Por fin llegaba el lunes. Era raro, pero por primera vez Michiru había querido que el fin de semana desapareciese y diese paso al regreso de las clases. Se levantó antes que de costumbre para arreglarse y ponerse lo más guapa posible. Espera… ¿Para qué quería ella estar tan guapa? ¿Para él? Daba igual. Por alguna extraña razón no podía dejar de canturrear, y solo volvió momentáneamente a la realidad cuando Laura llegó para recogerla.
Una vez más las chicas caminaban en silencio, pero Laura no pudo evitar sonreír al ver que Michiru volvía a caminar con una de sus sonrisitas de ensoñación con los cascos puestos. Quiso dejarla un rato así, alegre y tranquila, pero al final del trayecto no pudo reprimir el impulso de incordiar amorosamente a su amiga, por lo que le quitó los cascos.
- ¡Eh! Estaba en la mejor parte.
- ¿De la canción o de la ensoñación?
- De ambas cosas –Michiru le sacó la lengua infantilmente y salió corriendo.
- ¡Espera! No vale, se supone que iba a incordiarte y tú huyes, ¡cobarde!
Ambas chicas entraron riendo agotadas en clase. Se sentaron en sus pupitres y siguieron burlándose la una de la otra hasta que un chico interrumpió sus bromas.
- Unas señoritas como vosotras no deberían armar tanto escándalo recién levantadas…Es mejor que reservéis las energías para la noche.
Patrick podría ser uno de los chicos más guapos del planeta si se lo propusiese. Moreno, ojos grises, sonrisa blanqueada, barba de dos días que aparentaba ser descuidada, un cuerpo bien torneado pero sin ser excesivamente musculoso, elegancia en la forma de vestir. Podría ser muy atractivo, sí, si no fuese un niño malcriado de los que se creen que tienen a todos bajo sus pies. Su personalidad le quitaba todo ese potencial que su físico podía darle, pero claro, en un mundo superficial jugaba con ventaja, y el hecho de provenir de una familia adinerada solo le otorgaba más puntos ante los ojos de la sociedad. A los ojos de cualquier suegra él era el partido perfecto.
- Cualquier momento del día es bueno para desatar energías, ¿no crees? ¿O es que sólo puedes hacerlo cuando pagas a alguien por la noche? – Michiru sentía una especial irascibilidad por ese muchacho. Desde el inicio de la secundaría la había estado haciendo participe de sus crueles bromas por no haber cedido ante sus encantos.
- Muy graciosa, desviada. El día que puedas estar con alguien como yo comprobarás que todo este tiempo has estado equivocada. Quién sabe, igual puedes hacerte un favor y venir conmigo al baile de final de curso.
- Eso es lo que a ti te gustaría, pero qué pena, tu dinero no puede comprarlo todo – Laura solía mantenerse más al margen porque Michi nunca tenía problemas para quitárselo de encima, pero no le gustó nada el tono despectivo de Patrick.
- ¿Qué pasa? ¿Ahora es tu novia? Pensaba que tú comías rabos... PLAF – Una fuerte bofetada cruzó el rostro de Patrick, quien junto a Laura miró sorprendido a Michiru - ¿De qué vas? Payasa, no te creas que puedes pegarme y salir de rositas. Algún día me suplicarás que te deje comer de mí.
- Y te daré las gracias, porque tú me harás darme cuenta de nuevo de por qué no me gustan los hombres.
La discusión tuvo que terminar ahí puesto que el profesor entró y marcó el inicio de la clase. Laura quería hablar con Michi pero este profesor era muy estricto y no toleraba las distracciones en su clase, por lo que tuvo que conformarse con mirarla de reojo. Se percató de que su amiga tenía la mano enrojecida por la bofetada. Suspiró. No le pegó por defenderse a sí misma, le pegó por defenderla a ella. A la mierda el profesor. Cogió un boli y empezó a redactar una de sus típicas notitas.
¿Te duele? No tenías que haberlo hecho, ese tío es un cerdo – Donde debía ir la palabra cerdo se encontraba un dibujo de un 'cerdito'.
Jajaja, ¿se supone que eso es un cerdo? Amiga, ¿cómo aprobaste plástica? =p No te preocupes, viene bien liberar tensiones.
No te burles ¬¬ ¡Me quedó genial! Te ríes porque sabes que no podrás superarlo, jum. Ok, pero ¿no crees que podría traerte problemas?
Nah, apenas sabe cómo atarse los cordones. Y esto SÍ que es un cerdito – Michiru dibujó un cerdito precioso que tenía hasta sombras.
- ¡Ustedes dos! –La voz del profesor las sacó de sus tonterías- ¿Se creen que no me doy cuenta de que llevan un rato lanzándose cosas? Me temo que tendrán que quedarse después de clases para recuperar lo que no atendieron hoy.
- No profesor, es culpa mía, soy la única que ha estado lanzando notitas, ella no tiene nada que ver.
- Laura, no digas tonterías – le susurró Michiru sorprendida al ver como su amiga cargaba toda la responsabilidad. Ellas intercambiaban susurros mientras el profesor cargaba duramente en la reprimenda contra ellas. Patrick sonreía desde su asiento.
- Haruka… ¿Recuerdas? Tienes que ir para dibujarle.
- Pero…
- ¿Me están escuchando? Señorita Kaioh, esta vez se libra pero no pienso pasar por alto ni una más – El profesor volvió a sacarlas de sus ensoñaciones. Michiru echó una última mirada a su amiga, quien le hizo un gesto de OK con la mano y le esbozo una tímida sonrisa.
Las clases terminaron sin muchas más novedades. Por lo visto la bofetada de Michiru fue suficiente para mantener a Patrick y sus amigotes alejados durante todo el día.
Se sentía apenada por dejar a su amiga cumpliendo el castigo sola, pero no podía reprimir la ilusión que sentía en el cuerpo. Se despidió de ella agradeciéndole por novena vez consecutiva lo que hizo y se dirigió a las pistas de atletismo.
Michiru estuvo contemplando al rubio durante todo el entrenamiento. Estaba totalmente abstraída, él tenía algo.
- Ya deja de babear y ven que te lo presente –Elsa se divertía con la escenita.
- Muy graciosa, solo estaba aburrida, veros correr no es tan entretenido como parece.
- Jaja, lo que tú digas, orgullosa.
Se acercaron a la banca donde se encontraba el muchacho poniéndose su chaqueta. Por primera vez Michiru lo observaba de cerca. Resultaba increíble que no lo hubiese visto antes.
- Haruka.
El rubio se giró.
- ¿Qué hay, Elsa?
- Quería presentarte a una amiga, sé que os llevareis bien – Haruka miró directamente a Michiru extrañado. Y ella…Ella solo pudo perderse en sus ojos. Esos ojos que veía por primera vez, verdes, penetrantes. La voz de Elsa la devolvió a la realidad – Haruka esta es Michiru Kaioh.
- Tu cuerpo no es como el de los demás– Pero ¿qué tonterías le estaba diciendo? Menuda forma de saludar a alguien…
- No sé de que me hablas – A Michiru no le sorprendió la respuesta. Normal, con la tontería que le soltó.
- ¿Podrías posar para mí? Me gustaría mucho dibujarte – Otra vez, le iba a terminar de espantar.
- Lo siento, no tengo ningún interés en la pintura.
Haruka cogió su bolsa y se marchó de allí.
- Hey, no te preocupes, Michi, ya te dije que es un poco rancio.
Michiru le sonrío agradecida pero ella no pensaba lo mismo. Su mirada reflejaba decepción pero era consigo misma. Sus ojos la alteraron tanto que hicieron que su cerebro y su boca se desconectasen, y ahora él pensaría que era una estúpida acosadora. Había perdido su oportunidad.
