Disclaimer: Hellboy pertenece a Mike Mignola, y como este escrito se basa en la película creo que también hay que mencionar a Guillermo del Toro.
Finalmente la continuación ha llegado después de tanto, tanto, tanto... ¡Por favor discúlpenme!
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II Rojo carmín
Hellboy esperaba en la entrada cuando al voltear vio a una Rachel vestida de un traje de cuero negro, botas altas y oscuras también, con un cinturón plateado lleno de armas, entre ellas una katana enfundada. Llevaba el cabello negro amarrado en una coleta alta y poseía una mirada llena de seguridad y optimismo. Ella sonrió al verlo.
― Hola, Hellboy –exclamó con su voz suave y amistosa.
― Te sienta bien ese traje –le concedió el hombre rojo mientras le abría la puerta caballerosamente.
— Gracias. Estoy nerviosa, es mi primera misión –Rachel se abrazó a sí misma viendo la bonita ciudad que tenía frente a sus ojos. Previamente Abe le había ayudado a dar un recorrido por la ciudad para que se acostumbrara a ella –. ¿En qué vamos a viajar?
Rachel no se mostró muy convencida cuando llegaron a un helipuerto donde su transporte los esperaba.
― ¿Qué sucede? ¿Le tienes miedo a las alturas? –se mofó de ella Rojo.
― No es eso, es solo que parece un poco… peligroso –musitó mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.
― Descuida, sé manejar bien esta cosa.
Después de un camino que a Rachel se le hizo particularmente eterno, el helicóptero aterrizó en un claro de un bosque espeso, Rachel pudo ver tanto color verde que pensó que vomitaría, el verde de los pinos llegaba a asustarla porque se le hacía un color muy fuerte y agobiante. Definitivamente no era un buen color para ella.
― No vas a vomitar, ¿o sí? Estas como amarilla –nuevamente Hellboy volvía a mofarse de ella, y es que hacer eso era inevitable porque Rachel era muy inocente e ingenua.
― ¿De verdad estoy amarilla? –preguntó alarmada. Hellboy rió.
― Solo era una metáfora. Estas un poco pálida. Vamos, bajemos ya.
Al saltar del helicóptero y sentir la tierra firme y segura bajo sus pies, Rachel pudo relajarse súbitamente, recuperando el color y el sonrosado de sus mejillas. Iban ahí para acabar con un supuesto ser que viajaba cada luna llena a un nuevo bosque para alimentarse de humanos perdidos, además de que hacía conjuros malignos y sobretodo, sabía esconderse muy bien y andar de una manera silenciosamente imperceptible. Por eso necesitaban el oído agudo de Rachel.
Caminaron casi un kilómetro sin ver ni escuchar nada más que los ruidos normales de los animales del bosque hasta que de repente, Rachel se detuvo en seco. Hellboy volteó con ella sin hablarle, esperando a que ella le dijera algo.
― Escuché pisadas al norte –habló ella con voz normal, aguzando el oído.
― ¿No deberías hablar más bajo? –le pregunto él en un susurro.
― Está bien. Nuestro objetivo está casi a diez kilómetros, no nos escuchará.
― ¿Diez kilómetros? –se sorprendió él, incrédulo –. ¿Lo escuchaste a diez kilómetros? –abrió grandes los ojos, sorprendido.
Mientras caminaban, la misión se tornaba aburrida, Hellboy sabía que solo era una calma relativa porque dentro de unos momentos se estaría enfrentando a un posible monstruo.
― ¿Quién es Liz Sherman? –le preguntó Rachel de repente, tomándolo desprevenido.
― ¿Por qué la pregunta? –Hellboy prefirió evadir lo más posible el tema. Hacía unas semanas que Liz había vuelto a dejar la B.P.R.D.
― El señor Trevor dijo que no la mencionara nunca frente a ti.
― Si lo dijo así, entonces, ¿por qué no le obedeces? –el hombre rojo no volteaba a verla ni por error, seguía concentrado caminando por el terreno engañoso del bosque. Aquella vez la partida de Liz le había dolido y no quería hablar del tema.
― Porque después escuché que Abe hablaba con el señor Maning sobre que yo era el remplazo de Liz Sherman y que eso no te agradaría –exclamó y enseguida, Hellboy detuvo el paso. "El remplazo de Liz Sherman" se repetía mecánicamente en el interior de rojo –. ¿…boy? ¿Hellboy, estás bien? –de repente se encontró con que ella estaba frente a él, mirándolo con una leve preocupación ante su repentino cavilar.
― Rachel… -murmuró él, viéndola distraídamente, volviendo a la realidad. Los ojos violetas de ella parpadearon un par de veces, observándolo con una mueca de curiosidad. De un momento a otro Rachel gimió del susto y volteó hacia atrás, alarmada – ¿Qué? –le preguntó rojo sintiendo que su cuerpo se preparaba para algo, sentía el peligro cerca.
― Nos escuchó. Está… ¡ugh! –una cuchilla había salido de la nada de repente, estrellándose contra el pecho de Rachel, hiriéndola, haciéndola trastabillar hacia atrás y tumbándola.
― ¡Rachel! – gritó él. Antes de que cayera al suelo completamente, Hellboy alcanzó a sostenerla con su mano de roca, mirando a su alrededor por un momento y luego volviendo su vista hacia la chica inconsciente. Ella estaba sangrando. Tenía una enorme herida en el pecho y la sangre salía a borbotones.
Entonces… todo se cubrió de rojo.
Semanas después.
"El rojo… definitivamente es mi color favorito" pensaba ella. No siempre fue ciega. Había perdido la vista alrededor de los tres años debido a una infección ocular que no se trató. Con esa edad temprana no había logrado generar recuerdo alguno de cómo era ver, ni siquiera recordaba los colores. Pero cuando gracias a la agencia le curaron los ojos y volvió a ver el mundo, lo primero que vio fue el color rojo. Y así sin más se convirtió en su color favorito.
Rachel caminaba por uno de los pasillos haciendo resonar los altos y delgados tacones de sus botas. Al doblar en una esquina se topó de frente con Hellboy y ella; aterrada, habría corrido de él sino es porque el mismo Hellboy la había detenido del brazo antes de que volviera a huir como otras veces lo había hecho.
― Un minuto, Rachel –le pidió el hombre rojo –. ¿Por qué últimamente huyes de mí? ¿Es por la misión? –le preguntó mientras ella no se atrevía a levantar la mirada.
― Lo dices tan tranquilamente, Hellboy. Fue un fiasco de misión, no pude durar ni un segundo en combate, tuviste que hacerte cargo de todo –contestó avergonzada de sí misma. Ni siquiera podía ver a Hellboy a la cara.
― ¿Y tanto drama por esa estupidez? –bufó –. Las mujeres sí que son dignas de hacer novelas. Escucha, Rachel, esas cosas a veces pasan, incluso me ha pasado a mí, no tienes porqué sentirte avergonzada.
― Para ti es fácil decirlo, tú eres el mejor –le reprochó cruzada de brazos, desviando la mirada a toda costa, aun cuando él se movía para que lo viera.
― ¿El mejor? Bueno, eso me hace sentir bien –se encogió de hombros, sonriendo –. Pero a lo que iba –dijo dejando de sonreír, concentrándose en la chica –. Resulta que me estas lastimando.
― ¿Lastimándote? ¿Yo? –Rachel ahora sí le miro a la cara, infinitamente confundida. ¿Lastimar a Hellboy? ¿Cuándo que ni se dio cuenta? ¿Cómo?
― Creí que eras mi amiga –lamentó poniendo una cara entre seria y triste, aunque por dentro se estuviera riendo. Solo quería molestarla un poco.
Rachel no supo descifrar si estaba actuando o era verdad, Hellboy solía ser un poco bromista según le había dicho Abe. No supo qué decir al oír aquello, solo se quedo con la boca entreabierta sin saber que Hellboy esperaba una respuesta.
— Mira nada más con la cara que te quedaste, eso sí que me ofende –reclamó él, frunciendo el ceño. Ella no le había rebatido que él estaba equivocado, que claro que era su amiga –. Si un monstruo rojo como yo es demasiado feo para ser tu amigo entonces…
― No, no es eso –le interrumpió Rachel negando con la cabeza –. Es solo que… si tú me consideras tu amiga yo también y entonces tú… serás mi primer amigo –declaró aún sin podérselo creer. ¿De verdad? ¿Hellboy la consideraba su amiga?
― ¿Tu primer amigo? ¿De verdad? –Hellboy estaba sorprendido igual que ella. Rachel asintió con una media sonrisa, al igual que Hellboy — Rachel… ¡eres como un gatito pequeño! –dijo, revolviéndole el cabello con su mano izquierda, desordenándoselo por completo mientras en el fondo sentía que su corazón se volvía cálido.
Algunos meses después:
Y de una tajada acabó con el último enemigo de aquel día. Rachel guardó su katana en su funda que tenía amarrada a la cintura y se encaminó a salir de aquella oscura y húmeda cueva.
Las cosas habían cambiado un poco últimamente. Liz había regresado a su puesto. Rachel había mejorado notablemente en las misiones y por lo mismo; y también porque Liz estaba allí, ya no la mandaban a misiones con Hellboy o Abe, ahora estaba sola y le hacían trabajar en misiones de un rango intermedio.
Hellboy ya no veía tanto a la pelinegra, si acaso llegaban a tener suerte, podían verse unos dos días por mes. Las fechas de las misiones los separaban mucho, cuando Hellboy y compañía andaban en misión, Rachel no y viceversa. Casi nunca coincidían y aquello realmente tenía un tanto desanimada a Rachel cuando no había misión qué cumplir, cuando tenía tiempo libre para ponerse a pensar.
Una noche lluviosa extrañamente nadie tenía misión. Al parecer a los malos les daba por hacer desastres siempre y cuando no se estuviera cayendo el cielo a cantaros.
Hellboy estaba en su habitación, había terminado de cenar tres bandejas de hotcakes cuando escuchó que llamaban a su puerta. Se trataba de Rachel quién había durado allí como cinco minutos, debatiéndose entre llamar o no a la puerta.
― ¿Quién? –preguntó él con fastidio, creyendo que se trataba de alguna otra misión.
― Rachel –contestó la voz del exterior. Educadamente, Rojo se levantó y le abrió la puerta.
Ella tenía puesto un vestido blanco y unas botas vaqueras color café y el cabello negro amarrado en una coleta alta.
― ¡Rachel! Adelante –una sonrisa amplia se había generado inmediatamente en el rostro de él. Le alegraba ver a esa chica, siempre estaba de buen humor y sentía que con ella podía hablar del tema que fuera debido a la enorme confianza que le tenía.
― ¿Qué me cuentas, Rojo? –se sentó en la orilla de la cama –. ¿Quieres ir al cine de Lovecraft?
El cine de Lovecraft era un viejo edificio deshabitado que había adquirido un viejo anciano el cual poseía unos ojos en el rostro y en las manos. Era un cine especial, un lugar de entretenimiento barato para las personas especiales. Si no eras especial o si no ibas acompañado de un ser especial no podías entrar. Era uno de los lugares favoritos de HB.
― Por supuesto, pero antes… quisiera hablarte de algo –confesó.
― Claro, dime –asintió ella poniéndole atención.
― Bueno… tu eres una chica… -empezó a hablar sintiéndose un poco cohibido. Era la primera vez que se le dificultaba decirle algo.
― Ajá… hasta donde yo sé –bromeó.
― Y bueno… tú eres muy perceptiva…
― Ah, ya entiendo a donde va esto –rió ligeramente – Quieres saber si le gustas a Liz. Mmm… Lo siento, amigo Hellboy. Realmente no sé. No he tenido mucho contacto con ella así que no sabría decirte una respuesta correcta –respondió pensativamente.
― Qué mal. Deberías hablarle, creo que podrían ser buenas amigas –se encogió de hombros, un tanto desilusionado.
― Oye, no te pongas triste –Hellboy se sentó a un lado de ella. Rachel, en compasión, le puso una mano en la espalda –. Si es para ti, ya vendrá, ¿no lo crees? –le sonrió de medio lado.
― Eres genial, Rachel –Hellboy la abrazó con las dos manos y la levantó al mismo tiempo –. ¿Qué? ¿No me dices nada?
― Digo que si me sigues abrazando así, me romperás el tórax –exclamó con la voz un poco ahogada.
— Lo siento – Hellboy inmediatamente la bajó.
― Hellboy… -le habló ella mientras él buscaba su gabardina marrón para poder irse al cine –. Eres mi mejor amigo –Enseguida Hellboy dejó caer la gabardina que tenía en la mano, quedándose estupefacto al haber escuchado eso. Rachel se abrazó a sí misma, nerviosa al ver a Hellboy observándola detenidamente –Lo lamento, creo que no debí haber dicho eso…
― Nunca en la vida me pasó por la mente ser el mejor amigo de alguien, mucho menos de una humana –le confeso con una leve sonrisa, un tanto sensible –. Pensé que tu mejor amigo era Myers, o hasta Abe porque siempre te enseña cosas de nerds.
Rachel simplemente rió.
― No –negó con la cabeza – No conozco bien a Myers, y la mayoría de las cosas que Abe me cuenta no son divertidas y a veces ni siquiera las entiendo, por eso tú eres mi favorito.
― Eres tan tierna –la admiró –. ¡Diablos! ¡¿Por qué no me puedo enamorar de ti?! –se quejó Hellboy cómicamente haciendo que Rachel se riera.
― Apúrate, rojito, que nos van a cerrar el cine –se adelantó Rachel.
― A esta hora no cierran el cine, mentirosa… ¡Y no me digas rojito! –argumentó Hellboy alcanzándola rápidamente.
Los lazos de acero rojo.
Liz Sherman observó a lo lejos desde su ventana cómo esos dos se iban de allí tonteando bajo una grande sombrilla negra que poco les atajaba de la gran tormenta eléctrica. Los miró seriamente, frunciendo levemente el ceño. ¿Cómo se llamaba la chica?
"Rachel" recordó Liz.
Muchas gracias a las personas que leyeron! Y gracias por dejarme reviews hermosos: mari2009(Fuiste la primera en comentar! X3 Muchas gracias y disculpa la tardanza), Lily (Muchas gracias! Abe es muy lindo, verdad? X3), lobalunallena (Gracias por leer! Espero que te haya gustado el capítulo X3), atsuko-san (gracias por leer!).
