Michiru estaba en la enfermería vendándole la mano a Haruka. Se la había destrozado de tanto golpear al pobre Ryoga… Mientras Ryoga estaba en una salita siendo atendido por la enfermera y el médico del colegio.
Elsa y Laura miraban desconcertadas a Michiru. No entendían por qué ayudaba a Haruka después de lo que había hecho ni por qué fue directa a él en vez de ir a ver cómo se encontraba Ryoga primero. Vale que Michiru siempre decía lo molesto que le resultaba Ryoga con sus constantes intentos de seducción, pero en el fondo sabían que le tenía cariño, de no ser así le abría roto el corazón mucho antes… Y quizás hubiese sido mejor así.
Guardaban silencio. Se sentía culpable de no haberle contado la verdad antes, habría evitado esto. Necesitaba saber qué pensaba en este momento pero la rubia evitaba su mirada. Cogió una bolsa con hielo para ponérsela en la mano, pero antes de eso no pudo evitar acercársela y darle un pequeño beso en los dedos. Haruka la miró sorprendida, aunque su sorpresa no fue nada en comparación con la que Elsa y Laura mostraban.
¿Qué narices le pasa a Michiru? Primero desaparece una semana sin dar ninguna explicación y ahora se va y tan tranquilamente cuida y mima al responsable de que Ryoga esté en esa camilla. No tiene sentido.
- Michiru, ¿podemos hablar?
- ¿Te importa si lo hacemos luego?
- La verdad es que sí – Laura no iba a rendirse, no esta vez.
Michiru se resignó, y tras recibir una mirada de aprobación de Haruka se levantó y acompañó a Laura a un lugar apartado. Elsa las miraba con curiosidad, pero sabía que ella tendría que esperar, esto era entre ellas dos. Por el momento.
- ¿Qué ocurre? – No tenía mucho sentido preguntarlo, sabía que quería Laura, pero quería acomodarle el camino. Le esperaba un berrinche, la conocía bien.
- ¿De verás necesitas preguntarlo? Ryoga está en una camilla porque el tarado ese se lio a golpes con él ¿y tú te vas con el loco? Por no hablar que llevas toda la semana dándome largas, no tengo ni idea de qué te ha pasado ni dónde has estado, pero está claro que en tu casa no. ¿Tus padres se piensan que has estado en la mía o qué? – Laura seguía hablando sin parar, totalmente alterada. Michiru prefirió no cortarla, era mejor que soltase todo lo que tenía dentro.
Por fin paró a tomar aire. Parecía más calmada, pero aún miraba inquieta a Michiru esperando una respuesta, y ella dudaba por donde empezar.
Un suspiró fue el comienzo de la contestación de Michiru.
- No quería ocultártelo pero no sabía cómo contártelo…
- ¿Has estado todo este tiempo con Haruka? ¿Te estás acostando con él? ¡Es un hombre! Aunque desde el primer día le mirabas de una forma muy peculiar.
- No seas cerrada de mente – Michiru no reprimió la sonrisilla – Y déjame terminar antes de hacer más preguntas que no es fácil decírtelo, ¿ok?
Laura asintió.
- Sí, he estado con Haruka pero no es lo que piensas. He estado en su casa porque… Bueno porque… él estaba cuando… y entonces… - Michiru empezó a decir palabras inconexas que no tenían ningún sentido para Laura. El hecho de que la inquebrantable Michiru tuviese problemas para crear una frase le preocupó. Le preocupó mucho.
Elsa estaba sentada al lado de la camilla de Ryoga. Sus heridas parecían más aparatosas de lo que realmente eran. Se encontraba bien. Y como Elsa supuso, no tenía ni idea de por qué el rubio se había saciado con él. Solo sabía que tenía algo que ver con Michiru pero no lograba comprenderlo.
- Lo siento.
- ¿Qué haces aquí? Lárgate. ¿Te crees que con pedir perdón basta? Estás loco – Elsa no pensaba permitir que Haruka se acercase de nuevo a su amigo.
- Solo quería disculparme. Cometí un error y lo lamento.
Se dio la vuelta y volvió a su zona en la enfermería. No tardaría en llegar algún profesor que le mandase al despacho del director para lo que sería, de seguro, su expulsión del colegio. Solo esperaba que eso no impidiese que pudiese hacer los exámenes de acceso a la universidad, aunque con esa mancha en su expediente a ver qué universidad le aceptaba. De camino a su asiento se golpeó la mano herida con una mesa. El dolor de su mano no era nada en comparación con el dolor de su arrepentimiento.
Las chicas volvieron a la enfermería. Laura tenía los ojos hinchados y se fue directamente a la salita donde estaban Elsa y Ryoga.
Michiru simplemente se sentó al lado de Haruka y esperó a que la llamasen para ir a ver al director. Sabía lo que se jugaba y no estaba dispuesta a abandonarla.
- Laura, ¿qué sucede? No llores. Estoy bien, de verdad.
- No es eso… - le apartó el flequillo de la cara con suavidad.
- ¿Y entonces?
- Creo que será mejor que os deje un rato a solas – Elsa empezó a sentir que sobraba. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Ahora entendía por qué Ryoga estaba tan raro últimamente.
- No, Elsa, no te vayas. Tú también tienes que saberlo.
Ahora estaba extrañada ¿Le iba a contar así, sin más, lo que pasaba?
