El escape del Instituto había sido caótico, mientras miraba a su madre retorcerse en el suelo y luego levantarse con una sádica sonrisa dispuesta a cazarla.
Un cuchillo atinó al centro de la diana.
Su padre las había dejado abandonadas en el Salón de los Acuerdos a ella y a su hermana. A pesar de que era por su seguridad, las cosas no salieron como esperaba. No salieron como nadie esperaba.
Otro más. Justo al lado del anterior.
Y luego, perdió a su hermana. La única que tenía, y a quien amaba más que a nada. Tendida en el suelo, mientras esa hada la señalaba y luego se iba. Su familia se había desmoronado en días. El dolor hacia crujir su corazón incansablemente.
Otro más, y quedó sin cuchillos. Miró su mano, e inevitablemente una lágrima calló en ella. No podía dejar de recordar esos fatídicos hechos, y cada uno la había cambiado. Jamás había mostrado mucho interés en los entrenamientos. Pero ahora era considerada la mejor de su clase en combate, sobretodo en lanzamiento de chuchillos.
Ahora, Julie Beauvale se convertiría en una cazadora de sombras asombrosa capaz de derrotar a cualquiera que altere la paz en el mundo. Y si es un hada, mucho más rápido lo haría. Nunca más se quedaría encerrada sin ayudar a los suyos. Jamás otra vez perdería a un ser amado.
Sintió una ligera brisa en el rostro. Le gustaba imaginar que era su hermana acariciando su mejilla. Soltó un suspiro, y dio media vuelta. Era hora de descansar.
Apenas abrió la puerta, se encontró con sus amigos en el pasillo, conversando y riendo. Inevitablemente, también sonrió con disimulo. Tenía mucho más por lo que luchar.
Su mirada se encontró con la de Jonathan Cartwright, y su sonrisa se amplió. Realmente, mucho más.
