Hola otra vez! :D Realmente me alegro muchísimo de que les gustara mi fic, y les agradezco infinitamente sus comentarios :) Espero no haberme tardado demasiado con la continuación, pero aquí esta. Ojalá les guste tanto como el anterior capítulo!


El valor de tu sonrisa

Los pasos de Milo a través de las escaleras sonaban con fuerza debido al silencio de esa noche que le resultaba incómodo y pesaba sobre sus hombros. Recorrió Sagitario, donde por supuesto no había guardián, y atravesó Capricornio a sabiendas de que Shura ni siquiera se molestaría en aparecer por ahí. Probablemente el caballero de Capricornio ya sabía a quién le pertenecía aquel cosmos que transitaba el inmenso pasillo decorado con las esmeradas esculturas de la diosa. Así como también probablemente sabía que la misma presencia no hacía otra cosa más que dirigirse a la casa de Acuario.
Camus había caminado hasta su casa con la mente en blanco, sentía que su corazón se estaba resquebrajando como un glaciar en medio del deshielo. ¿Por qué debía estar sometido a tal cosa? ¿Por qué no podía simplemente y con facilidad decidir sobre sus emociones? Sentía tan injusto el ser capaz de decidir tantas cosas, pero no gobernar sobre lo que sentía. ¿A caso sus sentimientos eran de él, o es que era él de sus sentimientos? Si eran suyos, si le pertenecían, ¿Por qué no podía deshacerse de ellos?
Sentía tan injusto el no ser correspondido. Sentía tan injusto el que Milo no fuese para él. Sentía tan injusto sentir… El dolor estaba devorando su mente, su sufrimiento lo consumía segundo a segundo. Como sin pensarlo fijó la vista en sus manos: Esas manos frías, tanto como la actitud que siempre mostraba. ¿Cómo iba Milo a fijarse en él si siempre se comportaba gélido?, ¿Cómo iba el caballero de Escorpio a elegir esas manos, unas manos que de tan heladas no podrían nunca abrigar su cuerpo? Se sentía culpable, todo eso tenía que ser su culpa. Él no merecía al escorpión dorado, Milo estaba mejor con Aioria.
Y luego de concluir aquella idea, continuó caminando hacia su habitación, en donde pasaría toda la noche intentando convencerse de que las cosas debían ser de ese modo. Tratando de dominar a aquel corazón herido que en el fondo no se quería rendir. Maldiciendo su suerte.

-¡Camus!

Milo por fin había dado con su compañero a quien había salido a buscar, aunque el acuariano parecía estar totalmente perdido, y ni siquiera había notado su presencia en el recinto. La preocupación de Milo no era otra que haber ofendido a Camus, o de haberlo al final cansado con su tristeza. Si Camus estaba harto de él, entonces tenía que saberlo. Aún si probablemente el caballero de Escorpio reaccionaría molesto al principio, iba a intentar cambiar la situación más tarde. No podía dejar las cosas así, jamás se le ocurriría restarle importancia a su mejor amigo o a lo que fuera que le sucedía.
El de cabello azul notó la sorpresa del otro al oír su voz. Camus se detuvo bruscamente, pero se tomó unos segundos para voltear a verlo. Milo estaba parado allí, incluso con cara de preocupación.

-¿Por qué te fuiste sin decir nada? –Indagó el de escorpio. –Cuando me volteé ya no estabas… -Agregó clavándole esos chispeantes ojos azules que intentaban con fuerza ocultar la inseguridad que sentía en ese momento.

Acuario se tomó unos segundos más para observarlo: Creyó que Milo estaría lo suficientemente distraído como para no notarlo, pero entonces se dio cuenta de que no había hecho más que preocupar a su amigo. Pensó que hacía lo correcto, que hacía lo mejor, pero lo único que había logrado era hacer sentir mal al guardián del octavo templo. Por eso no merecía a Milo. Por eso Milo estaba mejor con Aioria.
El entender algo tan duro hizo que Camus bajara la vista repentinamente, y ante la mirada curiosa del otro, respondió:

-Supuse que te estabas divirtiendo con Aioria, no creí que notarías mi ausencia.

Le dijo en tono frío, y se maldijo a sí mismo: ¿Es que no podría contenerse ya nunca más? Ese comentario era sumamente innecesario, ¿Por qué lo había dicho? ¿Por qué sentía eso? A caso eran… ¿Eran celos?
Milo le dirigió una mirada confusa.

-¿Y no me conoces como para saber que suelo estar pendiente de ti?

-¿Dejaste solo a Aioria?

-No. –Negó con la cabeza. –Aioria dejó el templo de Escorpio solo un momento después de que te fueras, su sirvienta menor lo requería. –Apretó los labios. -¿Y qué tiene que ver en esto esa gata? Sabes que no me agrada, solo le hablaba por cortesía…

El acuariano no pudo evitar fruncir el ceño. Sabía que Milo iba a negarlo.

-No me puedes engañar a mí, y menos con una excusa tan tonta. –Volvió a arrepentirse de su contestación y con varios pasos acortó la distancia entre los dos, lo suficiente como para apreciar el destello azul en los ojos de su compañero, ese azul celeste que tantas veces le robaba el sueño.

-Sin embargo eres tú el que siempre dice que no tenemos que excluir a Aioria solo por lo que hizo su hermano, no veo por qué te molesta.

El guardián de acuario no respondió, se sintió acorralado por aquel comentario y prefirió solo fruncir el ceño y quedarse en silencio.
Milo frunció el ceño también, sus sospechas eran ciertas: Evidentemente Camus estaba molesto, tanto como para lanzar aquellos comentarios casi venenosos.

-¿Es que te ofendí? –Interrogó el escorpiano. -¿Es que… -Milo hizo una pausa y bajó la vista. Tragó saliva que se sintió pesada en su garganta, y su acompañante arqueó una ceja con curiosidad, ¿Qué ocasionaba que el seguro caballero de escorpio se interrumpiera a sí mismo de forma tan brusca? -¿Estás harto de mi dolor?

Camus pestañeó varias veces: ¿Harto de su dolor? No se le ocurrió respuesta alguna, pero no la necesitó pues Milo continuó hablando un segundo después, aunque ya no hubiera rastro alguno de seguridad en sus ojos, otra vez había regresado ese tinte de tristeza.

-Se cuánto te fastidia ver a un caballero lamentarse, y que crees que es innecesario. –Hablaba con su mirada fija en el suelo. –Pero no lo pude evitar Camus, no puedo. –Y el frío caballero notó como Milo cerraba las manos con fuerza. –Te juro que lo intento, pero no he podido despegarme de lo que me aflige.

El francés se sintió desconcertado, no pudo disimular esta vez la sorpresa y la expresó bastante bien en su rostro: Ahora había logrado que Milo malinterpretara todo, pues él al no explicarle nada, había dejado que su mejor amigo simplemente sacara conclusiones y se amargara todavía más. Ya no necesitaba más pruebas que indicaran que no era merecedor del corazón tan noble del caballero de Escorpio. Deseaba poder desaparecer en ese instante para no tener que seguir dándose cuenta de lo incapaz que era de hacer feliz a quien más amaba en todo el mundo.

-No, Milo, yo… -Balbuceó sin estar seguro de cómo proceder. Y sabía que esos ojos tristes lo perseguirían hasta en sueños, si la culpa lo dejaba dormir esa noche, claro.

-Es solo que… Algo está mal en mí, Camus.

El otro lo interrumpió, y el guardián del onceavo templo sintió que el aire se quedaba trabado en su garganta y su corazón se aceleraba. ¿Si algo estaba mal en Milo, significaba que estaba enfermo? ¿A caso la situación era todavía peor de lo que él se había imaginado hasta ahora?

-¿Qué sucede?

Preguntó ya sin disimular lo alarmado que estaba, pero en la cara de su acompañante se notaba una ligera sorpresa, como si no estuviera preparado para decirlo, ¿A caso Milo no lo creía capaz de preguntar qué sucedía?

-No puedo decírtelo. –El del cabello azul eléctrico frunció el ceño, pareciendo sumamente molesto por algo.

-Claro que puedes. –Exclamó llamando la atención del otro. –Pero tienes miedo de hacerlo. ¿No me dijiste que soy tu mejor amigo? –Interrogó Camus. –Si lo soy entonces significa que puedes confiar en mí, crees en mí cuando estamos en el campo de batalla, entonces confía fuera de él, Milo.

Y sus palabras como siempre tenían el filo de una espada, ¿Pero cómo podía el de escorpio discutirlo? Si era la verdad…
Camus siguió expectante: Si no merecía que su amigo correspondiera sus sentimientos, si no podía abrigar su cuerpo con unas manos tan heladas, si los dioses habían decidido que por siempre Milo sería para otro, al menos quería escuchar. Se conformaría con ser un soporte, con escucharlo cuando lo necesitara, con ser considerado un amigo.

-Eres tú.

Soltó el otro, pero no dijo nada más hasta después de unos segundos.

-¡Tú tienes la culpa!

Le gritó y el caballero de acuario se quedó estático. ¿Tenía la culpa de qué? ¿Milo siempre se había sentido así de mal por él? ¿Sería algo que había dicho? Quizá el escorpiano había sucumbido ante sus críticas y reproches. Camus era exigente, bastante perfeccionista. Tenía siempre alguna manera de corregir a escorpio o de enseñarle su punto de vista de las cosas. Guardaba tanto para sí mismo, más no se guardaba nunca los comentarios cuando se trataba de señalar defectos de su mejor amigo, sin embargo Milo rara vez le reprochaba cosas, al final, siempre aceptaba y accedía. Entonces era por eso. Tenía que ser eso…

-Me quitas el hambre, me robas el sueño… -Continuó y se acercó con ojos que contenían tantas emociones como para ser indescifrables. –Me siento estúpido, no pienso en otra cosa, ¡No me interesa otra cosa! –Apretó los dientes y luego continuó ante la mirada incrédula de su amigo frente a él. –Es vergonzoso Camus, es vergonzoso pensar en qué estarás haciendo justo antes de dormirme, es más vergonzoso preguntarme lo mismo apenas abro los ojos al día siguiente, ¡Y habiendo dormido poco por no hacer más que pensar en ti! Lo detesto… Y lo detesto porque lo disfruto. –Agachó los hombros y con ellos la mirada, volviendo una vez más a esa cara triste que tenía hace unos instantes. –Y no puede ser, sentir algo así por ti debe ser un error. –Volvió a conectar la vista con el otro, como si en sus ojos buscara la respuesta, el alivio. –Dime que me equivoco, como siempre me lo dices. –Le rogó. -Corrígeme, dime qué debo hacer…

-¿A caso alguna vez haces caso a mis sugerencias?

La mirada del escorpiano se agrandó ante aquella respuesta, era lo que menos se esperaba. Camus negó.

-Supongo que soy un egoísta por alegrarme de lo que te aflige.

-¿Qué?

El de acuario no pudo evitar mostrar una leve sonrisa para esos grandes ojos confundidos que su amigo le enseñaba. Sí eso era egoísta, entonces nunca se había sentido tan feliz de ser egoísta.

-Nada Milo, quédate así.

-¿Eh?

El escorpión estaba demasiado perplejo como para moverse del lugar, mientras el otro intentó cerrar la distancia entre ellos con un beso, pero al notar esas intenciones, Milo agachó la cabeza por impulso y agradeció a la poca iluminación que ocultaba el rojo de sus mejillas. Camus no pareció ofrecer nada más, se había quedado como esperando que lo correspondieran. Pero no poder ver su rostro desesperaba al peliazul: ¿Y si la expresión de su amigo era fría y distante? ¿Si estaba enojado por no haber sido correspondido? Lenta y tímidamente, cual niño que está siendo regañado por su madre, Milo levantó la vista para observar el rostro de su acompañante, que no había cambiado en absoluto. Incluso no se había movido ni un milímetro más, pero aprovechó que su avergonzado camarada acababa de descubrir su semblante para continuar con lo que se había propuesto. Y el cuerpo del adolescente no le permitió volver a rechazar: Ambos deseaban lo mismo, al final no reclamaban más que el cariño del otro. Capturó el cuerpo de Milo entre sus brazos para asegurarse de que no se volvería a escapar, si bien sabía que eso no sucedería. El otro tardó unos segundos en salir del shock, más que nada se sentía avergonzado y sorprendido: Eran demasiadas emociones para asimilarlas en tan poco tiempo. Sus labios se conectaron con suavidad y el contacto se sintió extraño al principio, pero sin tardar demasiado dejaron que fluyeran sus emociones: Por unos segundos desligarse de la vergüenza, de las obligaciones, de la tristeza. Por unos segundos no existió nada más que lo que sentían por el otro y fue entonces cuando se vieron plenamente felices.
Camus alejó su rostro con lentitud, como si no se viera muy convencido de hacerlo, pero se tomó unos segundos para apreciar el rostro de su compañero, quien tardó unos segundos en abrir de nuevo los ojos.

-¿Entonces no estabas enfadado conmigo?

El de pelo azul rompió el silencio después de unos segundos. Acuario negó con la cabeza.

"Es irónico porque siempre creo que te enseño todo, pero soy yo quien debe aprender de ti. Porque aunque con desesperación y sin saber cómo iba a tomármelo, fuiste valiente. Fuiste mucho más valiente que yo, quien sintió lo mismo por tanto tiempo y jamás siquiera pensó en decírtelo alguna vez. A pesar de la confianza que me das, a pesar de que todo de mi lo aceptas, creo que nunca hubiera tenido el valor que tuviste para emplear tales palabras y hacerme poner los pies sobre la tierra. Es una cosa más que debo agradecerte. Pero tantas cosas debo agradecerte y tú ni siquiera te das cuenta…"

-Camus… -Volvió a verlo con ojos curiosos. -¿Estabas celoso de Aioria?

Aquella pregunta por supuesto desconcertó al otro adolescente que frunció el ceño automáticamente.

-No. –Sentenció. -¿Cómo se te ocurre algo así?

Milo entonces esbozó una sonrisa llena de picardía, y Acuario se enfadó más, aunque le tomó unos segundos recapacitar y darse cuenta de que su camarada estaba sonriendo: Milo sonreía, para él, por él. Era todo lo que había querido desde un principio. Su fiel amigo ya no tendría que estar triste por esos sentimientos que lo confundían. El caballero de Escorpio podría volver a sonreír otra vez.

-Yo, ¿Con esa gata de callejón? ¡Tienes que estar bromeando! –Exclamó orgulloso. -¿No me conoces? ¡Nunca podría sentir nada por ese sujeto! –Se detuvo unos momentos, como si estuviese pensando en algo. -¡Solo pensarlo me revuelve el estómago!

Podía jurar que el de cabellos azules siguió hablando un buen rato, acerca del por qué nunca se involucraría con Aioria, bajo ninguna circunstancia y ni si su vida dependiera de ello. Pero Camus no podía evitar sentirse atraído por la preciosa energía que irradiaba el joven, así había sido siempre. Suspiró mientras el otro seguía hablando y le sonrió.

-Lo que tú digas, Milo.

"Esta vez quiero darte la razón."


Bueno, hice sufrir a Camus bastante, pero al final vieron que no soy tan mala con él :P jaja. Milo y Camus son mis personajes favoritos de Saint Seiya así que me esforcé por mantenerme lo más fiel a ellos que pude, no quería poner algo muy fuera de lugar, y también tuve muy en cuenta que en ese momento eran solo dos niños inexpertos (?) En fin, espero que lo hayan disfrutado y que nos leamos pronto! :D