PARTE 3 – NO SALIO COMO ESPERABA
La charla con Madoka no había sido del todo… civilizada. En realidad, Shido podía pensar en varias palabras que lo describían mejor: incomodo, estúpido, innecesario (se dio cuenta tarde), realmente estúpido, dos-de-tres no lo repetiría, etcétera.
"Entonces te vas, solo así…"
Shido suspiro de manera cansada y la expresión en el siempre-dulce rostro de la joven lo hizo sentir mal. Era una mezcla horrible entre el enfado y el dolor. Sabía que la había lastimado, pero no podía sentir lo que ella esperaba de él.
"Pensé que lo mejor era darte tiempo. Ahora tienes que concentrarte en tu trabajo y la casa está en óptimas condiciones. No hay nada que reparar y las chicas que contrate para los quehaceres son buenas personas."
"¡No se trata de eso, Shido!" Madoka levantó la voz. Realmente, no recordaba nunca haberla oído gritar, ni siquiera cuando la habían secuestrado, Dioses.
"¿De qué se trata entonces?"
"Lo sabes muy bien. Yo—"
"Me amas." Interrumpió Shido. No quería ser frío, pero la actitud de Madoka le dejaba pocas opciones. Además, no quería oírla decirlo. Eso lo volvería todo mucho peor. "Pero creo que ya tienes en claro que no siendo lo mismo, Madoka."
Solo ver su rostro lo hacía sentir mal, pero ahora que había comenzado, tenía que terminar. Era ahora o nunca, y ya tenía sus malas experiencias con esto de guardarse las cosas. No quería seguir así.
"Te quiero, lo sabes, pero no de esa manera. Eres importante para mí, quiero cuidarte, estar contigo… pero no te amo, no de la manera en la que tu—"
"¡Basta!" lo interrumpió la chica y se cubrió el rostro, encorvándose levemente, temblando "¿Por qué eres tan cruel, Shido? Después de todas las cosas que pasaron… Todo este tiempo…"
"…No era mi intención."
"¡Pero me dejaste creerlo!" levantó la voz una vez más y elevó su rostro. Ella no podía verlo, pero siempre lo había sentido. La presencia de Shido, incluso su aroma. Toda la casa estaba impregnada de él, su calor. Era como estar rodeada y… "Siempre estuviste aquí y ahora… quieres irte…"
"No será para siempre." Trató de hablar Shido, pero al ver a la chica llorando, agregó: "A menos que tú quieras."
"…Tal vez sería lo mejor."
Había estado entre las posibilidades que Shido había considerado, pero aun así le dolía un poco tener que alejarse de aquella manera, /para siempre/… Sabía que no estaría realmente lejos. No viviría con ella, era claro, pero aun así seguía siendo importante para él, no la dejaría desprotegida. Mozart estaba ahí y podría enviar a sus cuervos y otras bestias para vigilarla e informarle. No dejaría que nada le pasara.
"Entonces así será." Habló por fin el Maestro de las Bestias, acercándose a Madoka, para abrazarla. "Siempre estaré para lo que necesites. No lo olvides." Le pidió.
La chica se dejó abrazar y asintió suavemente, manteniendo el abrazo por varios minutos, tratando de grabar en su memoria ese aroma, ese calor y presencia que la había acompañado por tantos años. Lo extrañaría horrores y le dolería su ausencia, pero no más de lo que le dolía su rechazo. Estaba enamorada y era egoísta. Nunca había deseado nada para ella y ahora que solo quería estar con él, no podía… por eso dolía y era casi insoportable.
"Aún quiero tocar para ti… por ti… ¿está bien?" murmuró y como respuesta, Shido acarició su cabello, nada más.
