PARTE 4 – EL CLAN LOULAN EN LA FORTALEZA

Emishi había limpiado… Oh Dios, realmente había limpiado la casa en la que vivía, para recibir a Shido. Había conseguido que el parque junto al lugar estuviera cercado (con ayuda de MakubeX) para que los animales del Maestro de las Bestias estuvieran cómodos… ¡HASTA HABÍA CONSEGUIDO BOLSAS DE ALIMENTO PARA AVES Y PERROS Y GATOS!

"Todavía no tengo idea de lo que comen sus leones… ¿tal vez solo carne o…?" empezó a murmurar, revisando las neveras.

Las ancianas del clan Loulan aún no parecían muy contentas de que Haruki hubiera invitado a Shido a quedarse sin consultarlo. Desde la última crisis en la Fortaleza (cuando Masaki regresó) hacía ya dos años, habían estado molestándolo con que ya tenía edad para buscar una mujer y tener un hijo, y así entrenarlo y pasar su Látigo Loulan a la siguiente generación. Emishi no estaba muy entusiasmado con eso de tener a una chica solo para concebir un hijo, sobre todo porque lo aterraba la idea de que dicha chica pasara por lo mismo que su madre y muriera en el parto: las ancianas habían llegado a ser ancianas por mantenerse vírgenes. Todas las mujeres Loulan fallecían en el parto, por eso había tantos huérfanos en el clan.

"Si lo que quieren es que pase el látigo a la siguiente generación, bien podría entrenar a alguno de los chicos…" trató de convencerlas, pero realmente, esas viejas eran terriblemente tercas con esas ideas de mierda y costumbres anticuadas.

Los Niveles Bajos de la Fortaleza Ilimitada estaban en paz ahora que estaban separados de la memoria de Ciudad Babylon. No habían tenido ninguna clase de incidentes desde hacía dos años… ¿Por qué debería de pasar su látigo? Lo único que quería Emishi era hacer al mundo reír, dar alegría y sinceramente no creía que pudiera entrenar a alguien para usar el látigo. Lo aterraba la idea de que pasando aquel arma solo consiguiera arruinar la vida de alguien más como lo habían hecho con la suya.

"Aaahhh… ya me deprimí de nuevo. Si Shido viene y me ve con esta cara…" masculló cerrando la nevera repleta de carne.

"¿Y que si te veo con esa cara?" sonó la voz de Shido y Emishi se giró rápido con una maroma exagerada por la sorpresa.

"¡Shido! Lle- llegaste temprano…"

El Maestro de las Bestias estaba vestido como siempre y cargaba una caja bajo el brazo, apoyada en la cadera. La mayoría de sus animales se habían desviado en la entrada, yendo directo al parque. Solo uno de sus leones y un cuervo lo habían seguido hasta la cocina, en donde estaba Emishi.

"Si, bueno… parece que Madoka pensó lo mismo que tú y estaba ansiosa por que me fuera."

"Bueno… eso es bueno ¿no? Te lo digo, amigo mío, el tiempo cura todas las—"

"Seh, seh, ya lo sé…" lo interrumpió para que no terminara esa condenada frase "¿Dónde puedo dejar esto?"

Emishi conocía a Shido desde hacía tantos años que le sorprendió darse cuenta tan rápido de que algo le pasaba. Siempre le había sido difícil leerlo (aun en la época de los VOLTS) pero ahora el Maestro de las Bestias se mostraba tan transparente con sus sentimientos que solo un imbécil no podría verlo.

"Preparé este cuarto además del parque… Recuerdo que a veces te gusta dormir afuera, así que—"

El cuarto de Shido era el que tenía el ventanal junto al parque, así que podía ver a todas sus bestias desde allí. Emishi tenía su cuarto al otro lado del pasillo, justo en frente.

"Me encontré con las ancianas Loulan cuando entre al sector…" comentó Shido, mientras dejaba la caja junto a la cama. "Me dieron una muy cálida bienvenida…" agregó con cierto tono sínico.

"Ah, esas viejas harpías. No tienes que preocuparte por eso."

"Lo sé… me dijeron que era la primera vez en años que les llevas la contra."

Emishi se sintió un poco avergonzado por la obviedad de la situación, pero trató de hacerse el tonto (ya que le salía tan bien).

"Pues esta es mi casa. No importa si es parte o no del clan, puedo invitar a quien yo quiera."

"Además, siendo el portador del látigo, tienes derechos especiales, ¿no?"

"Pues claro que sí, ¿Qué creías?" se rió Emishi con falsa modestia.

"Gracias."

Ahora sí que el bromista tuvo que quedarse callado por varios minutos, solo mirando a Shido. No recordaba… realmente no recordaba una sola vez que le hubiera dado las gracias de aquella manera. Era… ¿sincero? Lo estaba mirando como si realmente quien estuviera frente a él, sentado en la ventana, no fuera el Shido Fuyuki que había conocido. Ya se había dado cuenta hacía mucho que había cambiado. Tal vez fue por salir de la fortaleza, o conocer a Madoka…

"Hey, deja de mirarme, tarado."

"Vaya… eso si suena como el Shido que conozco." Sonrió Emishi, tratando de volver al humor de antes.