Eres feliz con los pulmones entre las costillas y el corazón entre las manos
Nico conoció a un hombre hace unos tres años. Nunca entendió porque pero su rostro no podía ser olvidado; no estaba en tan mal estado, es porque pensaba en él incidentalmente, por lo menos dos o tres veces al mes, pero no le gustaba que de súbito él apareciera en su línea de pensamientos.
Aquel hombre traía su recuerdo junto con una cuantas lágrimas incluidas, nadie se podría creer que el fuerte y apático de Nico di Angelo fuera tan sensible con esa insignificancia.
Los ojos verdes le hicieron sollozar. El dolor de no haberle conocido, de no tener la oportunidad escuchar su voz a veces era más de lo que podía soportar.
En lo más remoto de su consciencia se alojaba una pequeña voz, apenas audible, de que, no era una simple coincidencia el seguir pensando en él después de años, de amoríos con otras personas, que por supuesto no terminaron bien, de albedríos incontables.
Odiaba los días en que esa voz se intensificaba y abrumaba con incógnitas que Nico frustrado sabría que no podría darles una respuesta.
Esos días no pasan lento y es lo mejor.
Nico quisiera por lo menos saber su nombre. Lo susurraría como el más importante de sus secretos, pero el enigma nunca sería resuelto, era una tristeza.
«Un extraño cautivó a Nico»
Nico sabe que la palabra 'cautivo' viene en más de un sentido. El hombre lo capturó sin ni siquiera saberlo, pero la peor parte, una a la que Nico se niega a reflexionar mucho, es que probablemente ni siquiera sabe de su existencia, que no lo notó entre toda esa multitud el día en que se inauguró un nuevo piso en la biblioteca.
Fue inevitable que Nico se estremeciera con tal pensamiento, después de todo él fue quién no apartaba la mirada de ese muchacho, era su mirada la que se desviaba para mirarlo aunque fuera unos segundos, fue su mente la que no se podía concentrar en los aperitivos enfrente de su mesa, fue él quien no tocó bocado por estar buscando constantemente la presencia del otro.
Ni una vez esa noche su mirada se cruzó con la de él, un evento que casualmente le provocaba una punzada en el corazón y más bien, no necesariamente de dolor.
Pese a tantos años aún podía revivir el momento entre los confines del territorio oscuro espeso que tiene por mente. Todavía siente que la imagen lo ahoga.
Eso pasó justo un mes después de que su madre había fallecido, no hace falta mencionar de qué. Nico quería atribuir las lágrimas a eso; el otro hombre no llegó precisamente en un buen momento, y tampoco como un consuelo, hay veces en las que piensa que a lo mejor el recuerdo del muchacho duele tanto porque le recuerda la pérdida de su madre.
Un año más se agregó a la lista. Hace cuatro años se podría haber perdonado el pensar en un extraño como si fuera el destino mismo, pero ahora, a la edad de veintidós años, solo podía describirse como ridículo. Todo cambió en él excepto el hecho de que el rostro familiar no salía de más allá de la mente lo que se redujo a dos veces por semana pensar en él frecuentemente.
Nadie se atrevía a preguntarle por qué no había tenido una relación en dos años y medio, ni siquiera su amigo Jason, que era uno de los primeros en preocuparse sobre el tipo de vida que lleva.
Nico casi no como y difícilmente sonríe, el tipo de persona que llamarían: introvertido, no era como eso, sin embargo. Nico podía expresarse tan correcta y abiertamente como quisiera, el 'pero', es si se le viene en gana.
Sus lados y facetas eran conocidos por la gente que le tomaba importancia a sus acciones. No eran muchas, y así estaba perfectamente bien.
Tampoco se catalogaría como el tipo de persona que tiene un rostro al cual la gente miraría dos veces, a pesar de que sus amigos decían lo contrario, pero no se podía estar seguro porque nadie de ellos le diría que es poco atractivo, se le llama sentido común y también estaba bien con ello.
«Me dijiste que te llamas Percy, pero estoy seguro que es el diminutivo de un nombre»
« ¿Eso quiere decir que estabas pensando en mí?»
«Idiota»
«No lo negaste»
«…»
«Perseo»
« ¿Qué?»
«Ese es mi nombre. Te lo quiero dar a ti»
Nico volvió a encontrar a este hombre en el cuarto aniversario del piso de la biblioteca.
Una extraña invitación para el aniversario del piso más elegante de la biblioteca más vieja de la ciudad llegó al buzón de su apartamento, fue el suceso más excitante y emocionante que le ocurrió en todo una año.
Nico quería fingir que no se encontraba desconcertado porque de la nada le llega una invitación del cuarto aniversario, lo raro yacía en que jamás le llegó la invitación del segundo o tercer aniversario.
Era casi como lo que pasaba en las novelas que leía, que claro no eran nada más que ficción. Estaba a punto de reírse en la ironía pero no lo hizo porque una remota mota de esperanza brilló en su pecho. Encontrar al hombre que no olvidó durante cuatro años era toda una proeza, si es que sucedía.
Nico esperaba que el hombre no hubiera cambiado o mucho, por temor a no reconocerlo, sí es que le volvía a ver.
Fue a la hora citada, la gente estaba comenzando a pellizcar los aperitivos que se encontraban en las diversas mesas alrededor del salón de recepción.
Nico no recordaba a nadie de los que estaban rondando por el salón, solo una persona le interesaba.
La tarde se hizo noche y Nico se rindió.
Se sentó en una mesa vacía con un vaso de agua en las manos, las manos le temblaban ligeramente porque el agua traía cubitos de hielo. Su cabeza gacha, todo el tiempo su mirada vacía oscilaba en el derretimiento del hielo.
Se aprendió los títulos de varios libros cuando se aburrió y dejo que un varón rosara su mano "accidentalmente" cinco veces. Era hora de un cambio, no podía esperar toda su vida a alguien que no volvería a ver jamás. Quería tan desesperadamente comenzar de nuevo, olvidar todo, no recordar nada de nada y darse por única vez la oportunidad de ser feliz.
No podía llamarse despecho el que dejara que su mano roce con el nuevo individuo, porque para eso necesitaría haber estado en una relación que el hombre de ojos verdes.
Nico estaba por quedarse dormido cuando sintió el toque en sus hombros, su cara palideció. Las esperanzas se despertaron de su sueño.
Cuando volteó sus ojos se encontraron con el nuevo hombre.
El brote de luz se opacó.
Platicó mucho con él e intercambiaron números de teléfono.
Se enteró de que él trabajaba ahí como empleado y era un supervisor. Nico no habló mucho de él pero prestó atención cortésmente.
Al terminar el evento la gente se iba satisfecha de la comida, la música y la compañía…
Nico fue uno de los últimos en salir.
A la mitad de la calle unas manos frías le taparon los ojos, la boca de la parte contigua expulsaba jadeos como si hubiera corrido mil millas. Nico juró que podía adivinar tan tontamente fácil.
Se volteó para dejar caer su mandíbula, no era el empleado que esperaba. Era el hombre que ocupó cuatro años de su vida.
— Te amo y no te voy a dejar ir nunca más.
Nico por primera vez en años sonrío tan ampliamente que sintió que sus labios se separarían.
Las lágrimas cayeron inevitablemente y el hombre más alto las limpió con mesura, como si temiera que sus dedos lo fuera a hacer desaparecer; fue el tacto más suave que Nico había recibido desde que su madre se fue lejos de él.
La palma acunaba su mejilla mientras le eran susurradas palabras de consuelo. Era como si el hombre de ojos verdes supiera exactamente lo que había pasado, como si sus almas estuvieran en sintonía. Por alguna razón Nico sintió la corazonada de que el otro sabía que él también le había estado recordando y que especialmente vino hoy para tratar de encontrarlo.
Su inquietud más grande se apaciguo, definitivamente, el otro hombre sí notó su existencia en aquel entonces como ahora. Eso era todo para alegrarle por varias vidas.
— ¿Fue demasiado apresurado decirte que te amo? Lo siento— El hombre se rascó la nuca apenado.
Nico se quedó sin habla.
—Déjame conocerte entonces.
Nico asintió torpemente, sin poder pronunciar palabra.
—Me llamo Percy Jackson y sé que te voy a amar.
El los latidos del corazón de Nico se sintieron como un huracán avecinándose, era la primera vez que su corazón se sentía en el pecho y no desolado en sus manos.
—Percy…
— ¿También te llamas Percy?— Percy se rió contento y un deslumbrante tomo de broma. Nico se sonrojó inútilmente.
—Soy Nico di Angelo— Su voz era clara y segura. «Sé que yo no también te voy a amar, porque ya te amo» Pero eso se lo diría más adelante.
—Nico… di Angelo.
Percy dijo como saboreando cada sílaba que pronunciaba.
Nico se deleitó de su nombre salido de los labios y voz de Percy Jackson.
«Te amo, Nico, te amo, te amo, te amo, te amo»
Percy jadeaba pulsando sus caderas con las de Nico. El hombre más pequeño gimió por la fricción. El placer se hizo más intenso por la sensación del peso de Percy contra su cuerpo.
Percy le estaba enviando a la locura.
Los 'te amo' que repetía hacían que Nico quisiera más de él, aunque lo tuviera todo ya.
Las manos de Nico se amarraron alrededor de la cintura de Percy, buscando más cercanía. Su rodilla derecha empezó a masturbar el miembro de su novio. Causando que Percy gimiera más alta y gritara su nombre por los cielos.
Percy arrancó la sudadera y playera de Nico y lamió el cuenco de la clavícula, succionando con fuerza, con ganas de dejar una marca para el día siguiente.
Rozó sus pulgares con los pezones de Nico.
« ¡Percy!»
Percy había aprendido y estudiado todos los lugares que brindaban más placer a Nico, todos aquellos que hacían que se arqueara y cerniera cerca de él con deleite.
Él masajeo sus muslos con mientras preparaba y lubricaba la entrada de Nico. Un dedo se empujaba dentro y fuera de él, luego dos y por último tres. Nico entró en éxtasis.
Amaba tanto la sensación de Percy tocándolo, recorriendo sus manos por todo su cuerpo y aún así nunca era suficiente, siempre ansiaba más.
«Más, Percy, por favor» Nico rogó con necesidad.
Percy meció sus caderas y siguió jugando con sus tres dedos en la entrada del menor. Se inclinó y besó a su novio iniciando una aclimatada danza con sus leguas. Rozando cada rincón de la boca que ya conocía tan bien, arremolinándose contra la de Nico y morder tentativamente su labio inferior, Nico se sintió incluso más excitado.
Nico acariciaba su espalda y movía su cadera al compás del los dedos de Percy.
«Nico, te deseo tanto. Amo tu voz y tu cabello, amo todo lo que eres» Percy besó las piernas de Nico con dulzura en vez de lujuria. Nico sintió que iba a eyacular.
«También te amo, todo tú, Percy» Contestó entrecortadamente.
Percy sacó sus dedos y una queja de protesta se formo el os labios de su acompañante.
« Puedes decirme si duele» Aunque la erección de Percy era dolorosa mantuvo su voz en calma.
Nico rodó los ojos con impaciencia y empujó su cadera arriba como pidiendo que entrara.
«Percy, hemos hecho esto cientos de veces ¿y aún me preguntas?»
Percy besó el hombro y lo mordió suavemente. Nico gimió fuerte y era el mejor sonido que Percy conocía.
«Pero yo siempre me voy a asegurar de no dañarte, Nico»
«Perseo Jackson te amo, y te quiero dentro de mí. Ahora» Nico fingió dar una orden pero ambos sabían que era una súplica mal escondida.
«Me encanta cuando te pones así» Percy bromeó, y Nico sonrió y le besó el borde del cuello.
«Perseo, Perseo» Percy se estremeció. Su nombre viniendo de la boca de Nico en situaciones como esa siempre le enviaba al borde. Sabía que Nico estaba recurriendo a eso para burlarse de él un poco.
Honestamente ama a Nico como nunca ha amado e incluso puede decir que lo ama más que a nada en su vida.
«Tramposo» Le dijo besándolo con fiereza repentina, haciendo que Nico se quejara y elevara la voz cuando sintió la erección de Percy rozando su entrada. « ¿Listo?» Nico asintió rápidamente.
Percy entró en él suavemente, como siempre, no importa lo mucho que necesite su interior cálido, lo primero sería el cuidado de Nico.
Se meció con él lento y sofocante al principio hasta que Nico lloriqueaba por más. Percy aceleraba hasta que sus fuerzas eran succionadas y las piernas le temblaban.
Su clímax fue intenso.
Percy se acomodó a un lado de Nico y los cubrió a ambos con una sonrisa débil y agotada.
Nico enredo sus piernas y metió su cabeza entre el pecho y el cuello de Percy.
«Te amo, Perseo» Nico le susurró con sueño.
«Yo más, Nico. Te amo» Percy le arrulló acariciando las hebras de su cabello.
Ellos se tomaron su tiempo para conocerse mutuamente.
Más tarde su relación se hizo tanto fija como oficial.
—Te amo.
Nico le dijo por fin.
—Yo también te amo— Le contestó como desde la primera vez.
Cuando alguien les preguntaba su historia ninguno contestaba, se miraban y sonreían con cariño.
Destino.
Nico pensó cuatro años en Percy y lo tuvo por lo que le restaba de vida.
Percy buscó a Nico cuatro años y lo encontró para no dejarlo ir nunca.
Nota: Nico y Percy se merecen ser felices juntos.
Gracias por leer(?
Oh, sí, los comentarios ayudan a la hora de escribir.
