Bien, aquí dejaré la segunda y última parte, espero te guste (no me odies por lo que hice al final TT-TT)
La leyenda de Korra no me pertenece
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La Primera y Última Visita.
Capítulo II
Su mirada es fría durante los primeros segundos en que sus verdes ojos hallan la figura de quien hace solo un par de días reconocería como su prometida.
-Kuvira.- Dice con voz áspera. Ella no se molesta en alzar la mirada.
A pesar que son solo segundos los que pasan en compañía del silencio, para ella es como si cada uno de ellos le arrebatase el aliento.
-Solo hazlo, ¿quieres?- Dice con una calma que hace que su compañero le mire sorprendido.- Repróchame, grítame o sermonéame si es que vas a hacerlo...solo hazlo de una vez.
Baatar soltó un suspiro y dio un par de pasos al frente antes de arrodillarse para quedar a su altura. Ella retorció la tela que cubría su regazo al sentir la cálida mano que hacía a un lado el oscuro mechón de cabello que le cubría el rostro, la otra posándose sobre sus manos.
-¿Porqué, Kuvira?...
La mandíbula de ella se estremeció y se dejó caer sobre su hombro.
-Porque tenía miedo, Baatar...tengo miedo...- Murmuró con amargura, las frescas lágrimas fusionándose con la camisa de él, el cabello de ella, y la piel de sus mejillas.-... ¿no lo entiendes?...estoy aterrada.
Él no dijo una sola palabra mientras le rodeaba con ambos brazos
-Lo lamento...- Murmuró dejando que el peso de ella reposara sobre su hombro.-...de verdad, lo lamento.
La sentía tan frágil que llegó a pensar que si le abrazaba con más fuerza le rompería. Claro que, no era como si pudiera romperle más de lo que ya estaba.
La maestra-tierra negó con la cabeza.
-Es mi culpa...- Respondió antes de soltarse a llorar nuevamente.-...todo esto es mi culpa.
-Shh...
Él se rehusó a contradecir aquel hecho, y en su lugar se acomodó sobre el suelo. El cuerpo de ella estaba acomodado en su regazo, su alborotado cabello resbalaba por sus hombros.
Baatar se quedó a su lado hasta que el cansancio comenzó a apoderarse de ella.
-Lo siento...- Murmuró poco antes de quedarse dormida.
Él alcanzó a escuchar los pasos del guardia, quien se detuvo detrás de la reja.
-Y es hora.- Dijo quitando el seguro de la reja.
Baatar asintió y depositó el cuerpo de Kuvira sobre la cama, acarició su mejilla y acercó sus labios a los de ella, plantando un beso con cuidado para evitar despertarle.
La Prisión para los Criminales más Peligrosos del Reino de la Tierra tenía un horario tan monótono y aburrido como es de esperarse para un montón de reos cuyos deseos de volver en el tiempo y recuperar sus vidas son totalmente nulos, a excepción, por supuesto, de aquellos que están sujetos a ejecución al atardecer.
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Gracias por leer.
