PARTE 7 – AQUEL INCIDENTE
Aun cuando los cuatro reyes seguían al Emperador Relámpago y muchos capitanes seguían a sus respectivos reyes, Emishi continuó con su vida exactamente igual: se dividía entre defender su clan y seguir a Shido. Los cambios entre ellos durante esos años fueron… sutiles, al menos para el resto de los VOLTS, que no pudieron presenciar la mayoría de aquellos incidentes.
Uno de esos cambios pasó casi inadvertido al principio y de no ser por como las circunstancias se desenvolvieron, Emishi hubiera seguido ignorando el por qué algunos de los animales de Shido lo seguían cuando regresaba a su clan. A veces un gato, un cuervo o un halcón, lo seguían entre sombras y silencio; pero él era el Maestro del Látigo Loulan, se daba cuenta cuando alguien (o algo) lo seguía. Pensó que era un error, que tal vez lo hacían porque les había hecho o quitado algo… pero un día, buscando probar si realmente lo seguían (y no que, simplemente, iban por ese camino por otra razón) dio un giro en una esquina que no era, terminando algo perdido y lejos de donde se suponía debería estar... y antes de poder hacer algo, cayó en la trampa de un grupo de luchadores que habían bajado de la Línea del Cinturón. Era casi medianoche y estaba demasiado lejos de la zona de patrulla de los VOLTS.
"Al menos estoy lejos del clan…" pensó Emishi, luego de conseguir destrozar a uno de ellos con su látigo, haciendo que lloviera rojo en una gran parte de la calle. Se rió, como siempre que derramaba sangre, pero estaba intentando repetir la proeza cuando lo sujetaron entre tres, desarmándolo en el mismo movimiento, para luego comenzar a golpearlo.
Al principio creyó que lo resistiría. Los golpes no eran tan duros y más parecía que esos tipos lo querían hacer durar (lo más seguro por lo que le había hecho al primer sujeto) pero luego uno de ellos le quitó las gafas y su bandana, dejando su cabello suelto. Le sujetaron el rostro y dijeron algo sobre las mujeres de Loulan que Emishi no pudo entender del todo, pero su sangre hirvió de tal manera que apenas pudieron seguir conteniéndolo entre los tres que lo sujetaban. El tipo que le retenía el rostro recibió una mordida y acto seguido, Emishi recibió un puñetazo que le abrió una herida en la mejilla.
Fue cuando comenzaron a amenazarlo que lo escuchó: un silbido largo y tendido silenciando todo lo demás, antes de que otro sonido igual de constante hiciera temblar la tierra.
Lo sujetos de la Línea del Cinturón lo soltaron, cubriéndose del ataque de los pájaros que habían aparecido de la nada y corrieron para intentar huir de los leones y los perros que les saltaban encima. Emishi se levantó como pudo y consiguió ver a Shido de pie, no muy lejos de donde él estaba. Buscó su látigo con la mirada y uno de los halcones lo soltó sobre su cabeza, haciéndolo trastabillar por el golpe sorpresa… pero alguien lo sujetó de nuevo y Emishi quiso responder violentamente al pensar que alguno de aquellos sujetos aún tenía ganas de pelear.
"Shido…" murmuró relajándose al ver que se trataba de él y ya no tuvo suficiente fuerza de voluntad para mantenerse consciente.
"… Idiota. Apenas podías mantenerte en pie y aun así jugabas al rebelde." Murmuró Shido al ver que Emishi se había desmayado. Dejó que sus bestias terminaran con aquellos sujetos de poca monta mientras él llevaba al bromista a un lugar donde curar sus heridas.
Cuando Emishi despertó a las pocas horas, no recibió preocupación de parte de Shido.
"Maldito imbécil. ¿Cómo dejaste que te atraparan de esa manera?" le dijo, levantándose de la silla junto a la cama, alejándose hasta la ventana "¿Y así quieres que te considere mi segundo?" preguntó el Maestro de las Bestias.
Emishi se sentó y trató de moverse solo para descubrir que tenía el estómago vendado. Cuando trató de levantar el brazo se dio cuenta que le habían quebrado varias costillas.
"… Estaba tratando de… comprobar algo y… me tomaron por sorpresa."
"Si estás siguiendo una pista sobre los de la Línea del Cinturón, no vayas solo." Le advirtió "Si una de mis bestias no me hubiera avisado, estarías muerto."
Aunque en otras circunstancias Emishi hubiera asentido y pedido disculpas, esta vez se quedó mirando a Shido y solo… se quedó callado. Shido lo notó, por supuesto y estuvo a punto de reclamar que se había quedado mirándolo como sabía que odiaba cuando por fin el bromista soltó la lengua.
"Entonces… ¡Estaba en lo cierto!" levantó la voz, espantando algunos pájaros que habían estado descansando en el marco de la otra ventana "¿Por qué enviaste a tus bestias a seguirme?"
Shido hizo el intento de ignorar la pregunta, pero finalmente respondió.
"Justamente por si algo así pasaba. Eres muy descuidado y no quiero encontrar tu cadáver en una de mis rondas…" le dijo, mientras salía por la ventana para evitar más interrogantes.
