PARTE 2 – ALEJADO DEL DOLOR
Siguió viviendo con Madoka por varios meses más, pero la convivencia estaba demasiado difícil entre ambos. No era que alguno de los dos dijera algo sobre el beso. Extrañamente nunca se volvió a mencionar y parecía ser que todos los demás entendieron que era algo que no debía de resurgir en una conversación, porque tampoco lo mencionaron de nuevo. El problema entre Shido y Madoka tenía que ver justamente con la comunicación entre ambos… o la falta de ella realmente. Shido se dio cuenta muy rápido que hablaba más con Mozart de lo que hablaba con Madoka. No sabía qué hacer.
"¿Debería disculparme con ella?" preguntó mientras le daba de comer a sus animales, pero no fueron ellos quienes le respondieron.
"¿Y porque deberías de ser tu quien se disculpara?" habló Emishi "Shido, tu no hiciste nada mal."
"Tal vez debí hablar con ella desde hace años."
Shido no era de los que hablaban de lo que sentían. Realmente, había pasado gran parte de su vida convencido de que no sentía las cosas de la misma manera que el resto de la gente, así que simplemente negaba la mayoría de sus sentimientos… Una sola vez que decidía actuar en pos de uno de ellos y pasaba esto.
"Me malinterpretó…"
"Eso es, amigo mío. Tú lo acabas de decir." Señaló Emishi, atreviéndose a moverse aterradoramente cerca del león de Shiro. El animal lo miró por unos segundos antes de echarse de nuevo a dormir. "Fue ella quien malinterpreto las cosas."
"Pero yo la deje."
"Huh, estás convencido de que es tu culpa y nada de lo que te diga te hará cambiar de opinión, ¿verdad?" se quejó Emishi.
Shido no respondió. Cada momento que pasaba en esta situación, comenzaba a pensar que lo mejor era irse. Ni siquiera le molestaba todo el dinero que había puesto en esa casa o en que el único lugar al que podía volver era la Fortaleza Ilimitada. Cada día era una tortura y estaba seguro de que no podría soportarlo por mucho más.
"Siempre podrías darle tiempo." Dijo el bromista finalmente, atreviéndose a sentarse—no, ¿recostarse contra el león? ¿Es que acaso tenía un deseo suicida?
Shido observó como Emishi se acomodaba y su león levantó la cabeza, mirándolo como quien espera una orden. Shido negó apenas con el rostro y el animal siguió durmiendo.
"¿Qué quieres decir? ¿Tiempo?"
"Siiii… unas vacaciones. Quita tu presencia de aquí. Dejala sola con sus pensamientos por un tiempo." Siguió hablando el bromista, acomodando los lentes que le resbalaban por la nariz "Estoy seguro de que la distancia hará que te aprecie como amigo, Shido." Siguió hablando, desperezándose y acomodándose, usando al león como almohada gigante.
No parecía tan mala idea—Oh, Dios, ¿tan mal se sentía que iba a seguir un consejo de Haruki Emishi?
"No lo sé. No me parece buena idea dejarla sola."
"Huuuuuuuuuh, Shidooooooooo… Madoka ya es una mujer. Tiene 18 años y por lo que nos dijo en su fiesta hace unas semanas, consiguió trabajo en el conservatorio. No necesitará tu ayuda monetaria, ni tu vigilancia."
Aunque las intenciones de Emishi habían sido las de alentar a Shido para que se fuera, al parecer sus palabras habían contribuido a que el Maestro de las Bestias pensara que ya no era necesario. No era algo que a nadie le gustara sentir.
"Oh Dios, quita esa expresión de cachorro atropellado. Sabes bien a lo que me refería." Le pidió y se ganó un buen golpe en la cabeza solo por la comparación.
"Muy bien, me iré… pero lo hablaré con ella primero."
"Perfecto, entonces supongo que prepararé la habitación de huéspedes."
"¿huh?"
"Fue mi idea, ¿no? Te quedaras conmigo, en la Fortaleza."
