Michiru acompaño a Haruka a su apartamento, pues con esa mano no podía conducir. Era raro caminar en silencio con alguien que no fuese Laura, y a la vez era increíblemente natural. Aunque en esta ocasión el silencio no era tan cómodo como otras veces. Ambas chicas intentaban adentrarse en la mente de la otra. No hablaban desde que salieron de la enfermería.

Al llegar Haruka iba a despedirse, pero Michiru insistió en entrar. La rubia cedió, sabía que era mejor aclarar este asunto cuanto antes. Entraron juntas y cogieron unas bebidas de la nevera. Más que nada por hacer algo, pues ninguna hablaba todavía.

El silencio empezaba a ser agonizante. Quien tiempo atrás fue su fiel aliado se volvía en su contra, no podía seguir así. Tenía que decir algo pero Haruka se adelantó.

- ¿Desde cuándo lo sabes?

- Creo que inconscientemente lo sé desde que te vi. Racionalmente… Desde que cuidaste de mí cuando… No sé cómo no me di cuenta antes, tengo buen ojo para la anatomía pero supongo que tanto tiempo sin dibujar me tenía ofuscada. Tú me tenías ofuscada.

Haruka miró sin comprender.

Michiru le enseño el retrato que le hizo aquella semana. Era fantástico. No podía quitar la mirada de aquel dibujo tan hermoso.

- Hubiese preferido hacerlo con tu consentimiento…Y con tu posado.

- Tal vez puedas hacerme otro dibujo –Michiru le miró agradecida- Aunque nada de hacerme posar desnuda como en 'Titanic', ¿eh? – Sí, definitivamente le encantaba incordiarla.

- Pero que gruñona eres, con lo bien que estaría un dibujo así. Creo que podríamos hacerlo en ese sofá en el que tanto te gusta dormir.

Haruka se puso tan roja al pensar en lo malinterpretadas que podían ser esas palabras que se le atragantó la bebida y acabó golpeándose nuevamente el labio, haciendo que éste sangrara.

- Y además de gruñona eres una pervertida. Una pervertida tímida y torpe. Menudo pack más completito – La rubia parecía nerviosa- Por cierto, creo que no te lo dije pero tienes un castigo que cumplir. El director comprendió tu reacción, pero sería imprudente no tomar medidas por una actitud tan violenta…

Haruka se tensó más aún. Estaba convencida de que se había librado del castigo. Por lo visto se había equivocado.

- Y… ¿te mencionó cuál iba a ser mi castigo?

- No lo dudes – y con su tono más seductor continuó la frase- Me dio total libertad para imponerte dicho castigo.

Ahora sí que estaba perdida.

- Para empezar –Se acercó a la rubia, quedando a tan solo centímetros de ella- deberás acompañarme al baile de fin de curso para protegerme – Haruka suspiró aliviada – No te confíes que no he terminado. Aún no te he dicho lo más importante – dio un paso más hacia la rubia- seré la encargada de tu rehabilitación para que puedas recuperarte y ganar la última carrera –y susurrándole al oído añadió las últimas palabras - Pero te advierto que soy una profesora muy, pero que muy estricta.

Michiru estaba disfrutando de la escena. Por fin tenía a Haruka donde quería. Con un dedo limpió la sangre de la rubia, y sintió los nervios de ésta como si fuesen suyos. El simple roce provocaba en ambas una descarga eléctrica. Michiru se perdió en esos ojos que tantas veces había mirado antes y bajó la mirada con seguridad hacia la mano herida de Haruka. La cogió con cuidado y comenzó a besar uno por uno cada uno de sus dedos, saboreándolos lentamente. Notaba cómo se aceleraba el ritmo cardíaco de Ruka y disfrutaba con cada segundo en el que la tenía paralizada a su merced. Colocó las manos de la rubia en su cintura, y con sus propias manos escaló el cuerpo de Haruka, rozándolo suavemente con las yemas de los dedos. Con la suficiente presión como para erizarle la piel, pero sin terminar de otorgarle una caricia completa. La rubia se estremecía con cada contacto. Llegó otra vez a la sangre de sus labios, y acarició con suavidad la zona herida para acabar limpiándosela con un beso. Un beso que empezó suave y pausado, obteniendo gemidos tanto de dolor por la herida, como de placer. Haruka por fin reaccionó y empezó a acercar el cuerpo de Michiru al suyo. Lentamente se fue animando y comenzó a mordisquear los labios de Michiru, con cuidado, como si fuesen el mayor de los tesoros. Su tesoro.

Caminaron sin separar sus bocas hasta caer en aquel sofá. Y poco a poco empezaron a quitarse aquellas ropas que ahora resultaban tan molestas. Haruka dio un pequeño mordisco al hombro de su sirena, y suavemente empezó a recorrer todo su cuerpo. Llegó un momento en el que saborear no era suficiente, y aumentaron la velocidad de sus acciones hasta agotar todos y cada uno de sus cinco sentidos. Entonces comprendieron que cinco sentidos no eran suficientes.


- ¿Aún no estás lista? Si solo es un vestido ¿Qué hay de complicado en ponértelo y subirte la cremallera?

- Podrías ayudarme en vez de quejarte tanto. Además aún no han llegad…

Pero su voz fue interrumpida por la bocina de un coche.

El rostro de Laura reflejaba la señal de la satisfacción de quien saborea el triunfo. El de Michiru reflejaba que como su amiga siguiese metiéndole prisa le lanzaría una almohada sin dudarlo.

Por fin la chica de cabellos aquamarina terminó de arreglarse, lo que permitió que las amigas saliesen de la casa y se dirigiesen al descapotable amarillo que les esperaba desde hacía rato.

- Empezaba a pensar que nos habíais dado plantón… - El moreno les puso pucheros.

- ¿Qué manera es esa de saludar?

- Creo que debiste empezar con un piropo, compañero – Haruka se reía del berrinche cariñoso que Laura estaba a punto de iniciar.

- Ejem, ejem. Y creo que tú también debiste empezar con ese piropo.

- Nos merecemos nuestros piropos ¡Michiru se ha tirado horas intentando subirse esa cremallera para ti!

- ¿Insinúas que estoy gorda?

- Insinúo que cuando desatéis vuestra pasión animal Haruka va a tener problemas porque se atasca con facilidad.

Haruka se puso completamente roja. Pensó que tal vez un poco de música vendría bien, por lo que encendió la radio.

El único sonido que había en el coche era el de la música. Haruka aprovechaba para mirar a Michiru a través del retrovisor, y en una de esas ocasiones fue pillado por la chica, y recompensado con una sonrisa.

Al llegar a su destino Haruka y Ryoga procedieron a ayudar a sus respectivas novias a bajar del coche, y con ellas entraron del brazo al salón donde se celebraba el baile.

A lo largo de las horas las estrellas fueron testigos de la cantidad de parejas que entraban y salían del recinto en la búsqueda de intimidad. La rubia y la chica de cabellos aquamarina no se hicieron esperar, y entre risas abandonaron aquel recinto, dirigiéndose a las gradas de la pista de atletismo.

- ¿Por qué venimos aquí? Te vas a helar – la rubia seguía a Michiru, quien tiraba de ella hasta sentarla en las gradas para sentarse encima suya – En serio, Michi, podemos ir a un aula u otra..

Michiru calló a Haruka posando uno de sus dedos en los labios de la rubia.

- Quiero quedarme aquí, gruñona.

Haruka la respondió quitándose su chaqueta y cubriendo con ella los hombros de su chica.

- ¿No me preguntas por qué? – puso un gesto de enfado.

- No, porque eres una tozuda y no te voy a hacer cambiar de… ¡AY! Solo bromeaba, mi amor. A ver, ¿por qué?

- Ahora no te lo digo.

- Princesita testaruda…- susurró la rubia con un hilo de voz casi imperceptible.

- ¡Te he oído!

Haruka apoyó su cabeza en Michiru, y con su nariz movió la chaqueta que ahora cubría sus hombros, sin retirarla por completo, simplemente los centímetros suficientes para poder mordisqueárselo suavemente. Michiru dejó que su amante jugase con su hombro, y entrelazó sus dedos en el cabello de Ruka. Lentamente los labios de la rubia se fueron desplazando por el cuello de Michiru, perdiéndose en él como si no existiese el tiempo y haciendo que ella no pudiese evitar emitir pequeños gemidos de placer. El viaje de sus besos continuo hasta llegar al oído, donde con voz ronca le susurró aquella pregunta y continuó jugando con su princesa.

- No hay…no hay duda… de que sabes convencer a una chica…Haruka Tenoh – A Michiru le costaba hablar. Las manos de Haruka se habían unido al juego y su cuerpo recibía pequeñas descargas de placer que le hacían estremecerse. La rubia le susurró una vez más preguntándole el por qué, y aprovecho para continuar mordisqueándole el lóbulo – Porque aquí fue la primera vez que sentí placer contigo. Aquí fue donde te vi por primera vez.

Haruka detuvo sus manos por un instante y miró fijamente a los ojos de su princesa.

- Te amo, Michiru Kaioh – y la dio un beso tierno, largo y pausado en los labios.

- Yo también te amo, Haruka 'gruñona' Tenoh.

Aquellas palabras fueron acompañadas de las manos de Michiru, quien ya no pudo controlarse más y se entregó por completo a Haruka, uniendo nuevamente sus bocas y convirtiendo el frío de la noche en calor, logrando algo tan único como la alineación de los planetas.


NOTAS DE LA AUTORA:

Hola a todos, muchas gracias a quienes hayáis leído este fanfic. Es la primera vez que escribo por lo que como habéis podido observar lo he desarrollado en un escenario bastante sencillo. Sé que aún tengo mucho que mejorar y que hay aspectos como la evolución de los personajes y de las acciones que debería haber trabajado más, pero no quería estancarme en esta primera historia. Espero que con la práctica se me haga más sencillo y mejoren mis escritos.

Estoy abierta a críticas, consejos y sugerencias :)

Nuevamente muchas gracias.

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'Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos' – Julio Cortázar.