Ya había pasado una semana desde que comenzaron aquel trabajo de historia. Michiru procuraba ser agradable con Haruka pero realmente disfrutaba haciéndole de rabiar. No podía evitarlo, era muy divertido cuando se molestaba, y en cierta medida… Él había empezado.

- ¿Quieres hacer algo? Así nunca vamos a terminar esto.

- Agh, me agotas ¿por qué tanto empeño en la historia? ¿Acaso te gusta?

- Porque también me cuenta para mi nota. Y sí, para tu información me gusta la historia.

- ¿De verás? – Michiru le miró sorprendida. No se esperaba que a alguien pudiese entusiasmarle la historia, y menos a Haruka.

- ¿A qué viene esa sorpresa? ¿Pensabas que era un cabeza de chorlito más? – Parecía ofendido.

- No, no es eso. Es solo que… Me sorprende que alguien con tan pocas ataduras como tú se vincule a algo que no sea el presente.

- ¿Qué dices de ataduras? – Lo dijo con un tono brusco, pero el comentario de la chica le había sorprendido. Era imprevisible.

- Me refiero a que pareces tan libre… Como el viento. No parece que nada te afecte ni te retenga – Michiru miraba al suelo. No sabía por que le decía esas cosas pero sentía que debía hacerlo.

Haruka no supo que contestar. Simplemente se limitó a mirar como la chica de cabellos aquamarina refugiaba su mirada en el suelo, como si éste fuese la película más interesante del mundo. Se permitió contemplarla durante lo que parecieron segundos, hasta que ella levantó la mirada y le cazó por completo, provocando su sonrojo. Haruka desvió la mirada totalmente avergonzada.

- Haruka…

- ¿Sí? – Seguía sin mirarla.

- ¿Qué es lo que querías decirme?

- ¿Qué?

- El día que nos asignaron el trabajo. Dijiste que querías decirme algo. ¿Qué era?

- Ah, nada importante – Seguía sonrojada. Le avergonzaba admitir que Michiru lograba intimidarla en cierta manera – Simplemente que la próxima vez que te presenten a alguien no le acoses como hiciste conmigo, es aterrador – Mierda, ¿por qué dijo eso? Le resultaba tan desconcertante que esa chica le descolocase tanto que no era capaz de ser coherente.

- Pues si tanto te aterré ¿por qué no pediste otra compañera para el trabajo? – Las palabras de Haruka la habían herido.

Michiru se levantó y se fue de la biblioteca dejando a Haruka sola, arrepintiéndose de sus estúpidas palabras. También a ella le resultaba inevitable chinchar a esa niña bonita.

¿Por qué tenía que ser tan estúpido? Y peor, ¿por qué le afectaba tanto su opinión? Normalmente sabía librarse de los chicos como él sin ningún problema.

- Vaya, parece que el bollito está ofuscado.

- Déjame en paz, Patrick.

- No me da la gana. Me abofeteaste en medio de clase, estúpida – Patrick acorraló a Michiru contra la pared, dejando su rostro a escasos centímetros de ella – Es hora de que me cobre mi disculpa – Michiru reaccionó para darle una bofetada, aunque esta vez Patrick fue más rápido – Las manos quietas, zorrita… ¡EH! ¿QUÉ COJONES? – Alguien le había quitado a Patrick de encima, tirándolo al suelo.

Michiru levantó la mirada. Haruka estaba entre ella y Patrick.

- ¡¿De qué vas, payaso?

Haruka le miraba impasible. Michiru no era capaz de reaccionar, seguía pegada a la pared.

- No te acerques a ella.

- ¿Quién eres? ¿Su príncipe? Pues que sepas que la princesa te salió desviada.

- ¿Qué coño dices?

- Lo que escuchas, pringado. Jamás podrás conquistarla, ella tiene otros gustos… más peculiares – No pudo evitar sonreírle maliciosamente al rubio. De seguro que no se lo esperaba con esa cara de tonto que se le había quedado. Aprovechó su desconcierto para largarse de allí.

Haruka se giró hacia Michiru. Solo la conocía de hace una semana, pero eso le bastaba para saber que no era normal verla tan vulnerable.

- ¿Estás bien?

- Nadie te ha pedido tu ayuda – Michiru por fin reaccionó, y se largó de allí dejando a Haruka totalmente aturdida.

- Testaruda…

Haruka se llevó las manos a los bolsillos y volvió a la biblioteca para recoger sus cosas. Estaba claro que hoy tampoco harían nada.


Se encontraba apoyada en un árbol del patio, no tenía ganas de hablar con nadie, ni siquiera con Laura. Necesitaba calmarse. Ahora Haruka sabía que no le gustaban los hombres… Parecía sorprendido, tal vez ahora le incordiase también con eso. O tal vez no…

Se mostró preocupado cuando me preguntó. Debí quedarme… Al final siempre le dejo solo haciendo el trabajo. Es un borde pero claro… También le ofendí con lo de la historia.

- ¿Te ocurre algo, preciosa?

Ay, no…Ahora no, Ryoga. Por favor…

- Te ves triste.

- No es nada. Solo estoy descansando.

- ¿Sola?

Silencio.

- A lo mejor te apetece venirte a tomar algo conmigo… Para animarte y eso.

Michiru lo miró cansada. Hoy no estaba para ser sutil.

- Mira, Ryoga yo…

- No digas nada, ya sé donde podemos ir – levantó a Michiru entusiasmado y tiró de ella para que le siguiese.

- ¡Para ya! No quiero ir contigo a ningún lado, no me gustas ni me vas a gustar.

Ryoga le miró apenado. No debió decir eso, al menos no así. Vale, era un poco pesado pero era buen chaval, siempre se desvivía por ella.

- Ryoga, lo sien..

- Da igual, Michiru. Es mejor que haya quedado claro. Trataba de ayudarte pero está claro que no quieres que te ayuden – Y sin decir nada más se marchó.

Hoy no es mi día…