Antes que nada quiero agradecer por dedicar un poco de su tiempo a leer mi primer trabajo del cual estoy muy orgullosa, este capitulo es muy tierno con contenido lemon y es el mas largo hasta ahora pues ya es el penúltimo, para inspirarme escuche canciones tristes de saint Seiya, así me sentí mucho mas adentrada a la historia que espero lo sigan disfrutando tanto como yo al escribirlo. ^^
Los personajes pertenecen al maestro Masami Kurumada, la intención de este trabajo es meramente de entretenimiento y sin fines de lucro.
Capítulo 4 Mi Corazón Dividido
—¡Icaro!– grita Artemisa al verlo desmayado mientras corre a su lado.
–¡Saori viene muy mal herido!– dice el caballero de pegaso preocupado.
–¡Llevenlo a la fuente lo más pronto posible!– ellos asienten y se marchan, Shaka y Athena notan la gran preocupación de Artemisa en sus ojos.
—¡Hermana!–dice suplicante Artemisa –¡dejame ir con él!.
–¡Por ahora no hay nada que puedas hacer por Icaro hermana, yo te tendré informada!– responde Athena muy seria y se marcha a la fuente.
Shaka se acerca a su amada y permanece en silencio con una mano en el hombro de la mujer como señal de apoyo.
–¿Shaka qué es la fuente?
–¡Un lugar resguardado por el cosmo de Athena, ahí llevan a los guerreros mal heridos para ser cuidados por la propia diosa!– baja un poco la mirada haciendo que su fleco cubra sus ojos –¡Icaro estará bien!.
Artemisa siente un escalofrío al recobrarse de la impresión y voltea a mirar a Shaka, se siente sumamente apenada y entrelaza sus manos con las del caballero.
—¡Shaka disculpame, yo no sé ni que decir!
–¡No digas nada esta es una situación que está fuera del alcance de ambos, por ahora solo hay que esperar y verás que todo saldrá bien!– sonriendole cálidamente para intentar brindarle confianza. Atemisa asiente y se maravilla al ver la calidez humana que posee Shaka, lo abraza fuerte y él corresponde mientras Artemisa cierra los ojos al sentirse protegida.
Pasaron varios días sin poder ver a Icaro, Shaka estaba pendiente de Artemisa ante cualquier cosa que ella pudiera necesitar, una tarde Athena regreso al santuario muy contenta y tranquila, Shaka y Artemisa estaban en el gran salón sentados en el rojo sofá impacientes ante la falta de noticias, ellos voltearon al ver a Athena entrar y fueron a su encuentro.
–¡Athena!– decía Artemisa entrelazando sus manos por la ansiedad.
–¡Tranquila, Icaro despertó y se encuentra mejor!– le responde la diosa con una tranquilidad que llenaba el corazón de su hermana –¡Ya puedes ir a verlo!
Ella asiente y se ponen los tres en marcha hacia la fuente, Shaka se siente contento al saber que Icaro está mejor pero también entristece al saber de la alegría e importancia que tiene el hecho en la vida de Artemisa. Al llegar a la fuente Saori le pide a Shaka dejar solos a Icaro y a su hermana.
Icaro esta recostado en una cama de sabanas muy blancas con el torso descubierto y en partes vendado, mira a la ventana con tristeza sin notar el bello resplandor del sol que por ella atraviesa; Artemisa con gran delicadeza se acerca a él.
–¡Icaro!– su voz apenas es perceptible por las lágrimas que salen de sus hermosos ojos color de sol.
Él voltea ante la sorpresa de ver a su diosa frente a él, con un poco de dolor extiende su mano, Artemisa corre y coloca esa lastimada mano en su rostro –¡No mi diosa, usted no debe llorar, mireme ya estoy bien – le dice Icaro quien sonríe para consolar a su diosa.
–¿cómo pudo Apolo ser capaz de lastimarte así?
–¡Fue todo muy rápido, atacó a Maryn y a Aioria por defenderme y después fue contra mi!–voltea con preocupación a la ventana –¡Jamás había sentido un cosmo tan lleno de odio, me preocupa que Apolo la ataque con ese poder!
–¡Icaro!– su mirada es suplicante y tierna, él voltea y sujeta su mano –¡Pero aunque me cueste la vida voy a protegerla mi señora Artemisa!– besa su muñeca.
Ambos se quedan en silencio sumergidos en sus propios pensamientos. Momentos más tarde regresaron al santuario los tres, Artemisa se fue a descanzar mientras Shaka estaba en su casa muy distraído, algo por lo que jamás el caballero de virgo había pasado, caminaba de un lado a otro hasta que una voz en la oscuridad llamo su atención.
–¡El amor suele causar esos efectos!
Shaka reconoció esa voz –¡Shura de capricornio!, ¿a qué te refieres con tu frase?
–¡No es normal ver al caballero de virgo tan mortificado y no creo que algo vano te tenga así tal vez una joven diosa de rubios y largos cabellos con grandes y hermosos ojos expresivos sea el motivo de tu pena e incertidumbre!– saliendo de la oscuridad con una sonrisa pretenciosa.
Shaka esta asombrado al verse descubierto por su amigo Shura y aun así trata de finjir molestia –¡No sé de que hablas!
–¡Shaka te conozco muy bien amigo, estas enamorado y conmigo no tienes porque negarlo!.
El caballero de virgo sabe que es en vano tratar de ocultarlo más, baja su mirada para que el fleco cubra su expresión de tristeza –¡Ella siente un particular interés por Icaro y por mi!.
Shura se acerca a él, colocando su mano en el hombro cubierto por la dorada armadura de virgo –¡Pelea por su amor, sé que puedes lograrlo!
Shaka mira a su amigo Shura quien le muestra confianza, el caballero de capricornio se marcha entre la oscuridad con una gran sonrisa. Virgo decidido va a la fuente para ver a Icaro que dormía tranquilamente pese a sus molestias físicas, siente el cosmo y despierta.
–¡Shaka tu visita es una gran sorpresa!
–¡Quería saber como estás puesto que no pude verte hace un rato!
–¡Supongo que bien pese a mis dolencias, pero ese no es el único motivo de tu visita verdad!
–¡Tienes razón! – mirando a Icaro con profunda seriedad –¡Quiero que sepas que estoy enamorado de Artemisa al igual que tú, así es que cuando te recuperes seremos rivales ya que pelearé por el corazón de la diosa!
–¡Ya me lo imaginaba y si esa es tu decisión yo la acepto!
Shaka asiente y se da la vuelta para marcharse, Icaro interrumpe
–¡Sabes Shaka tu cosmo emana mucha calidez y tranquilidad, eres una buena persona!... ¡Me hubiera gustado conocerte en otra situación y llegar a ser tu amigo!
–¡A mi también me hubiera gustado Icaro! – responde Shaka sin voltear y emprende su camino; va al santuario a buscar a Artemisa pero siente su cosmo en la casa de virgo, se dirige hacia allí. Al llegar percibe un aroma dulce a nardos que lo encamina hasta su habitación... En la cama de blancas sabanas se encontraba recostada de lado su hermosa musa Artemisa, su figura era digna de elevar la pasión de los dioses mas inflexibles acompañada siempre de esa fría pero seductora mirada; Shaka estaba extasiado ante aquella celestial visión mientras se acerca muy despacio guiado por su deseo.
–¡Mi diosa Artemisa!– dice frente a ella denotando lujuria en sus ojos, Artemisa ríe perversamente y extiende su mano al caballero que inmediatamente comienza a besar y recorrer hasta llegar a su cuello, después sube a sus mejillas que sujeta con ambas manos para besar frenéticamente los labios de esa lasciva mujer.
–¡Demuéstrame toda tu pasión caballero de virgo!
Virgo la mira excitado —¡Con todo mi corazón! – despojándose de su sagrada armadura al instante y la poca ropa que le acompaña, Artemisa disfrutaba del hermoso y masculino cuerpo desnudo de su amante, Shaka se acerco a ella y beso sus labios muy dulcemente, entrelazaba sus manos con las de ella y besaba su cuello hasta llegar a sus perfectos senos que al sentir la húmeda lengua de Shaka se ponían firmes, la diosa gemía de placer mientras depositaba besos en las mejillas de su maravilloso amante, virgo siguió su camino sobre su vientre hasta llegar a la maravillosa fuente que escondía su sexo y sin reparos bebió de ella cual néctar de vida, Artemisa clavaba sus uñas en la cama ante tal sensación más allá de lo divino, Shaka estaba muy excitado ante aquella reacción de su amada y con rigor se introdujo entre las piernas abiertas de su diosa haciéndola gemir aún mas con sus envestidas fuertes y profundas a sintonía con sus caderas y sus uñas clavadas en la espalda de su fiero guerrero.
–¡Shaka, Shaka! —decía Artemisa en palabras entre cortadas por la agitación, Shaka la miraba extasiado y enorgullecido al ver como ella lo necesitaba, volteo de espaldas a su hermosa diosa mientras sus envestidas eran mas salvajes, mordía su espalda y acariciaba sus senos, Artemisa se sentía como en el cielo y lo mostraba con sus gemidos, los movimientos de Shaka fueron mas rápidos y profundos, intensos hasta que ambos experimentaron el mágico placer que el amor produce.
—¡Te amo Artemisa! – le susurra Shaka agitado mientras la abraza, ella lo besa y clava su rostro en el pecho de su amado para ser arrullada por los latidos de su corazón y se quedan profundamente dormidos. Al llegar el amanecer se encontró solo el caballero de virgo en su cama y mirando con tristeza el lugar vacío de su amada pensó que se encontraría en la fuente cuidando de Icaro, su alto grado de sabiduría no podía comprender la clase de juego perverso que sostenía Artemisa, pensaba que solo los utilizaba como marionetas para divertirse a ratos, su razón le pedía alejarse mas su corazón se aferraba a ella cual náufrago a una orilla y al final solo silencio e incertidumbre le quedaban.
En la fuente Icaro iba despertando y lo primero que vio fue a su diosa frente a él muy sonriente.
–¡Mi diosa que honor es que su presencia sea lo primero que veo al despertar! — menciona Icaro con gran ternura.
–¡Y aquí estaré hasta que te recuperes por completo!— le contesta muy afable tocando la mejilla de Icaro con su palma, su joven ángel cierra los ojos y toca su mano —¡Me he de recuperar rápido y le juro que jamas la dejaré desprotegida!
Durante los siguientes días Artemisa se hizo cargo por completo de los cuidados de Icaro quedándose día y noche a su lado, su cansancio ya era notorio y una noche mientras dormía sentada en una silla a lado de la cama de su amado ángel tuvo algo más allá de un sueño, una visión en la que se encontraba bajo su hermosa luna en su templo, el aire cálido jugueteaba con sus cabellos dorados mientras Icaro se acercaba a ella completamente recuperado, —¡Icaro!– recitaba muy contenta y él sonreía, después un resplandor dorado como el sol proveniente de una armadura se hacia presente, era su también amado caballero de virgo que con un gesto dulce y sereno se les acercaba –¡Shaka!— mencionaba muy contenta al tenerlos a su lado. Ellos la miraban con una gran devoción y amor hasta que de momento se sintió un cosmo inmenso y oscuro que cubrió su tan amada luna atacando a sus caballeros —¡Shaka, Icaro no!– gritaba Artemisa al verlos sin vida en el suelo. Apolo se hizo presente con su malévola sonrisa mostrando también a Athena en sus brazos sin vida —¡Apolo detente, basta!– le suplicaba mientras sus lágrimas corrían, la risa de Apolo cobraba fuerza y poco a poco su templo se destruía, Artemisa impotente veía como el dios sol le arrebataba lo que mas amaba... Entonces sintió la mano protectora de Shaka en su hombro y despertó con lágrimas aún en los ojos y mejillas.
–¿Qué te sucede Artemisa?
–¡Dime que fue solo un sueño por favor! – aferrándose con temor a su cintura. Shaka acaricia su cabello y mejilla –¡Tranquila, no permitiré que nada te lastime!.
En eso Icaro despertaba –¡Mi señora no debió quedarse, Shaka me da gusto verte!
Ellos recobran la postura y Artemisa limpia sus lágrimas.
–¿Le sucede algo mi señora?–pregunta preocupado Icaro.
–¡No es nada y no importa cuánto tiempo pase, yo estaré aquí contigo!– dice sonriendo tratando de evitar el tema.
Shaka igual se acerca a él y sonríe –¡Eres un caballero herido en batalla, venir a verte es lo menos que puedo hacer!.
Los mira un poco desconcertado pero de igual manera sonríe –¡Gracias Shaka y gracias mi señora!.
Después de percatarse Shaka que Artemisa esta mas tranquila al ver a Icaro bien y de la devoción con que lo atiende, decide irse.
–¡Shaka espera!
–¡Recupérate pronto Icaro, después nos veremos!
Marchándose sin que Artemisa le dirigiera una mirada.
–¡Mi señora Shaka se va!
—¡Él tiene cosas que hacer, solo vino a ver que estuvieras bien!– decía mientras le cambiaba el vendaje. Shaka caminaba hacia el santuario entre arboles frondosos y el cantar de los pájaros, una pequeña lágrima corre por su mejilla mientras piensa que tal vez Icaro es su gran amor y que solo se hace daño al crear falsas ilusiones e interponerse entre ellos.
Cuándo el anochecer llego y la luna reflejaba su magnificente brillo en todo el santuario, el caballero de virgo se encontraba solo frente al lago, ensimismado en sus pensamientos, la luz lunar le daba un brillo celestial a su armadura, Artemisa sigilosa llego a su lado y permaneció en silencio, el viento que soplaba al rededor de ellos era frío pero no lo suficiente para congelar sus emociones...
—¡Hoy comprendí algo que me causa un dolor indescriptible – dice Shaka cubriendo su mirada con su rubio fleco –¡Comprendí que pese a todos mis esfuerzos nunca seré yo el dueño de tu corazón!
–¡Shaka...!
Pero él no quiere oírla, esta invadido por el dolor, la tristeza y la amargura del desamor —¡Era obvio que Icaro sería el dueño de tu amor, siempre fue el mas cercano a ti, yo solo fui una marioneta con la que te divertías y aun así conservé la esperanza de que me amaras por todo lo que vivimos! – voltea a mirarla —¡Fue un error, pero fue el mas hermoso de mi vida; ahora te dejo en libertad mi amada diosa, se feliz con él y olvida lo que pasamos!.
Se retira pero Artemisa sujeta su mano, Shaka se detiene –¡Basta de tonterías Shaka! – busca su mirada azul –¡Tú no entiendes lo que estoy viviendo como mortal, mis emociones y sentimientos, mírame por favor!.
La mirada de él se muestra llena de tristeza –¡No te voy a mentir, como diosa ame a Icaro desde que lo conocí y él siempre me demostró su amor a través de su lealtad, ahora como mortal me encontré contigo, mi amado Shaka y me has mostrado tantas cosas que desconocía, has visto mi ser y pese a mis caprichos has estado a mi lado, las cosas se dieron sin que lo planeara y me enamoré de ti!– sus lágrimas fluyen ante la mirada atónita del caballero –¡Más este amor no pude ser consumado por completo pues te amo con la misma intensidad que amo a Icaro, quisiera ser feliz contigo y olvidar todo, vivir hasta mi último día como mortal a tu lado pero no puedo!, ¡no te pido que me entiendas ni mucho menos que comprendas cuánto me duele el hacerles un daño tan grande al no poder amarlos como se merecen pero si esta es tu decisión yo tengo que aceptarla!.
Artemisa se deja caer en el pasto frío con la mirada baja, Shaka junto a ella –¡Mi corazón está dividido entre el ángel celestial y el caballero dorado, perdóname por ello!
–¡Ya no llores por favor!– secándole las lágrimas, le clava la mirada sin ocultar su tristeza y la ayuda a levantarse, la magnifica luna los ilumina con su glorioso brillo como abrazándolos —¡Dijiste que me amas, aunque no puedas ser solo mía, más tengo la certeza de tener la mitad de tu corazón!.
Suspira Artemisa y Shaka toma delicadamente su barbilla mirándola dulcemente, ella con los ojos aun húmedos y tristes sostiene la mirada.
—¡Yo era un simple caballero a la sombra de la luz y la sabiduría hasta el momento en que llegaste a mi vida, tú abríste nuevos mundos de ensueño para mi, me mostraste otra manera de amar más allá de la lealtad y la fraternidad –¡Coloca sus manos en los hombros de la diosa —¡Yo te amo Artemisa mas allá de mi razón, no importa lo que pase, mi amor es inquebrantable!.
–¡Eres demasiado bondadoso y yo no merezco tu amor, no así! – dándole la espalda al caballero dorado, el la voltea con delicadeza para decirle –¿Pero es que aún no lo has entendido?, ¡tu sola presencia es mi felicidad; mi vida, mi voluntad, mi ser te pertenecen y sin ti yo no existo soy solo un cuerpo al que cubre esta sagrada armadura, mi vida es tuya y no importa bajo que circunstancias sea, yo quiero estar a tu lado!— exclama el caballero lleno de ternura.
–¡Shaka!– pronuncia la diosa sorprendida ante tal declaración.
–¡No mi bella diosa, mejor es morir a seguir en este mundo sin ti, mi vida es tuya decide como mejor creas!– besa su frente y después sus labios; Artemisa por fin pronuncia esas palabras que el tanto deseaba –¡Shaka te amo!– se abrazan aferrándose el uno al otro, Shaka le susurra –¡Te voy amar hasta el final de mi vida y en muchas más y siempre voy a estar a tu lado!.
Hace una reverencia y se marcha sin mirar atrás, Artemisa lo mira partir y piensa que el amor humano es tan maravilloso y sin fronteras que aunque cause dolor no se apaga, se aferra a vivir y continuar sin importar que tan difícil sea, aquellos dos humanos, Icaro y Shaka le habían dado una gran lección y ahora comprendía porque Athena amaba tanto a los mortales... Se quedó observando su luna por un largo rato más junto con su magnificente reflejo en el lago.
Varios días pasaron y la diosa lunar no salía de sus aposentos, Athena estaba muy preocupada por el comportamiento de su hermana así es que fue a buscarla, toco a la hermosa puerta de madera oscura y al no recibir respuesta entró; notó que su hermana estaba sentada en la cama y miraba ensimismada hacia la ventana y los rayos de sol que por ella entraban.
–¡Artemisa, hermana!— caminó hacia ella y se sentó a su lado —¡es tanta tu tristeza que la luna ha decidido no brillar más con su magnificencia!, Artemisa voltea a mirar a Saori, su rostro y ojos sufren los estragos del llanto y aun así con frialdad cuestiona a Athena por haber ido a verla, ella la mira enternecida y triste –¡Veo que perder tu inmortalidad aún te sigue causando dolor hermana!– pero Atemisa parece ignorar sus palabras.
Athena con tono enérgico se levanta para ponerse de frente a su hermana —¡Es que siempre vas a ignorarme!– después cambia su tono a uno mas suplicante —¡quiero ayudarte, déjame hacerlo!.
Saori baja el rostro para derramar unas lágrimas de desesperación, Artemisa sin mirar dice con gran pena —¡La mortalidad es tan cálida cuando conoces el amor, ¿pero de que sirve amar si a la vez haces tanto daño y no puedes remediarlo?.
Saori levanta la cara y seca sus lágrimas —¡Te refieres a Shaka e Icaro!
—¡Asi es!, ¿de qué me sirve amarlos tanto si solo los daño?, y lo peor es que no puedo renunciar a ninguno pues mi corazón no lo resistiría!— sus lágrimas comienzan a derramarse –¡ya no quiero lastimarlos!, ¿pero no sé que hacer?, ¡tal vez si me fuera de sus vidas podría resarcir el daño!.
—¡No Artemisa esa no es la solución! – arrodillándose y sujetando entre sus manos las de su hermana —¿crees que al irte ellos te olvidarán?, ¡les harás un daño mayor al hacerlo, sus vidas serán miserables ante la incertidumbre de no saber de ti!.
—¡Athena yo solo quiero que sean felices!
—¿Y no te has dado cuenta que ya lo son?
Artemisa mira con incredulidad a Saori ante tal afirmación —¿Qué has dicho?– Athena sonríe dulcemente —¡Shaka e Icaro ya son felices amándote a pesar de la situación, el amor que te tienen es mayor a cualquier adversidad y no les importa lo que tengan que pasar con tal de estar a tu lado!– Artemisa se queda pensando firmemente en las palabras de su hermana menor —¡Artemisa ellos vieron en ti bondad, fortaleza y confianza, no a la diosa fríbola y arrogante que eras y aunque tal vez no sea lo correcto ellos han aceptado compartir tu corazón, entonces no te sientas culpable, toma lo que tienes y lucha por ello. Se feliz que para eso es la vida!
Las palabras de Saori hicieron un eco en el corazón de Artemisa quien sonríe ya con lágrimas secas y abraza con sumo cariño a su hermana —¡La vida es hermosa Athena!–, –¡Lo es Artemisa, lo es!– suspirando al ver mejor a su hermana.
Athena se retira de la habitación, Shaka que había escuchado todo atrás de la puerta se dio cuenta del amor tan grande que les tiene la diosa y también del precio que tiene que pagar por hacerlo. Llego el anochecer y con ello Artemisa a su lugar favorito de todo el santuario, el viento jugaba con sus dorados cabellos y agitaba sus ropas frente al lago, ella alzó los brazos al cielo.
—¡Zeus!– recitó –¡Ahora comprendo que el ser mortal no es un castigo y te doy las gracias mi señor por haberme dejado vivir tantas experiencias bellas así como conocer el amor, ahora solo te pido que me permitas continuar aquí entre estos imperfectos pero bellos seres humanos! — arrodillándose ante tal petición.
El viento sopló al rededor de ella como abrazándola y su cosmo se dejó ver arder con gran magestuosidad, una figura la observaba en silencio cual sombra fiel, ella se percató –¡Icaro!– gritó con gran alegría al ver a su ángel amado repuesto, Icaro se arrodillo ante ella mientras Artemisa caminaba hacía él sin darse cuenta que flotaba en el lago.
Al llegar a él, Icaro extendió su mano para ayudarle a bajar y fue cuando ella se percato –¿Cómo pude hacer eso?– mirando extrañada a su ángel, –¡Es que nunca dejará de ser una diosa, su cosmo ardía como tal, mi señora! – contesta dulcemente Icaro, Artemisa sonríe fascinada y abraza a su ángel colocando sus manos el pecho de él y él a su vez en la cintura de la diosa –¡Icaro que alegría verte repuesto, rezé tanto para que así fuera!.
–¡Mi diosa yo no podía seguir así, no puedo morir hasta que usted así lo disponga pues mi vida y mi corazón es suyo, soy su fiel ángel y siempre la protegeré! – le afirma Icaro al ver la importancia que tiene para ella.
–¡Creí que podría perderte, tuve tanto miedo!
–¡Eso jamas pasará, mientras mi cosmo arda yo la he de proteger!— besa la frente de Artemisa que se separa ante tan acto puro –¡Icaro yo no merezco tu amor sincero!.
–¿Por qué Artemisa?, ¿por qué también ama al caballero de virgo?– recrimina con enojo ante la reacción de su diosa —¡Asi es Icaro, por eso no soy digna de ti! – dice con tristeza y baja la mirada.
Icaro le da la espalda para meditar un poco, suspira y gira hacia ella, con delicadeza le levanta el rostro, ella inocentemente sostiene la mirada —¡Sé que no es fácil lo que estamos pasando y sé que jamás lo será pero así la amo y así lo haré siempre, sin importar lo que pase y a lo que tenga que enfrentarme, mi decisión ya la tomé, mi corazón y mi vida le pertenecen y mejor es morir a tener que alejarme de usted, mi amada diosa!– mirándola con total confianza.
—¡Pero nunca serás completamente feliz!
—¡Ya lo soy Artemisa, su sola presencia me llena el alma, el poder estar a su lado me hace el hombre más feliz del mundo! –exclama mientras sonríe, su mirada es totalmente sincera –¡Mi vida es suya junto con mi corazón, a mi no me importa nada mas que estar a su lado, ahora usted dese la oportunidad de ser feliz!
–¡Icaro, eres y serás siempre mi ángel mas amado, te amo!— entregándose ambos a un beso lleno de ternura y con algunas lágrimas la diosa le entregaba su corazón al ángel que la salvó de la oscuridad de su propio ser, el le secaba esas lágrimas mientras le susurraba –¡No mi diosa, jamás debe de llorar!– él la beso nuevamente aumentando su efusividad, poco a poco la pasión se hizo presente en ellos, el aire se volvió cálido jugando con los cabellos de la diosa, Icaro paso sus manos por la espalda de Artemisa quitando poco a poco su blusa, dejando libres sus senos perfectos, maravillándose con la divina imagen que tenia frente a sus ojos, cayeron lentamente en el pasto, la luna brillaba en todo su esplendor, ambos ya desnudos y agitados –¡Estar con usted a sido lo mejor que me ha pasado! – le decía Icaro encima de ella y besando sus labios, recorriendo lentamente su cuello, Artemisa se dejaba llevar por el deseo en el que estaban inmersos. Icaro llegó hasta sus senos que con timidez beso para poco a poco tomar fuerza y lamer haciendo gemir a la diosa, después se introdujo muy profundo en ella para proveerle placer con sus movimientos suaves, lentos sin dejar de mirar sus gestos, Artemisa clavaba sus uñas en la espalda de su ángel y gemía, él comenzó a embestirla mas fuerte, mas profundo y gimiendo. Ella cual buena diosa de la caza se colocó encima de su amante y con sus caderas tomó el control de los movimientos, Icaro se dejaba someter por su diosa y gozaba acariciando sus senos, tomándola de la cintura, agitándose más, sintiendo como el éxtasis se apoderaba de ellos, gimiendo por la intensidad de los movimientos hasta llegar juntos a ese bello desenlace de emociones, donde el placer era el actor principal... Icaro la tenía protegida entre sus brazos —¡Te amo! — le susurraba tiernamente Artemisa.
–¡Entonces déjeme quedarme por siempre a su lado, solo eso le pido, ser parte de su vida como ya lo es de la mía!
–¿Es lo que realmente deseas?
–¡Si!
—¡Entonces así será!
Besándose tiernamente para sellar su pacto acompañados por la luz de la luna que protegía a su diosa, ambos se vistieron, Icaro llevó entre sus brazos a su amada que se dejó dominar por el sueño; al llegar al santuario la dejó en su habitación pero al salir se topo con Shaka camuflageado entre sombras, Icaro se detuvo un momento para mirarlo ambos serios y en silencio, después prosiguió con su camino. Artemisa aunque feliz sabia que pronto tendría que tomar la decisión mas difícil de su vida por el bienestar de sus seres amados,
La mañana llego con una melancolía inusual, Maryn entrenaba con Icaro y notaba que le ponía mayor empeño –¡Cuanto empeño Touma!
–¡Tengo un mal presentimiento Maryn, tengo que estar preparado!
–¡Espero que solo sea un mal presentimiento y no se vuelva realidad!
Continuaron con su entrenamiento, por su parte Athena y Artemisa caminaban por el jardín del santuario escoltadas por Seiya y Shaka.
–¡Te noto un poco preocupada hermana!
–¡No es nada, solo un mal sueño!– se queda un momento pensando y mira a su hermana –¿Athena en qué momento Apolo se volvió tan vengativo y combativo?, ¡no es que fuera un dios benévolo pero tampoco era tan cruel, ahora su cosmo es oscuro, lleno de odio!
–¡Yo tampoco lo sé Artemisa ni se el porque su odio a los seres humanos!
–¡Pues yo no voy a permitir que dañe a lobos seres que amo y menos a los humanos!
Athena esta sumamente sorprendida ante la convicción y valor de su hermana, se miran fijamente –¡Alguien tiene que detenerlo!
–¡Artemisa de antemano sabes de su gran poder, es casi como el de nuestro padre! – exclama Athena preocupada
–¡Si lo sé pero con valor y confianza algo se puede lograr, sobre todo si es por amor!– menciona Artemisa con gran convicción y mirando a Shaka que esta estupefacto ante lo escuchado, Athena esta aterrada y su hermana se retira, Shaka va con ella.
–¿Es verdad lo que acabas de decir?
–¡Si Shaka, es cierto!
–¡Pero Apolo es muy poderoso, podría hasta matarte!– dice preocupado
–¡Lo sé pero no permitiré que dañe lo que mas quiero!
Shaka nota una gran decisión en los ojos de la bella diosa, suspira y antes de poder decir algo Artemisa interrumpe –¡Shaka me llevarías a conocer la sala gemela, dicen que es un buen lugar para meditar!– con una gran sonrisa, él se queda confundido pero asiente, ya en su casa conjura su cosmo para poder entrar a la sala...
–¡Que arboles tan bellos!– exclama Artemisa y corre hacia ellos, tomando a Shaka de la mano, ella está muy contenta –¡Quien diría que la casa de virgo esconde un lugar tan hermoso!.
–¡Cuando estoy triste o confundido suelo venir aquí y recostarme bajo los cerezos, ellos me han visto llorar y también han visto batallas crueles e injustas por capricho de los dioses!.
Ambos se dejan caer en el pasto, el aire que soplaba era fresco y melancólico, la vista hacia el cielo.
–¡Guerras como la de Hades!
–¡Si, fue aquí donde me enfrente a mis amigos Shura, Saga y Camus! – Menciona con gran tristeza al recordar.
–¡Shaka!– enredándose en sus brazos –¡Los dioses han hecho muchas cosas malas también y han matado a miles de mortales por sus caprichos, Apolo decía que la raza humana debía extinguirse por sus pecados pero ahora veo que los dioses también han sido partícipes de muchos de esos pecados! – menciona Artemisa molesta al darse cuenta de la realidad. –¡Ahora hablas como toda una mortal mi amada diosa!– dice Shaka besando su frente.
Ella se sienta –¡Shaka el amor le dio sentido a mi vivir, ahora que soy mortal y sé lo que es amar no permitiré que nadie, ni siquiera Apolo intenten dañarlo!.
El caballero igual se sienta –¿Dime qué es lo que sucede?, ¿qué te atormenta?, ¡sabes que siempre estaré a tu lado para protegerte pero si no me lo dices no puedo hacerlo!– su semblante demuestra preocupación.
Artemisa baja su mirada y contesta con temor –¡Tuve un sueño donde Apolo los mataba a ti, a Icaro y a Athena!
–¡Solo fue eso, un sueño, no tienes porque temer!-– levantándole la barbilla con ternura.
–¡No, no lo fue, Apolo planea algo y voy a detenerlo a como de lugar!– grita enfadada y se levanta, cruza los brazos, Shaka esta preocupado al ver la determinación de Artemisa, igual se levanta y la abraza por la parte de atrás, sujeta sus brazos mientras besa su mejilla –¡Si esa es tu decisión entonces yo te acompañaré pero no permitiré que te haga daño, yo mismo lo enfrentaré!
–¡Que hermosos pétalos! – dice sonriente ante esa lluvia de pétalos blancos que caían de los cerezos haciendo como si no hubiera escuchado las palabras de Shaka. Voltea hacia su amado caballero y pasa sus manos por el cuello de virgo.
–¡Te amo y siempre lo haré! – besándolo tiernamente, él la abraza por la cintura –¡Jamas sentí tanta paz como aquí!
–¡Deberías vivir aquí conmigo para que todos los días tuvieras esta tranquilidad! – responde Shaka con la mirada llena de ternura, Artemisa sonríe y se pierde en su abrazo.
