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¿Puedes sentir esto?
Había pasado un año desde que aquel joven del futuro derrotó a Freezer y avisó a Goku de la llegada de los androides. Vegeta ya se había acostumbrado a su incansable rutina en la Corporación Capsula: entrenar, comer, dormir… Estaba tan centrado en alcanzar su objetivo de convertirse en supersaiyajin que en su día a día no cabía tiempo para descansar, ni para relajarse o distraerse con nada. O eso pretendía inicialmente.
A pesar de su obcecación, a malas penas podía evitar colarse por las noches en el cuarto de la hermosa peliazul para satisfacer su apetito sexual, para gozar de aquella belleza de mujer que tanto placer le proporcionaba y con la que se sentía en la auténtica gloria. Desde que volvió a aquella gran mansión tras su búsqueda infructuosa de Goku por el espacio, los encuentros sexuales con la heredera que aquel imperio se habían vuelto cada vez más y más frecuentes, y es que el orgulloso príncipe se estaba volviendo un total adicto a la terrícola.
Ella al principio intentaba alejarse un poco de él para no serle infiel a su novio tan a menudo, pero al final la científica tuvo que aceptar que no había manera de apartarse de aquel hombre que la volvía absolutamente loca. Cuando al fin decidió dar por terminada la larga y apagada relación con Yamcha, su deseo todavía se tornó más desenfrenado, ya con la libertad total para dar rienda suelta a aquel torbellino de sentimientos y sensaciones que el saiyajin le provocaba.
Se estaba enamorando, y sabía perfectamente que las posibilidades de ser correspondida eran demasiado bajas. Aquel guerrero, tan frío y tan caliente a la vez, le había dejado bien claro que solo se trataba de sexo, y así se lo demostraba marchándose cada noche a su habitación individual tras haber consumado el acto.
Pero aquella noche fue distinta. Ya hacía más de diez minutos que ambos habían culminado, y Vegeta no hacía señales de levantarse e irse. Continuaba abrazado sobre el suave cuerpo de la peliazul, respirando su aroma sin voluntad de apartarse. Bulma se aferraba a la espalda del guerrero intentando retenerlo por unos instantes más, pidiendo con su fuerte abrazo que no se marchara esta vez. Y parece que sus internas suplicas fueron escuchadas.
El guerrero se echó a un lado sin dejar de abrazar a la científica por la cintura y la miró fijamente a sus hermosos zafiros azules. Bulma quedó hipnotizada, hundiéndose en aquellos profundos ojos azabaches que la hacían perder la cabeza y agarrando al saiyajin por la nuca.
Ambos se quedaron en silencio, ninguno se atrevía a decir nada para no romper aquel precioso momento. Se escudriñaban la mirada para intentar adivinar lo que pasaba por la mente del otro, sabiendo en el fondo lo que les estaba pasando a los dos. Bulma empezó a acariciar las mejillas del guerrero, a delinear sus labios con la punta de los dedos, a recorrer su amplia frente y peinar su rebelde cabello hacia atrás.
Él pareció imitarla y procedió a recorrer el bello rostro de la terrícola con sus rudas manos. Tomó su delicada mandíbula y empezó a recorrer con sus dedos el angelical rostro con lentitud. Acarició con sus pulgares los párpados de la científica, notando su suavidad y sus espesas y largas pestañas. Aprovechando que la peliazul mantenía los ojos cerrados, besó suavemente cada ojo con total devoción, queriendo expresarle así lo increíblemente bellos que le parecían, lo mucho que lograban desconcentrarle y dejarlo sin aliento, sintiendo en sus labios el temblor de esos lindos ojitos nerviosos.
Se miraron de nuevo intensamente, y como si fueran imanes, ambos se atrajeron fundiéndose en el más dulce de los besos. Los corazones de ambos empezaron a latir desbocados, pero esta vez no era debido a la terrible excitación sexual. Esta vez la ansiedad era provocada por un poderoso sentimiento, un sentimiento que el guerrero experimentaba desconcertado por primera vez, un sentimiento que la científica ya hacía tiempo que había descifrado sin dudar.
Tras reunir la voluntad para separarse del tierno beso, Bulma tomó la mano del saiyajin y la colocó en el centro de sus generosos senos. — ¿Puedes sentir esto? — preguntó al guerrero mientras presionaba su fiera mano entre sus pechos. — ¿A qué te refieres? — respondió el príncipe abrumado. — A esta emoción tan fuerte que siento justo aquí — le explicó la peliazul mirándolo dulcemente. — Siento tu ki alterado. Sí, supongo que está alterado por esa emoción que dices — dijo Vegeta intentando simular que no sabía a qué se refería la científica.
Lo cierto es que el príncipe podía sentir perfectamente aquella emoción en el ki de la terrícola, lo cual lo aterró bastante cuando se dio cuenta de que esa poderosa emoción era justamente la que él estaba sintiendo en su pecho de forma descontrolada. Daba gracias internamente de que la muchacha no supiera percibir el ki, porque si así fuera ya lo habría descubierto por completo.
— ¿Y tú? ¿Sientes algo ahí adentro? — preguntó medio susurrando la peliazul mientras presionaba con su índice el pectoral derecho del guerrero, esperando ya la molesta respuesta del príncipe. — Sólo siento que ya es tarde y no sé qué hago aquí en lugar de estar en mi cuarto — respondió el huidizo saiyajin a la defensiva, sintiéndose extrañamente atacado por su bella amante.
Bulma sonrió de medio lado, imitando la sonrisa favorita de su guerrero. Estaba claro que él no iba a participar en una conversación sobre esos débiles sentimientos terrícolas, pero le resultó divertido hacerle esa pregunta. Quizá fuera por las misteriosas miradas, por el cambio en la manera de acariciar y trabajarla bajo las sábanas, o por sus últimamente frecuentes silencios, pero por alguna extraña razón, la peliazul comenzaba a intuir que bajo la fachada de aquel temible y frio guerrero, el príncipe estaba sintiendo en su interior algo parecido al inmenso amor del que ella estaba totalmente embriagada.
— No te vayas esta vez, por favor. Duerme aquí. Tu cama debe estar muy fría, y esta ya está muy calentita — pidió tiernamente la científica al saiyajin. La verdad es que Vegeta no deseaba marcharse en absoluto, estaba demasiado a gusto enredado en el cuerpo de su bella debilidad, pero el carácter que la conversación estaba tomando era demasiado difícil de manejar para él. "Bueno, sólo por esta noche" — pensó el saiyajin.
Tras unos segundos de silencio, el príncipe al fin le respondió: — Me quedo si te dejas ya de tanta palabrería estúpida y me dejas dormir. — Trato hecho — concluyó una sonriente Bulma plantando un nuevo beso en los labios del guerrero que rápidamente fue correspondido con gran ansiedad.
Lo que Vegeta no pensó, fue que esa no sería la única noche que se quedaría a dormir con la terrícola. Esa tan solo sería la primera de las continuadas noches en las que no tendría ninguna fuerza de voluntad para volver a su frio cuarto.
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Notas del autor: Bueno, un sketch muy cortito pero creo que a la vez muy romántico. Así fue cómo surgió la primera chispa del amor en Vegeta, jeje. Muchisimas gracias a todos los que me reviewveaís: Marilu Moreno, giselamoon, JaspheReal, sky d, johaaceve, Kharlasevsnape, Smithback, Reina Brassica… Gracias a vosotros me animo a seguir escribiendo, si nadie de dijera que le gusta lo que escribo jamás habría actualizado xD, así que gracias, y muy feliz de que os gusten estas humildes historietas. :-D
Hasta la próxima!
Colli.
