Los personajes no son míos. Solo la historia lo es ¡Te odio Meyer! ¡Porque ha creado a Hombres/Vampiros/Lobos tan irresistible! ¡Yo también quiero uno!... A ti también te odio Bella Swan


Bella Pov

— Te veías sexy en traje de baño— fruncí el ceño ante el casual comentario de Edward, intentando no fulminarlo con la mirada, sabía que aquel comentario solo se trataba de una táctica de distracción, no lo suficiente poderosa como para dejarme ganar al Ajedrez por él — Muy sexy

— Cierra la boca idiota — masculle, aun intentando decidir que pieza mover. El alfil. Asentí para mí misma, haciéndolo avanzar. Un siseó burlesco, por parte de él, logro que la confianza al mover mi pieza se fuera al diablo.

— Acabas de cavar tu propia tumba — entrecerré los ojos en un intento de asesinarlo con la mirada. Ugh. Como lo odiaba, no había cosa más molesta que jugar a algún juego de mesa junto a Edward Cullen, que, para empezar, sabia como… — Intenta superar esto — ¡Sí! ¡A eso mismo me refería! Era un patán en cuanto se trataba de competir contra alguien, siquiera se molestaba por fingir preocupación por que le ganase. En absoluto, solo te quería aplastar y asegurar su victoria… Y de verdad iba a ganar ya que, tal y como él sabía, yo no tenía idea de cómo jugar a este juego

Bufe.

¿Cómo demonios termine jugado al ajedrez con él? A sí, claro, el aburrimiento de estar viendo a mi hermano enrollarse con Rosalie en la sala, pero bueno, ¡Ya había aprendido mi lección! Y es que jamás volvería a jugar ni al "Piedra, Papel o Tijera" junto al que se suponía era mi novio

— Hecho — asegure moviendo cualquier pieza, sin molestarme en mirarla. Ya no me agradaba en lo absoluto este juego. Lo observe sonreír tal cual depredador, para luego extender uno de sus brazos y mover uno de sus tantos peones que, a diferencia de los míos, aun quedaban vivos

— Jaque Mate — su susurro silbante me sonó aun más ofensivo de lo que debería, y es que con toda la dignidad que me quedaba y en manifestación de enojo, me dispuse a tirar, con un simple movimiento de mi mano, todas sus piezas sobre la tabla de ajedrez. Sonreí, enarcando ambas cejas, sintiéndome orgullosa de mi acción. — Muy maduro — aseguro jocoso

— Gracias — respondí, mordaz, cruzándome de brazos a la vez que me recostaba sobre el respaldar de la silla en la cual me encontraba sentada hace más de una hora. Suspire mientras observaba mis piernas denudas, enfundadas por un par de calcetines que me llegaban hasta la rodilla. Hoy, por suerte, el clima en la ciudad se mantenía estable, por lo que no era necesaria una fiesta de emergencia en la piscina de Rosalie, como había sucedido dos días atrás. Negué casi con horror, siquiera quería recordar aquella fiesta, aun podía recordar como las miradas curiosas, libidinosas, e incluso fulminantes de los compañeros del instituto, se posaban sobre Edward y sobre mí — ¿Qué miras? — pregunte ya de mala manera, al sentir la intensa mirada esmeralda de él

— ¿Qué te importa?

— Me estas mirando, por supuesto que me importa

— No puedes estar segura que es a ti a la quien miro — cerré mi boca, indignada, conteniendo mis ganas por insultarlo o soltar un comentario hiriente que, sabia, no le haría ningún efecto, ni afectaría su gran ego.

Una sonrisa de completa satisfacción, por no decir maldad, se extendió por su rostro. Si algo le gustaba a Edward más que ganar, era el hecho de dejarme sin palabras en un enfrentamiento verbal; Y es que era tan molesto, odiaba cuando eso sucedía, porque sabía, que inmediatamente el no solo se creería invencible, sino que se vanagloriara delante de mí hasta cansarse de ello.

— Idiota — masculle de manera silenciosa, intentando mantener mi orgullo intacto. Mordí mi labio inferior, que inconscientemente, al perder aquel juego, se había convertido en un penoso puchero. Odiaba perder

— Algún día me ganaras — aseguro Edward, como si realmente supiera hacia donde se dirigían el hilo de mis pensamientos.

Bufe.

— No seas presumido

— En absoluto, solo sé que soy bueno… para todo — moví mi cabeza a manera de negación, no tomando en cuenta el sugestivo y notable doble sentido por el cual se encontraba impregnadas sus palabras. El asintió, adquiriendo la misma posición en la cual minutos antes me encontraba yo, solo que él, cruzado de brazos, hacia remarcar sus fuertes y notables músculos, y yo, por el contrario, bueno, pues, nada… — ¿No me crees? — pregunto con burla, enarcando amabas cejas

— No

— Te puesto cualquier cosa...

— No volveré a jugar Ajedrez

— Sera el juego que desees

— Ya te he dicho que no soy buena para eso. Los juegos recreativos no son lo mío — y desgraciadamente mis palabras eran cien por ciento reales. Al parecer, aun desde niña, no había logrado adquirir la capacidad para mantenerme atenta en lo que se refería a juegos de mesas. Era muy ansiosa y para nada paciente, por lo que esperar, no era mi fuerte, y para mi desgracia, los juegos de mesa eran, sin lugar a dudas, mi perdición; ¡Dios! Incluso mis pensamientos eran estúpidos, y, ahora mismo me arrepentía de ser un desastre de jugadora

— ¿Qué dices de contener la respiración? — sugirió con una notable chispa de diversión en sus ojos

— ¿Hablas en serio? — comenté — Me niego rotundamente a jugar un juego tan infantil — él arrugo el entrecejo, al parecer, sintiéndose ofendido por mis palabras. Segundos más tarde y con una mirada, por completo incrédula, fui testigo de cómo las mejillas de Edward se inflaron de aire, remarcando el hecho de que había comenzado a retener el aire de sus pulmones — No lo haré — él enarco una de sus cejas — No —sus ojos comenzaron a mirarme desafiantes. Gruñí, despidiéndome por completo de la poca dignidad que me queda, para rápidamente comenzar a contener mi respiración. Ganaría este juego…

Edward Pov

Eso no es justo, no se valía hacer morisquetas. Que tramposo eres, Cullen

Reí al recordar el monumental enojo que me había ligado la pequeña Swan. Aun me causaba gracia ser hecho de que me culpara a mi porque ella era incapaz de no reírse ante mis morisquetas. Ganar era ganar, y yo ya había descubierto que el ganarle a ella era un deporte demasiado entretenido, para su desgracia

— ¿Qué diablos te sucede? — volví a la realidad, frunciendo el ceño ante el notable tono de repulsión y furia con el que me hablaba. Bufe con gracia, intentando no soltar algún comentario mordaz que logrará herirla de sobremanera. Me despedí, mentalmente, de mi tiempo a solas, al parecer, no había sido el único al que no había dejado ingresar al salón por llegar tarde — Se supone que tu…

— Vaya, Irina, tu siempre tan adorable. Jamás cambiaras, ¿He? — comenté de manera burlona, observando como una ligera sonrisa se extendía por su rostro. Irina Denali. Se suponía que ella era mi amiga cuando ambos éramos pequeños, aunque, pensándolo bien, aun ahora, con millares de diferencia y similitudes entre nosotros, seguíamos siendo un algo, que podría considerarse como amistad…

— Soy perfecta tal y como soy, ¿Por qué debería de cambiar? — frunció el ceño. Nadie jamás lograba superar Irina en cuanto arrogancia se tratase. La evalué. Su jean ajustado, al igual que su blusa, se adherían a la perfección a sus perfectas curvas. Sexys curvas, sin lugar a dudas — ¿Qué miras? — le sonreí con sorna al escuchar su aparente tono de inocencia. Sus ojos, azules y profundos, no hacían más que delatar su para nada inocente persona.

— Estás guapa — asegure, rodeándole los hombros con una de mis manos, obligándola a posicionarse en uno de mis costados. Ella rió — Quien diría que la niña que se vestía como una monja de pequeña… — deje la frase en la nada, esperando molestarla. En respuesta a mi comentario, recibí un pequeño y "doloroso" puñetazo en mi costado — No puedo creer que seas tan insegura de ti misma. Dios, Irina, eres modelo, deberías de ser una perra narcisista y egoísta… ¡O no, espera! ¡Ya lo eres! — Asegure, falsamente sorprendido — Olvida lo que dije, sigues a la perfección el protocolo

— ¡Eres un…! — rodé los ojos, tirando de ella hasta arrinconarla hacia los casilleros, solo para besarla. No falto demasiado para que ella comenzara a responder mi beso, apretándose a mi cuerpo en un intento de eliminar el poco espacio que nos separaba. Gruñí frustrado al ver como se separaba de mí, luego de haber logrado que cierta parte de mi anatomía se mantuviera muy activa — Divirtámonos — susurró, comenzado a guiarnos a ningún lugar en particular, pues a cada puerta que pasábamos, a sabiendas que el aula estaba vacía, ella decidía no entrar

— Muévete — sisee, esta vez, comenzando a arrastrarla a una de los salones que no se ocuparía hasta después del almuerzo. La escuche reír con diversión. Tal vez, mi estado de desesperación me causaría gracia incluso a mí, de no encontrarme así. Desesperado; y es que, maldición, no había jodido con nadie desde que empezó esta maldita mierda. Estaba volviendo loco, y aquello se notaba en todas mi acciones, si hasta incluso mi número habitual de insultos se estaba superando día a día. Y mierda que eso ya era bastante.

— ¿El salón de música? — rió tontamente. Suspire pesadamente, abalanzándome sobre ella apenas nos adentramos al salón. No estaba para putos romanticismos o previas largas, así que, sin nada de calma, deslice mis manos por debajo de su falda.

— Esto hace mas fácil todo — asegure, acariciando por encima de su ropa interior. Cerré los ojos, extasiado, al sentir sus manos acariciar ciertas partes de mi cuerpo demasiado sensibles. Extrañaba hacer esto, aunque claro, le había prometido a... Mierda, no debía de pensar en ella, y mucho menos cuando estaba por tener sexo con Irina.

Me concentre en la hermosa rubia que me miraba con lujuria. Le sonreí, acercándola aun mas a mí, sin embargo, con una rápida y sorpresiva maniobra, ella se alejo por completo de mí.

La mire furibundo, ¿Qué mierda se suponía que hacia? Lo que menos quería era jugar al gato y al ratón o algún de esas estupideces que a las mujeres les gustaba

— Entonces, dime…

— Lo que menos quiero hacer es hablar Irina

— Oh. Vamos, Edward, dime, ¿La pequeña y estúpida Swan ha caído rendida a tus pies? — comentó, intentando utiliza un tono natural, sereno. Entrecerré los ojos, concentrándome en cada uno de sus movimientos.

— Suenas como alguien celosa

— Y tú como que intentas evadir nuestra apuesta —arrugó el entrecejo, sonriendo de manera sardónica. La fulmine con la mirada — ¿Acaso te gusta?

— Entiendo que seas rubia, pero no todos los mitos son reales, no debes comportarte como una idiota —mascullé. Ella, aun sin borrar su sonrisa, se acerco hacia mí, enrollando sus brazos alrededor de mi cuello. Baje la mirada para observar fijamente sus intensos ojos azules

— Mmm… Gracias — gruño con odio, a lo que yo sonreí con cinismo. Ambos éramos igual de jodidos — Solo espero que cumplas con tu pate de la apuesta Edward, porqué sino, jamás me tendrás ni a mí, ni a ella

— Tú…

— Sí; Lo haría, y lo sabes — arguyó con una sonrisa triunfadora bailando en sus rojos labios. Sacudí la cabeza cabreada, por el hecho de que tanto ella como yo sabíamos que me tenía colgando de su dedo meñique; hiciera lo que hiciera, indirecta o directamente, el afectado seria, principalmente, yo. Y así, con su cuerpo moviéndose de manera sugerente hasta la salida, siguió riéndose de manera ronca y sensual.

Irina era una maldita perra, pero sabía cómo jugar.

Bella Pov

La luz solar lograba entrar por la ventana, segándome hasta el punto de tener que cerrar los ojos, y es que aunque maldecía una y otra vez aquel hecho, no había nada que pudiera hacer. El profesor Tomsom había decidido que, como castigo por haber entrado a mitad de trimestre, sería divertido obligarme a sentar en el asiento mas repudiado por el alumnado, ¡Y es que lo entendía! Entendía porque nadie, jamás, se había sentado en el asiento de adelante, cerca de la ventana

— ¿Se encuentra bien, Swan? — pregunto, falsamente conciliador, mientras yo, pese a encontrarme media cegata y con una insolación de máximo grado, asentía de manera casi imperceptible. ¿Bien? Dios, estaba en el primer asiento, imposibilitada de estornudar sin que él me observara, y los malditos rayos de sol que estaban a punto de quemarme las pupilas, ¿A quién demonios le parece esa la definición de "bien"?

— Patético — mascullé por lo bajo, escuchando, casi al instante, una risa susurrante. Voltee mi cabeza hacia mi compañero que se encontraba observándome divertido. Vulturi — ¿De qué te ríes? — volví a mascullar con todo el mal humor que se me era posible emplear en aquel simple frase. Sus ojos marrones me observaron con cautela, para después sonreírme ampliamente. Me sentí aun más molesta

— No te creo que te guste saberlo

— O no, créeme, me encantaría saberlo

— Bien, pues, al parecer, el señor Tomsom nos está fulminando con la mierda en este mismo instante, tal vez solo lo hace contigo y tu penoso insulto, pero, si lo notas bien, veras un tic nervioso en su ojo derecho — al igual que meteorito, mi cabeza se volteo inmediatamente hacia el escritorio del profesor, y sí, irremediablemente, él estaba allí, fulminándome con la mirada y su tic — Parece que has descubierto su punto débil

— Yo no…

.

.

Infle mis mejillas, intentando no reírme junto con Demetri. El chico había resultado ser uno de los pocos alumnos que habían ganado el odio del profesor Tomsom, dejándonos a nosotros, como aliados ante la misma amenaza

— No lo estaba insultando — asegure, dejando que mi risa fluyera libremente. Él rodo los ojos de manera peculiar. Volví a reír sin poder detenerme. Demetri era sin lugar a dudas el chico más divertido que había tenido el gusto de conocer aquí, en Phoenix. Solté un penoso quejido — No puedo creer que nos haya obligado a documentar la evolución de una vida

— Enseña Educación Sexual, ¿Qué esperabas, pequeña? — pregunto, ordenando su cabello. Lo observe. Demetri no era muy diferente a la típica imagen adquirida popularmente del chico que surfea: Músculos definidos, cabello rubio, casi oscuro, ojos marrones y sonrisa dormilona. Muy hermoso para ser sincera

— No lo sé

— Uh. Buena respuesta — ironizo con diversión. Le fulmine con la mirada — No te preocupes, es normal que te odie, es decir, ese hombre tiene la autoestima por los suelos y cree, erróneamente, déjame decir, que el odiar y humillar a sus alumnos lo hará sentir más importante

— ¿Debo sentirme bien con tus palabras?

— Por supuesto, al menos piensa que a ti solo te odia — aseguro con vehemencia — A mí, sin embargo

— ¿Te humilla? — pregunte horrorizada. Si él no mentía, y aquel profesor se divertía a costas de la humillación de sus alumnos, eso sería…

— Bueno, eso es lo que intenta, pequeñaja, pero déjame decirte que jamás ha podido — dijo sin más, quitándole importancia al asunto. De pronto su fracciones se endurecieron, comenzando a mirarme con seriedad y cautela, acercando su boca a pocos centímetros de mí — Tengo un secreto

— ¿Cuál?

— Sexo. Soy una bomba sexual — exclamo con alegría, dos octavas más altas que lo normal. Comencé a reírme aun siendo consciente que los alumnos que se encontraban a nuestro alrededor nos observaban, tal vez curiosos por las palabras de Demetri, o asustados por mi risa de psicópata — ¿Qué esperabas? ¿Cómo crees que le ganaría a una maestro de ESI*?


*ESI: Educación Sexual Integral


¡He vuelto… ¿Cariño?

¡Por favor no me maten!

Pues bien, ya a hablar se ha dicho. No intentaré excusarme ante ustedes, aunque sí, se que les debo explicaciones a TODOS por esta ausencia tan extensa, y es que bueno, como ya todos saben, fuera de Fanfiction (aunque a veces no lo parezca), tengo una vida, y está siempre se llena de problemas, tontos a veces, pero no como el que estoy atravesando ahora; creo que es mi deber apoyar a mi familia en estos momentos, para ser más exactos, a mí hermano que está atravesando por una enfermedad que podría costarle la vida, así que si alguno ha vivido alguna situación similar tal vez me entienda, y para a aquellos que tuvieron la suerte de no hacerlo, pues le explicare. Estoy hecha una mar de emociones, bipolar (mar de lo acostumbrado), depresiva, nerviosa, preocupada, llorosa, falta de imaginación… La lista es larga y nada de aquellos verbos son inspiradores para mantener una psique estable, créanme.

Pero ya, en sí, y redondeando tanta palabrería solo les quiero decir que NO DEJARE LA HISTORIA, sin embargo tampoco prometeré cosas que no puedo cumplir, por lo que no pondré fecha limites para mis actualizaciones.

Los quiero, los amo, los adoro, sépanlo lectores divinos porque desde no me cansare de decírselo en cada capítulo. Les agradezco de antemano a TODOS y cada uno de ustedes que en cada Revierws o mensaje privado, me ha dado ánimos y consejos que han hecho la diferencia a mi día… ¡GRACIAS!

Ahora sí. Me voy, los adoro, eso sépanlo siempre.

Besos: Bella-Ragaza

¡Los quiero muchísimo!