I'm not formed of myself alone
All the other others they'll just fade to black
When you think you have me is when I don't look back
Keep on laughing, callin' after me
Keep on laughin', I'm just free.
…
5 de Febrero.
Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
—Joaquín Sabina.
Y llegamos al punto de la historia en el que voy ahora. El día presente en el que termino de narrar el proceso que me ha traído aquí; a una habitación clase media al otro lado del mundo.
Las sábanas blancas y llenas de sangre ya han sido cambiadas, el cuarto huele a alcohol etílico y gazas usadas, y el bebé descansa en la cuna, mirándome a través de los barrotes con una profundidad aplastante. Es la misma mirada de Kanna, una mirada que lo sabe todo, pero tiene la misma tonalidad y diversión de Hakudōshi. Me da miedo. Ha salido de mis entrañas y le odio, casi tanto como a su padre.
Naraku está en el congelador.
Murió justo después de que yo relatara el día de mi violación. Me sentí tan herida, con las cicatrices supurando donde había vuelto a abrirse la costura. Decidida a perder una vez más la razón, y la familia, para acallar el sopor de mi alma.
Un arma simple, una soga. Su respiración haciéndose errática mientras me miraba con rabia e impotencia, una mezcla osada de autoridad y sumisión; sabía en que estaba pensando. Estoy completamente segura de que contó cada segundo de la misma forma en que yo lo hice. Sus ojos hervían de rabia, ese tono liliáceo y levemente rojizo que poseía nuestra madre y que solo él heredó.
—Puta —me dijo, invirtiendo el aire que le quedaba en darme ese solo golpe verbal.
Los segundos se me hicieron eternos. Coloque la soga en su cuello, con suavidad y comencé a apretar, entonces despertó y enfocó sus mirada en mí. El primero segundo fue la conmoción ante el descubrimiento, el segundo fue la ira, el tercero el forcejeo, el cuarto el terror y el cinco la inconciencia. A mí me quedaron dos segundos más, uno en el que apreté de más la soga y el siguiente en que la medula crujió.
Murió en mi cama, en nuestra ama. Murió con sus ojos fijos en mí, violetas y burlescos.
Le arropé con suavidad y tomé al niño entre mis brazos, tenía los ojos tan abiertos como él y le miraba de forma expectante. Di de mi pecho al pequeño y lo puse junto a su padre. Desde ese momento comenzó a darme miedo: sonrió de forma poco infantil, con una marcada ironía que provenía de los genes de su padre, mi hermano.
—¿Y cuál es tu gran plan ahora? —pregunté poco después de haber salido del lugar en el cual dejamos a nuestra familia.
—Bueno, pequeña Kagura, hay cosas de las que debemos hablar; para aclarar asuntos, nada más. ¿Sabías por ejemplo que nuestra "queridísima" madre también sabía cómo disfrutar de los lazos familiares?
Sí, él lo había sabido desde antes, o al menos se lo creyó tanto como lo había hecho Ryo y, aprovechándose de sus obscuros contactos, ahora llevaba el apellido de su tío, su padre… y condujo sin parar por dos días.
Dos días hace exactamente diez meses. Dos días que siguen siendo para mí un borrón oscuro en la historia de mi vida. Cuarenta y ocho horas en las que no intercambiamos ni la menor de las expresiones, siendo solo dos sombras que se movían inconstantes por las carreteras. Ya lo tenía todo preparado. Un pequeño apartamento en una ciudad cercana a Kioto, nada opulento ni sobresaliente, pero totalmente encantador, preparado con un cuidado casi amoroso. Sentí deseos de correr en cuanto lo vi, sabía que estaba aún más atrapada que en casa.
Casa. Que palabra más sombría para mí ¿Había tenido en realidad una casa, un hogar? ¿O era simplemente el síndrome de Estocolmo para con mi prisión? Me odié, odié con toda la fuerza con la que fui capaz por el solo hecho de haber caído una vez más ante las palabras seductoras de mi hermano, las que iban a mi inconsciente y llenaban el vaso de desesperanza y anhelo que siempre había tratado de destruir.
Él lo sospechó todo, creo. Aun así me dio dinero, una copia de las llaves del lugar e instrucciones para no ser descubierta al entrar y salir. Tuve miedo de mi misma. Sabía muy bien el tipo de cosas que era capaz de hacer, no era problema tomar lo que llevaba encima y largarme, asesinándolo antes, claro. Solo que no pude, necesitaba de un lazo, algo que me mantuviera unida al raciocinio y a mis ideas. No quería perderme.
Al final me perdí. Me perdí cuando tuve conciencia de que algo crecía en mi interior y no se iba a detener, cuando se lo conté a él y pude ver una vacilación en sus ojos. Íbamos a tener un hijo.
Yo no podía siquiera imaginarlo. Un pequeño engendro mezcla de Naraku y yo, alguien que iba a heredar las peores catástrofes que se puedan imaginar, un niño nacido de la retorcida manera en que el universo había conspirado en mi contra. En un ligero ataque de nervios pensé en deshacerme de él, hasta que vi como Naraku se regocijaba en eso, le agradaba, mi odio para con él iba por encima de cualquier otra cosa, así que decidí conservarlo para que fuese el recuerdo constante de cada una de nuestras desgracias. Un movimiento tonto lo sé, una rebelión sin sentido. Les puedo asegurar que cuando se tiene un volcán de hormonas en el interior no se raciona bien.
El día que comenzaron mis dolores secuestró a un médico mientras yo me retorcía en la cama por el dolor. Fue agónico. Una pequeña creatura reptando desde tu interior para salir al mundo, algo pequeño y monstruoso que luego de alimentarse poderosamente de ti se escapa dejándote seca y desvalida. El joven doctor hizo todo lo que pudo, me mantuvo con vida a mí y al bebé. No puedo decir que él tuviese tanta suerte.
El niño no lloró ni realizó ninguna acción que pudiera uno asegurar fuese normal. Nació con los ojos abiertos, ojos que lo miraban todo con aterradora fijeza y sacudieron mi cuerpo ante una premonición aún más catastrófica. Ese estúpido niño iba a terminar mucho peor que cualquiera de nosotros y se debía únicamente al hecho de que había llegado al mundo para no obedecer a nadie.
Como lo predije, Naraku lo aborreció de inmediato.
Dos días después comencé este diario, expurgándome lentamente de las culpas y las necedades, buscando aclarar mi pasado para hallar una luz en mi futuro. Ahora sé que no la hay, que estoy condenada, pero como me dijo Naraku una vez: La muerte es demasiado definitiva y la vida está llena de posibilidad. Aunque para él ya no más, ni una más. El saldo de deudas en su haber era demasiado extenso como para dejarle continuar. No merecía siquiera haber visto el amanecer luego de violarme, a mí, a su hermanita.
Por eso lo destajé en pedazos con un cuchillo de cocina, manchando toda la cama y haciendo de nuestra habitación un verdadero centro de terror. Carne y sangre ante mis ojos, su cuerpo como masa informe que ya no podía ocasionarme más daño; no, nunca más. Intestinos, viseras y otras menudencias destinadas a descomponerse con suavidad en el estómago de algún animal… porque eso era mi hermano, un gusano tonto destinado a ser devorado por el resto de la cadena alimenticia.
Cada gota de sangre fue para mí una unción beatifica que renovaba mi alma y expurgaba demonios. En los ritos de magia negra suelen decir "sangre por sangre". Mi sangre, derramada años atrás, tuvo su recompensa en ese pequeño escenario del infierno. Mi sangre, su sangre. Nuestra mejor obra de arte.
Ahora no sé muy bien que hacer. El niño sigue en la cuna, continua mirando a su alrededor con frío análisis milimétrico.
Soy libre, más de lo que pude ansiar o imaginar en mis más locos sueños. Tengo prioridad por encima de todos. Los planes en mi cabeza se acumulan rápidamente y trazan una línea directa con el pasado, los lugares viejos y los recuerdos amargos. De alguna manera sigo atada, y creo que es por culpa de ese niño.
¡Ultimo chap! Agatha, espero que cumpliera tus expectativas y no te decepcionase. Perdón de antemano por la tardanza, pero reescribí esto tres veces, con tres finales, y nada me parecía muy apto para Kagura y su diario.
Espero que tu último cumpleaños te fuese muy bien y que no demores mucho en recibir mi próximo regalo.
Saludos :D
