Seguían tiradas en el suelo. Haruka estaba sentada apoyada en la pared, mientras que Michiru se encontraba tumbada con el rostro oculto en el abdomen de Haruka. Hacia rato que había dejado de llorar pero no se había atrevido a moverse, y se dejo querer por Haruka, quien con ternura le acariciaba el cabello y con la otra mano la sujetaba el cuerpo.

- Michi…

-Ssh, por favor, no digas nada… - sus palabras sonaban tan frágiles que Haruka temía que pudiese romperse.

- No te preocupes, sirena, estoy contigo – Haruka le hizo una tierna caricia que erizó la piel de Michiru- Incluso en el silencio estoy contigo.

El silencio se alargó. 5, 10, 20, 30 minutos. Ellas seguían allí. Haruka estaba sorprendida de que nadie más pasase por la escuela, aunque fuese para decirlas que debían irse a casa. Procuraba pensar en ello, pues le dolía pensar que ella pudiese ser el motivo de las lágrimas de la princesita testaruda.

- Lo siento.

- ¿Qué? – Michiru levantó levemente la mirada, sin terminar de salir del refugio que le cobijaba el abdomen de Haruka.

Al ver los ojos enrojecidos de Michiru no pudo evitar sonrojarse y sentirse peor de lo que ya se sentía.

- Yo… Eh, pues… Siento haberte molestado tanto… No sé por qué pero me gusta mucho incordiarte y… - Michiru terminó de levantar el rostro y fue entonces cuando Haruka vio el labio de la chica - ¿Quién te ha hecho eso?

Michiru entendió todo. Haruka pensaba que era el culpable de su estado, pero acababa de descubrir que no era así.

- Respóndeme, ¿qué ha pasado?

Michiru notó como las venas de Haruka se iban marcando cada vez más, y como sus ojos reflejaban un fuerte sentimiento. No era ira, era pánico. Ella quiso aliviar a su gruñón favorito, no quería hablar y que descubriese que era peor de lo que se imaginaba. Le acarició una mejilla y con sus manos tomó su cabeza y la apoyó en su hombro. Esta vez era ella quien abrazaba a Haruka.

Por la mente de Haruka empezaron a pasar montones de cosas, a cada cual peor que la anterior. Qué estúpida fue al no darse cuenta antes de los arañazos que Michiru tenía en los brazos. Necesitaba saber qué le había pasado pero estaba claro que no era el mejor momento para hablar. Le dio un suave beso en el hombro en el que reposaba su cabeza. Las manos de Michiru correspondieron el gesto acariciando la nuca de la rubia, y por fin, le pidió al oído que la sacase de allí.


-¿Dónde te habías metido? ¡Llevo esperándote más de una hora!

- Lo siento… Tenía un asunto pendiente que resolver. Déjame invitarte a un helado para recompensarte, anda.

- Esta bien – Laura no pudo evitar sonreírle – ¡Pero más te vale cumplir con tu parte del trabajo de hoy!

Michiru se sorprendería del cambio que había pegado Ryoga desde que discutieron. Al principio él se mostraba cabreado y frustrado pero pareció asumirlo con entereza y hoy se mostraba totalmente seguro de sí mismo. Era otra persona, y eso empezaba a gustarle.


Haruka se encontraba pensativa apoyada en el balcón de su apartamento. Después de la escena del pasillo Michi le había pedido que le sacase de allí, pero no quería que sus padres la viesen así, por lo que no le quedo más remedio que traerla a su casa. Al principio dudaba de su decisión pero no pudo resistirte a sus súplicas cuando vio que apenas podía caminar. La cogió en brazos y la llevo hasta su coche. Por suerte hoy había venido a clase en aquel vehículo amarillo, la moto no hubiese sido muy apropiada…

Haruka se dio cuenta de que alguien la observaba y al darse la vuelta se encontró con Michiru con el cabello empapado, y con una camiseta que le quedaba bastante grande, además de unos shorts que claramente no le pertenecían.

- ¿Te apetece comer algo?

Michiru solo asintió.

Comieron en silencio, aprovechando para mirarse por turnos, cuando la otra estaba distraída. De vez en cuando coincidían sus miradas, pero lejos de apartarlas avergonzadas, ambas se observaban fijamente durante unos segundos eternos.

- ¿Por qué te gusta la historia?

La pregunta pilló de sorpresa a la rubia.

- No sé… Simplemente me gusta. Hay recuerdos hermosos en el pasado, al igual que hay grandes errores y duras lecciones que tuvimos que aprender. Es bueno no olvidar lo que hicimos para no cometer las mismas equivocaciones en un futuro, y para tener una fuente de ayuda a la hora de buscar cómo salir de un problema… Puede que nosotros no hayamos vivido directamente en esas épocas pero una parte de nosotros sí lo hizo, y sirvió para formar lo que somos hoy, lo que seremos mañana… - Haruka temía que Michiru se riese de ella, pero ésta la miraba con el temblante serio, reflexionando lo que acababa de escuchar- ¿Por qué querías dibujarme?

- Era una excusa – La rubia miró con curiosidad – durante la competición escolar me llamaste mucho la atención, no podía dejar de mirarte. Mi amiga se dio cuenta y empezó a incordiarme así que me inventé aquella excusa y su prima nos presentó para que 'posases para mí' – Haruka se había perdido un poco, y Michiru rio al percatarse de ello – Elsa es la prima de mi amiga Laura.

- Ah…

- Fue una excusa, pero eso no quita que no sea cierto.

¿Eso significaba que aún quería dibujarla? Todo hubiese sido mucho más fácil si hubiese aceptado desde el principio.

- Haruka..

- ¿Mm?

- ¿Por qué no me preguntaste si era verdad..

- ¿Lo que dijo aquel chaval que te quité de encima? – Haruka la interrumpió.

Michiru asintió.

- Supongo que porque no es asunto mío. Y…bueno, porque a mí también me gustan las mujeres.

Michiru la miró extrañada. No terminaba de entender esa respuesta.