Alien, Demonios Internos

Capítulo 3:

Rafael sintió un miedo casi atávico apoderarse de él. Casi no tenía fuerza para defender a Micaela.

-¡Rafael! ¡Dios, Rafa, por Dios, reacciona!- gritaba Micaela. La bestia enseñaba los dientes Rafael, y sus garras arañaban el piso. La cola ondeaba, como lista para clavarse en su presa.
Rafael finalmente avanzó hacia la criatura.

- El señor es mi pastor, nada me falta. Y aunque camine por el valle de las sombras, no temeré mal alguno...Porque tú estás a mi lado -.
La bestia dejó atrás su larga cola. Y avanzó. Instintivamente, sabía que Rafael o bien era una presa, o un obstáculo. Pero la forma en que movía sus labios y siseaba...revelaban algo parecido...¿al odio?

De pronto, una ráfaga de balas irrumpió en la habitación. La bestia cayó, chillando de dolor.
- ¡Maldito! - gritaba una voz.
Eran los miembros restantes de la tripulación. Habían logrado apoderarse de unas armas que dejaron los soldados que ya se iban.
- ¡Micaela! - gritó Rafael, y trató de alcanzarla, cuando la bestia se hizo a un lado, tratando de huir de las balas. Los tripulantes dela Fobos tuvieron que contener en ese instante su miedo, en un intento por hacerle frente a la bestia. Uno de ellos se acercó demasiado, tratando de reventarle el pecho a balazos. Mas, al disparar, es cierto, logró herir más gravemente a su enemigo, pero la sangre salpicó sobre él, destrozándole la cara, piel, músculo y hueso.
- Nooooo!-.
Al fin, la bestia se desplomó pesadamente. Sintieron terror al ver como la sangre que casi la bañaba derretía el piso bajo suyo.
-¡Vámonos de aquí, vámonos de aquí! - gritó Micaela, abrazada a Rafael, pero que no dejaba de mirar a la criatura. Esta se arrastró lentamente, refugiándose en un conducto. Su "misión" debia esperar.

Se digirieron al hangar, con la esperanza de abordar nuevamente la Fobos, e irse de ahí.

- No, de aquí no se mueven, pedazos de mierda - gruñó Carmella Roth. Apretó unos botones de su tablero de mando.

El trayecto les demoró demasiado, tuvieron que romper varias puertas para tratar de localizar a la Fobos. Y lo que le llamaba la atención a Micaela era el hecho de que nadie parecia estar al tanto de sus movimientos.
- ¿Usted aquí? - dijo Rafael, cuando en una de las cabinas de abordaje se encontraron con O'Hara.
- No lo entienden...debemos...irnos de aquí-.
- Oh, claro que lo entendemos, maldito bastardo - le dijo furiosa Micaela.
- Escúchenme, todos ustedes - dijo O'Hara al notar que toda la tripulación parecía querer despedazarlo - han enviado a morir a mis hombres, la situación se salió de control, pero no, resulta que todo estaba planeado, ¿me entienden? todo esto estaba jodidamente planeado -.
- ¿Puedes decirnos algo que no sepamos? -
- Sólo yo conozco la clave con la que está bloqueado el puto acceso a su nave...y yo tengo el mando de desbloqueo, la zorra de Roth pensó que lo tenía...fue lo que sus matones no lograron quitarme...ni esa cosa de atrás-.
- ¿cuál cosa?-.
- la que provocó el desastre en la nave de evacuación de mis hombres...lucía herido...Los destrozó a todos...a todos...-.

- No entiendo, ¿por qué iría ahi? - pensó Rafael.
- Probablemente esa mini nave de escape...ahí fue a parar...iba a recobrarse de sus heridas...y luego que...- dijo uno de los hombres.
Micaela enmudeció un instante. Y luego habló.
- Creo que...me está buscando...a mi...y no se porqué-.
O'Hara la miró sorprendido. Rafael sintió que un escalofrío lo recorría. La tripulación sobreviviente no sabía que hacer.
- Si es cierto eso, dulzura, creo que vas a tener que quedarte aquí -.
- Vete a la mierda, vamos a destruirlo, aún tenemos armas -.
-Adelante...solo les ayudaré a llegar a su nave, el resto será cosa de ustedes -.
Micaela se quedó pensativa mientras reanudaban la marcha. El porque la criatura no la había matado. Y la razón por la que ella misma parecía haber acudido a la bestia, o acaso había sido llamada...

Al fin, lograron llegar a un pabellón cercano al hangar.
- Listo, sólo falta que ...dijo uno de los tripulantes -.
La punta de una cola. El hombre quedó atravesado como si le hubieran empalado con un machete. Gritos. La pesadilla no terminaba. Disparos confundidos. Rafael cubrió a Micaela. O´Hara se apoderó del arma del tripulante caído caídos, y lanzó varios disparos. Sin embargo, aparte de los tiros a la cola...era como si la bestia se hubiese desvanecido.
-¿A donde fue ese condenado hijo de perra? - exclamó O'Hara.
No tardó en obtener respuesta. El techo de metal se desplomó. Pero no cayó nadie con él. Todos miraron hacia arriba. Nada.
- Por favor...que esto termine, que esto termine...- oraba Micaela, para sus adentros.
Rafael cargó el arma. O´Hara se detuvo de pronto. Y el piso bajo él se abrió. El brazo de la criatura lo agarró de la cintura, hundiéndole las garras. Y se lo llevó consigo violentamente. Gritos y desesperación, una vez más. Nuevamente los disparos. Las balas se acabaron. Era lo que parecía esperar la criatura.
- ¡Mierda, no! - gritó Rafael, al disparar infructuosamente, y ver como su tripulación caía. Atrapados hacia abajo. La bestia rompía sus piernas a zarpasos, y los que caían eran arrastrados con las garras metidas en el pecho, el el cráneo, o golpes de segunda boca. Uno de ellos fue derribado de un cabezazo, y luego, su estómago abierto con las garras de las patas traseras.
La bestia se encontraba una vez más, ante ellos. Volteó la vista, si así se puede llamar, a Micaela.

- Bravo niños, lo han hecho muy bien - al otro lado de la puerta, Carmella Roth, junto con el hombre delgado que iba con ella, y un agente de seguridad.
- ¡Sácanos de aquí! - gritó Rafael. Micaela gritó, y apartó la vista del monstruo.
En eso, Rafael volteó, y disparó su último balazo contra la cabeza de la criatura. Esta retrocedió, y borbotones de sangre ácida chorreaban del orficio de la bala. Aprovechó para cargar nuevamente el arma.
Al otro lado, Carmella Roth sonreía. Y se iba con sus dos acompañantes.

Micaela se desplomó. Rafael empalideció de miedo, cuando vió como la bala se desprendía y derretía. La bestia rugió, como si hubiese llegado el momento de un enfrentamiento final. Se sacudió la cabeza. Parte de la sangre fue esquivada por Rafael, pero cayó en la luna de la puerta. Rafael se quitó la casaca, y se aprestó a luchar. La bestia abrió las fauces, y se precipitó contra Rafael. La segunda boca atravesó el pecho, mientras las garras sujetaban y penetraban los costados. Rafael gritó. Al final, la bestia lo arrojó contra la puerta, y ahí, lo atravesó con la cola.
Carmella escuchó esto. Era cuestión de tiempo para que la criatura escapase. No sabía si retroceder y hacer que de una vez por todas eliminaran al monstruo, o simplemente irse en la nave de emergencia.
Micaela lloró al ver a la criatura levantar el cuerpo de Rafael y comenzar a devorarlo. Haciendo un último esfuerzo, tomó el arma cargada de su pareja. Y entonces el monstruo volteó hacia ella.

- ¡Horrendo hijo de puta! ¡MUERE! -.

Le disparó, una y otra vez, en la cabeza y el pecho. Luego, aprovechó lo dañada que había quedado la puerta por el ácido de la bestia, y escapó. La criatura se revolvió enfurecida, a perseguirla...

Micaela se aferraba a la vida con todas sus fuerzas. Pero ahora, parecía que simplemente iba a perder...

Micaela huyó, pero un disparo cerca de su pie la detuvo. Ante ella estaba el guardaespaldas de Carmella, con una fría mirada, carente por completo de humanidad. Micaela cayó de rodillas.
- ¿Realmente no deseas morir, verdad? - dijo Carmella, parándose frente a la desesperada joven.
- ¿Y quién lo desea? - contestó Micaela.

- Su nave está lista, señora - dijo desde lejos el asistente de Carmella.
- ¿Qué mas podría perder, srta Parnall? su novio muerto, su familia también, además, considere que tendrá un amigo para conversar antes de...dejar este mundo...-.
- A mi no me va a convencer como a Marce, de que habrá alguna recompensa por esta mierda...-.
- Es cierto, no se le podrá ofrecer una indemnización...además, Marce está por allá, parece que no le gustó que le disparara...-.

Venía acercándose lentamente la bestia. Herida y de muy mal talante.. Carmella recién comenzó a incomodarse. Ella y su asistente. Micaela se paró aterrorizada.
- ¿Aún quiere capturarlo? - musitó el guardaespaldas.
Carmella, a punto de entrar en pánico, ordenó
- ¡Mátalo, mátalo! ¡y a la chica también!-.
- ¡No! - gritó Micaela. Se abalanzó sobre Carmella, siendo contenido por el asistente. De pronto, vió al guardaespaldas ser atravesado por la cola del engendro. No había sangre. Era un sintético, igual que Eliah.
- ¿No te das cuenta de que te busca a ti? - espetó Carmella - te lo dije, tu puto amigo está ahí...-.
- ¿Ustedes lo han convertido en esto?-.

La mano de la bestia sostuvo la cabeza del asistente de Carmella, y lo apartó violentamente. Carmella retrocedió arrastrándose, y vió la cabeza del monstruo dirigirse a ella, como si la mirase. Luego, aprisionó bajo sus manos a Micaela.
- ¿M...Marce...eres...tú?- contestó Micaela temblando. La bestia pareció olerla una vez más. Carmella aprovechó para huir a su nave. La bestia la siguió con la mirada, sin dejar de sostener a su presa.
El asistente de Carmella trató de seguirla, pero ella le cerró la puerta violentamente. El hombre maldijo, y trató de ponerse a salvo. Intempestivamente la criatura saltó hacia él. Pero, lejos de matarlo, lo dejó inconciente de un golpe. Pero, cuando se volvió hacia Micaela, esta había tomado el rifle. Lo apuntó hacia él, con duda.
- Tú...tú no eres...tú no eres Marce...-.
La bestia se detuvo. No hizo una sola tentativa de ataque.

-Arranca mierda - gruñía Carmella, al interior de la nave, ya que no respondía como lo esperaba. Se estaba demorando demasiado.
Micaela comenzó a disparar. La bestia retrocedió. Su espectacular resistencia comenzaba a mermar, en parte porque algo impedía que quisiera atacar a matar a su oponente. Tendría otro propósito.

Cuando Marce vivía, tenía frecuentes pesadillas en las que Micaela salía lastimada, por alguna razón. Física o psicológicamente. Solían ser un tormento diario. Lejos de ser un deseo inconsciente de hacerle daño, estas ideas eran la cristalización de sus temores. Como si su propia mente le golpeara donde más le dolía. Tal vez la criatura procesaba esto como daño, y por eso la negativa a herir a Micaela. Si quería, sin embargo, acercarse. Como ya lo había hecho. No quería matarla ella misma. Otra cosa sería la que acabara con su vida.

Las balas atravesaron el pecho del engendro. Micaela disparó hasta que la munición se terminó. Luego, se dejó caer, como resignándose finalmente a su trágico desenlace.

Pero la criatura había huido a la nave de Carmella, antes de que esta arrancase. Su sangre ácida terminó de descomponerla, y la hizo sufrir una breve colisión. Cuando Carmella abrió la escotilla, se encontró cara a cara con la bestia, que de un zarpazo la sacó de ahí. No obstante sus gritos de dolor, la criatura repitió el extraño ritual que ejecutó con Micaela. Y curiosamente esta se iba borrando de su mente. Ya solo el instinto propio de su especie gobernaba. Y antes de que su víctima se diera cuenta, las mandíbulas del monstruo se extendieron un poco, sujetando su cabeza, sin lastimarla...

Micaela se levantó tras algunas horas dormida. De la nada, ya no estaba la pesadilla ambulante que le había tocado encarar. Ni el sujeto que acompañaba a Carmella. Con lágrimas en los ojos, elevó una plegaria por sus compañeros caídos. Vio que en el suelo ligeramente corroído por la sangre del monstruo habían quedado algunos objetos, entre ellos, una clave para acceder a las naves de emergencia. Recobró fuerzas, y fue hacia una de ellas. Una vez adentro, ajustó la dirección de la nave hacia la Tierra.

- Mi nombre es Micaela Parnall, última sobreviviente del Fobos. Fin de la transmisión-.

Activó el hipersueño. Ahora dormiría, pero el largo sueño en que estaba por sumergirse se asemejaba mucho a haber despertado de una pesadilla...

Entre los restos de la Deimos, Carmella despertó sintiéndose agotadísima, por algo. Cuando se dio cuenta de que descansaba sobre los restos de cuerpos humanos acomodados para hacer de nido, gritó a tal punto que el sonido llamó la atención de la criatura. Esta se acercó pacientemente. Parecía débil. Luego, se recostó cerca a su víctima.
- ¿Qué me has hecho, Zelle de mierda? - gritó Carmella por última vez. Sintió que su pecho se quebraba desde el interior. Y de este emergió otro ser, con un chillido que Carmella oyó en sus últimos segundos de existencia. La bestia se acercó a contemplar a la criatura recién nacida. Luego, retrocedió lentamente, como quien daba una reverencia a la joven reina...

FIN