Holi :D Si, actualizo más rápido éste que el otro que es más largo, pero no así más importante :B Bueno, si xD es que para éste tengo inspiración y llega rápido, para el otro llega bien leeeeento xD Y eso xD
Aviso desde ya que éste capítulo está dedicado a una gran, GRAN amiga mía, que conozco desde los la tierna edad de 6 añitos, pero fuimos amigas como desde los 11 más o menos xD cuando nos sentaron cerca en 5to Básico :B Menyyyy *-* con sus 21 veranos (?) casi otoños (?) xD Te quiero mucho amiga linda ;* cada día estás más rica y sexy 1414 Aún te quedan dos horitas de cumpleaños, HAZTE MIERDA! 1313 *negro* xDDDDDDDD
Espero que te guste este capítulo :D Y que no me termines matando al final xD
Aclaraciones: Ya me tiene chata esta weá pero filo, igual la escribo... DIGIMON NO ME PERTENECE, ni el Mimato ni el Taiora es real, por lo que nuestras almas sufren y nos desquitamos de eso escribiendo lindos, hermosos pero irreales fics. En conclusión... el mundo es una mierda xDDD
Un gol, un beso
Capítulo 2: Rayar la cancha
Habían sido tres semanas agotadoras… Desde que Mimi y su novio habían tenido la gran idea de armarle una cita a ciegas con el tipo más odioso del planeta. Si, ella ya lo había conocido antes, era el chico de la cafetería, aquel chico casi perfecto que había conocido, pero hasta ahí, tan solo iba a quedar guardado en su mente como un mal, un pésimo recuerdo, pero ahora… Que ya lo conocía más a fondo, todo era distinto, cada vez que él abría la boca se quitaba a si mismo parte de la perfección que en algún momento ella le otorgó. Ya no daba más, durante aquellos 21 días su mejor amiga se había encargado de invitarlos, a ella y al tipo desagradable a la mayoría de sus citas, había salido más en ese tiempo que durante todo el resto del año. Pero ese fin de semana no… Todo sería distinto, ésta vez su amiga no la había llamado durante todo el día para obligarla a ir con ella, su novio y su fastidioso amigo a una fastidiosa cita donde tendría que soportar sus fastidiosos comentarios sobre su fastidioso equipo de cuarta. Sin duda sería el fin de semana perfecto…
Se detuvo frente a la puerta de su departamento y comenzó a buscar las llaves dentro de su bolso, cuando por fin las tuvo en sus manos abrió la cerradura y entró
—¿Un bolso?
No era común para ella ver un bolso deportivo botado en el suelo casi a la entrada del departamento, Mimi no acostumbraba a dejar sus cosas tiradas por ahí en cualquier parte… Aunque pensándolo bien, ya era bastante raro que aquel bolso no fuera de color rosa, como todo lo de la castaña. Finalmente cerró la puerta y caminó hasta la cocina para dejar su bolso sobre el respaldo de una de las sillas y llenar de agua el hervidor para prepararse un café que ayudara a combatir un poco el frío que sentía.
Mientras sacaba todo lo necesario para preparar tu tan ansiado café, escuchó un ruido proveniente del baño que no le dio mucha importancia, perfectamente podía ser su amiga que peleaba nuevamente con la secadora o la plancha para el cabello. Sonrió.
Escuchó nuevamente un ruido del baño, esta vez de la puerta abriéndose, quizás Mimi ya había terminado de rabear para ser más linda de lo que ya era. Estaba preparada para ver a su amiga salir del baño e ir a saludarla para luego volver a encerrarse esta vez en su habitación, seguramente tenía una cita con Matt, y agradecía que esta vez salieran solos… Parecía que los chicos no querían un poco de privacidad, ¿acaso esos dos no tenían intimidad? Pero lo que vio no se parecía en nada a la castaña en su etapa previa a una cita importante…
—Hola.
—¡¿Qué haces aquí?
"¡¿Qué haces aquí?" Esa no era precisamente la pregunta que podía describir mejor lo que realmente necesitaba saber en ese momento, es decir, sí, sería bueno saber qué rayos hacía el moreno en SU departamento saliendo de SU baño y… DESNUDO… Solo con una toalla que cubría aquella parte, pero dejando completamente al descubierto su húmedo cuerpo después de la ducha y su cabello levemente mojado. Sin duda era todo un espectáculo para sus ojos, para los de cualquiera en realidad… Solo había un pequeño detalle, ella lo odiaba.
—¡Oh! pero que grata bienvenida, me haces sentir como en casa.
—Estoy hablando en serio. ¡¿Qué estás haciendo aquí? ¡Y ASÍ!
—¿Te gusta? —sonrió.
Era un maldito, un estúpido… Odiaba sus estúpidas sonrisas de galán creído de telenovela, odiaba su sobrada personalidad y por sobre todo odiaba su perfecto cuerpo que parecía tener un poder magnético sobre sus ojos. —Te hice una pregunta. —fue lo único que pudo pronunciar sin titubear… O babear.
—¿Mimi no te lo dijo?
—¿Decirme qué? —era su amiga, la quería, la adoraba, pero sencillamente habían días en que lo único que quería era ahorcarla… Y presentía que hoy sería uno de esos días…
—Que… Ella se quedará con Matt una semana… —habló con un poco de miedo el moreno semidesnudo. —Por eso yo estoy aquí…
—¡¿Qué? A ver, espera… Mimi y tú se cambiaron. —Tai asintió. —Pero tú me odias… Y yo te odio también, ¿Por qué aceptaste venir a quedarte aquí?
—Oye, no era mi primera opción, ¿si? Pero Mimi estaba muy preocupada por ti, no quería que estuvieras sola por las noches… Dijo algo sobre un ladrón o un violador… No sé qué cosa. —habló restándole importancia, la verdad era que la castaña había hablado muchas tonterías por minuto y no había tenido tiempo de ponerle atención a todas y cada una de ellas. Sora rió con sarcasmo.
—¡Pero claro! Ahora resulta que no soy lo suficientemente independiente o grande como para defenderme sola si me pasa algo. Me trata como una niña y soy ocho meses mayor que ella, ella es la niña, no yo.
—Suenas como una niña ahora…
—¡Cállate! ¡¿Y qué mierda haces aún con la toalla? Ve a vestirte para que te vayas. Vete a un hotel, donde un amigo, a una cabaña, debajo de un puente, no me importa. Pero aquí NO te quedas.
—No puedes echarme.
—Claro que puedo. Este es MI departamento, y hago lo que YO quiero. YO decido quien se queda y quien no, y TÚ ¡NO!—enfatizó.
—Querrás decir NUESTRO departamento, querida Sora. Me quedaré aquí por una semana en reemplazo de Mimi, y como ella también es dueña de la mitad del departamento, por una semana esa mitad es MIA, así que, te guste o no, me pienso quedar igual solo para restregarte en la cara que NO puedes echarme… —observó como Sora desviaba su mirada de él, arrugaba y ladeaba sus labios y se cruzaba de brazos, estaba muy molesta, y a él le encantaba molestarla. Sonrió sarcástico, como ya se le había hecho costumbre cuando estaba con ella. —Y ya que vamos a convivir por una semana, te pediré amablemente que dejes de mirarme como un objeto sexual. —esta vez Sora abrió más que impresionada sus ojos, y puro jurar que también se había sonrojado. —Es decir, ya sé que lo soy, soy irresistible y tengo un cuerpo perfecto, pero no me gusta que me miren con deseo como si fuese un pedazo de carne. ¿Está bien?
—¿Objeto sexual? —preguntó aún incrédula. Él solo asintió. —¡Eres insoportable!
El moreno tuvo que aguantarse las ganas de reír a carcajadas cuando Sora luego de gritarle en la cara lo insoportable que era, se dio media vuelta y caminó hacia su habitación, pegando un fuerte portazo luego de entrar. Hacerla enojar era lo máximo, uno de los manjares de la vida, aquella pose que adoptaba cuando algo le molestaba, como torcía sus labios y alzaba sus cejas, como se cruzaba de brazos y como su pie golpeaba reiteradas veces el suelo, como desviaba la vista con desprecio cuando sentía que la estaba viendo demasiado… Adoraba hacerla enojar, se venía tan linda… Y ¿Qué mierda estaba pensando? Luego de vaciar su mente de tanta porquería decidió que ya era hora de vestirse, después de todo ya le había dado mucho que ver a su nueva compañera de departamento.
Se cambió en el baño, ya que el solo ver los corazones que adornaban la puerta de la habitación de la castaña, le había dado una imagen mental de cómo sería su cuarto por dentro, unicornios rosados, castillos, ponys dorados, duendes, magos, princesas, animalitos del bosque ayudando con los quehaceres del hogar… Era horrible. Salió y caminó nuevamente a la sala cuando se detuvo frente a la habitación de la pelirroja. Inevitablemente se formó una sonrisa en su rostro.
—¡¿Y qué me importa que Tai le deba favores a Matt? ¡Tú también me debes favores a mi, Y MUCHOS! —reclamaba Sora dándose mil vueltas por su habitación, con el celular sobre su oreja, era obvio con quién estaba peleando. —¿Por qué él lo sabía y yo no? —él seguía haciendo esfuerzos sobrehumanos para no reírse, pero sinceramente le estaba resultando casi imposible. Lo más probable es que Mimi le esté dando respuestas muy vagas, y como ya era sabido por todos que Sora se enojaba con muy poco… —¡Es OBVIO que iba a decir que no!
No pudo más. Caminó hacia la sala de estar rodeando con un brazo su estómago, mientras que con su mano libre sostenía su bolso para luego arrojarlo sobre un sillón y dejarse caer él al otro lado aún riéndose de lo lindo. No supo cuanto rato más estuvo discutiendo la pelirroja con su amiga por teléfono, ni cuanto tiempo exactamente estuvo él riendo y llorando de la risa, pero ya serio y con la mente un poco más tranquila, optó por abrigarse un poco más y disponerse a salir.
—¿Vas a salir? —preguntó la pelirroja al verlo terminar de ponerse una chaqueta.
—Iré a tomarme un café.
Ella lo miró extrañada. —Yo iba a preparar café… —recordó, bastante tarde por lo demás, el agua que había hervido hace rato ya debía haberse enfriado.
—Si, pero ya no lo hiciste. —Sora torció sus labios y levantó ambas cejas. Se había molestado, él sonrió. —¿Quieres ir a la cafetería? Yo invito.
La verdad era que sonaba bastante tentador, ya había perdido la costumbre de ir todos los días por su dosis diaria de latte, en parte porque había tenido muchos trabajos y proyectos que hacer para la universidad, y en parte porque no quería encontrárselo otra vez, ya suficiente tenía con verlo siempre que Mimi la invitaba a alguna parte… Pero ahora que tendría que convivir con él durante una semana, verlo unos minutos más mientras bebían un delicioso café, no le haría nada malo…
Definitivamente no había resultado tan mal su ida a la cafetería y milagrosamente, ambos estaban pasando un rato agradable, él no estaba siendo irónico y antipático con ella y por ende, ella no tenía la necesidad de responderle con alguna pesadez, todo lo contrario; estaban conversando amenamente de la vida mientras bebían aquel cálido café para sobrellevar el frío ambiente
Increíblemente, además de temas triviales, habían logrado hablar de fútbol también, ésta vez sin pelearse a muerte por ello. De vez en cuando ella le sonreía, y aunque a él le fascinase la posición que adoptaba ella cuando la hacía enojar, más le fascinaba aquella hermosa sonrisa que lo había dejado loco desde el primer día en que la vio, en la misma cafetería… ¿A quién engañaba diciendo todas aquellas pestes que él despotricaba en contra de Sora? Le gustaba. Se sentía nuevamente en los primeros años de la primaria cuando demostraba su gusto por una chica pegándole y haciéndola sentir mal, y eso no podía ser ya, era un hombre hecho y derecho con 21 años encima, un trabajo estable que le permitía la independencia y madurez suficiente que requería, además de estar cursando su cuarto año en la universidad para aspirar a un futuro sustentable, ya estaba bastante grande como para demostrarle de ese modo a una chica que sentía algo más por ella, era patético.
—¿Tai? —lo llamó nuevamente la pelirroja, ésta vez con éxito. —Voy al baño, puedes cuidar mis cosas, ¿por favor? —él asintió luego de meditarlo por un segundo, no sabía con exactitud cuando tiempo había pasado Sora llamándolo. Ella volvió a sonreírle antes de caminar hacia los baños del lugar.
Cuando por fin la perdió de vista pasó sus manos nerviosamente por su rostro para detenerse en su frente, apoyando su cabeza mientras veía detenidamente la superficie de la mesa. Estaba actuando como todo un idiota, no estaba seguro de qué hacer en momentos como esos. La verdad, no era por presumir, pero él nunca antes se había visto a si mismo en una situación como esa, en un estado evidentemente nervioso por gustar de una chica, con aquella extraña sensación en el estómago, su garganta siempre seca por más líquido que beba, aquellos balbuceos que no se conectaban en ninguna expresión a palabra… ¿le estaban sudando las manos? Esto era algo completamente nuevo para él. Nunca se había tenido que preocupar de confesarle sus sentimientos a alguien porque simplemente ese "alguien" no existía, o porque su mente se encontraba demasiado ocupada pensando en el fútbol como para preocuparse por si había un "alguien" por ahí, Siempre eran las chicas quienes se le habían acercado con claras segundas intensiones hacia él, siendo su relación más duradera de dos miserables semanas. Respiró hondo y se enderezó en el respaldo del asiento. Gustar de alguien era demasiado complicado.
Un sonido proveniente del bolso de la pelirroja lo sacó de sus pensamientos, y agradeció por ello.
—¿AC/CD? —reconoció inmediatamente la canción "Back in Black". —Insisto, sería perfecta si no le fuera al Nagoya…
Al parecer quien llamaba a la pelirroja no tenía intensiones de cortar la llamada, miró en dirección hacia el baño, asegurándose de que la pelirroja aún no daba intensiones de salir de éste. ¿Por qué no se había llevado sus cosas consigo? Realmente era una mujer muy extraña… Seguramente si lo encontraba intruseando sus objetos personales, se llevaría como regalo un golpe de aquellos, sin embargo, lo hizo de todos modos, aquel ruido no lo dejaría tranquilo. Buscó dentro de aquel bolso pequeño, que parecía más grande por dentro, el celular de la chica, cuando al fin lo encontró solo lo sostuvo en la mano pese a que seguía sonando. Recordó inevitablemente aquella vez antes del partido donde, en una faceta muy sicópata de él, comenzó a ver las fotos en el facebook de Sora, encontrándose con una que sinceramente no le había gustado mucho… Quien la llamaba ahora era el mismo chico alto, de ojos y cabello oscuro al que Sora, en reiteradas ocasiones, salía abrazándolo.
El pequeño aparato se calló al fin, pero él seguía sosteniéndolo en su mano izquierda pensando en lo cruel que era enamorarse.
Alzó la vista para encontrarse con Sora, ocupando nuevamente la silla frente a él mientras le dedicaba una tierna sonrisa. —Volví. Bueno, es obvio que volví si estoy aquí sentada. —soltó una pequeña risita al envolverse a si misma en un montón de palabras sin sentido. Miró a Tai y su sonrisa lentamente desapareció. El moreno mantenía una expresión muy seria y triste a la vez. —¿Qué pasa? —se atrevió ella a preguntar.
—Te llamó tu novio. —le avisó en un tono melancólico que solo él pudo notar, al mismo tiempo que dejaba el móvil sobre la mesa.
—¿Mi novio?
Nuevamente el celular comenzó a sonar, él rodó los ojos pensando que nuevamente se trataba de aquel pelmazo, cuando cayó en cuenta que ahora sonaba una canción completamente diferente. Sora tomó su celular y contestó. Pudo respirar más tranquilo cuando notó que hablaba con su gran amiga del alma, seguramente quería disculparse por lo de hace un rato.
—Esta bien, deja preguntarle. —le habló a través del teléfono a su amiga y luego lo alejó a una distancia prudente de su oreja. —Mimi quiere invitarnos a bailar bachata… —ahora le estaba hablando a él. ¿Bachata? ¿Qué rayos era eso? ¿Se come? Al parecer no, se baila… —¿Quieres?
Matt y Tai se encontraban en una de las mesas dispuestas alrededor de una improvisada pista de baile sobre una modesta tarima desde donde tenían una vista privilegiada hacia las chicas. Ya se les había hecho una costumbre, ir los cuatro a bailar, donde las únicas que bailaban eran ellas, mientras ellos, como machos recios, se dedicaban solo a beber y verlas bailar, a veces reír de ellas mismas… Hoy era la oportunidad perfecta para reírse de ellas…
—Oye, y… ¿Siempre son así de… expresivas? —preguntó con espanto Tai. Su amigo asintió.
—Y apenas empieza…
Cuando su amigo le había dicho aquello, realmente tenía razón, aún no había visto lo peor… Hasta ahora.
—Te aseguro que esos tontos no van a entender que si les somos infieles es por un gran querer… Así con cautela, despacio, solo ámame. —cantaban apasionabas ambas mientras bailaban al compás de la canción.
Eran la única pareja, de todas las que estaban bailando, que calculaban serían al menos unas quince, que estaba compuesta por dos mujeres… Seguramente ya todos ahí pensaban que eran un par de lesbianas, y por como bailaban y si no las conociera, quizás él también lo pensaría. Mimi, con su mano derecha mantenía entrelazada la mano de Sora, en tanto su mano izquierda se apoyaba sobre su hombro y Sora sostenía su cintura, moviéndose con los pasos básicos de la bachata y unas cuantas vueltas que las hacían ver casi como profesionales, lo que cambiaba drásticamente cuando abrían la boca para cantar, o mejor dicho, gritar la canción, había gente que se molestaba con eso, sin embargo, había otros, como ellos por ejemplo, que disfrutaba y reían con ello. Cantaban con pasión, como si estuviesen cantándola a ellas mismas… Par de lesbianas…
—Quítate la ropa lentamente, hoy quiero amanecer contigo ¡Hoy quiero amanecer contigo! Y cuidado si sospechan los vecinos, mi mujer o tu marido ¡O tu marido!
Les fue inevitable echarse a reír ante los griteríos que mantenían Mimi y Sora, y lo más increíble de todo era que ninguna de las dos perdía la concentración que tenían en el baile y más aún en la canción.
La risa y, por ende, la sonrisa del moreno se fueron atenuando a medida que prestaba atención a lo que veían sus ojos. Sora, bailando un baile en el cual movía mucho sus caderas que a pesar de que la chica era delgada, éstas se acentuaban muy bien a su figura, provocando que su cintura se viera sensualmente estrecha. Estaba vestida con una blusa morada suelta en la parte superior y angosta hacia su cintura y caderas, haciendo que se notara aún más su silueta. Unos jeans negros se ajustaban a sus piernas como una segunda piel, y lucían más largas aún gracias a sus tacos de charol negros. En la cafetería y durante el viaje a ésta le había resultado bastante difícil notar aquel cuerpazo que se gastaba la pelirroja, llevaba puesto un abrigo azul hasta un poco más arriba de sus rodillas, además de la bufanda que no sabía si agradecer o alegar porque ya no adornaba su cuello, si no que lo dejaba totalmente al descubierto para que sus tentaciones volaran libremente por su imaginación. Una boina de lana negra le hacía compañía a la abrigo, la bufanda y el suéter negro que antes de ponerse a bailar, llevaba en el cuerpo la pelirroja. Imposible no verla con deseo…
De pronto notó como las chicas hablaban con un tipo… ¿Cuándo mierda se les había acercado tan insistentemente? Comentó un par de cosas que, al parecer eran graciosas porque las había hecho reír a ambas, luego Mimi comentó otra cosa y se dirigió a la mesa donde estaban ellos. Tomó el vaso de Matt y bebió todo su contenido. El rubio la miró extrañado.
—Es… cerveza…
—Lo sé. —Matt volvió a mirarla, más intrigado que nunca. —Tenía mucha sed… ¿Puedes pedirme una bien helada, por favor, amor? —pidió con una gigante sonrisa que el rubio no pudo negar.
Los ojos del moreno volvieron a fijarse en la pelirroja, que ésta vez bailaba empalagosamente con aquel tipo castaño de ojos verdes. Repentinamente recordó que estaba molesto con ella, por el solo hecho de que le gustaba y que además de ello, tenía novio, y no contentos con eso, sus amigos no hallaban nada mejor que intentar emparejarlo con ella. Y, como si no fuese suficiente, ahora salía un tipo completamente desconocido, de la nada, y se ponía a bailar amorosamente con ella. No podía quitar sus ojos de la cintura de la chica, que estaba siendo tocada por la vulgar mano de aquel idiota. ¿Con qué derecho iba y bailaba con ella? ¿Con qué derecho la tocaba y le susurraba cosas ridículas al oído?
—Se llama Kaito, es muy simpático y divertido. —eso era algo que sinceramente no le interesaba saber. Mimi hablaba de él con una sugerente sonrisa en sus labios.
—Que bueno.
—Ya la invitó a otro lado después de bailar… —seguía con sus comentarios la castaña.
—Ah, que bien…
—Quien sabe a donde la llevará después… O qué harán…
—No me interesa. —¡MENTIRA!
—Pues debería… Se supone que Sora es tu cita, ella vino contigo, no con él. Y en solo unos minutos Kaito ya te la quitó.
Kaito… Hasta su nombre era respulsivo…
—Ya te la ganó. —aportó Matt a toda la cizaña de su novia.
¡No! El tipo ese no había ganado nada, era solo un aparecido en la vida de Sora, además, se suponía que ella ya tenía novio, no sería tan suelta como para irse con éste aparecido, ¿o si? Se estaba riendo demasiado con él, le dedicaba unas miraditas asquerosamente parecidas a las que le lanzaba a él en la cafetería… Solo a él.
Tomó la decisión de ir a detener aquella escenita si veía alguna señal de que Sora si lo consideraba, alguna mirada, una seña, lo que sea. El imbécil volvió a susurrarle quizás qué ordinariez al oído, y ella rió suavemente para mirarlo a los ojos y ser ésta vez ella quien se alzara sobre sus tacones para susurrarle algo a él. ¡Suficiente! Sora había ido CON ÉL, no con ese estúpido, y si se tenía que ir con alguien, no sería precisamente con aquel imbécil, sino CON ÉL. Era hora de rayar la cancha.
Decidido, se levantó de su asiento y caminó hasta donde se encontraba bailando la melosa pareja, justo al tiempo que había terminado la canción, tocó el hombro de la pelirroja, y cuando ella se volteó a verlo le hizo la pregunta del millón.
—¿Bailamos?
—¡Ah…! ¿Ahora si quieres bailar? —atacó ella. Era verdad, se había negado muchas veces antes de que se pusiera a bailar con Mimi.
—Se supone que viniste conmigo, ¿o no?
—¿Eres… Taichi Yagami? —preguntó el estúpido que había estado bailando con la pelirroja, luego de ver todo el espectáculo. Tai le dirigió una mirada no muy amena. —Capitán…
Tai sonrió irónico, como siempre que salía el tema de fútbol entre ellos. —¿Ves, Sora? Él si sabe del buen fútbol… —volteó dirigiéndose ésta vez al hombre. —¿Sabías que ésta mujer es del Nagoya?
—¿En serio? —preguntó el chico mirándola. Tai sonrió macabro. Estaba seguro que con el solo hecho de añadir esa pequeña pizca de información y ya, sabiendo que el tipo era de su mismo equipo, podría decirle para siempre adiós a aquel ser de las cercanías de Sora.
—Si. —la respuesta había sido para el chico pero de igual forma la había dicho mirando al moreno. —No me avergüenzo de decirlo, a diferencia de lo que tú piensas. Me enorgullece. —habló ella para luego ver la expresión de ¿asco? que le dedicaba Tai.
—Ah… Así que, podríamos decir que somos enemigos en la cancha, pero podríamos ser amigos en otro lugar… —habló sugerentemente aquel imbécil. Seguramente pensó que él no había notado como enfatizó la palabra "amigos" y que probablemente tampoco había notado como ese "en otro lugar" significaba en realidad una cama, o cualquier otro "lugar" donde se pudiera tener sexo… Eso podía incluir muchos lugares… Alzó una ceja cuando Sora comenzó a sonrojarse y reír con el comentario del pelmazo aquel.
—¿No preferirías un autógrafo, mejor, e irte? —le habló antipático al muchacho, pero manteniendo su "educación". Finalmente el tonto, luego de haberlo desconcertado con su actitud, se había ido, dejándolo solo con aquellos ojos que lo único que hacían era mirarlo con desaprobación. ¿Qué había hecho él de malo? ¡NADA! —¿Quieres bailar, si o no?
Sora desvió su mirada de los ojos chocolate de él, alzando pronunciadamente sus cejas y torciendo un poco sus labios. Eso parecía más una amenaza que una amable invitación a bailar, ya veía que si le rechazaba, su padre aparecería muerto por ahí, debajo de un puente, porque de decirle que no a la súper estrella del fútbol japonés, probablemente lo mandaría a dormir con los peces… En su mente estaba la opción de negarse, pegarle una merecida bofetada o una más que ganada patada en los testículos e irse indignada del lugar por la estúpida escenita de celos de la que fue protagonista recién. —Bueno… —respondió ella en su lugar. Después de todo, seguía con ganas de bailar. —Ya que me lo pides tan amablemente, ¿cómo podría negarme?
Apelando a su poca modestia pudo concluir que él bailaba mucho mejor que el otro imbécil, y que Sora ya no parecía una lesbiana como cuando bailaba con Mimi. Le resultaba fácil mantener el ritmo de la pelirroja, ella, como durante toda la noche, le sonreía de vez en cuando, notaba sus mejillas levemente sonrojadas, aunque bien podía deberse a lo acalorada que estaba. Desde su posición tenía una vista perfecta de sus cautivadores ojos, sus tentadores labios, su cabello liso que caía hasta un poco más debajo de sus hombros y que, con cada movimiento, despedía un delicioso aroma, su cuello que lo invitaba a probar más de su esencia cada vez que ladeaba su cabeza para mover su cabello. Repentinamente Sora giró sobre sus talones sin soltar la mano derecha de Tai, que entrelazaba a la suya, para quedar dándole la espalda al moreno y ésta vez, la mano que antes se mantuvo en su cintura, ésta vez descansaba en su abdomen.
Siguieron moviéndose al compás de la canción, sin ser conciente de su acto, haciendo un poco de presión sobre su abdomen, la atrajo un poco más cerca de él, provocando una sonrisa y una sensual mirada en ella. Volvió a girar con ritmo para quedar nuevamente frente a frente al moreno, sus ojos se miraban fijamente y no hubo vuelta atrás, no fue algo planeado ni mucho menos, simplemente pasó, y ninguno de los dos puso resistencia en eso.
Con su mano nuevamente sobre su cintura y a medida que iba bajándola lentamente hasta su cadera, acortó la distancia entre sus cuerpos y también entre sus labios. De un instante a otro, viéndose fijamente a los ojos y sintiendo como la tensión se hacía cada vez más insostenible, ambos se acercaron lo suficiente como para poseer los labios del otro, Sora rodeo su cuello con ambos brazos, entrelazando sus dedos con su cabello y con ello profundizando el beso. Poco le importó que Matt y Mimi los estuviesen mirando, sonriendo y comentando, él bien sabía que su actuar no tenía nada que ver con todo lo que había hablado de la pelirroja antes, que era antipática y enojona, ¿a quién engañaba con toda esa porquería? Le gustaba mucho, sentía que cada vez que le sonreía se enamoraba más y más de ella.
No supo como ni cuando pasó, y la verdad le importaba bien poco, pero se encontraba en la habitación de la pelirroja, y lo supo solo por su aroma, aún la estaba besando… ¿Cuándo se habían ido del local?, ¿Cuándo se habían subido al auto?, ¿Cuándo había manejado de regreso?, ¿Cómo le había hecho para conducir?, ¿Cómo habían hecho para subir al departamento si siempre estuvieron besándose? Eran preguntas que lo atormentaban pero de las cuales no tenía interés alguno de preocuparse, solo disfrutaría el momento. Cuando ya la Sora no le permitió avanzar más supo que habían llegado hasta su cama, subió su rodilla derecha y apoyó también su mano mientras con la otra sujetaba la espalda de la pelirroja hasta dejarla suavemente sobre la cama. Sintió sus manos, que se habían limitado principalmente a acariciar su cabello, cuello y rostro, ahora vagar por su espalda y su pecho y jugar con el borde de su camiseta, se estremeció levemente al sentir sus dedos sobre su abdomen y pasar por sus costillas hasta situarse en su espalda, raspando suavemente sus uñas con su piel, sentía también como la pelirroja repentinamente forcejeaba un poco con la camiseta, que sin ser tan ajustada a su cuerpo, le molestaba e impedía que siguiera con su labor de acariciar su fuerte espalda. Se enderezó para tomar el borde de su camiseta con sus brazos cruzados y quitarse la molestosa prenda que ahora había quedado en algún lugar de la cama o del suelo, no le importó. Sora hizo lo propio con su blusa que pasó a hacerle compañía a su camiseta.
Sintió el impulso de ver detenidamente sus ojos, provocando un poco de nerviosismo en ella, o así lo sentía él, la verdad no era mucho lo que podía ver a través de los ojos de la pelirroja, solo ese profundo deseo, lo que ambos querían. Fue ella quien después de alternar su mirada entre sus ojos chocolate y sus labios, se abalanzó sobre ellos para besarlo tan, o incluso más apasionadamente como hasta hace un rato lo habían estado haciendo. Se las arregló para desabrochar su brasier y arrojarlo muy lejos junto con sus camisetas, al mismo tiempo que bajaba sus labios por su barbilla hasta su cuello, provocando ligeros gemidos que escapaban de sus sensuales labios. Cada expresión de su cuerpo lo hacían desear cada vez más de ella. Tomó uno de sus senos entre sus manos, obteniendo como resultado un gemido más fuerte, y aún quería más. Dejó a sus labios divagar desde su delicioso cuello, formando un camino hasta su seno que no estaba recibiendo atención de su mano y lo envolvió con sus labios, ella gimió ésta vez más fuerte, llenándolo de placer a él también.
—Tai… —fue lo que salió de sus labios a medida que arqueaba su espalda.
Adoró escuchar su nombre salir provocativamente de sus labios, más rojos de lo normal producto de los muchos besos que habían recibido. Pasó su lengua por su pezón, quería oír nuevamente su nombre salir sensualmente casi en un orgasmo de la pelirroja.
—Tai… Taaai… ¡TAI!
Nuevamente se vio a si mismo rodeado de personas, en un lugar que poco tenía que ver con el oscuro cuarto de Sora.
—Tai, ya terminó la canción… —él frunció el ceño, no entendía absolutamente nada.
¿Qué?
—Ya puedes soltarme…
¿Soltarla? ¿De qué mierda estaba hablando? Lo supo cuando notó que aún mantenía sujeta la cintura de la pelirroja y también su mano derecha. ¿Todo había sido una cruel y maldita rabieta de su imaginación?, ¿Por qué le gustaba torturarlo de esa manera?, ¿No le bastaba con tener novio y coquetear con un imbécil recién aparecido, sino que también ahora quería coquetear descaradamente con él y provocarle ridículas fantasías sexuales?
Ridículas o no, ya habían hecho suficiente por él, tanto así que ya no tenía ningún interés de que lo vieran en ese estado ahí en medio de todo el mundo, necesitaba irse lo más pronto posible y tomar una ducha BIEN fría, un baño de tina con hielo si era posible.
Soltó la mano de Sora y sin dar explicaciones salió rápidamente del recinto, buscó en su chaqueta las llaves de su auto para quitar la alarma, entrar en él y salir lo más pronto posible, deteniéndose recién en un semáforo en rojo, solo ahí pudo respirar tranquilo un rato. Apoyó sus codos sobre el volante y sostuvo su cabeza con sus manos mientras respiraba profundamente, solo necesitaría repetir eso un par de veces para calmarse un poco y seguir conduciendo hasta el que sería su hogar por esa semana. Giró su cabeza hacia su derecha, en dirección a molesto sonido que emitía el dichoso celular que la despistada pelirroja había dejado olvidado en el asiento, nuevamente la buena pero ya indeseada canción de AC/DC, y con ello la estúpida foto del estúpido novio de Sora. Notó como en la parte superior de la pantalla salía un símbolo que significaba que tenía llamadas perdidas y junto a él el número 6. ¿Qué acaso el tipo no tenía vida, no dejaba de fastidiar a su novia? La había llamado 6 veces y contando… Sintió el inmenso impulso de arrojar el maldito celular por la ventana y pasarle la rueda por encima hasta que de él solo quedara el recuerdo, pero en su lugar solo lo apagó, no quería seguir escuchando aquella canción que había pasado de ser una de sus favoritas, a la canción más detestable en la faz de la tierra.
Al entrar al departamento arrojó el teléfono a uno de los sillones y él se dejó caer en otro. Ya no quería más guerra, y al día siguiente le tocaba jugar la semifinal… No tendría paz.
Cuando abrió la puerta su mirada inmediatamente se fijó en el aquel moreno sentado con las piernas cruzadas en el sillón, con el control remoto en la mano, viendo hipnotizado algo en la televisión, fútbol… No era difícil deducirlo. Recién cuando cerró la puerta llamó por unos breves segundos su atención.
¿Qué se creía?, ¿No le diría nada?, ¿Tan poco importante era ella como para que le prestara más atención al fútbol? … Aunque, si, tenía que admitir que para ella también, muy pocas cosas eran más importantes que un buen partido fútbol.
—Creí que… nos vendríamos juntos. —le costó finalizar aquella oración, en primera porque lo estaba interrumpiendo en un muy sagrado momento del día, y en segunda porque él no tenía ninguna obligación de esperarla para irse juntos del lugar, si bien habían llegado juntos, pero de igual forma no era su obligación hacerlo…
—Me sentí mal y me vine antes. —se excusó sin despegar su vista de la pantalla.
—¿Y ahora estás mejor? —el moreno solo asintió despreocupadamente. Ella ladeó sus labios. —Me hubieses avisado… Iba a llamarte, pero creo que perdí mi celular, no lo encuentro en ninguna parte.
—Lo dejé ahí… —comentó apuntando al sillón donde lo había arrojado cruel y despiadadamente. —se te había quedado en mi auto.
—Ah, gracias. —caminó unos cuantos pasos hasta llegar al sillón, tomar su celular y sentarse en él. —Que raro, no lo tenía apagado. ¿Once llamadas perdidas de Dan? —habló con sorpresa pero muy sonriente a la vez.
Dan… Hasta su nombre era ridículo y homosexual… Además ¿Once llamadas perdidas? Con eso le confirmaba que el tipo no tenía vida social y solo se preocupaba de ser un psicópata con su novia. Aunque con lo que había pasado recientemente, el imbécil tenía razón para ser tan sobreprotector con su novia, y si supiera que andaba coqueteándole a otro imbécil más, peor se pondría.
—¿Es muy tarde?
¿Tarde para qué? No había entendido su pregunta. Volteó hacia ella para reclamarle por la clase de preguntas sin sentido que hacía cuando cayó en cuenta de que NO era con él con quien hablaba, sino con su "querido Dan. Puso sus ojos en blanco e intentó concentrarse nuevamente en el juego, pero le fue casi inútil, sus oídos permanecieron atentos a cada una de las palabras que salían por los labios de la pelirroja, pero hubo una en especial que cavó fondo…
—… Fuimos a bailar con unos amigos, ¡y conocí a un chico muy lindo! —exclamó feliz ella.
¡Pero que descarada era! Comentarle a su propio novio sobre sus conquistas, había que ver la poca vergüenza que tenía Sora, y el tipo no se quedaba atrás, era un total y completo sometido, peor que su propio amigo… Aunque lo sometido o no del tonto aquel poco tenía que ver con el cinismo y lo desvergonzada que era Sora. No supo con exactitud cuanto tiempo más estuvo hablando felizmente con su novio, lo que si sabía era que no podía dejar que su actitud siguiera, y si para ello tenía que tratarla como cuando la conoció, no tendría absolutamente ningún problema en hacerlo.
—¿Quieres callarte un rato? Intento ver algo importante y con tu vozarrón es imposible.
La pelirroja frunció el ceño observándolo como si le hubiese dicho el insulto más grande de su corta vida, tapó inútilmente con su mano libre el celular para responderle a tal barbaridad. —Es MI casa y hablo tan fuerte como YO quiero. —Tai masculló burlonamente en un intento de imitar el tono usado por ella y volver su atención al partido. —No, nadie. —ésta vez le hablaba a su estúpido y sometido novio. —No tiene importancia… ¿En qué estábamos?
Ahora era él quien volteaba más que indignado hacia la pelirroja. ¿Él no era nadie?, ¿Alguien sin importancia? Hasta donde él sabía, ser el capitán del mejor equipo de fútbol de Japón tenía MUCHA importancia. Ahora había vuelto a su hipótesis inicial; Sora no sabía nada de fútbol, y para ello tenía un sin fin de fundamentos, entre los cuales podía nombrar y destacar su infinita ignorancia, sus afirmaciones carentes de bases, su incapacidad de ver la realidad de su equipo, entre otras.
Ya no podía seguir poniéndole más atención a la cháchara absurda que mantenía con el tipejo, debía concentrarse en el partido que estaba viendo, de eso dependía el buen juego de mañana, tenía que conocer y estudiar detenidamente el ataque de su futuro rival, Yokohama, que ya sabía que había ganado por 1 a 0 al Tokushima, pero no supo como, por lo que debía estudiar muy a fondo sus jugadas y movimientos como todo un profesional, después de todo él era el capitán, su deber era mantener unido al equipo, esa no solo era la labor del Director Técnico, sino también de él mismo. Tampoco debía confiarse, sabía que en el fútbol podía pasar cualquier cosa, por más inesperada que ésta fuese, aunque si Sora seguía hablando como la típica vieja chismosa de la calle, él difícilmente podría concentrarse. Con eso corroboraba aún más la homosexualidad del supuesto novio de la chica, si el tipo era capaz de soportar varios minutos escuchando la aburrida conversación que mantenía la pelirroja, significaba dos posibles cosas, o la amaba mucho como para escuchar pacientemente sus cosas, o era el amigo gay que le interesaba todo eso… La respuesta estaba clara: ¡GAY!
Sora, después de una fastidiosa despedida, dio término a la conversación con su novio, a quien notoriamente se le daba vuelta el paraguas, no encontró nada mejor que ir a sentarse a su lado para ver el partido junto a él.
—Este partido es de hace una semana…
—Lo sé.
—Va a ganar Yokohama, en el minuto 84 hará el único gol del partido. —volvió a comentar la pelirroja.
—Lo sé. —volvió a repetir él más cortante que antes.
—¿Entonces por qué lo ves? —preguntó ésta vez viéndolo a él y no a la pantalla. Él suspiró frustrado.
—¿Por qué no te preocupas mejor de tu equipo para ver con quién le toca jugar la semifinal? De seguro pierden. —comentó al final con una cínica sonrisa.
—¿Qué semifinal? Ya le ganamos a Osaka, 4 a 1. Somos el primer finalista.
Sora había declarado la guerra. ¿Qué le quería decir? Él, en aquellas tres semanas y un poco más que llevaba conociéndole, había aprendido a leer entre líneas ciertas cosas que no salían de los labios de la pelirroja, ahora por ejemplo posiblemente le estaba restregando en la cara, con aquella cínica sonrisa, intentando imitar la suya, que su vergonzoso equipo de cuarta había clasificado primero porque eran mejores… ¡Por favor! Nagoya era el primer finalista por una cuestión de fechas que habían sido fijadas por la Asociación Japonesa de Fútbol. Sora… Tan ingenua e ignorante, como siempre.
—¿Sabes algo? En realidad te admiro…
OK, eso si que no se lo esperaba. Sentía que sonreía como tonta. —¿En serio?
Después de toda la mierda que le tiraba por ser hincha del Nagoya, que según él era un equipo de cuarta y todo eso… ¿La admiraba?
—Si. Por como alientas a tu equipo, a pesar de todo lo que te digan de él… Que es malo, que da pena, vergüenza, que su estilo de juego es pésimo, y además de que todo eso es verdad, tú sigues alentándolo… Prefiero decirte que te admiro a decirte que me das pena. La verdad yo, si fuera tú, me pondría una bolsa de papel en la cabeza, a mi me daría vergüenza…
Tonta, tonta Sora. ¿Qué había pasado con aquel agradable momento en la cafetería, bailando bachata? Había sentido una conexión especial entre ellos, que, más allá de sus diferencias por el fútbol, podían llevarse bien y dejar todo eso de lado… ¡Hasta llegó a pensar que le gustaba! Que estaba celoso de Kaito y que por eso había protagonizado toda aquella ridícula escena sin sentido, pero no; seguía siendo el mismo idiota que había conocido… Era oficial. Lo odiaba.
No lo entendía… Ella lo odiaba, lo odiaba mucho, no entendía por qué tenía que ver el partido de su asqueroso equipo obligada por su amiga, si, era bastante raro y probablemente quizás nunca más volvería a ocurrir un acontecimiento de esa magnitud; Mimi Tachikawa, la que decía no saber nada e interesarte muy poco el fútbol, obligaba a Sora Takenouchi, la chica más fanática del fútbol, a ver el partido entre el Tokyo y Yokohama. De vez en cuando intentaba zafar su mano del agarre de la castaña, pero ella lo impedía aplicándole más fuerza aún. La pelirroja suspiró pesadamente.
—Mimi, no me interesa ver esto, que aburrido.
—¿Desde cuándo no te interesa el fútbol?
—No es que no me interese el fútbol, simplemente no me interesan esos equipos, ambos son pésimos.
Mentía. No podían ser ambos pésimos porque de otro modo ninguno de los dos habría llegado a semifinales del torneo. Agradecía que su amiga no entendiera casi nada del deporte.
—Pues debería interesarte, va a jugar nuestro amigo.
—¿Qué amigo?
—¡Tai!
—Con mayor razón no lo quiero ver. —sus intentos porque Mimi la soltara nuevamente fueron inútiles. —Él no es mi amigo, me cae pésimo y además juega para el otro equipo. Tengo cosas mejores y más importantes que hacer.
—¿Crees que soy tonta, que no noto lo que te pasa con él?
OK, su amiga podía ser no muy instruida en temas futbolísticos, pero vaya que era sabia cuando se trataba de relaciones personales. Ya se estaba preparando mentalmente para lo que se veía venir. Aún así prefirió hacerse la loca y mirarla con el ceño fruncido, como si no supiera de qué carajo estaba hablando ella.
—Te gusta.
Sora solo abrió mucho los ojos, como queriendo sorprenderse por su comentario, cuando la verdad era que no le sorprendía para nada, ella misma lo sabía, su amiga lo sabía, quizás el novio de su amiga también, su hermano también debía saberlo… Posiblemente hasta ÉL mismo debía saberlo. Quería reír descaradamente, esa sería una reacción adecuada para cuando una persona lanza esa clase de comentarios y no son ciertos, las personas se burlan de eso… Y claro, funcionaría de no ser eso cierto, éste era el caso contrario. También podía hacerse la indignada, la ofendida, de ese modo Mimi recapacitaría y finalmente le pediría disculpas por decir ese tipo de comentarios tan vulgares y ofensivos contra su persona. O bien podía aprovechar que la castaña le había soltado la mano para salir corriendo como una loca desquiciada del lugar, aunque probablemente ello le diera más pie a la castaña para pensarlo.
—Lo sabía. —rió cuando Sora bufó, la conocía como a la palma de su mano. —Es normal que te guste, es lindo. Además tiene todo lo que haz deseado en un hombre. —Sora la vio como si hubiese dicho la atrocidad más grande de la vida. Prefirió corregirse antes de que la salvaje fanática del fútbol le hiciera quizás qué cosa. —Si, es de otro equipo, ¿y qué? Muchas parejas tienen diferencias, pero no les dan mayor importancia porque son tolerantes, porque les importa más el amor que sientes que aquellas estúpidas diferencias…
Quizás la castaña tenía razón, o quizás no. Claro, la tendría si pensara en Tai como en algo más que un simple mortal con el que estaba obligada a convivir durante los próximos cinco días, pero de ahí no pasaba. Tampoco era que se hubiese detenido a pensar como sería su vida con Tai, siendo él una persona medianamente reconocida, con muchas más obligaciones que ella, sabía de antemano que, de ser pareja, no lo vería seguido, puesto que el chico tenía que estudiar y además entrenar, también necesitaría tiempo para descansar, y ni pensar cuando tenga que viajar para disputar los partidos, peor sería en torneos internacionales… ¡¿Qué estaba pensando? Estúpida Mimi que tenía la capacidad de meterse en su cabeza y causar estragos.
Milagrosamente la castaña le había permitido ir a buscar unos refrescos a la cocina, pero siempre con la condición que volviera y se sentara junto a ella para ver el juego. No se dio cuenta cuando los árbitros y los jugadores ingresaban a la cancha para el saludo y la foto oficial. Los comentaristas ya comenzaban con el análisis previo al encuentro y con unas cuantas informaciones con respecto al mismo.
—"Repetimos la formación del equipo visitante, en el arco Hitoshi Shiota, defensas…"
Ella ponía más atención a su amiga que al comentarista, se encontraba sentada, apoyando su cabeza sobre sus manos y sus codos sobre sus rodillas, viendo fijamente el televisor, y pese a que de vez en cuando asentía, estaba segura de que no entendía ni la mitad de lo que el tipo estaba hablando. Era la primera vez que Mimi estaba tan sumergida en un partido de fútbol, ameritaba una fotografía para plasmar el inusual momento.
—"En el banco de suplentes están: Con la Nº 21 Hironaga, el arquero suplente, Nº Nº 18 Ishikawa, Nº 15 Hiramatsu, 24 Shigematsu, Nº 13 Hirayama y Nº 17 Yagami. En ésta oportunidad la jineta de capitán la porta el Nº 14 Hokuto Nakamura."
—¡¿QUÉ?, ¿SUPLENTE?
Si antes estaba impresionada por ver a Mimi frente al televisor en un partido de fútbol, ahora la sorpresa era mayor cuando comenzó a pelear con la pantalla tal y como ella lo hacía. La verdad es que también se había sorprendido cuando no escuchó el nombre del moreno en la nómina de los jugadores y sí en la de los suplentes, pero ella no era nadie para cuestionar la decisión del Director… Al parecer la castaña si…
—¿Quién es el que decide eso? Para decirle unas cuantas verdades…
—No lo sé, lo cambiaron hace poco.
—¡Já! El tipo debe ser un completo imbécil, sabe todo mal. ¿Poner a Tai de suplente? ¡Qué estúpido!
Sora se encogió de hombros para luego tomar la bandeja que contenía los refrescos y unos cuantos bocadillos para dejarla en la mesa de centro frente a ellas.
El partido comenzó tranquilo, ambos equipos parecían tener el mismo control sobre el balón pero ninguno hacía jugadas definidas… O ambos eran muy buenos, o ambos muy malos… Prefería quedarse con la segunda opción.
—Sora, ¿a cuales tenemos que apoyar?
—A los de azul… —respondió luego de una larga pausa. La tentación de decirle que a los de blanco, el equipo contrario, era bastante grande.
Habían pasado ya cerca de 20 minutos del primer tiempo, Mimi gritaba y aplaudía siempre que los de azul tocaban la pelota, saque de costado, de portería, tiro de esquina, tiro libre… Solo sacaba su personalidad para gritarle unas cuantas cosas al árbitro, y estaba segura que ni siquiera ella entendía por qué lo hacía. Sonó el timbre y tuvo que levantarse ella a abrir la puerta ya que su amiga se había convertido en una fanática peor que ella.
—¿Llego tarde?
—Solo 20 minutos. Pasa…
Y así lo hizo Matt, caminó hasta el living y dejó el estuche que contenía su bajo apoyado sobre el respaldo del sillón. Su atención fue capturada por un agudo grito proveniente de… ¿su novia?
—¿Mimi? —de por si, ya era bastante extraño ver a su novia tan entusiasmada con un partido de fútbol, ¿y ahora además lo hacía callar chistándole?
—Cállate. Estoy viendo el partido.
Matt abrió sus ojos a más no poder y volvió su mirada hacia Sora. —A mi ni me mires, yo no tengo la culpa de "eso". —dijo señalando a su, ahora fanática, novia.
El juego transcurría como en los primeros minutos, con la única diferencia que ahora el equipo contrario tenía más protagonismo, tanto así que en el minuto 32 marcaron su primer gol, el cual Mimi en los primeros segundos dudó si celebrar o callar, finalmente había optado por reclamarle al árbitro, como lo llevaba haciendo hasta ahora. Dicha situación permaneció hasta el final del término del primer tiempo, momento que Sora aprovechó para sacar su celular de su bolsillo y teclear un mensaje.
Mimi seguía reclamando cosas que ni ella sabía contra el árbitro, que era mentiroso, que estaba ciego, que tenía preferencias por el otro equipo, que era un amargado, que ese color amarillo lo hacía ver pálido, que su corte de cabello era ridículo, que su bigote era anticuado, en resumidas cuentas que él tenía la culpa porque el equipo de su amigo iba perdiendo… El tipo no sabía hacer bien su trabajo.
Después de unos minutos el amargado árbitro, según Mimi, daba comienzo al segundo tiempo del partido, sin cambios al parecer en los equipos. Cerca del minuto 7 Yokohama logró hacer su segundo gol y Mimi nuevamente reclamaba y Sora sonreía tenue, saboreando la dulce venganza… "Mejor equipo de todo Japón" ¡Si, claro! En el minuto 10, el Tokyo efectuó un gran cambio
—"Sale con el Nº 24 Kentaro Shigematsu e ingresa el Nº 17 Taichi Yagami" —habló el narrador del partido, y al escuchar el nombre del moreno no pudo evitar que una sonrisa se formara en su rostro, pero nadie podía estar más feliz que Mimi, quien saltaba y gritaba feliz porque al fin el árbitro había hecho algo bien para variar, siendo que no era para nada culpa de ese pobre caballero si Tai estaba o no en el partido, aunque debía admitir que el azul, al moreno, le quedaba de maravilla… ¡¿Qué estúpido comentario mental acababa de hacer?
Tan solo 5 minutos después vendría el primer gol para el Tokyo, realizado por "el mejor jugador del mejor equipo de todo Japón" el humilde Tai, al igual que el empate que vendría en el minuto 28 y luego daría un pase de gol para aquel que ahora realizaba el rol de capitán, Hokuto Nakamura, en el minuto 36, luego un nuevo gol del moreno a los 43 minutos finalizando así con el marcador 4 a 2 a favor del equipo del moreno. Su amiga festejaba y celebraba abrazando a su novio, quien aún no comprendía como era que Mimi había cambiado del cielo a la tierra, ¿desde cuándo la apasionaba tan el fútbol? Parecía que le hubiesen cambiado la personalidad por la de Sora, ya que la pelirroja se vio muy tranquila durante todo el transcurso del partido. Ahora en su mente había solo una cosa, lo que a toda costa quería evitar… Una final del torneo nacional entre su equipo y el de Tai…
Y eso :B Lo tenía listo de ayer, pero quería darle algo especial a mi amiga linda, hermosa, preciosa que cumple añitos :D Espero que te haya gustado mi regalito Meny, y que no haya sido tan mierda D:
Bueno, Tai y Sora se están pasando un poquito más que antes, teóricamente... En resumen, Tai no es un objeto sexual, Sora se indigna, a Mimi y a Sora les gusta poco el webeo, Tai tiene fantasías con Sora, Tai siente MUCHOS celos, Mimi puede llegar a ser una fanática muy gritona... xD
Muchas gracias por todos los RR :D la verdad no esperaba recibir tantos, y no pensé que en FF a tantas personas les llamara la atención un fic con fútbol :B Zulema, CureWhite13 Mi niña, hacer de violinista, aquí es ser el mal tercio xDDD andar todo incómodo por la vida cuando acompañas a una pareja de enamorados, ellos viven al máximo su amor mientras el otro mira... Forever Alone xDDDD Eso :B Y la verdad es que no quise emitir comentarios sobre qué equipo es mejor xD no quiero tener problemas después, además me enfoco más en el fútbol de Chile... Aunque Alexis Sánchez juega en el Barcelona y lo encuentro lindo xDDDDD NADA MÁS!, Pía Linda (x2) *-* Y sus RR interminables xDDDDD Amiga linda, amo que escribas tantas weás juntas :D "Ay, Len... Tuve un orgasmo :$ Sáltame papi y weáaaaaaaas! :D Es como si me encontrara con Mathías Vidangossy por ahí y AWRGFDETHRGEAFWDOHNRGWSFON ME LO HAGO CHUPETE :L xD" ... No lo dudo amiga xDDDDDD, Menyyy, la cumpleañera más rica ;* Cada quien con sus razones weónes para NO gustarle una persona :/ PORQUE NO xDDDD que aweonaos xD, Faty :D Pobrecita Faty, todavía no sabrás quien chucha es el tipo xDDDD pero pronto :D lo prometo, en todo caso te digo que, lo que Tai cree que es, NO ES xD, Laaaaau (L) Mi niña :D cumpliste con tu labor social *-* como toda una buena abogada que ERES! :D GRADUADAAAAAAAA , Nora :D *-* Es que Taiora y de fútbol, de verdad es la mejor combinación xDDD Y que no estén de acuerdo en algo y por eso se odien ME ENCANTAAAA :D Porque como que QUIEREN odiarse y pelean por puras pelotudeces xD aunque el fútbol no es una pelotudez *seria* xD, BUUUU o sea Rowww xDD Ojalá Dios te hubiera escuchado u_ú pero NO el muy *** no lo hizo JUM! xD, Shioow FF es terrible pelotudo y weón, tu crees que dejas RR pero en realidad FF puro que trollea xDDDDD Oye morí con tu imaginación de mi peleando con AQUELLOS JUM! xD la verdad es que soy bastante pacífica, pero cuando me buscan los csm me encuentran !"·$%&/&%$· xDDD, Kaudia-de-Malfoy :)
Bueno, me despido con eso :D ojalá les haya gustado este capítulo, se viene el próximo y FINAL! No sé cuando :B pero llevo como 3 páginas de 14 ó 15 xD así que espérense sentados mejor :D (6)
Cuídense :D
*Len~
