Apenas quedaba nadie en el colegio, las últimas clases habían terminado hacia dos horas. Michiru se había refugiado en el gimnasio, y lloraba apoyada en las espalderas.

¿Por qué? ¿Por qué me tiene que gustar alguien que no me soporta y que no hace más que confundirme? Si Haruka fuese chica hubiese sido más fácil… No habría dudado y habría ido con todo su arsenal de seducción desde el principio. Sus burlas habrían sido más cariñosas y no habrían tenido tantas peleas… Y con suerte quién sabe, igual ahora era yo la que estaba encima de Haruka en este momento.

- Y yo que creía que tu corazón era de hielo – Michiru levantó la vista al reconocer la voz.

- Lo siento si te hice daño, pero ahora no me apetece hablar ni discutir ni nada – A pesar de las lágrimas la voz de Michiru se mostraba firme, sin fisuras.

- Me da igual lo que a ti te apetezca.

Michiru sintió el miedo en sus palabras. Intentó levantarse pero él la empujo fuertemente haciendo que se golpease con las espalderas.

- ¡Déjame!

Él solo sonreía.

La agarro del pelo violentamente y volvió a golpearla, esta vez contra el suelo. Michiru intentó salir revolcándose pero al ir a girarse recibió una enérgica bofetada que hizo que su labio empezase a sangrar.

- Por fa…favor, déja..me – Era consciente de que no podía escapar, su fuerza era muy superior a la de ella. Sus suplicas parecían no tener efecto, estaba fuera de sí.

Por primera vez el silencio era su enemigo. Él lo sabía y disfrutó cada segundo de su angustia. Seguía poniendo resistencia pero no fue difícil despojarla de su pequeño tanguita. Las faldas tenían ventajas, sí, señor.

Intentó forcejear una vez más pero esta vez recibió una patada en el estomago que le impidió volver a levantarse. Pretendía alcanzar la puerta gateando, quizás aún quedaba alguien en el colegio…

- ¡AYUD-mMMFG! – El grito de Michiru se vio acompañado de un grito aún más angustioso. Su propio grito al ser penetrada por detrás.

Él la agarraba con fuerza por el pecho, haciéndole daño al pellizcárselos bruscamente. Se excitaba con el sufrimiento de la chica, verla así solo le daban más ganas de apretar más sus manos. Ella intentaba huir retorciéndose. Intentaba quitárselo de encima pero eso solo hacía que perdiese el equilibrio y que él ganase más poder sobre ella.

Verla sumisa era tan placentero… Jamás se había imaginado que haría algo así pero ahora, ahora no se arrepentía en absoluto. Y con ese éxtasis de victoria se corrió dentro de ella.

Una vez que había terminado la terminó de empujar contra el suelo y la dejó allí, tirada, con un hilo de sangre recorriéndole la pierna. Totalmente indefensa y a la vez conservando aún esas estúpidas ganas de luchar, arrastrándose con los brazos. Qué necia podía ser. Si hubiese aceptado antes las cosas habrían sido distintas.

Ella le miró por última vez. Sus ojos, sus ojos grises no paraban de mirarla excitados. Él se acercó una vez más, y pisándole la mano se agachó para susurrarle al oído lo mucho que había disfrutado haciéndola daño. Después de eso Michiru perdió la conciencia.


Qué pesadas pueden llegar a ser algunas chicas. Me gustaría saber si harían lo mismo si supiesen que soy mujer.

La rubia caminaba por los pasillos del colegio. Ya era tarde y había descubierto que en clase tampoco podría trabajar, siempre aparecía alguna niña dispuesta a 'seducirle'. Últimamente esa pelirroja no se quedaba corta, pero no se esperaba que fuese a besarla… Entre ella y Kodachi podrían competir por el título de niñas molestas.

Haruka seguía gruñendo mentalmente cuando vio una figura conocida salir de los baños.

Qué raro… ¿Se habrá quedando trabajando también?

- Hey ¡Michiru!

La chica de cabellos aquamarinos se detuvo, pero no se atrevió a darse la vuelta. Había logrado limpiarse la sangre y colocarse bien todas las ropas, pero era consciente de que tenía el labio inflamado y que tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. No quería que Haruka la viese así pero sabía que no podría huir de él, no había nadie más rápido y ella apenas podía caminar con las molestias del dolor que aún experimentaba.

Haruka se sintió culpable. Ella ni siquiera se giraba a mirarle… No debió culparla de lo de la biblioteca y menos aún marcharse como lo hizo. Si se hubiese disculpado el primer día no estarían así, por lo que se armó de valor para hacer lo que tendría que haber hecho tiempo atrás.

- Yo… Te mentí.

Michiru se quedo desconcertada ante tal declaración, pero siguió girarse, simplemente cerró sus puños. Haruka al percatarse de su gesto decidió continuar.

- Me hubiese gustado cambiar mi respuesta el día que nos conocimos. Eso era lo que quería decirte aquel día en clase. Sé que fui un borde y que no debí haber sido tan brusco… Intenté arreglarlo pero de alguna manera solo lograba fastidiarlo más y yo…yo… lo sien…yo lo… yo lo siento –por fin logró decirlo. Toda la tensión que sentía se fue al decir estas tres últimas palabras, pero al ver que Michiru no reaccionaba volvió a sentirse agitado – ¿Michiru?

Se acercó a ella y con cuidado apoyó su mano en su hombro. Ella agarró su mano, lo que hizo que un escalofrío recorriese su cuerpo. Lo que pasó a continuación era lo último que Haruka se esperaba: Ella volteó y se abalanzó tan fuerte que cayó con Haruka al suelo, y se refugió llorando en su cintura, dejando a Haruka sin saber que hacer hasta que por fin, torpemente, la abrazo.