PARTE 5 – HEY, ¿RECUERDAS CUANDO NOS CONOCIMOS?

Los niños del clan Loulan se acercaron al hombre que traía las bolsas de comida y le preguntaron varias veces si de verdad estaba bien quedarse con todo eso.

"Por supuesto. Es de ustedes." Fueron sus palabras y los chicos se rieron y agradecieron antes de que la voz de Emishi los interrumpiera.

"Es el viejo Emishi, ¡corran!" dijeron varios chicos, que aceleraron el paso para no dejar caer nada de la comida.

"Oye tú, será mejor que te vayas rápido. Un loco muy peligroso está viniendo para acá. Si no te vas quedaras atrapado." Advirtió. Traía su látigo en las manos y estaba preparado para luchar si tenía que hacerlo.

"¿Oh, en serio? ¿Y porque tengo que huir?" le respondió el hombre que acariciaba al cuervo que descansaba en su hombro.

"Este tipo es muy peligroso: ¡tratará de matarnos a todos con sus bestias!" aseguró Emishi con cierto tono de temor en la voz.

"¿Lo conoces bien?" preguntó el hombre y Emishi negó con el rostro. Las cosas que se decían sobre aquel Maestro de las Bestias eran demasiado terribles y le helaba la sangre pensar que era él el único de todo el clan que podía detenerlo si intentaba apoderarse de la zona este.

"No realmente… pero sé que debe estar desquiciado." Siguió con su idea, antes de gritar por fin "Ya deja de jugar con los pajaritos y vete." Con lo que consiguió que el cuervo aleteara en su dirección, asustándolo por lo sorpresivo.

"Yo me llevo muy bien con las bestias. Nunca ceden al temor, son fieles a sus instintos y más importante que nada, nunca te traicionan." habló el extraño y llevó dos dedos a sus labios para así silbar. Desde lejos se escucharon los pasos estrépitos de una gran manada de animales que corría a su encuentro… pero contra todas las predicciones de Emishi, todos los animales se acercaron para jugar con los niños de la aldea.

"…Entonces tu eres… Shido Fuyuki, el Maestro de las Bestias." Murmuró y Shido lo observó por un largo minuto con esos ojos grises fríos "¡Pe- Pelea conmigo! ¡No me importa quien seas, no dejare que le hagas nada a mi gente!"

"No te preocupes, solo estoy de paso…" Fue todo lo que dijo, empezando a irse.

En ese momento, Emishi no estuvo seguro que fue lo que lo impulsó, pero sus pies se movieron por voluntad propia y lo siguió por un largo trecho antes de que Shido le volviera a hablar.

"Te dije que no tienes que preocuparte por tu aldea." Repitió Shido, creyendo que tal vez ese sujeto trataba de pelear de todas maneras.

"No… no es eso, yo…"

Las palabras no salían. No entendía del todo que era esa sensación en su estómago. Era como emoción, pero más vertiginosa e incontrolable. Aún con la muestra de poder que había visto, fue mayor la amabilidad. Shido había atrapado a los ladrones que atacaron su aldea y regresado la comida de su gente… Estas acciones mostraban una gran humanidad, pero los ojos de Shido eran… tan fríos.

"¿Puedo… puedo ir contigo?"

El Maestro de las Bestias se giró para mirarlo y apenas una sombra de sorpresa se reflejó en su expresión.

"¿Por qué querrías hacer eso?" preguntó seriamente. Tenías las manos en los bolsillos y el cuervo seguía en su hombro, aunque ahora el animal también miraba a Emishi, como si estuviera por lanzarse a arrancarle los ojos.

Emishi tragó, pero no se dejó amedrentar por el miedo repentino. Este hombre era… Era alguien a quien quería seguir.