N. Autor: Hola, queridos lectores.
Siento si me he tardado mucho tiempo en actualizar la historia. Pero, quiero y espero, entiendan, me vi atrapado entre las responsabilidades de mi escuela, y los fics que ya tengo. Además, me estresó fácilmente. Por ello. Éste capítulo tardo más de lo normal en ser publicado.
Pero aquí esta. Espero que sea de su agrado.
Y creo que se nota que he mejorado en mi prosa desde la última vez je, je.
—Gokussjdesentsuno45.
Opening: 99% por Bowl
(Descrito anteriormente)
10
¡Kakashi Vs Obito!
Soundtrack: Fullmetal Alchemist OST 3 – Kengi
Naruto se había dispuesto a buscar a Kakashi. Cerró los ojos, se concentró lo más que pudo y dejo fluir su chakra apoyando su mano contra el suelo —el poder del modo bijuu le ayudaba a revivir pequeñas experiencias, con tal que no hubiesen sido por un tiempo prolongado—. El chakra de Kakashi se sentía con claridad, junto con la malvada sensación de las intenciones de Kabuto. Naruto casi se mareó al sentir semejantes sentimientos: odio, aborrecimiento, desprecio, todos dirigidos hacia dos personas… Su propio compañero, Sasuke Uchiha. Fue él quien derroto a Kabuto. Sasuke recordaba muy claramente aquella batalla en su mente cuando él e Itachi lucharon contra Kabuto. Su Modo Sabio dragón fue el desafío más complicado —junto con Madara Uchiha y su susano'o divino— que él pudo enfrentar en toda su vida.
Aquellos ojos pigmentados de rojo brillante como la sangre, con una esclerótica negra como la oscuridad, y sus ojos amarillos brillando como dos enormes linternas en medio de la penumbra de la cueva que usaba como escondite. Kabuto había superado a Orochimaru aquella vez, su personalidad había sido corrompida por el A.D.N. de Orochimaru a tal punto, que su personalidad se había vuelto una tétrica y demente como la que el Sannin tuvo alguna vez.
Recordaba muy claramente como Itachi usó el Izanami, para acabarlo. Un infierno en vida sin duda, le hizo recapitular una derrota imperecedera una y otra vez. Itachi aún seguía recapacitando como era posible que Kabuto haya rotó el control del Izanami, él conoció bien esa técnica como un castigo infinito que no acabaría hasta que él penado reconociera su razón, en caso de Kabuto… Entender que no debía intentar ser como Orochimaru.
Naruto pudo seguir la pista de Kakashi y Obito. Conducía al interior del bosque que no estaba a más de unos kilómetros de allí. Sus chakra seguían fluyendo en el aire, los podía distinguir con una gran claridad, dos volutas de humo azul resplandeciente moviéndose por los arboles, habían saltado por allí, no usaron el Kamui —seguramente porque querían guardar chakra—. Naruto se puso de pie, tenía el rastro grabado en su cabeza con claridad.
—Bien —dijo Naruto—, ya tengo sus Chakras detectados' ttebayo.
—Bien hecho, Naruto —dijo Itachi—, sin duda ese «Modo Bijuu» es admirable. ¿En donde están Kakashi-san y Obito?
—Está hacia allá —apuntó hacia las ramas de los arboles—, se dirigen hacia la izquierda, luego a la derecha y después al centro. Si saltamos podremos llegar más rápido' ttebayo.
—Bien pensado, hasta para un tarado como tú —sonrió Sasuke.
—¡Bien —exclamó Naruto—, vamos allá!
Naruto encabezó el grupo —como un líder—, no creía tener mayor problema en ello. Había dirigido a la Alianza Shinobi entera con su incuestionable bravura. Hizo explotar su chakra del Modo Bijuu. Las sensaciones positivas volaron por doquier. La valentía, el amor hacia la humanidad, la solidaridad, todos los sentimientos positivos que sentía Naruto desde el fondo de su corazón llenaron el lugar. Pero antes de que pudiera lanzarse o moverse siquiera… Se extinguió, Naruto se volvió en su forma normal, el dorado brillo ígneo se había extinguido completamente. Naruto cayó sobre sus rodillas exhausto, le temblaba hasta la medula y apenas podía respirar.
Abuso del Modo Bijuu, Kurama se lo había dicho ya miles de veces. A pesar de todo lo que habían mejorado en su relación tanto Naruto y Kurama, penas podía usar hasta veinte minutos aquella forma antes de que el chakra se le agotara y volviera a su forma normal... solo había algo que podían hacer… moverse cargando a cuestas a un Naruto debilitado por el uso excesivo de su poder de Jinchūriki.
Fin del Soundtrack
El silencio rondaba por los arboles, tan gris como el cielo en esos momentos. Era raro para Applejack, Fluttershy y Pinkie Pie. El clima cambió tan abruptamente en un instante, el sol desaparecía con una lentitud casi sepulcral con esas nubes pasando por encima de él a una gran rapidez, luego se movían con la misma lentitud, repetían la misma rutina una y otra vez.
No sabían si haber preguntado acerca de la «Cuarta Gran Guerra Ninja» fue una buena idea. Applejack ni Fluttershy se habían atrevido a preguntarlo, nunca les pasó por la mente aquel suceso. Fue Pinkie Pie, con una gran curiosidad que le torturaba que preguntó con una inocencia digna:
—¡Uuuuh! ¿Qué es una Cuarta Gran Guerra Ninja? ¿Es divertido? ¿Acaso ustedes y los demás ninjas juegan a la guerra?
Soundtrack: Fullmetal Alchemist OST II – Kuon
La reacción del trío del Equipo Siete fue un tanto alarmante para ellas. Se detuvieron abruptamente, sus miradas se ensombrecieron de pronto, como si una vieja herida hubiese sido abierta nuevamente. Sus cabeza decayeron mientras recordaban en silencio los sucesos de hace no más de un año…
Naruto no se paraba de culpar, el ser un héroe le había traído un gran estigma tras ello. Una victoria agridulce. Había perdido a un gran número de camaradas durante la batalla contra Madara. Neji —cada vez que lo pensaba tenía ganas de echarse a llorar y gritar—, él murió poniéndose delante de él para protegerlo de un ataque furtivo de Madara. Recordó con claridad como Neji cayó a su lado, casi abrazándolo. Las palabras que le dijo «Porque me llamaste genio». Luego aquel sonido que se seguía repitiendo en su mente… La mano de su camarada cayendo al suelo con un ruido sordo y abrupto, su piel poniéndose fría y empalideciéndose.
Sakura pudo salvar a una gran cantidad de aliados… Pero aquellos que murieron, un escalofrío le recorría la espina cada vez que rememoraba aquello. El poder de Uchiha Madara había sido abrumador —o mejor dicho, divino—, no pudo contar la cantidad de bajas que habían sufrido. Miles, millones y el número subían. Sus caras habían quedado gravadas en la mente de la muchacha, sus rostros gritando petrificados en una expresión de horror puro antes de una muerte.
Sasuke —aquel dolor que sentía era mayor que el de Sakura y Naruto—. Él había matado a tanta gente —antes de haberse siquiera unido a Naruto y Sakura—, tantas personas que no hubiera querido asesinar. Se odiaba a sí mismo por ello. Le gritaban con suplica que no los matase. Pero no hizo caso a ninguna suplica, con una frialdad —digna de un Uchiha—, él los aniquilo en un instante con el frío acero de su espada.
Itachi y Nagato se veían comprensibles de lo que los tres sufrían. La guerra deja unas marcas y una huella que no es fácil de borrar, genera rencor y aborrecimiento. El trío debía sentirse afortunados de haber sobrevivido a aquel cruento combate, ellos habían sido los únicos capaces de haber hecho frente al más poderoso Uchiha y habían ganado, sus hazañas eran contadas por todos los rincones del mundo, Itachi, Nagato y Obito sabían de ello, habían oído durante su travesía hacía la Aldea de la Hoja una gran cantidad de cuchicheos sobre el trío del Equipo Siete, los héroes del mundo shinobi, los siguientes tres Sannin, los sucesores de la voluntad del Sabio de las Seis Sendas, eran incontables los sobrenombres que se les habían dado al grupo por su hazaña. Pero aún así, a ellos no les importó la fama en lo más mínimo —más bien, les supo a pura amargura la fama que vino más adelante—. No se sentían como los héroes reales a pesar de haber sido ellos los que lucharon cara a cara contra Madara en una implacable lucha, no podían dejar de pensar en todas las victimas de aquel holocausto que fue la Cuarta Gran Guerra Ninja, perdieron a varios colegas que ellos consideraban camaradas, aunque se habían conocido apenas en la guerra, Neji Hyuga y un millar de ninjas más habían muerto en medio de las rocas y el terreno arenoso del país del rayo, Madara, Obito y la armada Edo Tensei fueron los que los habían eliminado de ese mundo, ello murieron allí probando la amargura de la muerte en medio de la guerra.
—Fue un infierno —respondió Sasuke—, varios camaradas nuestros (algunos amigos nuestros) murieron durante la guerra.
—Neji —musitó Sakura con pesar.
Applejack no sabía ni siquiera como reaccionar, por primera vez veía a Naruto desanimado. Siempre él se notaba alegre, despreocupado por todo. Además de muy hiperactivo, parecía una persona completamente diferente. Sus ojos azules parecían muertos y sin vida, como si toda la personalidad explosiva de Naruto hubiera desaparecido de la nada. Él se veía pletórico de emociones vagas y muy dolorosas, parecía que daría rienda suelta a las lágrimas pero no paso nunca. Ella se acercó al muchacho de cabellos dorados y con suavidad, murmuró su nombre: «¿Naruto?»
Él reacciono de inmediato, como si hubiera despertado de un trance, ni siquiera se dio cuenta de que estaba caminando con sus amigos, hace un momento estaba en medio del campo de batalla en el País del rayo contemplando los miles de cadáveres de varios camaradas de la Alianza Shinobi regados en el suelo que lo rodeaba. Miró hacía su derecha, allí estaba el rostro angelical de su más reciente compañera de cabellos dorados como los de él mirándolo fijamente con una preocupación desbordante. Los ojos verde brillante miraron un momento a los azules antes de que Naruto lograra recuperar el habla y el nudo que se le había hecho en la garganta se desanudara.
Naruto le dedico una sonrisa radiante.
—¡Hey, Applejack! —exclamó Naruto—. ¿Qué pasa?
—¿Estás bien? —preguntó Applejack—. Luces… muy… mortecino.
Naruto no se dio cuenta, pero su rosada piel se había tornado de un color pálido, casi lucía enfermo a pesar de que estaba en una excelente salud. Ése era el efecto que tenía la guerra sobre alguien como Naruto, la muerte uno de sus más queridos amigos desde la infancia, Neji Hyuga no le había dejado de afectar desde aquel momento hacía un año con seis meses. Sakura y Sasuke recordaban lo muy afectado que quedó en esos momentos, tuvieron que pasar días antes de que su hiperactivo compañero recuperara la compostura y volviera a ser el mismo Naruto que veían a diario.
Itachi de inmediato se dio cuenta de porque ellas tres parecían completamente ignorantes ante lo que hablaban sus compañeros. El momento en que Pinkie Pie preguntó aquella cuestión fue cuando lo dejo en obviedad —Itachi no era un tonto, él era un shinobi muy perspicaz—. Se acercó al grupo y abiertamente, sin notarse muy perturbado habló.
—Presumo que ninguno de ustedes, muchachos, les relataron a ninguna de ellas sobre lo que sobrevino durante «La noche de la luna roja» —dijo Itachi.
El trío hizo gestos de sorpresa ante ese hecho. Itachi demostraba nuevamente aquella aguda inteligencia que hizo que formará parte de los Cazadores Especiales ANBU a la tierna edad de trece años. Era verdad ahora que lo pensaban, ellos les debían contar acerca de aquel suceso que cambió sus vidas para siempre y estremeció al mundo shinobi entero, aquel momento en que ellos pasaron de ser un simple trío de un gennin, un ninja desertor y una chunnin medico, a ser una leyenda en la historia, aquel momento en que el mundo que ellos conocían se vio bajo la monstruosa amenaza de Madara Uchiha, Obito Uchiha y el Plan Ojo de Luna. Naruto encabezó el relato rememorando aquellos momentos mientras que las tres muchachas de Equestria oían con atención…
Durante la guerra… en aquellos momentos en los cuales el mundo parecía que iba a terminarse de un momento a otro. Donde la victoria de la Alianza Shinobi pendía de un hilo
Aquellos momentos parecieron ser los últimos para Naruto Uzumaki, y Sakura Haruno. Resistieron un ataque monstruoso de parte del bando contrario, de parte de Madara Uchiha, él les había lanzado el jutsu «Yasaka no Magatama». Naruto casi sintió como era presa del terror y de la impotencia, cuando vio aquella técnica haciendo su camino directamente enfrente de ellos, el poder avasallador de Madara superaba con facilidad al de Itachi Uchiha y a cualquier contrincante que él había hecho frente antes de ello.
En un instante, que pareció ser una eternidad vio los rostros de todas esas personas que eran importantes para él sonriéndoles desde el interior de sus almas, las últimas palabras de su camarada Neji retumbaron con fuerza en la cabeza de Naruto. Él rememoro a los cinco kages que probablemente estaban muertos ahora, él mismo Madara le dijo cuando llego que ellos «no se encontraban en el mejor estado». Madara había matado a todos los que eran importantes para él, mató a Neji, mató a la abuela Tsunade y él no pudo hacer nada para impedirlo.
En el momento en que vio como la poderosa Yasaka no Magatama iba a impactarlos, algo los salvó. Las magatamas chocaron contra otras pero hechas de un extraño y caluroso fuego negro, incluso desde la distancia en la que habían colisionado, el calor monstruoso de las llamas oscuras invadieron el ambiente. Las vidas de Naruto Uzumaki y Sakura Haruno junto con el resto de la Alianza Shinobi fueron salvadas en aquel instante por un salvador desconocido.
Soundtrack: Naruto Shippuden OST II — Hyouhaku.
En aquel instante, los ninjas sensores sintieron un chakra proveniente de lo más alto de las montañas, aunque no sabían si era un oponente o era un aliado, había sentimientos contrapuestos en él. Cuando Sakura y Naruto alzaron la vista sintieron una gran cantidad de sentimientos al mismo tiempo que dolientes eran felices. En lo alto estaba Sasuke, su mirada como siempre era estoica y severa, él era el que los había salvado con su Kekkei Genkai «Estilo Llama». Él Uchiha pegó un saltó desde la montaña y planeó hasta encontrar el suelo delante de sus dos compañeros sin mayor inconveniente. Él los miró con severidad dejando un ambiente de suspenso, no sabían si él había venido atacarlos y unirse a Madara, pero entonces, él, aquel que habían considerado un enemigo por mucho tiempo, le tendió la mano a Naruto, y con una sonrisa le dijo:
«Gracias, Naruto, por no haber perdido la fe en mí» le había dicho Sasuke en aquel momento.
Naruto quedó sin habla, el terror lo invadió al sentir la maldad que había en él. El odio lo corrompía. Podía sentirlo mejor que los propios ninja sensores debido a sus nuevas habilidades dotadas por su nuevo camarada Kurama. Pero lo que le dio un pequeño alivio era sentir que no era odio hacia la aldea, él acababa de aparcar su odio por él, o mejor dicho, iba a volcarla en sus propios parientes. No hubo dialogo entre los dos más allá de ello, solo un pequeño choque de puños amistoso. Los tres, ahora conformando el trío que fueron en sus años de doce y trece años, el Equipo Siete había renacido, Naruto lo había proclamado a los cuatro vientos. Arengaron a sus camaradas y emprendieron hacia la batalla final.
Fin del Soundtrack.
Aquella batalla, pasaría a los anales de las historia, se contaría por generaciones, lo que los shinobi presenciaron fue una de las batallas más monstruosas en la historia. Casi fue idéntica que la del Sabio y la bestia conocida como Diez Colas. Naruto refulgía de dorado como una antorcha de esperanza en medio de la oscura noche. Sus dos camaradas, Sasuke y Sakura luchaban con idéntica valentía.
Sasuke contaba con sus habilidades con el Mangekyō Sharingan Eterno, y Sakura con su nuevo sello Byakugou que había logrado tras mantener el chakra fluyendo en un solo punto durante más de dos años de entrenamiento. No eran los únicos que luchaban, los diez novatos ayudaban con toda las técnicas que conocían para intentar frenar al Uchiha. Shikamaru intento atarlo con su Jutsu de posesión de sombras, Ino intento transferir su mente al del Uchiha, Chouji intento luchar con su Modo Mariposa, Tenten lucho con los tesoros del Sabio, Lee intentó usar las seis puertas para someterlo, Kiba y Akamaru intentaron el Jutsu de doble colmillo usando toda su fuerza, Shino contraataco con sus insectos, Hinata intentó usar su Byakugan, sin embargo, Madara era prácticamente invulnerable a todos esos ataques, pero, por lo menos habían logrado entretenerlo mientras el trío pensaba en una técnica para atacarlo.
Naruto omitió detalles, lo único que recordaba de aquel momento era el choque de dos fuerzas antagónicas —ni siquiera sabía si eran de ellos tres chocando contra las del enemigo—. Cuando se dio cuenta, Madara estaba haciéndose trizas, pero… algo más había pasado, alguien gritaba.
Era un grito desgarrador de dolor.
Naruto giró hacia su derecha.
Sasuke estaba tirado en el suelo encogiéndose de dolor mientras con fuerza, se apretaba la frente con fuerza, estaba sufriendo y eso era obvio para Naruto. Él fue corriendo hasta su mejor amigo y rival, con cuidado hizo que se removiera las manos. Naruto hizo un gesto de sorpresa y horror. En la frente de Sasuke había una marca negra, un kanji más bien, y aquello que llevaba escrito allí realmente puso intranquilo a Naruto.
憎む
«Odio» había leído Sakura, en una forma débil casi murmurándolo. Madara rió tan fuerte que parecía que el campo de batalla se llenaba de sus risas crueles y malvadas. Naruto le intercambio al Uchiha una mirada potente de rabia exigiéndole una respuesta ¿Qué le había hecho a Sasuke?
«Vendrán más como yo; mientras haya Uchihas vivos, Madara Uchiha estará vivo todavía, y la maldición del odio perdurará por siempre, no importa cómo, no importa si la encadenas, si la encierras, si la niegas, el odio perdurara, aunque tenga que ser infundido de maneras crueles. Cuida a tu amiguito, Naruto Uzumaki… yo lo haría… y no creas que esto se acabo… porque podrán pasar años, décadas, siglos… pero yo regresaré… ten pendiente aquello» Fueron sus últimas palabras antes de desaparecer en una cortina de tiras de piel. Se había acabado finalmente. El líder del Akatsuki estaba derrotado, ambos, el original y Obito habían sido derrotados. Obito había sido atravesado por Kakashi durante el combate y Kabuto fue encerrado en el bucle del Izanami, ya no había problemas.
Qué equivocación.
De pronto, algo se apoderó de la atención de los shinobi de las distintas naciones. Un atronador rugido que hacía estremecer al mundo —era un chillido infernal, ni siquiera Kurama tenía una voz tan espantosa como la que oían—. Varios shinobi se preguntaron a sí mismos gritando de hecho «¿Qué ocurre?». Pero la respuesta era obvia y era tan espeluznante que no querían creerlo. La colosal estatua Gedo Mazou, que los Akatsuki usaron durante tanto tiempo para encerrar a las bestias con cola, era lo que estaba dando aquellos chillidos infernales. Sus diez ojos sangraban inyectados de una brillante y roja sangre que refulgía en la oscuridad con un resplandor carmesí inconfundible. Aquella cosa era el contenedor del diez-colas. Estaba finalmente en su fase final de metamorfosis, sin Madara o Obito quienes eran los únicos capaces de controlar al a bestia infernal… aquella cosa iba a causar un puro holocausto de destrucción y matanza tras él y posteriormente… el fin de todo.
Solo se podía hacer algo en aquel momento.
Destruir al Gedo Mazou antes de que su metamorfosis finalizara y la bestia divina surgiera. Kurama le había advertido a Naruto «¡Mocoso, tienes menos de sesenta segundos antes de que esa cosa se transforme en el diez-colas!» Naruto sentía un escalofrío y un nerviosismo recorriéndole la medula. Kurama lo había dicho con una voz angustiada y encrespada. Por primera vez, Naruto pudo oír a la gran bestia, aquella que podía causar tsunamis con su cola y terremotos con sus pies, verdaderamente asustado. Naruto lo reconocía, debía ser algo verdaderamente grave para que Kurama se mostrase así de aterrorizado
Pero aquel pensamiento fue rápidamente apartado de su mente por otro enorme chillido infernal. Giró hacia su derecha y alzó la mirada, —sus azules ojos reflejaron horror puro—. Enfrente de él la gigantesca estatua cambiaba su forma, podía vislumbrar pequeñas espinas de color tiza saliéndole de la espalda y la barbilla, parecía rugosas y hacían contraste con la estructura marrón de la estatua de madera.
Un minuto, parecía una proeza imposible de lograr. El trío (incluyendo a Sasuke que se había recuperado tras aquel dolor de una forma inexplicable) y su Jonin a cargo, Kakashi, se reunió pensando en las posibilidades, sin embargo, no había mucho tiempo para pensar. Naruto recordaba con facilidad lo nervioso que estuvo en aquellos momentos, —el mundo literalmente dependía de la decisión que tomaran en aquel momento—. Sasuke había intentado ya quemar a aquella criatura con su elemento llama. Ni siquiera le hizo un rasguño. El muchacho de cabellos azules quedó perplejo, aquella técnica ardía con el calor proporcional del mismo sol y no podía ser apagada hasta dentro de siete días y siete noches; además, el Amaterasu de Sasuke podía ser controlado para aumentar su intensidad y su poder. Sasuke verdaderamente estaba aterrorizado, veía ver el final de los días del mundo cernirse sobre ellos, —intentaba mostrarse severo, pero era notorio—. Naruto no tenía más fuerzas para usar el Modo Control de Chakra, y Kurama no podía dotarle de más chakra para utilizar el Modo Bestia con Cola. Él sentía un estremecimiento de recordar aquellos momentos. Él se sentó en el suelo y se frotó las sienes mientras intentaba cavilar una estrategia de ataque que les diera la victoria y salvará el mundo. Él era el niño de la profecía y este era el momento de cumplirla. Golpeó su palma con fuerza cuando finalmente tuvo una idea, una estrategia demencial debía admitir… pero podría funcionar. Obito antes de morir le menciono a Kakashi algo sobre que aquella estatua podía ser destruida con facilidad, puesto que su dureza no podía contra el Senjutsu, aquel que dominará aquellas técnicas podría vencerla.
Precisamente Naruto dominaba el Senjutsu, —mejor que Jiraiya—. En aquel momento, Sasuke y Sakura sabían que solo él, Naruto, podría acabar con aquella cosa. Vieron sus esperanzas y sueños para un mejor futuro reflejados en su compañero de cabellos dorados que estaba sentado delante de él reuniendo con paciencia la energía natural necesaria para poder activarlo. Los dos compañeros de Naruto podían ver con maravilla reflejado en los ojos de cada uno, como la energía natural brotaba del suelo, de las personas, de todo lo que vivía, hasta de ellos mismos. Pequeñas centellas de color verde refulgiendo con un resplandor que bañaban la llanura rocosa del campo de guerra —como si fuesen luciérnagas revoloteando alrededor suyo—. Naruto finalmente se puso de pie y abrió sus ojos con ímpetu.
Soundtrack: Naruto Shippuden OST 1— Heaven Shaking Event
Los ojos de Naruto habían cambiado. Eran dorados, —parecían ser una luz de esperanza en medio de la noche junto con las centellas verdes de energía natural—, sus pestañas circunvaladas con una rojez marcaban la transformación de sabio y que era perfecta, la forma perfecta de un sabio que ni Jiraiya había logrado.
Sasuke, Sakura y Kakashi, junto con el resto de los ninjas le bridaron su apoyo. Pero Naruto no quería ser el único héroe de esta guerra. Quería que ellos, sus compañeros que él considero como su pilar en la vida fuesen reconocidos como héroes también, no solo él. Los toco, de pronto, Sakura y Sasuke se sintieron distintos, sentían como si tuvieran el poder de todo lo vivo, todo lo que vivía era perceptible para ellos, los Chakras de todas las personas que estaban a millas de allí. Naruto les había bridado parte de la energía natural que tenía, —era rebosante así que no afectaría su transformación—, se había fijado en darles la suficiente como para que no terminaran convertidos en sapos. Con aquél poder, emprendieron la marcha hacia la bestia divina que se encontraba cerca de terminar su metamorfosis.
El tiempo se acababa, solo faltaban diez segundos.
Naruto con ayuda de Sasuke y Sakura. Creo un enorme rasengan.De pronto. Algo se apoderó de la atención de ambos.El rasengan… fulguraba de un color verde azulino, ceñido en llamas azules, aquella sensación no la olvidaban hasta hoy. El calor del poder que tenían, no era chakra, no era energía natural… era amor. Amor por todos aquellos que lo había ayudado. En un instante vieron los rostros de cada persona que los habían apoyado desde que fueron chiquillos hasta el día de hoy. Y con un ensordecedor grito, y una amplia sonrisa esbozada en el rostro de cada uno. Los tres embistieron la poderosa técnica en el diez-colas tan solo faltando dos segundos para que la metamorfosis acabe.
—¡Supremo Último Rasengan!
No pudieron recordar más allá de ello. Cuando llegaban siempre a esa parte. Siempre todo se oscurecía, aunque, según todos los que vieron aquel momento expresaron siempre lo mismo: Los tres habían logrado pulverizar al Gedo Mazo. Desde aquel día, los tres fueron condecorados como los héroes de la guerra junto con el grupo de los Jinchūriki quienes resucitaron gracias a la destrucción del Gedo Mazou, y los miles de valientes ninjas que arriesgaron sus vidas en la lucha.
Tras ello, las cosas cambiaron entre ellos tres, la guerra los había marcado, varios camaradas habían muerto y cuando se les rindió tributo en el cementerio de la aldea, Naruto lloró hasta quedarse sin lágrimas por todas las bajas que habían recibido. Ese mismo día, cuando el sol se ocultaba en el horizonte, Naruto, Sasuke y Sakura se prometieron apoyarse los unos a los otros. Ya no eran solo un equipo más.
Eran una familia.
El recordar ello, provoco un sonrojo junto con un gesto de felicidad en la cara de los tres, recordar aquellos momentos que pasaron juntos tras la guerra siempre ayudaba a animarlos de una u otra forma. Applejack también sonrió de manera radiante, ¡le encantaba formar parte de un equipo como lo era el Equipo Siete! Aquel momento, enternecedor sin duda hubiera durado más tiempo, de no ser por algo más. Nagato se estremeció de pronto. Con su rinnegan podía sentir los chakra que estuvieran cerca de él, y podía sentir el chakra perteneciente a Kakashi y el de Obito. Ambos parecían estar alterados como si estuvieran luchando.
En aquel lugar, entre lo profundo de las malezas del bosque. Obito Uchiha y Kakashi Hatake se enfrentaban en una atronadora batalla; sus habilidades estaban igualadas y no había un vencedor establecido. Pero claramente, era Obito el que mantenía la ventaja sobre su contrincante, la batalla había sido dura, Obito conocía todas las técnicas de Kakashi, todas aquellas que él había copiado durante sus años como jounin y como «El ninja que copia». El poseer el ojo derecho de él le permitía leer todos sus movimientos. Además, aquel ojo morado anillado que era el rinnegan resplandeciendo de morado impedía que los ninjutsu de Kakashi funcionaran contra él.
Pero aún así, no se daba por vencido.
Era muy obstinado.
Con la capacidad que su Mangekyō Sharingan le otorgaba, Obito hizo aparecer una shuriken gigante, Kakashi podía ver con claridad los bordes afilados de aquella arma brillando con el contacto de la luz del sol. Obito no estaba consciente de lo que hacía en aquellos momentos, era la última arma de Kabuto y la más poderosa, había hecho todo lo posible para que no pase lo mismo que con Nagato e Itachi. Kakashi entendió lo que debía hacer, sujeto con robustez su brazo derecho y dejo fluir su chakra. Su mano refulgía con un resplandor azul emitiendo una furia de chillidos asimilando a los de aves.
Capaz de cortar a través de un relámpago… el Raikiri rugía en la mano de su inventor.
Los dos rivales se lanzaron el uno contra el otro. Ni vacilaron un momento ni chistaron en hacerlo… Los ojos de Kakashi miraban a los de Obito, el rostro de su viejo amigo estaba a tan solo unos milímetros del suyo, mientras sus rostros sostenían una mueca de dolor. Ambos se habían agujereado el pecho con el ataque del otro. Y segundos después, se esfumaron… era una ilusión producida gracias al Sharingan. Durante todo este tiempo, estuvieron luchando con genjutsu y ni siquiera habían empezado a pelear.
—¿Te parece bien si dejamos ya de jugar usando genjutsu? —bromeó Obito, como si aquel sentido del humor que tenía en sus años de juventud hubieran vuelto.
—Estaba esperando que lo dijeras —dijo Kakashi.
—¿Sabes?, me alegra estar peleando contra ti, Bakakashi, así finalmente podre patearte el trasero como es debido —dijo Obito con un tono completamente diferente a su apática voz que usaba en la guerra.
Kakashi suspiró haciendo un gesto de molestia.
—Ahora empiezo a extrañar tu personalidad fría, Obito.
El gesto sonriente de Obito se esfumo, cambiando a un gesto severo. Kakashi se preparó para cualquier ataque proveniente de su antiguo camarada, esa mirada significaba que realmente vendría a atacar en cualquier momento. Confiarse no era una opción y mucho menos con alguien como lo era Obito Uchiha. Él recordaba con claridad lo complicado que había sido aquella lucha que habían tenido cuando Obito portaba aquella mascara morada que asemejaba al rinnegan y el Sharingan, en aquellos tiempos cuando él se hizo llamar Madara Uchiha. No había sido hasta que con el chidori lo asesino en la guerra y descubrió su verdadera identidad arrebatándole la máscara que parecía estar hecha de acero o quizás hasta de un material aún más duro.
Ambos cruzaron miradas sin dar un solo movimiento —como dos depredadores a punto de iniciar un combate por ver quién era superior—. Levantaron los brazos a la altura de la barbilla, era una enseñanza básica que les habían inculcado en la Academia durante los primeros años, el sello que se debía realizar obligatoriamente entre dos shinobi de la Hoja que estaban a punto de batirse en combate. Cuando finalmente dieron por terminado el saludo de batalla, ambos se lanzaron hacia el otro para comenzar el combate.
Soundtrack: Fullmetal Alchemist OST II – Kantou
Intercambiaron puñetazos y patadas propinadas con una gran robustez de parte de cada uno. Obito le dio un puñetazo a Kakashi en la barbilla, su fuerza era algo indescriptible para él —se sentía como si sus puños fueran fuego—. El intentar darle un puñetazo no sirvió para nada; al intentarlo traspasó su cuerpo como si no fuera más que un espejismo; pero no lo era, era el poder del carmesí Sharingan que poseía que le otorgaba una habilidad extraordinaria. Obito dejo escapar una breve risa entre dientes. Kakashi se había descuidado y había bajado la guardia al no haberse visto previsto por su habilidad. Preparó su puño para propinarle un atronador puñetazo, pero, en el preciso momento en el que el puño se abalanzó en la cara de Kakashi…
Nada ocurrió. Lo había traspasado como si se tratará de una ilusión. Solo que no lo era en lo más mínimo.
De pronto, Obito escuchó un resonante silbido próximo de su oído. Desconfiado, volteó su cabeza lo más veloz que pudo y con un gesto de terror, contemplo aquello que estaba detrás suyo y emitía ese atronador ruido…
«Maldición» se dijo a sí mismo.
¡Kakashi estaba detrás de él! Se dio cuenta de lo que había ocurrido inmediatamente, él había aprendido a realizar aquella misma habilidad que caracterizaba a Obito, el volverse intangible era algo que él solo podía hacer, pero ahora, con horror contemplaba como Kakashi había sido capaz de usar la misma habilidad a la perfección. Su mano aferraba un afilado kunai, él podía vislumbrar el afilado borde brillando en contra del sol abalanzándose contra su cara.
Estiró su mano para protegerse. De ella brotó un objeto de metal largo, una estaca de acero teñido de negro, una estaca de chakra que salía de la palma de la mano. Por lo que Kakashi podía ver, rompía el tejido de la palma de la mano de Obito. Reconocía aquella arma como las que Pain usaba. Con aquella arma, Obito interceptó el kunai. El filo de las armas desprendía chispas acompañadas por una furia chillante. Las miradas de ambos chocaban.
Ambos se separaron, quedaron alejados. Cada uno guardó sus armas nuevamente ya que no vieron necesario el utilizarlas otra vez durante el combate. Obito decidió no perder ni un segundo, en un instante se lanzó por encima de Kakashi, acopló las manos con robustez y efectúo los sellos requeridos para la técnica: Caballo, Serpiente, Carnero, Mono, Jabalí, Caballo y Tigre. Tomó una enorme bocanada de aire, e infló los cachetes —como si estuviese a punto de escupir algo—. Y soltó el aire gritando: «¡Estilo de Fuego: Gran bola de fuego!». La boca de Obito despidió una enorme bola ígnea haciendo su camino delante de Kakashi a una impresionante velocidad. Únicamente, los Uchiha conocían esta técnica, la consideraban una técnica secreta suya.
Kakashi avistó con alarma la refulgente bola ígnea dirigiéndose delante de él. En un instante embistió el suelo e hizo uso de una de las técnicas que conocía desde niño. Gritó el nombre de aquella técnica: «¡Estilo de Tierra: Muro de piedra!». La tierra se rompió. De ella brotó un tabique que servía para bloquear ofensivas de los oponentes que confrontaba el usuario de ésta técnica. El ataque ígneo de Obito colisionó contra el muro. Se evaporó al estrellarse contra la piedra. Las miradas de Kakashi y Obito volvieron a cruzarse en el aire nuevamente. De pronto, Obito no pudo lograr ver a Kakashi, fue cubierto por una gruesa mortaja de humazo provocado por la colisión de chakra posteriormente ocurrida. Pero unos momentos después, logro distinguir algo entre todo aquel humo marrón…
Una refulgente luz azul y un chillido similar a un gorjeo.
Obito se inquietó inmediatamente. Aterrizó en el suelo delante de aquella mortaja de humo. Hubo silencio.
De pronto.
¡UN ENORME DRAGÓN DE RAYOS SE ABALANZÓ SOBRE ÉL!
El pánico invadió al Uchiha. Aquella bestia relampagueante y rugiendo como una terrible tempestad estaba a tan solo unos metros de distancia de él.
Inconscientemente utilizo el Kamui para poder transportarse en un instante a varios metros de distancia. Lo que no esperaba… ¡Kakashi estaba allí también! En el momento en que Obito emergió del vórtice, él estaba parado delante suyo con un Raikiri en la mano derecha y un gesto de severidad en el rostro.
Kakashi bramaba mientras abalanzaba su mano contra su antiguo compañero.
—¡OOOH!
Un estruendo se oyó debajo en el pecho de Obito Uchiha.
Fin del Sountrack.
Él sentía como el brazo de Kakashi rompía su pecho y espalda. A pesar de ser un cadáver reanimado, el dolor que sentía también era verdadero. Delante de él los ojos de Kakashi miraban a los suyos firmemente con insensibilidad por haber atravesado a su compañero. Él quedó perplejo. Kakashi se había vuelto mucho más rígido durante el año que había pasado y no solo había entrenado sus habilidades.
Él podía ver en su espalda la mano enguantada por su pecho, bañada en electricidad y chakra.
—¿C– cuando? —preguntó Obito con un tono de voz doliente.
—En el momento en que nuestras técnicas se estrellaron —afirmó Kakashi—, aproveche la espesa nube de humo que nos rodeaba. Usando un jutsu clones de sombra, pude moverme entre el humo, y esperé a que usaras el Kamui como ya sabía que usarías.
Obito esbozó una sonrisa y emitió una breve risa entre dientes.
—Eres muy… perspicaz.
—Hasta luego, Obito —musitó Kakashi.
Con brusquedad, desenterró su mano del pecho de Obito. Miró su mano un instante, manchada con algo que era similar a un liquido negro y espeso (no tenía ni idea si era sangre o algo similar) miró a antiguo compañero y camarada, como se desplomaba delante suyo y quedaba inmóvil.
Termino, ganó.
Kakashi suspiró sintiéndose victorioso. Sabiendo que ya había terminado la batalla. Éste sujetó su banda regulatoria y la tiró para abajo, encubriendo su Sharingan. Paso un pequeño instante contemplando el cuerpo de su ex camarada rememorando aquella misión en la cual sus vidas se desviaron, creyendo que Obito se esfumaría como un espíritu libre como pasó con Zabuza y Haku en la guerra. Él emprendió la caminata de vuelta para buscar a su equipo.
…
¡Qué equivocado estaba!
—¿Acaso crees que esto ha terminado, Kakashi?
Oyó la voz de Obito con más aspereza y antipatía que nunca antes, ni siquiera su forma de hablar y expresarse durante la guerra había sido tan fría como aquella voz que oía.
Con alarma, Kakashi volteó inmediatamente.
Vislumbró a Obito Uchiha, parado delante de él, una sonrisa surcaba las comisuras de su desfigurado rostro. Kakashi, indeliberadamente retrocedió dando dos pisotones contra el suelo, logrando remover ligeramente la tierra de la zona de sus pies. ¡Creía que ya había acabado! ¡Debía haber terminado! ¡Había funcionado con Zabuza! ¿Qué ocurría? Kakashi se hacía miles de preguntas a sí mismo, pero no lograba responder ninguna.
—¿Sabes, Kakashi?, eres el primero que me obliga a usar ésta habilidad —confesó— no había tenido la oportunidad de probarla antes pero ahora lo haré.
—¿Habilidad?
—¿Recuerdas cuando te dije que había plasmado mí odio de otra forma en la guerra?
Sí, así fue, ahora que lo pensaba mejor, recordó que, durante la confrontación contra él cuando acababan de descubrir su identidad, en un determinado momento, Obito le había dicho a Kakashi, extendiendo sus brazos como si no le diera importancia al hecho de que tenía al que asesino a su amada delante suyo:
«He moldeado mi odio de una forma distinta a la de Sasuke y Madara —le había dicho.»
—Sí, ¿pero qué significa? —inquirió Kakashi.
—Fíjate bien, porque ésta destreza, no requiere chakra en lo más mínimo… Pero potencia mis habilidades a un gran nivel, y irónicamente (aunque dije que no requiere chakra, lo aumenta bastante) —afirmó Obito.
«¿Una técnica que le permite aumentar sus habilidades pero no requiere chakra y aún así aumenta el chakra? ¿Qué es?».
Pero no hubo respuesta. En lugar de eso. Obito demostró aquella «destreza» de la que hablaba. Fue tan rápido que Kakashi casi cayó al suelo del estremecimiento que atravesaba su cuerpo.
Soundtrack: Naruto OST I – Need To Be Strong
Del cuerpo de Obito, Kakashi podía distinguir a la perfección como algo sobresalía de ello. No era ninguna especie de habilidad como la de Kimimaro ni nada que había visto antes.
Eran nervios. Sus nervios estaban resaltando en el cuerpo de éste.
Sus ojos, eran blancos, eran tan blancos que parecían estar brillando.
Y su cabello perdió el color. Parecía como si se hubiera convertido en puras canas plateadas en lugar de su color azabache que llevaba hace unos instantes.
Ir al minuto 02:52
Obito, demostrando su nueva habilidad, bramó su nombre:
—¡Nervios del odio!
Fin del Soundtrack.
Ending: USO
(Descrito anteriormente)
Próximamente: La técnica de Obito, los «nervios del odio» resultan ser una técnica muy problemática para Kakashi. Pero los refuerzos llegan de inmediato. Además de… refuerzos inesperados.
Próximo capítulo: ¡Comienza el segundo round! ¡Los refuerzos llegan al campo de batalla!
