PARTE 8 – EL RELAMPAGO SE FUE
Emishi no entendía. Generalmente no entendía muchas cosas y no por ser tonto o algo así, sino porque no prestaba mucha atención a lo que pasaba a su alrededor si no tenía que ver con su clan o con Shido... Pero esta vez había prestado atención, había escuchado y aun así no entendía.
"Pero… ¿por qué?" preguntó, caminando unos pasos quedando delante de MakubeX y en frente de él.
"Mi lugar está afuera. Son libres de elegir su camino ahora." fueron las heladas palabras del Emperador Relámpago.
Los cuatro reyes lo vieron irse en silencio. A las pocas horas, Emishi escuchó el rumor de que Masaki se había ido de la Fortaleza. Solo momentos después supo que Kazuki había hecho lo mismo. MakubeX estaba en su lugar de siempre y Emishi trató de pensar que todo estaba bien, que él no se iría sin decirle nada… Pero luego recordó que estaba pensando en Shido, maldita sea, y que si: él era muy capaz de irse sin decirle nada.
"¡No puedes irte! ¡Shido!" reclamó, encontrando al Maestro de las Bestias en uno de los lugares de siempre, pero estaba solo, sin un solo animal a su alrededor.
"¿Quién dijo algo de irse?" murmuró cuando levantó la mirada y miró a Emishi. El Maestro del Látigo Loulan no consiguió contenerse y se le arrojó encima, tirándolo de donde estaba sentado, directo hasta el suelo. "¡Maldito tarado! ¿Qué mierda crees que haces?" reclamó Shido, intentando sacárselo de encima hasta que se dio cuenta de lo fuerte que Emishi lo estaba abrazando.
"No puedes irte." repitió. Esta vez su voz sonó más baja, casi susurrante. La cinta con la que sostenía su cabello se había aflojado y fue Shido quien la terminó de quitar por completo, metiendo sus dedos entre las largas hebras. Por solo un instante, Emishi pensó que tiraría de él, pero la mano del Maestro se quedó allí: podía sentir esos largos y fríos dedos acariciando su cráneo.
"¿Ves que eres idiota?" habló en el tono de siempre pero… de alguna manera no era igual que siempre "Acabo de decirte que no me iré a ningún lado."
Emishi trató de entender porque el tacto de la mano de Shido se sentía tan familiar. Era una sensación básica, primordial... y entonces se dio cuenta que el Maestro de las Bestias acariciaba entre su cabello como si fuera un felino. No lo molestó, claro que no, pero no estuvo seguro de porqué le resultó tan gracioso darse cuenta de aquello.
"¿Y ahora de qué demonios te ríes?" se quejó Shido y Emishi ya no pudo contener la risa mucho más. Se rio todo lo que pudo y de la manera más sincera. Era una sensación extraña porque no se trataba solo de lo cómico, sino también del alivio, de la tranquilidad que un tacto tan simple le daba.
"Solo pensaba que… necesitas mejorar tu trato con otras personas sin tratarlas como bestias." Habló el bromista y al parecer sus palabras llamaron la atención de Shido sobre lo que hacía con su mano, porque la apartó, deteniendo la caricia: "Aaaah, ¡Shido! Eso se sentía bien." Se quejó sinceramente, pero de nuevo recibió como respuesta un intento de separación (infructuoso).
"¡Ya suéltame!" ordenó Shido, pero Emishi lo ignoró, rodeándole la cintura con ambos brazos y dejando su rostro contra su pecho. Después de varios reclamos más, Shido simplemente suspiró y se quedó quieto. "Realmente no entiendo que es lo que te interesa tanto de mi." Habló lentamente.
Emishi no podía responder porque realmente no lo sabía. Tal vez como esas mismas caricias que Shido volvía a dar entre su cabello, lo que sentía por el Maestro de las Bestias era algo más básico y primordial, era su instinto lo que lo empujaba a mantenerse cerca, seguirlo a donde fuera que intentara irse.
"¿En verdad te quedaras?" preguntó el bromista luego de varios minutos de silencio.
"¿Cuándo te he mentido?" fue la respuesta de Shido y Emishi supo que debía dejar de preguntar: no quería volver a Shido un mentiroso.
