A lo largo de la semana se estuvo escribiendo mensajes con Michiru. Laura sabía que Michiru no había estado enferma, de ser así no tendría sentido que le pidiese que no llamase a casa, no. Michiru le ocultaba algo.

Ryoga solo faltó un día a clase. Seguía actuando de forma extraña ante los ojos de Elsa y Laura pero él negaba todo. Aunque tampoco supieron muy bien dónde se había metido el día que faltó. Según él estaba entrenando duro para derrotar a Haruka en las competiciones de fin de curso, pero Laura no le creyó, y tuvo la impresión de que Elsa tampoco.

Pasó una semana hasta que Michiru volvió a la escuela. Haruka volvió un par de días antes por orden de la peliverde. Las chicas llegaron juntas en la moto de la rubia, pero se separaron al entrar para evitar chismes.

Seguían teniendo sus pequeñas discusiones porque a ambas les encantaba incordiar a la otra, pero ya no eran como antes, ahora eran burlas cariñosas que parecían continuos flirteos. Michiru no le había dicho a Haruka que sabía que era una mujer, prefirió darle su espacio al igual que la rubia hizo cuando se enteró de su orientación sexual por Patrick. Le debía ese espacio, pero tenía que admitir que se moría de ganas por poder decirle que lo sabía y que le daba igual. O mejor, que lo sabía y que le encantaba. Ella le encantaba.

Se cruzó con Kodachi en el pasillo, y ésta comenzó una pequeña guerra verbal, pero no tenía ganas de perder el tiempo con ella. Esperaba, por el bien de Haruka y por el suyo propio, que el resto de fans de la rubia no fuesen igual de insoportables.

Entró en clase y se le iluminó el rostro al ver que la rubia le esperaba en su sitio. Realmente empezaba a cogerle gusto a la historia… Vale, sus hormonas hacían mucho, pero lo cierto es que tenía que admitir que el entusiasmo de Haruka era contagioso. Adoraba cuando le explicaba los distintos temas, podía imaginarse con todo tipo de detalles los relatos que le contaba. Esta semana había sido tan increíble que por fin había vuelto a pintar, aunque tuvo que ocultárselo a Haruka porque la había retratado con su verdadero cuerpo.

Estaba tan ensimismada que no se percató de esos ojos grises que tan fijamente la miraban. Pero Haruka sí lo hizo.

Al finalizar las clases Haruka no pudo evitarlo y con una excusa tonta sacó al chico de clase.

- Nunca más vuelvas a mirarla.

- ¿De qué hablas?

- De Michiru. Si eres listo te cambiarás de escuela al terminar el curso. Y si eres aún más listo empezarás a faltar a clase o al menos a esquivarla, porque como te vea a menos de 10 metros de ella te reviento.

- ¿Estás loco o qué? No sé de qué coño hablas ni qué te habrá contando ella de mí pero fue culpa suya.

El golpe no se hizo esperar. La rabia de Haruka le hizo perder el control y acabó cediendo ante ella, propinándole un fuerte puñetazo en la cara. Pero no era suficiente. No podía parar, no ahora que había liberado esa rabia.

-¡¿Encima te atreves a culparla? Me das asco – la lluvia de golpes no cesaba.

El chico se encontraba dolorido en el suelo y sus gritos no tardaron en atraer la atención de otros alumnos.

Fueron necesarios tres chavales para quitarle a Haruka de encima.

- ¡Ese tío está loco!

Los gritos y el alboroto hicieron que Elsa, Laura y Michiru también se acercasen a ver la escena. Las tres se quedaron paralizadas al ver a Ryoga herido en el suelo. Laura corrió a atenderle mientras Elsa miraba aterrada a Haruka. Michiru comprendió enseguida la situación y fue a calmar a la rubia que aún seguía forcejeando con esos tres chicos.

- Haruka, escúchame.

- No, Michiru, él te culpaba, no podía…

Michiru abrazó a Haruka y se acercó a su oído para que los chicos no la escuchasen.

- Ruka… No fue él.

La rubia creyó derrumbarse.