ASDFGHJKL :D Hoy es un día feliz *-* Hoy jugó la Universidad de Chile contra Santiago Wanderers, Y GANÓ LA U :D Hoy jugó el América contra el Guadalajara, Y GANÓ EL AMÉRICA! Además ayer perdió el Colo-Colo 4-2 contra la Unión Española, qué mejor? :D Es un fic futbolero, tengo que dar noticias futboleras xDD Así que felicidades para todos/as los hinchas de la U, como yo :D y también para todos/as los hinchas del América, como la Rowws que deben estar celebrando este día hermoso *-*


Aclaraciones: Digimon no me pertenece, pero eso no me quita la felicidad :D VAMOS LA U! xD


Un gol, un beso

Capítulo 3: ¿Apostamos?


Apoyó su cabeza sobre la mesa y el moreno sonrió con malicia, sabía que la tenía harta, pero es que simplemente él adoraba hacerla enojar, aunque había algo raro con todo eso… Ya no era como antes, sabía que Sora tenía unas enormes ganas de ir a encerrarse a su habitación y de paso también pegarle un buen puñetazo en la boca para callarlo o una buena patada en los testículos para que cerrara la boca de una vez por todas y dejara de hablar de su gran triunfo sobre Yokohama y con ello estar en la final del torneo japonés, pero no, ella no lo haría, ella sabía que eso significaba darle en el gusto a él y simplemente por eso no lo haría, y eso le parecía muy bien al moreno, no tenía ningún inconveniente en hablar de su triunfo horas y horas, como lo había hecho desde el sábado en la noche que llegó al departamento… Ya era martes por la tarde.

—Esa copa ya es nuestra… No puedo esperar para tenerla en mis manos y celebrar con ella. —sonrió de manera soñadora. —Ya puedo oírlo, todo el estadio aclamando y cantando el himno del Tokyo con nosotros.

—¡¿Qué? —habló al fin Sora, incorporándose rápidamente.

—Que ya puedo oír a los hinchas celebrando con nosotros en…

—No, ¿"Esa copa ya es nuestra"? ¡Por favor! ¿Olvidas contra quien se enfrentan? Contra el VERDADERO mejor equipo de Japón. Tienes suerte si logras ver la copa de lejos…

—¿Eso crees Sora? —preguntó con una cínica sonrisa. —¿Lo crees en serio?

—No, Tai, no lo creo… Lo sé.

—Ah, con que con esas… Muy bien, ¿qué te parece si hacemos esto más interesante? —vio como la pelirroja alzaba una ceja, interrogándolo con la mirada. —Apostando.

Ella sonrió con suficiencia, ¿de verdad creía que podía ganar la final? Que iluso… Un sonido proveniente de su celular la sacó de sus pensamientos. La alerta de mensajes.

—Ay, que lindo. Mira. —le habló al moreno enseñándole en su celular un mensaje cuyo creador había sido el "famoso" Dan.

—Espero que hayas tenido un buen día linda, hablamos mañana, te adoro, cuídate. —leyó Tai aguantando las ganas de vomitar que ello le provocaba. —Sora, ¿para qué mierda me muestras esto, no tienes vergüenza acaso?

—¿Vergüenza?, ¿por qué?

—¿Y todavía lo preguntas? —esto ya era el colmo… —Eres increíble…

—Increíble, ¿para bien ó para mal?

¡Claro! Además le causaba gracia… —No puedo creerlo. Tienes a un imbécil baboso detrás de ti, llamándote todos los días y mandándote mensajitos estúpidos mientras coqueteas descaradamente con otros… ¿Tienes novio y te da lo mismo? De verdad no pensé que fueras así… Y no es que me interese, pero…

—¿Novio?, ¿De nuevo con lo mismo, de donde sacaste que tengo novio?

—Por favor, Sora… Es el imbécil que te llama y te manda mensajitos a cada rato… El mismo tipo con el que sales en varias fotos, no te hagas la tonta.

—¿Él? —preguntó mostrándole una foto en su celular donde salía junto con su "supuesto novio" abrazados cariñosamente.

—Claro que él, no te hagas la loca. Y no te rías… Que descarada resultaste ser…

—Y tú muy imbécil… ¿De verdad crees que es mi novio? ¿Lo viste en mis fotos de facebook y no fuiste capaz de notar su nombre?

¿Con qué moral le decía imbécil a él por no haber notado su nombre? Aunque no quisiera saberlo, ella se encargaba de repetirlo una y otra vez… Dan esto, Dan aquello, Dan, Dan, Dan, Dan… ¿Takenouchi?

Sus ojos no lo podían estar engañando de esa forma tan absurda. La pelirroja había buscado algo en su celular y nuevamente había puesto la pantalla de éste frente a sus ojos. Una foto de ella con aquel tipo, pero principalmente enfocando las etiquetas de la foto… Sora Takenouchi, ella y Dan Takenouchi… ¿el tipo? No podía ser tan menso…

—Es mi hermano… Medio hermano en realidad.

Si, si podía ser tan menso. ¡NO, no podía! Rió con sarcasmo.

—No, no puede ser tu hermano, tú misma me dijiste que eras hija única.

—Porque me crié como tal… —la mirada del moreno exigía a gritos saber más de aquella explicación, y ella tampoco pensaba negársela. —Mi papá, mucho antes de conocer a mi madre, tenía una familia. Su esposa falleció en un accidente automovilístico y tuvo que hacerse cargo de Dan desde muy pequeño, luego conoció a mi mamá y tiempo después se casaron y…

—Oye, espera. ¿Tu mamá estaba de acuerdo en casarse con un tipo que tenía un hijo?

—En ese entonces si, o al menos eso era lo que le decía a mi papá… Luego, cuando yo era pequeña, muchas veces la escuché reclamarle a mi papá que nunca tenía tiempo para mi, que solo se preocupaba de mi hermano, que lo quería mucho más a él que a mi… Cuando todo eso era mentira, puede que haya sido pequeña, pero no era estúpida, recuerdo todo perfectamente. —soltó un profundo suspiro que se llevó consigo gran parte de la frustración y rabia que se le había generado en aquel momento. Notó la mirada determinante de Tai y prosiguió. —Cuando tenía cuatro años, mi papá no aguantó más y se fue de la casa junto con mi hermano. Y adivina quién se encargó de hablar pestes de él todo el tiempo… ¡La vieja loca! —Tai rió ante el comentario de la pelirroja, no cabía ni la más mínima duda de lo mucho que Sora adoraba a su madre… —De vez en cuando, le decía que me iría a quedar todo el fin de semana a la casa de una amiga —sonrió. —, pero tomaba el primer bus que saliera a Tokyo y me quedaba todo el tiempo con mi papá y mi hermano. Y a los quince decidí tomar mis cosas y venirme a vivir aquí con ellos.

Todo eso para Tai, era extraño y muy común a la vez, él también tenía una hermana menor, solo que su hermana adoraba a su mamá, le contaba todo, hablaban de todo, se reían de todo, compartían mucho juntas, salían de compras, a pasear, pasaban horas hablando… ¿Acaso no era normal que las hijas compartieran con sus madres? Al parecer no. Por otro lado, sabía que el lazo entre una hija y su papá era prácticamente indestructible, aunque muchas veces incomprendido. Solo sabía que una persona debía estar donde se sintiera cómoda, no importaba mucho dónde, siempre y cuando se encontrara bien.

—Así que… Pasaste prácticamente once años sin verlos… Digo, regularmente. —ella simplemente asintió al mismo tiempo que suspiraba otra vez. —Debió ser muy difícil para ti, y siendo tan pequeña.

Notó como Sora ladeaba un poco sus labios y desviaba su mirada hacia sus pies, podía notar lo mal que se sentía la pelirroja, y le resultaba casi como una tarea imposible intentar ocultar lo estúpido que se sentía él en ese momento. Aunque por otro lado…

Una sonrisa casi imperceptible se comenzó a formar lentamente en los labios del moreno.


Se levantó del sillón donde se encontraba al oír el timbre sonar, y cuando abrió la puerta ni siquiera evitó aquella amplia sonrisa que se formó en su rostro al verlo.

—¡Hola!

—¿Cómo está la niñita más linda de papá? —preguntó el hombre soltando a su hija de un fuerte y animado abrazo.

—Soy tu única niñita… O eso creo. —respondió ella sonriéndole a su papá. —Creí que llegarías más tarde. —comentó mientras se dirigía hacia el refrigerador para sacar el jugo.

—Yo también. Espero que no te moleste que te haya enfermado para poder tener unos días libres en el trabajo. —dijo sentándose sobre el sillón. Sora le sonrió.

—No, para nada. Enférmame cuantas veces quieras.

Le extendió un vaso de jugo a su papá y luego se sentó a su lado, escuchando todas las excusas que había tenido que decirle a su jefe para que le diera unos días libres, todo sería para ver la final.

—¿Y tu amiga?

—¿Mimi? Está viviendo con su novio, se quedará con él una semana.

—¿Y tú estás sola?

—No, un amigo se está quedando…

—¿Amigo?

—Más bien es solo un conocido. —se corrigió.

¿Amigo? ¿Desde cuándo lo consideraba su amigo? Lo sabía perfectamente, ya debería dejar se hacerse las mismas preguntas todo el tiempo, Sabía perfectamente bien que desde la primera vez que lo vio le había gustado, que era su ideal de hombre hecho realidad, de carne y hueso, no era para nada un sueño, y si lo era no quería despertar nunca… Hasta que comenzaron a hablar de fútbol. Aunque debía reconocer que más allá del equipo que ambos apoyaran, los dos sentían una infinita pasión por el fútbol… Eso contaba ¿no?

—¿Y a ti quién te dio permiso de vivir con un hombre? No se ve bien que una señorita viva sola con un hombre extraño.

—No es un hombre extraño, papá, lo conozco, además casi no lo veo, entrena prácticamente todo el día y cuando no, está estudiando. Es futbolista… —agregó ante la mirada dubitativa de su padre, a lo que él abrió los ojos con impresión y comenzó a asentir lentamente mientras una sonrisa se dibujaba sugerente en su rostro.

—¿Y qué esperas entonces? Un futbolista no se encuentra en todos lados. Aprovecha. —le "aconsejó" su querido padre.

¿Qué rayos le pasaba a su papá? Si su memoria no le fallaba, él había sido el encargado de espantarle a sus novios desde el primer día que se le ocurrió llevarlos a su casa a conocer a su papá, ayudado por su hermano, claro… Ambos estaban coludidos en empeñarse para que ella se convirtiera en monja. Su relación más larga había sido la tercera y última, con seis meses de duración, y habrían sido aún más si su papá no hubiese tenido la brillante idea de ir a visitarle sorpresivamente… ¿Y ahora tenía el descaro de decirle que aprovechara? ¿Acaso estaba aburrido y quería espantar a más chicos?

Su padre comenzó a hacerle una seguidilla de preguntas con respecto a aquel chico que vivía con ella, quizás el hecho de que sea futbolista haya sido un punto a favor para que él lo considerara como su "futuro yerno" sin siquiera conocerlo. ¿Cómo se llama?, ¿Cuántos años tiene?, ¿De dónde es?, ¿Qué está estudiando?, ¿Es respetuoso? Fueron las preguntas que le había hecho su progenitor. Curiosamente no le preguntó por el tema de gran importancia que lo tenía en Tokyo y no en Kyoto donde trabajaba y vivía hace dos años, por el fútbol.

Prendió la televisión para ver algo que nunca se perdía, las noticias, especialmente las de deportes. Las noticias sobre la final del torneo llenaban los encabezados de los diarios y eran las más comentadas en todos los noticieros de los diversos canales, los comentaristas se deshacían el halagos para el Nagoya y el Tokyo, aunque éste último carecía de importancia para ella y su padre.

—"El capitán del Tokyo, autor de tres de los cuatro goles que le dieron la victoria al equipo, realizó las siguientes declaraciones." —comentó el periodista.

Notó como su padre adoptaba una posición totalmente concentrada en las próximas palabras que emitiría el futbolista, no porque realmente le interesaran, sino para burlarse de los halagos que le haría a su propio equipo y las pestes que hablaría de los contrarios. Ella, si hubiese sido otra la circunstancia u otro el equipo o el jugador, seguramente haría lo mismo que su padre, sin embargo esta vez sería totalmente diferente… Ya veía venir aquella gran bomba.

El hombre escuchó atentamente cada palabra del moreno y sonrió con sarcasmo cuando lo escuchó decir "Hemos hecho una gran campaña en el torneo nacional, hemos ganado todos los partidos, tanto de local como de visita, y eso solo se logra siguiendo las instrucciones de nuestro técnico y confiando en nuestras capacidades…". Él negó con más sarcasmo aún y rió descaradamente. Iba a emitir un denigrante comentario acerca de su equipo y más aún de su técnico cuando fijó su vista en algo que llamó la atención. —Taichi Yagami… ¡¿Capitán de FC Tokyo? —rápidamente guió su vista hacia su hija.

No es un hombre extraño papá, lo conozco, además casi no lo veo, entrena practicamente todo el día y cuando no, está estudiando. Es futbolista…

¿Y qué esperas entonces? Un futbolista no se encuentra en todos lados. Aprovecha… ¿Cómo se llama?
—Taichi Yagami.

—¡¿Es él?, ¡¿VIVES CON ÉL? —ella tímidamente asintió. Sabía que su nombre se le hacía familiar. —¡Y no me dijiste que juega para el otro equipo!

—Bueno… Tú tampoco preguntaste.

Respuesta estúpida. Seguro después de responderle así a su querido y adorado padre provocaría que la desheredara.

—¡SOBRE MI CADÁVER SALDRÁS CON UN TIPO DEL TOKYO! —

¡¿Qué?, ¿Y quién dijo que quería estar con él? … OK, quizás en lo más profundo de su corazón ella… Si quería. Primero le decía que aprovechara y ahora que prácticamente él tenía que estar muerto para que ella "aprovechara"… Su padre era un bipolar de primera. No quería ni imaginarlo cuando le comentara que ya había salido con él… No en plan de novios, pero si en plan de… "un poco más que amigos y menos, mucho menos, que novios"

(…)

En el momento que entró al departamento, pudo notar que algo andaba mal. Se sintió… observado, nervioso, temeroso… Alzó su vista hacia donde su intuición le indicó que había peligro y, en efecto, estaba Sora viéndolo como si algo realmente malo estuviese apunto de pasar, y a su lado, un hombre, con una mirada fulminante.

—Así que tú eres el susodicho… —comentó muy serio él, luego de que entrara y una vez que estuvo más cerca suyo.

—Usted debe ser el padre de Sora. Es un placer conocerlo, señor.

El señor, algo canoso, como respuesta a su educado saludo solo entrecerró los ojos, algo nada bueno.

—Que pena no poder decir lo mismo… Mi placer sería mayor si no fueses del otro equipo…

Tenía razón, no era nada bueno… Y para colmo, Sora no lo estaba ayudando mucho.

—En parte tiene razón… —pensó en voz alta. Su padre la secundó y ahora el indignado era él. —¡¿Qué? Es verdad.

Se sentía totalmente ajeno a todo, y las miradas que le lanzaba el padre de Sora no le ayudaban en nada a sentir lo contrario. Él y la pelirroja hablaban de su equipo, aquel que él consideraba pésimo, y aunque tenía mucho que opinar ahí prefirió no hacerlo, eran dos contra uno y obviamente él saldría perdiendo y, producto de eso, muy probablemente sería el mismo papá de Sora quien lo echara a patadas del departamento, sin mujer y sin hogar… Completamente solo, y encima peleado con su futuro suegro, porque sí, él se tenía fe.


Se sentía realmente bien poder compartir un rato con su mejor amigo para variar, pasar de verlo todos los días, aunque sea un par de horas al día, el único tiempo libre que le dejaban sus obligaciones con el fútbol y los estudios, a verlo prácticamente nada, ahora además de aquellas obligaciones, tenía que agregar a su lista seducir a Sora y ganarse por lo menos una pequeña parte del cariño de su padre. Rió cuando su amigo le pidió al cajero solo un jugo natural junto con una ensalada.

—Mentira. ¿Serás sano hoy? —ironizó el rubio. Tai solo sonrió.

—Tengo que hacerlo. Tengo que cuidarme para el partido de pasado mañana.

—¿No sé para qué te cuidas y entrenas tanto? De todos modos lo ganará el equipo de Sora…

Lo sabía, ese había sido el peor insulto que podía decirle a su amigo en esos momentos, pero lo había hecho con la intensión de que lo mirara como un asesino en serie, y lo había logrado.

—Es mentira. —advirtió riendo a carcajadas.

—Más te vale. —comentó el moreno sentido aún.

Ya cuando se encontraban en la mesa disfrutando de su almuerzo, compuesto por una hamburguesa con extra queso, papas fritas tamaño grande y una soda extra grande, totalmente apuesto al nutritivo almuerzo de su deportista amigo. Aún seguía con su burlona sonrisa, que cambió rotundamente cuando hasta su mesa se acercó un hombre adulto junto con un niño pequeño de aproximadamente unos 6 años, y era obvio a lo que iba, el pequeño llevaba en sus manos un cuaderno y un lápiz, además vestía emocionado la camiseta del equipo al que su amigo pertenecía. Observó tranquilo como el moreno le otorgaba una amena sonrisa a aquel niñito mientras el niñito le comentaba lo fanático que era de él y del Tokyo.

—¿Cómo te llamas? —le preguntó amablemente Tai, ya con el lápiz en su mano listo para escribir en el cuaderno.

—Keiji.

—Ah, ¿como Keiji Tamada?

El niñito asintió, y junto con eso, le explicó al moreno que su mamá había sido quien había decidido ponerle aquel nombre, según como lo contaba, sus padres pertenecían a equipos contrarios… Como él y Sora… ¡Qué estupidez más grande acababa de pensar!

—Mi mami dice que él es un buen jugador… Pero yo no creo, porque es del Nagoya, y no es tan bueno como el Tokyo. —explicó muy serio el pequeño mientras su papá sonreía orgulloso por sus comentarios.

—No, tu mamá tiene razón, es un gran jugador. Es por eso que juega en la selección.

—¿Sabes? Yo juego fútbol como tú. —Tai levantó las cejas ansioso por saber más, él lo tomó como una invitación a seguir. —Si, mis compañeros me eligieron capitán. Y cuando jugamos, uso el número 17, como tú… —con cara palabra que el niñito pronunciaba, la sonrisa de Tai se iba ampliando cada vez más. Había que ver lo baboso que estaba siendo en ese momento, se podía imaginar a él mismo a futuro con su pequeño hijo yendo al estadio y persiguiendo a los jugadores para pedirles autógrafos. —Cuando sea grande, seré capitán del Tokyo también.

—¿En serio? Entonces tienes que esforzarte mucho, porque no será nada fácil… —le advertía Tai mientras anotaba unas cuantas cosas en el cuaderno que el chico le había pasado.

Cuando por fin se lo entregó, al pequeño se le iluminaron los ojitos cuando leyó "De Taichi Yagami, actual capitán del Tokyo, para Keiji, futuro capitán del Tokyo. ¡Suerte!". Luego el pequeño se fue feliz y con una amplia sonrisa imposible de borrar en su rostro, de la mano de su padre, con un autógrafo de su ídolo y además una foto con él. Tai los vio alejarse y cuando ya se habían ido del alcance de su vista, volteó hacia su amigo, quien negaba lentamente con una sonrisa burlona en su rostro ¿Aún la tenía o era otra?

—Baboso.

Como respuesta obtuvo una seña inapropiada con su dedo medio además de una mirada nada amigable, pero solo eso, luego su comida entre amigos volvió a ser normal.

Finalmente habían optado por ir a pasar la tarde al departamento del rubio y de Mimi, momentáneamente. Sería bueno pasar más tiempo con su amigo, relajándose… Aunque presentía que lo que menos haría era eso.

—Y… ¿Qué pasa con Sora?

Lo sabía.

—¿Qué tendría que pasar con ella?

—No te hagas el imbécil. Aunque debo admitir que te sale casi natural esa actitud.

El rubio se había ganado otra seña… Una más para su colección. Tai mantuvo la mirada fija en su amigo y luego comenzó a vagar por distintos rincones de la habitación. ¿Que qué pasaba con Sora?, la pregunta más bien debería ser ¿Qué NO pasaba con Sora? Quizás ya saltaba a la vista de cualquiera, era una situación de la que muchas veces se había reído cada vez que tenía la ocasión. Ella era linda, inteligente, divertida, apasionada, alegre… Tenía una linda sonrisa, lindos ojos, lindo rostro, lindo cuerpo… Eran perfectos el uno para el otro, le gustaban las mismas cosas, habían pasado por situaciones similares, el destino quería juntarlos, pero también el maldito caprichoso se había encargado de separarlo por causa de una de sus más grandes pasiones, el fútbol. Su relación se podía catalogar perfectamente como una de amor y odio… Con mucho más odio que amor, claramente. Le gustaba, mucho, no sabía si la amaba, aún era muy pronto para saberlo, pero si podía decir que le gustaba, y si quitaba todas aquellas discusiones absurdas por el fútbol que eran prácticamente el 70% de lo que habían compartido, la pasaba realmente bien con ella, además ya había comprobado que podían ser capaces de mantener una conversación tranquila y sin llegar a los denigrar sus preferencias. Sin embargo la pregunta del millón era: ¿Sentirá Sora lo mismo que yo? Probablemente nunca lo sabría si lo se lo preguntaba, pero ¿de donde sacar la personalidad para preguntárselo?, ¿Insinuándoselo, quizás?


—¿Estás cómoda? —preguntó irónica ella. Su mejor amiga no había encontrado nada mejor que, para estudiar, según ella, acomodar su cabeza sobre sus piernas estiradas.

—¡Sip! Gracias por preocuparte.

¿Preocuparse? La pelirroja no estaba preocupada ni en lo más mínimo, sabía muy bien que su amiga era bastante confianzuda, y en parte agradecía que fuera así con ella, pues significaba precisamente eso, que le tenía mucha confianza como para ser tan transparente con ella y mostrarse tal como ella era, nada tímida y bastante confianzuda… Mimi por su parte, acomodaba cada vez más su cabeza sobre las piernas de Sora, poco le importaba aquella mirada que le lanzaba, ella estaba feliz "estudiando", y para probárselo, sostenía su cuaderno frente a sus ojos mientras sus ojos denotaban lo muy concentrada que intentaba mantenerse en la materia.

—Se te está saliendo el esmalte.

—Ay, amiga, lo sé… He querido volver a pintármelas, aunque de otro color, pero ya sabes que con la mano izquierda soy un asco… Siempre las uñas de la mano derecha son una vergüenza. Y como sé que si le pido a Matt que me pinte las uñas, me dirá que no, estoy contando los días para volver al departamento. —habló emocionada. Probablemente si su novio la escuchara, ya sería su ex novio. —Aunque vivir con Matt ha sido hermoso y lo hemos pasado muy bien… Pero él no me pintará las uñas… Lo primero que haremos será nuestra noche de chicas, viendo muchas películas, charlando de lo lindo, comiendo como cerdas y pintándonos las uñas. —su sonrisa cada vez era más amplia cuando enumeraba todos sus planes con su mejor amiga.

—Créeme que yo también cuento los días para que vuelvas.

—Vamos, Sora… Tai no debe ser tan mal compañero. Además, ¿a quién crees que engañas?, ¿De verdad esperas que me crea que no lo soportas? —Sora se limitó a mirarla indignada. —Ay, Sora, por ti que se quede toda la vida y que se pasee por ahí sin camisa para verle los abdominales, ¡Sucia pecadora!

No sabía si reírse, enojarse, golpearla, sonrojarse, insultarla, o alguna otra cosa, aunque involuntariamente, la cuarta opción era precisamente lo que estaba sucediendo, a lo que Mimi rió con burla. ¿En qué momento se le había ocurrido decirle a la castaña que le gustaba Tai? Quizás sería tiempo de buscar a una nueva mejor amiga… Una que no tenga complejo de casamentera…

Mimi sonrió más todavía. —Sora, acéptalo. No tiene nada de malo que te guste, tendrías que ser muy ciega o lesbiana para que no te guste.

—¿Cómo que no tiene nada de malo? Mi papá lo odia.

—Sora, los papás odian a cualquier chico que se acerque a su pequeña. Aunque reconozco que a Tai lo debe odiar mucho más por ser del otro equipo. —rió descaradamente ante la desgracia de su amiga, y aunque ella en una primera instancia la miró feo, logró contagiarle su alegría. —A propósito, ¿Cuándo es la final?

Aún no se acostumbraba… ¿Mimi preocupada del fútbol? Seguía siendo raro. —El sábado. ¿Me acompañarás? —preguntó recordando que tan solo faltaban dos días y su amiga no le había dado ninguna respuesta clara a aquella pregunta.

—¡¿Qué?, ¡No! —contestó incorporándose, preocupándole muy poco el paradero de su cuaderno. —No te acompañaré… No puedo dejar que un partido de fútbol me separe de mis amigos… No puedo ir contigo ni estar del lado de la barra de Tai… Me quedaré en casa y celebraré los goles de los dos equipos, así nadie me molesta… Es la decisión más madura que he tomado. —reflexionó ella. Su amiga comenzó a achicar su mirada, entrecerrando lentamente sus ojos… La estaba empezando a asustar.

—¡Traidora! —exclamó fuerte mientras se levantaba indignadamente. —Eso no se le hace a las mejores amigas.

—Sabes que es una bromita, ¿cierto? —sus ojos de cachorrito nunca habían fallado, y esperaba que esta no fuera la primera vez que lo hicieran.

—Claro que si, te entiendo. —sonrió Sora. —Pero gritarás más los del Nagoya, ¿verdad? —ahora era ella la que usaba la técnica de la mirada de cachorrito.

Mimi pareció meditarlo. —Los gritaré más fuerte… Un poco más fuerte.

Sora amplió aún más su sonrisa, y luego de comentarle que iría a ver a su hermano y a su padre, quien se estaba quedando con Dan, le dio un beso en la mejilla a su amiga y se dispuso a caminar hacia la estación del subterráneo más cercana.


—Viejo, ya relájate… —intentaba calmarlo su hijo mayor.

—¿Lo haz visto?

—En fotos… En televisión… Parece un chico agradable.

—¡Es del Tokyo!

—Bueno, nadie es perfecto.

Su hijo había acertado en el clavo. ¡El chico no era perfecto! Por lo tanto, no era digno de su querida hijita. Ya la había visto sufrir un par de veces por culpa de unos malditos imbéciles, que posiblemente hayan sido del mismo equipo que ella, pero igualmente le habían hecho daño… Y éste sería aún mayor al ahora tratarse de un tipo del equipo contrario. El ruido de la puerta los sacó a ambos de su discusión.

—Hola. —exclamó contenta Sora entrando a la habitación y cerrando la puerta luego. —¿Qué pasa?

Era bastante extraño verlos a ambos serios, siempre habían sido muy alegres, en especial cuando estaban los tres, y los mayores solo se preocupaban de consentirla en todo lo que sea posible, ahora solo se dedicaban a verla de forma seria, como si hubiese hecho algo realmente malo e imperdonable para sus dos hombres más importantes en la vida. Ella no recortaba haber hecho nada malo…

—¡Es del Tokyo! —volvió a alzar la voz su padre. Su hermano solo rodó los ojos, a él le gustaba mucho el fútbol, es más, era tan fanático, o más, que su padre y su hermana, y admitía que no le gustaba mucho la idea de una posible relación entre Sora y aquel chico que casualmente era capitán del equipo rival y además vivía con ella, pero si su hermana era feliz, él también lo sería. —¿Cómo pudiste?

—¿Cómo pude qué? Papá, no he hecho nada… —bufó frustrada. —Si hubiese querido que alguien me regañara sin razón me hubiese quedado con mi mamá…

Y era verdad.

Con ese comentario por fin había logrado que su padre dejara de reclamar contra Tai y su supuesta atracción hacia él, que de supuesta la verdad tenía bien poco, pero su padre no tenía por qué enterarse de eso… Cuando el hombre se había tranquilizado un poco, encendió la televisión para nutrirse del acontecer nacional y mundial con las noticias de medio día, y todo eso ya le parecía una broma de mal gusto del destino… ¿Fútbol… FC Tokyo… TAICHI… En serio?

—"Es el jugador mejor evaluado del torneo nacional, con un promedio de 3 goles por partido. —hablaba el comentarista que, OBVIAMENTE, parecía tener algún tipo de preferencia por el equipo del moreno, cosa que enojó de sobremanera a su papá. —Es por eso que ya se encuentran en el país algunos dirigentes y entrenadores del Manchester United, para ver el desempeño del atacante en la final próxima a jugarse este sábado contra Nagoya Grampus."

—Claro… —comentó sarcástico. —Háganle un altar ahora…

—¡Papá!

—¡¿Qué? ¡Pero si es cierto! Hablan todo el santo día de él. Y parece que a ti no te basta con verlo todo el tiempo, además tienes como un radar para captar cuando sale también en televisión…

Sora suspiró pesadamente. Su papá cuando quería podía ser incluso más inmaduro que ella… La verdad es que no sabía por qué reclamaba tanto contra el moreno, los dos eran igual de ridículos e intolerantes. —¿Podrías decirle que está haciendo el ridículo? —se dirigió a su hermano mayor, quien volteó hacia su padre y se encogió de hombros, en señal de que su hermanita tenía razón y estaba haciendo el ridículo, además de comportarse como esos típicos padres celosos y fastidiosos.


Llevaba casi una hora desde que había salido de la ducha y aún permanecía con aquella toalla blanca alrededor de su cuerpo, para su suerte aún tenía tiempo de sobra para llegar al departamento de su hermano, mismo donde su padre se estaba quedando y luego irse los tres al estadio, y lo agradecía eternamente, porque en ese momento no tenía cabeza para nada más… Agradecía también no haberlo visto esa mañana, pues Tai había salido muy temprano al Centro Deportivo para el entrenamiento previo al partido final a realizarse aquel día. Lo odiaba… Le gustaba, pero lo odiaba… Y se odiaba a sí misma también por haber sido tan estúpidamente frágil, y es que ¿En qué momento se le había ocurrido aceptar su estúpida apuesta?

Todavía no entiendo como puedes ser de ese equipo tan mediocre… —hablaba el moreno, dando pie para una nueva discusión sobre su tema favorito, lo que los unía y a la vez lo que más los distanciaba. Era una discusión que Sora no estaba dispuesta a perder.

Pues ya verás como mi "equipo mediocre" le pateará el trasero al tuyo mañana en la final. Si tienes suerte podrás ver la copa y enceguecerte con su resplandor.

En parte él había querido reír, pero no podía, ella lo había planteado como un insulto hacia él y todo su equipo, su orgullo no le permitía reír.

¿Eso crees?

100% —asintió ella con toda la seguridad del mundo de su lado.

Bien, si quería jugar con fuego, sería exactamente lo que le daría. —Muy bien. Entonces supongo que no te molestará que hagamos una pequeña apuesta…

¿Una apuesta?, ¿Estás seguro de querer apostar algo por tu equipo? Yo no me arriesgaría, tomando en cuenta lo malos que son…

Tai dejó escapar una suave risa, y al oírla temió por la firmeza de sus piernas y creyó que caería al suelo por culpa de aquel efecto que había causado en ella, pero no le daría en el gusto de creerse aún más el cuento de que era un hombre sensual y deseado por las mujeres, o como él se describía a si mismo, un "objeto sexual"… No señor, no lo haría… Aunque lo compartiera… ¡No!

Sea lo que sea, acepto. Será divertido que pagues una apuesta. —respondió Sora a la pregunta inicial de Tai, con una maliciosa sonrisa.

Si el Nagoya pierde…

Nagoya no va a perder. —lo interrumpió Sora.

Dije que si es que perdía, en caso hipotético… Bueno, no sé qué tan hipotético pueda sonar eso, la verdad es que a mi me parece bastante creíble. En fin… Si el Nagoya pierde, tú deberás acompañarme al próximo partido del Tokyo… —Sora no dejaba de mirarlo fijamente, escuchando atenta todas las condiciones de la apuesta. —En la barra del Tokyo y con la… Camiseta del Tokyo. —dijo esto último con la misma sonrisa que había ocupado ella instantes antes. Al parecer ya no le resultaba tan atractiva la apuesta a la pelirroja.

Bien. Pero cuando el Nagoya gane, y es obvio que ganará, tu irás a un partido del Nagoya conmigo usando su camiseta.

Tai amplió aún más su sonrisa. —Bien.

Bien. ¡Acepto! —finalizó la pelirroja.

¿Qué te parece si lo hacemos más interesante? —Sora arqueó sus cejas, queriendo saber más. —Apostemos otra cosa… Más personal…

"Apostar es malo… Una vez que lo haces, luego no sabes cuando parar." Habían sido las sabias palabras que le había oído decir a su padre alguna vez… Ojalá las hubiese escuchado con más cuidado, le habría sido muy útil…

Por cada gol que yo haga, tú me darás… un beso. —habló siempre sereno, expresión que contrastaba severamente con la que Sora tenía ahora.

¡¿Qué?

¿Cómo que "qué"? Es simple. Un gol, un beso… —explicó paciente él. —No requiere de mayor lógica.

Sora suspiró. —¿Por qué no me pides dinero mejor?

Porque debes ser esa clase de persona que no le importa perder un poco de dinero. Un beso quizás sería más comprometedor que un par de billetes, ¿no?

¿Un beso quizás sería más comprometedor que un par de billetes? ¡CLARO QUE LO ERA! El tipo se sabía atractivo y sexy, y estaba casi segura de que podía oler su nerviosismo ante la situación a kilómetros de distancia, casi podía apostar que Tai sabía que le movía el piso… Como a cualquier otra pobre mortal propensa a perder toda la cordura por sucumbir ante sus masculinos encantos.

Entonces… ¿Apostamos?

¡Tonta, tonta! ¿En qué maldito momento había aceptado esa maldita apuesta?

¿Un beso por cada gol que él anote? Tenía un promedio de 3 goles por partido, eso significaba tres besos… Y no unos simples besitos en la mejilla como los que le daba a su papá, su hermano o sus amigos… Si no unos como los que cualquier mujer pudiera llegar a fantasear con él, aquellos dignos de llamarse BESOS. Maldito calienta sopa…


Le dolía el estómago, se sentía nerviosa… Tan nerviosa como podía estar cualquier persona en ese estadio, sea cual sea su preferencia, todos sentían los nervios de una final, y, ¿para qué mentir? Ambos equipos estaban jugando realmente bien, y aunque le costara reconocerlo y quizás si lo dijese en voz alta la patearían por traidora… Pero el Tokyo estaba haciendo una mejor campaña que el equipo de sus amores, ganando el primer tiempo por 3 goles a 1, y para su mala suerte… Dos de aquellos tres goles los había hecho el Objeto Sexual… Aunque bien podía hacerse la loca, pero ella era una mujer de palabra, había aceptado y dado su palabra con respecto a la apuesta, no podía echarse para atrás… Además… ¿A quién engañaba? Seguro no quería besarlo… Si cuando el moreno se acercaba a la portería del equipo visitante para anotar su posible tercer gol, hacía sufrido un golpe con Keiji Tamada, golpeándose ambos en la cabeza, casi iba a socorrerlo, pero tuvo que calmar sus pasiones para no parecer una loca desesperada y traidora ante los ojos de su padre, para su suerte pasó como que se había preocupado por el jugador de su propio equipo.

Apenas comenzaron a salir los jugadores que vestían camisetas rojas, se hicieron presentes los gritos de ánimo para ellos, instantes después salían los de Tokyo, y con ellos las pifias y silbidos desaprobatorios para ellos entre todos los rivales, donde ella se encontraba, sin embargo su mirada permaneció siempre fija en Tai. Su corazón dio un vuelvo cuando sintió por un segundo que el moreno correspondía su mirada. ¿Qué le estaba pasando? No podía darse cuenta justo ahora, en medio del clásico, rodeada por hinchas del Nagoya, que no tan solo él le movía el piso, que no tan solo le gustaba, si no que también estaba enamorada de él.

Notaba como el moreno, luego de comenzado el segundo tiempo y posterior a unas cuantas jugadas, se seguía quejando del dolor que le había causado el golpe anterior en la cabeza, pero no le importó y a pocos minutos del pitazo que dio inicio a los 45 minutos finales, convirtió un tercer gol de cabeza. Ella escuchaba como toda la tribuna de lamentaba y gritaban para liberar emociones, asimismo lo hacían su papá y su hermano, sin embargo, ella se mantenía callada, es más, podía jurar que una tenue sonrisa se había formado en su rostro, y la borró inmediatamente luego de darse cuenta. Realmente le había hecho pésimo darse cuenta que se había enamorado de un jugador del Tokyo justo en medio del partido… Su conversación mental consigo misma se vio finalizada cuando Keiji Tamada anotaba el descuento para el Nagoya y se vio inmersa en una gran ovación y el posterior abrazo que le daban tanto su papá como Dan mientras saltaban eufóricamente los tres. Pasaron solo tres minutos cuando Manazaki realizó el tercer gol para su equipo, nacido de un tiro de esquina, ahora la diferencia no era tanta y ella ya no pensaba tanto en su corazoncito, sino en que ya el triunfo de su equipo estaba bastante cerca, estaba a un par de goles de celebrar que eran campeones nacionales, restregarle su triunfo a Tai… Tai… ¡Y! Obligarlo a usar la camiseta del Nagoya.

Cerca del minuto 70, toda la tribuna comenzó a sufrir nuevamente, porque el súper capitán y goleador con un promedio de 3 goles por partido según los comentaristas fanáticos, se acercaba nuevamente hacia la portería rival custodiado por en Nº 5 del Nagoya, Takahiro Masukawa, el moreno se acercaba a paso rápido hacia la portería, buscando con la mirada a algún compañero para darle el pase y marcar el 5to gol del partido. Observaba como la tribuna del Tokyo ya se levantaba expectante de lo que posiblemente se viera ante los ojos de todos como un gol seguro, cuando Tai ya se encontraba pisando en el área de castigo, se le antepuso Masukawa y le proporcionó un codazo en la cabeza, puso jurar que en el mismo sector donde antes había sufrido el golpe. Tai cayó inmediatamente al suelo presionando con ambas manos su frente. El árbitro no tardó en llegar al lugar de la falta y tampoco tardó en marcarle una merecida tarjeta roja al jugador del Nagoya, era un penal seguro, y si lo convertía Tai, era un gol seguro, pero a ella poco le importaba si la diferencia de goles seguía creciendo, ella había sido una de las que se había levantado impactante de su asiento, lo único que le importaba en ese momento era saber si Tai estaba bien o no, los paramédicos habían entrado a la cancha para tratarlo, eso indicaba que él NO estaba bien, el árbitro hizo una seña para que ingresaran con la camilla, y pese a los constantes reclamos del moreno, que conociéndolo él quería ser el que realizara aquella jugada, finalmente se lo llevaron a los camarines. Durante el trayecto él dejó de reclamar y ella sintió que su corazón se achicaba, desde donde ella estaba podía ver claramente como Tai iba prácticamente inconsciente sobre la camilla.


Tuvo que hacer milagros prácticamente para que el guardia la dejara entrar, pero finalmente lo había hecho, ahora se aproximaba a la prueba de fuego, si habían más jugadores del Tokyo dentro del camarín ella tendría que dar explicaciones y probablemente todo su esfuerzo hubiese sido nulo, para su suerte no había nadie más en el lugar, solo Tai acostado en una de las bancas, se encontraba inmóvil, probablemente aún inconciente por el fuerte golpe que había recibido…

Al cerrar la puerta ésta hizo un fuerte ruido que provocó que el moreno despertara y volteara hacia donde estaba ella, al notarla soltó un suspiro junto con una sonrisa que tan rápido como se formó, se esfumó.

—¿Cómo estás?

—Muy bien. Casi ni lo sentí. —Sora sonrió, supo inmediatamente por su rostro y el parche que dejaba ver un poco de sangre que no era cierto. —Aunque debo reconocer que tienen jugadores bastante brutos en tu equipo… —la pelirroja bufó dándole la razón.

—¡Fue tan estúpido! Masukawa venía llegando de una expulsión por golpes y ahora vuelve… Si sigue así, sinceramente dudo de su permanencia en el equipo.

Tai le volvió a sonreír, Sora reclamaba contra el jugador como si ella misma fuese la directora técnica, comenzó a pensar que si así fuese probablemente serían un equipo bastante correcto, él había tenido la oportunidad de ver a la pelirroja enojada y, si reclamaba e insultaba viendo el fútbol, la verdad no quería ni imaginarse como sería si lo dirigiera… Su sonrisa se fue desvaneciendo cuando se dio cuenta de la mirada de ella que permanecía fija en sus ojos, él intentó descifrar sus intensiones pero le había sido imposible, solo lo supo cuando comenzó a acercarse lentamente hacia él hasta darle un suave y tímido beso.

Ella había hecho una apuesta, había dado su palabra, por cada gol que él hiciera ella le daría un beso, y así lo hacía, y él por su parte tampoco ponía resistencia, mucho menos cuando cada beso era más intenso que el anterior. Tampoco reclamó él cuando Sora le daba un cuarto beso que no tenía nada de similar con el primero, pero luego haciendo memoria le pareció muy raro… Cuando Sora se separó de sus labios y notó su expresión supo exactamente lo que el moreno le quería preguntar:

—Ya sé que hiciste tres goles, pero estoy segura que si hubiese dependido de ti, tú hubieses anotado en el penal, y estoy segura que habrías anotado un gol más.

—Si, claro… Esa es la excusa. Estoy seguro que no pudiste resistir mis encantos. —Sora sonrió ampliamente.

—Además… —fue la respuesta de ella, que sinceramente él no se la esperaba. Sora le volvió a sonreír mientras lo miraba detenidamente y él le correspondió.


Era inevitable para el moreno no hacerlo, y ella prácticamente ya estaba acostumbrada a que daban un par de pasos y él ya se encontraba rodeado nuevamente de gente esperando tomarse una foto u obtener un autógrafo de él, y es que era un muy buen jugador y además muy querido por la gente. Sora lo esperaba unos peldaños más arriba de donde se encontraba él con el tumulto de gente, finalmente, después de unos minutos había logrado subir hasta quedar a la misma altura que ella, le extendió la mano y él entrelazó sus dedos con los de ella, cuando Sora se disponía a seguir subiendo hasta los asientos que previamente él le había indicado, volteó hacia él dubitativa. ¿Por qué no se movía? Ya no había gente pidiéndole nada…

—El azul te sienta muy bien. —comentó con una gran sonrisa, a lo que Sora puso sus ojos en blanco.

—Ni me lo recuerdes. —tiró con suavidad de su brazo para subir juntos hasta los asientos. —Cuando llegue al departamento tiraré esta cosa a la basura y me daré un merecido baño de tina.

—Pero mi amor, la compré especialmente para ti… Para esta ocasión. —habló él intentando apaciguar una burlona carcajada al ver como su, ahora, novia estaba notoriamente molesta por tener que usar la camiseta del equipo rival. —Aunque debo reconocer que el rojo tampoco te queda nada de mal… —agregó al recordar verla con la camiseta de su equipo el día del partido hace poco más de un mes, cuando había terminado el torneo.

Sora sonrió de medio lado, levantó sus cejas y negó con suavidad. —Estas son las cosas que hago por ti, ponerme esta cosa y hacer un esfuerzo sobre humano para no tirarla o quemarla luego.

—Es porque me amas, ¿cierto? —comenzó a parpadear reiteradamente a la vez que apoyaba su cabeza sobre el hombro derecho de Sora. Ella volteó y le sonrió.

—Sip. —dijo sin más para luego acercarse más hacia él para darle un beso en sus labios.

—¿Aunque a tu papá no le guste?

—Soy yo la que está contigo, no él. Y por lo demás, soy yo la que tiene que usar esta camiseta fea. —habló con una falta indignación.

Siguió reclamando por cosas totalmente absurdas como lo era para ella usar esa camiseta por una hora y media, pero en el fondo sabía que lo decía en broma, y así lo confirmó cuando el Tokyo hacía su primera llegada al arco rival, sin éxito, pero ella, al igual que todos los espectadores, lo aplaudió. Él también se encontraba expectante, era el primer partido al que asistía como un público más, la mayoría de las veces él era protagonista en los encuentros y cuando no, se encontraba en la banca de los reemplazos.

Volvió a mirarla de reojo y aguantó sus ganas de reír al verla tan inmersa en el encuentro. Ella, la que se había encargado de despotricar en contra de su equipo, ahora se encontraba viendo muy interesada un partido de ellos, si su padre lo supiera seguro era capaz de venir a sacarla de una oreja.

Y pensar que hace un mes ellos dos no podían estar en el mismo lugar sin discutir, y ahora eran novios, discutían si, pero ya no existían esos comentarios sarcásticos de parte de él, ni aquellas expresiones de enojo de parte de ella. Cuando la había conocido en aquel café supo que no quería que saliera de su vida tan fácilmente, con el tiempo comenzó a creer que eso sería bastante difícil, sobre todo después de conocer sus preferencias futbolísticas y su horrible carácter cuando hablaba de él, sin embargo el destino se había encargado de ayudarlo, la conocía hace más o menos dos meses y ya llevaban uno saliendo y siendo novios, la conocía, aún no del todo, pero en su mayoría si, y tampoco le apuraba conocerla, después de todo, tenía toda una vida para conocer sus gustos, sus mañas, y en especial para discutir con ella de aquel tema que los había unido, el fútbol.


Y fin :) Sip, así termina este fic, les dije que iba a ser cortito, bueno, dentro de lo que se puede xD 14 páginas cada capítulo xD pero fue lindo :) disfruté mucho escribiéndolo y espero que ustedes también hayan disfrutado mucho leyéndolo, porque lo escribí con mucho amor y pasión 1313 xD si :')

Bueno, no tengo mucho más que decir xD toda mi felicidad ya la dije al principio, además aunque tuviera cosas que decir no podría expresarlas aquí porque van a ser las 11, mañana tengo clases y aún no he tomado once ni me he duchado! D: Me las di de vaga este fin de semana xD más que durante la semana :B así que SALUDITOS! :D

Klaudia-de-Malfoy aquí está la actualización :B a mi también me encanta el fútbol y Tai :D son lo mejor :L Rolling Girl ;D xDDDD hiciste de todo luego de leer el capítulo, mujer a todo terreno ;D SECA! no importa :') te diste el tiempo de comentar después y eso es lo que cuenta, gracias mi niña *-* Aquí supiste quien ganó ;D espero que responda a tu duda :B bueno si, que weón mi comentario u_ú Fatyyy *-* supongo que esperaste el capítulo sentada como te dije cierto? pobre de ti si te paraste! xD (?) ni siquiera para ir al baño ._. ok, no xD Tity obvio que Chilena po ;D no puedo escribir de otra forma que no sea así, se me da tan naturals ;D Shioow :D Belén del pueblo xDD me hiciste sentir comunista (YYYY) :D "Hueón arrogante y egocentrico, OBVIO QUE LE GUSTA, ¿A quien no le gustaria?" La Shio SABEEE! ;D Me rio tanto con tu RR :D me siento más chilena cuando te leo *-* ObitoUchiha18 :) gracias! sinceramente me halaga que un hombre encuentre buena mi historia xD quiere decir que algo he aprendido de futbol :) muchas gracias, en serio :D Meny pecadora! Si po, terrible mala persona, yo actualizo para tu cumpleaños y tu ni pescai :( weá mala amiga xDDD TE QUIEROOOO *-*Pía y sus RR's interminables xD (son 2 para variar porque uno no alcanza para todos sus pensamientos :B) "SORA CULIÁÁÁÁ! Weón, yo me le tiro encima y me lo violo con furia loca y pasión! Qué haces aquí? La pregunta aweoná! Esa weá no se pregunta, se da gracias a Dios y al destino por aquella oportunidad de deleitar no solo su vista sino también sus manos por tocar tan perfecto cuerpo! AWEONÁ!" x'DDD con eso TE AMÉ más aún :* En todo caso es muy cierto, fue bien aweoná Sora xD Pero ya va por el buen camino, cachaste? :D Miiko Love "Jajaj y mmm Mimi? FANATICA DEL FUTBOL? si qe haces milagros eh? " Gracias, lo sé (?) xD CureWhite13 "Y Sora es MUY ADORABLE" Adorable? traté de hacerla LO MENOS ADORABLE POSIBLE xDDDD tenía un caracter de mierda la weóna, peleaba con el medio mino! eso no es adorable xDDD Y finalmente, pero no menos importante Roooowws *-* que me dejó un RR de último minuto porque no había comentado, y ahora me siento cínica porque no le he comentado su fic e_e Este capítulo es para ti nena ;D CELEBRA EN GRANDE este triunfo del clásico! ;D Viva el Américaaaa :D "creo que me faltó un gramo para ser macho xDDD" Si Roww u_u y encima te gusta el fútbol y peleas contra el árbitro como macho... yo también... SOMOS TERRIBLE MACHOS! Pero sensuales 1313 xD

Y eso :B Muchas gracias por leer esta humilde historia que salió de mi mentecilla conforme mi fanatismo por el fútbol fue creciendo en estos meses cuando mi papito me regaló una tarjeta de socio de la U, he aprendido a disfrutar y emocionarme con este deporte que une personas y también al mundo :D

Graciaaas :)


*Len~