Disclaimer: Los personajes de Hellboy no me pertenecen a mí, sino a Mike Mignola, y como esto también se basa en la película, hay que mencionar a Guillermo del Toro.

Gracias melissaclocks por tu review, lamento actualizar tan tarde, el fandom no es muy popular y eso a veces me desanimaba, pero estoy de vacaciones y no he querido dejar este fic sin terminar. Me animaste mucho, gracias en verdad.

Sin más preámbulos, ¡Al fic!


Rojo

Por Lu Kyoraku

III: Rojo rosado


La Agencia de investigación y defensa paranormal despidió en un viernes a su mejor agente; Hellboy. También Liz Sherman y Abe habían dicho adiós ese día, junto a rojo. Después de que Trevor había muerto, Manning se había vuelto fastidioso y el hecho de que sus superiores quisieran controlar tanto a Hellboy no había hecho nada para mejorar la situación desgastante que se vivía en ese tiempo.

Y él no se despidió de ella. No la vio.

Y a ella le dolió bastante eso. Y no lo buscó.

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Semanas después…

Despacio, despacio, despacio. Aguzaba el oído lo más que podía. Sus manos aferraban el arma que portaba. La oscuridad del lugar no ayudaba en nada a la situación, pero tenía qué hacerlo, era la misión. Finalmente se encontró con una puerta, la abrió lentamente y los postigos chirriaron. Myers cerró los ojos con fuerza y de pronto percibió luz sobre su cara. Abrió los ojos con temor y vio que había llegado a un callejón sin salida en el que la luz del sol caía cálidamente. Salió con cuidado y…

—¿Qué haces aquí? –inquirió alguien de repente.

Myers gritó del susto y apuntó el cañón a dónde provenía la voz hosca.

—¡Oh, por Dios, Hellboy! –lo conoció el joven castaño. Efectivamente se trataba de Hellboy, fumando tranquilamente con la espalda recargada contra la pared mientras lo miraba.

—Eres tú –musitó sorprendido.

—Sí, hasta donde yo sé –respondió HB haciéndose el gracioso –Te pregunté qué haces por aquí.

—Oh… estoy de misión… con Rachel –agregó no muy seguro.

—Rachel –pronunció Rojo sorprendido.

Rachel venía saliendo por otra puerta del callejón. Mientras caminaba observó a su ex compañero y detuvo su andar enseguida. Abrió grandes los ojos, sorprendiéndose de verlo ahí parado junto a Myers; recuperando su control y enojándose por haberlo perdido se enderezó de la espalda, cuadró los hombros y alzó su barbilla firmemente, reanudando sus pasos, esta vez pesados y rápidos. Su mirada se volvió gélida.

—Rachel –musitó HB al verla de cerca con una media sonrisa. Antes de que HB tuviera oportunidad de acercarse, Rachel guardó la espada plateada en su funda con un movimiento ágil y peligroso – Oh, oh, estás enojada, ¿verdad?

—¿Tienes idea de cuántas horas duermo al día? –refutó mirándolo con aspereza – ¡Cuatro! –sus ojeras prominentes no la dejaban mentir.

Rachel pasó de él y siguió caminando a paso veloz.

—Rach…

—¡Vámonos, Myers! –gritó la joven sin dejarlo hablar, caminando hacia la salida del callejón húmedo.

—Discúlpala –pidió Myers llamando la atención de los presentes –No ha sido fácil para ella.

—¡Myers! –volvió a gritar Rachel a lo lejos, sin voltear atrás.

HB volteó a verla. Esa espalda delgada ya iba lejos, luego volvió hacia Myers nuevamente.

—Cuídala, ¿sí? –le pidió. Le confió a Myers a su mejor amiga. Era un buen hombre, ya lo había dicho cuando le encargó cuidar de Liz hace años.

—Claro –asintió –Lo hago siempre –le aseguró con una media sonrisa –Hasta luego –después se fue tras Rachel casi corriendo para alcanzarla.

HB notó algo raro en la mirada de Myers, algo que no le agradó mucho, algo que incluso le hizo fruncir el ceño levemente.


Rachel bajó del auto y cerró la puerta con fuerza. Enseguida empezó a caminar dentro del edificio perteneciente al gobierno.

—Rachel, espera –pidió Myers haciendo maniobras para sacar la llave, bajarse del auto, ponerle alarma e intentar alcanzar a la pelinegra al mismo tiempo –Oye, un momento… espera –llegó ajetreado a un lado de ella y aun así le abrió la puerta cristalina caballerosamente.

—Gracias –dijo ella. Después de todo Myers no tenía la culpa de su enojo, al contrario, siempre era muy amable con ella.

—Ha sido un día largo. Si quieres yo hago el reporte de la misión.

—Estoy bien, yo lo hago –musitó con una voz más calmada, ya no cortante. Myers se le quedó viendo con preocupación –En serio –le aseguró ella.

El joven hombre abrió la boca para decirle algo pero ella no se dio cuenta de eso y se volvió para ir a la biblioteca a realizar el reporte con tranquilidad, donde siempre los hacía, dejando a Myers con la palabra en la boca.


Myers estaba caminando por un pasillo, tenía las manos ocupadas con una gruesa carpeta llena de expedientes que tenía que entregar a Manning. Cuál fue su sorpresa cuando encontró a Rachel sentada en una banca con ligeras lágrimas en los ojos. Se le quedó viendo y en cuento ella se dio cuenta de su llegada, volteó el rostro a otra parte y usó su cabello largo para cubrirse.

—Me acabo de poner unas gotas en los ojos y se me irritaron –se justificó enseguida, levantando la mano que mostraba el medicamento.

—Últimamente se te irritan mucho, ¿no?

—¿Estás queriéndome decir algo? –lo taladró con la mirada.

—No, no. Bueno, solo quería decirte que… que no…

—¿Qué? –inquirió fastidiada, instándolo a que se diera prisa.

—Que no estás sola –dijo rápidamente, armándose de valor.

Ella bufó, poniendo los ojos en blanco.

—Siempre he estado sola, y estoy bien con eso –se cruzó de brazos y volteó el rostro a otro lado para no verlo.

—Nadie está bien solo.

—Pues yo sí.

Myers esperó un momento y luego se sentó a su lado, observándola con sus orbes cafés y tiernos. Rachel enseguida se limpió los rastros de lágrimas con el dorso de la mano.

—Sé que él no está aquí, sé que se fue con Liz… -empezó a decir él.

—¡Esto no se trata de romanticismo! –se quejó –Lo siento… no debí gritarte.

—Está bien que grites de vez en cuando. Creo que eso de guardarte los problemas no te hace bien.

—Yo no tengo problemas, Myers.

—¿Por qué nunca me cuentas? ¿Por qué no dejas que te ayude?

—Yo no necesito tu ayuda… ¡Ya déjame en…! –su voz se quebró y la última palabra salió de su boca en un susurro débil –paz…

Myers se levantó y le puso las manos sobre sus delgados hombros y la vio como siempre, a los ojos, fijamente y con preocupación. Con esa ternura que caracterizaba su mirada.

—Él era… -empezó a hablar ella con la mirada al suelo –mi primer amigo. Me especialicé casi toda la vida para serle de ayuda, me entrenaron para él, me dieron ojos para él… prácticamente me hicieron crecer para él y la agencia, y ahora… él no está… Él se fue. Se fue de la agencia donde el Dr. Trevor lo crió… eso no es leal, Myers –lo vio con sus ojos llorosos –Dios santo, no es leal –lloró –La vida aquí no es mala… ¿por qué se fue? No logro comprenderlo.

Myers no sabía ni qué decir, solo sabía que debía abrazarla suavemente. Se acercó a ella y la atrajo hacia sí; abrazándola, con una mano en su espalda y la otra en la cabeza.

Rachel cerró los ojos con fuerza para evitar dejar caer más lágrimas.

—No lo ves desde su perspectiva –acotó Myers después de unos segundos –Él no podía salir, no tenía libertad para salir al mundo.

—Naturalmente que no –se separó de él para observarlo –Incluso Trevor le prohibía salir y yo estaba de acuerdo.

—¿Tenerlo encerrado es justo para ti? –entrecerró los ojos, reclamándole.

—¡No! No lo digo por eso. Rojo podría salir herido si el mundo lo conoce –declaró preocupada.

—En algún momento tiene que salir a la luz.

—No quiero que lo lastimen… a ninguno, ni a Rojo, ni a Abe, tampoco a Liz. Sabes cómo es este mundo, lo cruel que puede llegar a ser con las personas diferentes.

—Creo que Hellboy y los demás eligieron asumir ese riesgo, y tenemos que respetar su decisión. Lo único que podemos hacer es estar ahí si nos necesitan, ¿no crees?

Rachel lo pensó un momento. Sí, Hellboy y los demás se habían ido, y ella no podía cambiar eso. Lo único que podía ofrecerle a Hellboy era dejarlo ir y asistirlo si un día se lo pedía.

—Sí –asintió levemente –Creo que sí.

Myers se irguió nuevamente y se sentó a su lado. Metió la mano en el bolsillo izquierdo de su pantalón y de él extrajo una pequeña bolita envuelta en papel metálico plateado.

—Toma –le entregó un pequeño chocolate.

Rachel sonrió.

—¿Por qué haces esto? –tomó el chocolate entre sus manos, observándolo –A veces soy bastante fastidiosa contigo y tú… no me dices nada. No te enfadas conmigo.

Myers también sonrió.

—Hay personas que se preocupan por ti, solo que no te das cuenta, tal vez solo necesitas abrir un poquito más tus ojos.

Ella estaba sonrojada. Sentía sus mejillas muy cálidas, como un suave rojo rosado.


¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué opinan? Decidí incluir a Myers porque me gustó su personaje, además, Hellboy tiene a Liz, Abe tuvo a Nuala y yo quería a alguien para Rachel.

Se suponía que era un fic de tres capítulos, pero creo que se necesitan más capítulos, podría acabarlo aquí pero no quiero un capítulo largo.

Nos vemos en el próximo capítulo :)