no puede…? –musitó la señora Weasley mirando suplicante a su hijo.

–¿Esperar? No madre, a menos que prefieras que se lo lleven los mortífagos.

Nadie replicó. Lupin fue donde se encontraba Tonks aún con las mejillas surcadas de lágrimas, le dio un abrazo, se despidió de los demás al igual que Bill y los dos salieron de la habitación.

Tonks se dejó caer en una de las sillas y suspiró involuntariamente. Se perdió entre sus pensamientos, las imágenes de lo que ocurrió hacia unas horas la atosigaron; Los mortífagos persiguiéndolos a ella y Ron, tía Muriel, el abrazo que le dio a su esposo al llegar… el anuncio de la muerte de Moody.

A lo lejos podía escuchar que Harry se había enfrascado en una charla acalorada con los señores Weasley, ella lo miró pero no podía oír con claridad qué discutían, hasta que minutos después, Harry pasó enfrente de todos y salió de la habitación.

Tonks permaneció un poco más de tiempo en la madriguera, pero en realidad ya no había mucho que hacer ahí. Todos habían llegado y querían descansar o tratar de asimilar las cosas, asi que decidió retirarse.

–¿Estas segura querida? Puedes quedarte aquí a esperar a Remus y el cuarto de Ginny está disponible –le ofreció Molly

–Gracias Molly en verdad, pero prefiero ir a casa, no sabemos qué tanto puedan tardar Bill y Remus en… –guardó silencio al darse cuenta de lo que iba a decir–. Estaré bien.

Se despidió de la señora Weasley y desapareció de la madriguera rumbo a su casa.