SUMARY: Aunque llevasen tres años juntos y siguiesen siendo la feliz pareja, unos simples comentarios podían cambiarlo todo, sobre todo cuando Sora se percatase de que algo comenzaba a fallar entre ellos.
Pareja principal: Yamato x Sora
Pareja secundaria: Taichi x Mimi
Género: Drama y Romance
La idea surgió de: No queráis saberlo…
Publicación: Irregular
Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen, sino a su creador Akiyoshi Hongo.
LA RAZÓN
by: Atori
Capítulo 3: La razón
-Venga Yamato, anímate. ¡No seas aguafiestas! –insistía la voz de Taichi al otro lado del teléfono.
-Ya te he dicho que no. ¡No quiero ir a la playa! ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? –contestaba el rubio con el inalámbrico entre la oreja y el hombro. Su estúpido mejor amigo no había podido coger mejor hora para llamarlo, que mientras estaba preparando la cena.
-¡Mira que eres amargado! –refutaba hastiado-. Pero, ¿qué daño te hace ir a la playa con tus amigos de toda la vida?
-No me gusta la playa –y aunque se lo había dicho en infinidad de ocasiones, parecía que necesitaba otra justificación para excusarse.
-Pero Matt –usando su sobrenombre, señal de que estaba a punto de perder la paciencia con él, donde ya no existían las bromas ni el buen humor-, falta poco para que se terminen las vacaciones de verano. Si he pensado en esta quedada en grupo es para celebrarlo, antes de que por culpa de los estudios y nuestras actividades extraescolares nos vuelvan a separar.
-Pues id vosotros, que yo no voy –insistiendo en sus cinco.
No es que no quisiera quedar con sus amigos, pero ir a la playa significaba exposición al sol y él que era de piel blanquita, por mucha protección solar que se pusiera, no sabía por qué rayos que se ponía rojo como un camarón igualmente.
Aún recordaba el año pasado donde tanto Taichi como Sora lo habían convencido y lo rojo que se había puesto a pesar de haberse puesto crema. Lo había pasado tan mal, que para apoyarse y dormir era el mismo infierno. Y luego la coña que tuvo que soportar por parte de Taichi y algún que otro al llamarlo boquerón.
-¡Joder Yamato! ¡¿No sabes que si tú no vas, Takeru no va?! ¡Y si no va Takeru, no va mi hermana! ¡Y si no va mi hermana, no va Daisuke! ¡Y si no va Daisuke, no va Ken! ¡Y si no va Ken, no va Miya…!
-¡Ahórrate el resto, Taichi! ¡Y gracias por considerarme el pilar importante dentro del grupo! –agregó con una sonrisa egocéntrica, donde no pudo evitar soltar una pequeña risa.
-¡Pero sabes que es verdad!
Yamato suspiró con fuerza. Observando que las verduras no necesitaba que siguiera dándoles vueltas, pasó el inalámbrico hacia la otra oreja, ya que la otra la tenía caliente y empezaba a dolerle las cervicales al estar tanto tiempo de ese lado.
-¡No me vaciles, Yagami! Sabes muy bien que si Takeru tuviera que escoger entre tu hermana y yo, escogería estar con Hikari.
-¿Y qué me dices de Sora?
Yamato dejó de prestarle atención a la comida, y con un rostro serio, como si le hubiesen tocado algún punto débil, cogió el aparato con la mano.
-Sabes muy bien, que por mucho que insistamos –continuaba el moreno ante el silencio prolongado de su amigo-, ella no irá, si tú no vas. ¡Tiende a ser más cabezota que tú! –agregando fastidiado.
-¡Taichi! –gritó Yamato a modo de represión por meterse con su novia.
-¡Pero es verdad! ¿O vas a decirme que no?
En eso desde luego que no se lo iba a negar, pero no iba a darle el gusto a su mejor amigo. La quería tanto para decirle a sus espaldas, que era una cabezota sin remedio, donde cuando algo se le metía en la cabeza, no había manera de que cambiase de opinión. Por culpa de ese defecto, muchas veces le llamaba la atención cuando tenía su práctica de tenis y al día siguiente un examen tan importante, donde se pasaba toda la noche en vela para repasar.
-Pero como es, no es el tema, sino en el hecho que si tú no vas, ella no irá fijo. Y si va, se sentirá amargada al pensar que mientras tú estás en casa solo, ella se lo está pasando bien con los amigos que tenéis en común.
Yamato olió algo de chamusquina y de inmediato, volvió a prestar atención a la cocina, aunque veía que esa noche su padre y él cenarían verduras medio carbonizadas.
-¡Oe Yamato! ¡¿Me estás escuchando?! –preguntó al punto del colapso si no obtenía respuesta.
-¡Sí, hombre, que sí! –contestó cabreado por haber permitido que la comida se le quemara.
-Pues ya lo sabes. ¡Vente a la playa con nosotros! ¿O quieres que Sora no disfrute de la compañía de sus amigos porque su novio es un solitario amargado? ¿Quieres privar a Sora de ello?
-¡Está bien! ¡Iré! –resoplando con fuerza- ¡Pero cómo se te ocurra llamarme boquerón, juro que llegaras al siguiente trimestre en silla de ruedas y deformado! –amenazó el rubio.
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Suspiró por no sé cuánta vez a medida que miraba la playa. Aún no había tocado la arena y ya estaba deseando qué se terminara el día de una condenada vez.
-¿Ocurre algo, Yamato?
A su lado, su novia se encontraba mirándole preocupada, seguramente por lo tanto que refunfuñaba. Pero debía esconder su malestar, al menos debía hacerlo por ella para que se lo pasara bien. Cuando la había llamado para quedar e ir juntos a la playa, ya había notado lo emocionada, feliz e incrédula que se había puesto. Incluso le había preguntado como dos o tres veces si hablaba en serio sobre que fuera a la playa, a sabiendas que le disgustaba. Hasta su perfecta intuición, había dado en la diana al decirle que si lo hacía por ella, que no hacía falta. Había tenido que mentir y decirle que por un día que no pasaba nada, sobre todo cuando estaba toda la pandilla reunida. Quedadas que últimamente se volvían complicadas por los estudios o porque Mimi vivía en Estados Unidos. Aunque, por lo que su novia le había contado, Tachikawa regresaría a Japón. Estaban con el asunto de la mudanza, pero le había comentado, que para el nuevo trimestre, Mimi asistiría al mismo instituto que ellos.
¡Vaya alegría!
No podía pensar irónico.
No es que le cayera mal Mimi, pero había ocasiones que lo ponía de los nervios por culpa de ese carácter infantil y coqueto, donde no sabía cómo su novia tenía paciencia para aguantarla.
-Yamato, en serio que si no tienes ganas de ir, nos vamos. Les diremos a Taichi y los demás que me encuentro mal y…
-¡No! Que sí, que quiero ir –añadió de inmediato.
-Yamato –mirándole con cierta gravedad-, a mí no me engañas. Tienes un rostro desganado y no haces que refunfuñar. No quiero que vayamos, sabiendo que no te lo vas a pasar bien por mi culpa.
¡Menuda intuición tenía su novia!
Pensaba el rubio impresionado y maldiciéndose a sí mismo por no poner una máscara neutra.
-No es eso, Sora. Solo pensaba en el fastidio que era al pensar que veríamos a Mimi diariamente en el instituto –mintió el rubio.
-¿Seguro que es eso? –preguntó con una ceja alzada.
-Que sí, vamos –arrastrándola hasta la playa-. Los demás ya han de estar esperándonos.
Estuvieron caminando y buscando a sus amigos. Era un día de fin de semana bochornoso, donde la gente no solo había aprovechado para ir a la playa para refrescarse en las cristalinas aguas del mar, sino que algunos también habían aprovechado para pasar el día entero. Yamato observaba fastidiado cómo no solo la muchedumbre, sino el olor de la comida impregnaba el lugar.
Pero tenía que aguantarse y poner la máscara de la paciencia. Por lo menos, mientras su novia estuviera delante.
Escuchó como ella le decía que los había encontrado y agradeció la buena vista de ella. Al menos ya no tendrían que seguir caminando entre gente suertuda que se tostaba sin ponerse rojo como él, ni de tener que andar con cuidado para no destruir los castillos de arena de los infantes que preferirían estar jugando en la arena que en el agua, donde ahora mismo Yamato necesitaba un buen baño para refrescarse de aquel agobiante sol.
Pero a su novia parecía no afectarle, ya que lo cogió del brazo y lo obligó a que corriera con ella hasta alcanzarles cuánto antes, como si se fueran a mover del sitio. Cuando llegaron, Sora lo soltó y corrió a recibir a Mimi, donde a pesar de haberla visto la semana pasada, dio la impresión de no haberla visto en meses. Luego saludó al resto de sus amigos, donde como siempre, faltaba Daisuke para que estuvieran todos. Aún así, sus amigos, como si quisieran aprovechar el día, ya estaban en bañador y disfrutando de la playa como si el sol no les agobiara. Aunque bueno, parecía que Joe y Koushiro estaban centrados en otra cosa para recordar el calor exuberante. Sus ojos de vez en cuando se posaban en su novia y Mimi, o más bien en Mimi. Llevaba un bikini rosa pálida bastante sugerente, donde hacía verse notoriamente sus pechos. Pese a que tenía dieciséis años estaba bien desarrollado.
-Venga Sora, ¡Rápido! ¡He esperado por ti para ir al agua juntas! –le dijo Mimi emocionada.
Sora echó una rápida mirada hacia Yamato, el cual le hizo una seña para que fuera tranquila, mientras él se enfocó en su hermano que estaba sentado en una de las toallas a la sombra de la sombrilla. Junto a él, su inseparable Hikari. Parecían estar hablando de algo entre ellos con cierta risita, como si fueran cómplices de un secreto importante.
-¡Ah! Hola hermano. ¿Qué sorpresa que vinieras? –dijo el pequeño de los rubios al percatarse de su presencia.
-Misterios de la vida –encogiéndose de hombros sin querer contarle el motivo-. Hola, Hikari –la aludida le devolvió el saludo con un movimiento de cabeza- ¿Se puede saber de qué habláis?
-De cómo Miyako no se da cuenta del bochorno que tiene Ken.
-¿Por qué? –queriendo buscarles, pero se encontró con otra cosa que lo descolocó.
Takeru comenzó a explicarle que la razón del bochorno de Ken se debía a la proximidad de Miyako, que no paraba de jalar de él, de aproximarlo hacia su persona, pidiéndole que jugaran juntos en el agua o a cualquier cosa, que no se daba cuenta de lo que eso ocasionaba. Y eso produjo risas en el menor de los rubios, así como en Hikari. Sin embargo, Yamato no compartía aquella risa, ni siquiera había escuchado la razón que su hermano le había dado, porque si Ken se encontraba nervioso por la proximidad de Miyako, él se encontraba peor al ver por primera vez desde que era novio de Sora, a ella ligera de ropa.
Con la mirada había visto cómo se había quedado en bikini, un bikini que mostraba sus dotes. Quizás no estuviera bien desarrollada como Mimi, o quizás no usase un bikini tan sugerente como el de ella, pero…
Pestañeó varias veces impresionado con la boca abierta, observando cómo se había ido con Mimi al agua, donde Taichi las estaba esperando en el agua con una mano extendida a modo de saludo.
Se encorvó por completo para prestar toda su atención en su novia, viéndola divertirse en el agua en aquella lucha de salpicarse con sus amigos.
-Hermano, ¿estás bien? –le preguntó el menor levantándose, preocupado por el silencio sepulcral del mayor.
-¡Tengo sed! –se excusó bruscamente, largándose de allí cómo si la playa le agobiara tanto, como si la temperatura había aumentado hasta alcanzar los cincuenta grados.
Yamato caminó a paso apresurado donde la imagen de su novia en bikini se convirtió en algo más. Su mente no solo le recordó cuando la había visto desvestirse, hasta quedar en traje de baño, sino que además, se retorció cruelmente donde ahora en la playa solo estaban él y ella. Y ella lo miraba con una mirada seductora, mientras lenta y tortuosamente comenzaba a quitarse el resto de la ropa.
Cuando Yamato avistó los grifos para que la gente pudiera limpiarse la arena de los pies, hizo a un lado a las personas que lo estaban usando, y cogiendo una gran cantidad de agua se la echó a la cara.
Escuchó cómo el chico de turno se quejaba de él, llamándolo de todo, pero Yamato estaba más centrado en refrescarse que en una estúpida discusión.
Se sentía todavía acalorado, pero no por el sol. Volvió a cargar el grifo y volvió a echarse agua a la cara.
Tenía que tranquilizarse y no pensar en esos pensamientos eróticos.
Pero era inútil, y lo peor es que las imágenes en su mente habían ido en peor.
De imaginar cómo ella le ofrecía un streep tease, había pasado a imaginar cómo la tiraba en la arena y comenzaba a tocarla desesperadamente.
-¡Mierda!
Y puso su cabeza bajo el grifo, sin importar mojar su rebelde cabello o parte de su camisa. Tenía que refrescarse, serenarse, tranquilizarse.
Pero su corazón latía tan alocado que la razón luchaba contra el deseo.
Una parte interna de él que no sabía que tenía, emergió donde no paraba de carcajearse por lo patético que era.
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La tenías tan cerca y ahora te das cuenta de que la deseas.
Yo siempre lo he sabido, Yamato, desde que la vi en ropa interior hace seis años.
Lo recuerdas, ¿verdad? Fue aquella noche en que apareció Devimon por primera vez.
Ella estaba frente tuya.
La viste.
La vimos.
Y la deseamos.
Por eso en tu corazón hiciste a Taichi de tu rival, como te dijo Cherrymon.
Porque sabías que el lazo entre ella y Taichi era muy fuerte.
Por eso, al final comenzaste a llamar su atención.
Para que ella se fijara en ti.
Para que ella se enamorara de ti.
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-¡CÁLLATE! ¡ESO ES MENTIRA! –comenzando a hablar consigo mismo, sin importarle que la gente que lo observara como si fuera un fugitivo del manicomio.
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No puedes mentirte a ti mismo, porque yo soy tú.
Tus deseos más ocultos.
Ya no eres un niño que está en una relación de amor infantil.
Eres un hombre que lo único que desea es tener sexo con ella, aunque ella no quiera.
Eres un hombre con unos instintos que solo pueden saciarse cuando la tengas haciéndola tuya.
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-¡CÁLLATE! ¡CÁLLATE!
Necesitaba alejarse de ahí, ignorar esa voz que no paraba de atosigarlo y de volverlo loco. Tenía que distraerse con algo, y eso fue lo que hizo.
Alejándose de la entrada donde estaban los grifos y chocando a diestro y siniestro, se fue al primer xxx que encontró.
-¡Ponme algo! ¡Lo que sea, pero que esté bien frío!
La propietaria, una chica adulta que rozaba la treintena, viendo al bombón que tenía delante, rompió las reglas de no servir alcohol a menores de dieciocho, y le dio un delicioso y refrescante combinado. Yamato se lo tomó de un trago, donde el amargo sabor de la bebida, lo hizo poner una mueca desagradable.
-Está rico, ¿eh? Esta ronda va por cuenta de la casa –le preguntó la chica coquetamente, apoyándose sobre la barra, dejando que entreviera parte de su busto a través de aquel escote demasiado pronunciado.
Yamato la observó y la voz interna se esfumó como por arte de magia, lo mismo ocurrió con la calentura que tenía por el cuerpo, donde hacía de todo y nada decente con su novia.
Se sintió aliviado y con una sonrisa de orgullo le dijo a la chica.
-Gracias. La próxima vez traeré a mi novia.
La chica de grandes pechos puso los ojos en plato, observando cómo no solo aquel muchacho no había caído en sus redes, sino que además se había hecho el sueco. Y lo peor de todo, es que estaba pillado. Bufando molesta, se dio la media vuelta para atender a los otros clientes.
Yamato suspiró viendo cómo había podido quitársela de encima sin ningún problema. Y la verdad, es que tenía ganas de largarse y dejar la bebida a medio consumir.
Nunca había bebido alcohol y esa era la primera vez, y la experiencia era desagradable.
No sabía cómo hacían los adultos para soportarla.
Aún así, ya se sentía mejor y más cuerdo. Así que se giró para buscar con la mirada a su novia y a sus amigos. Vio como Daisuke ya había llegado, donde tenía una cara boba frente a Hikari, luego a Miyako metiéndose con él, poniéndolo en apuros. También vio a Taichi tirándoles agua con una escopeta de juguete a Joe y a Koushiro quiénes amargados y desganados, seguían en la arena sin querer mojarse. Mimi detrás del moreno, riéndose a carcajadas.
¿Y Sora?
La buscó en el agua, no estaba.
¿Dónde estaba?
Se preguntó preocupado y a punto de matar a Taichi si le pasaba algo, mientras se levantaba del taburete buscándola desesperadamente.
Por fin la encontró.
A la orilla del agua, Sora se encargaba de ayudar a uno de los niños de la zona a hacer un castillo de arena. Estaba de cuclillas y aunque apenas la veía, veía perfectamente el escote del bikini donde quería ver más.
Tragó saliva.
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¿Lo ves?
Solo es verla para que yo aparezca.
Reconócelo de una vez.
¡La deseas!
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Volvió a sentarse y a mirar a la chica de pechos grandes, viendo que su única solución para que aquella vocecita perversa no saliera, era viendo a otras chicas, aunque fueran de cuerpo exuberante.
Y la táctica resultó.
Aún así, saber que cuando la viera sentía esa calentura en su cuerpo, donde aquella vocecita se lo recordaría cruelmente, lo asfixiaba.
¿Qué iba a hacer ahora?
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Tras el largo día, todos regresaban a sus casas. Yamato había estado en la barraca todo el tiempo, que para cuando había vuelto, se había encontrado a todos sus amigos preocupados por su ausencia, siendo su novia la primera en ir hasta él y preguntarle si estaba bien. El tenerla tan cerca y mojada, había provocado lo inevitable. Sin mirarla, se había excusado con que había tenido una insolación. Su voz interior se había reído de él por la razón tan estúpida que era.
Y ahora de camino a casa, aquella voz no paraba de decirle que la cogiera y la llevara a un rincón para cumplir sus fantasías sexuales.
Yamato estaba tenso. Y que Sora lo tuviera sujeto del brazo, lo ponía más nervioso.
-En serio, Yamato, que si te encontrabas mal, tenías que habérmelo dicho.
-Ya te he dicho que ya estoy bien –contestó secamente, deseando que lo soltara. No sabía cuánto iba a aguantar así.
Como si los dioses lo escucharan, ella se soltó para ponerse enfrente y mirarle con pena.
-Lo siento –agachando la cabeza-. Fui yo la que se sentía feliz y emocionada con ir, que pasé por alto lo poco que te gusta ir a la playa.
Y verla culpable fue como si la Sora de sus fantasías se esfumara para tener a la Sora que siempre estaba con él en sus salidas. Aquella Sora, que tímida e indecisa, le había obsequiado un delicioso pastel como regalo de Navidad, acompañado de su declaración de amor hacia él.
El deseo de querer protegerla triunfó sobre el deseo. Y cogiéndola desprevenida, la arrimó contra sí.
No hubo palabras tranquilizadoras. El abrazarse en silencio era suficiente para expresar lo que Yamato pretendía. Y eso era algo que Sora comprendió, así que correspondió a su abrazo, pegándose más a él.
Eso hizo que la calentura volviera a su cuerpo.
Su pecho protegido por aquella fina camiseta ajustada, pegada a su cuerpo. Su intimidad rozando sus piernas. Su cuerpo tan pequeño y tan frágil entre sus brazos. Su cabello medio húmedo, donde aún desprendía a la sal marina. Su cuello tan cerca de sus labios, donde jamás lo había saboreado. Las manos de ella acariciando su cabello y su cuello.
Si quería, podía aprovecharse del momento y hacerla suya.
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¡Hazlo!
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Bruscamente, Yamato se apartó de ella, mientras miraba hacia otro lado. Aún sin mirarla, pudo ver la confusión pintada en el rostro de su novia.
-Es tarde. Será mejor que volvamos a casa.
Y el resto de camino, por precaución, mantuvo las distancias.
Aquella noche, Yamato no sabía calificar su sueño como agradable o como el de una horrible pesadilla. A mitad de la noche, Yamato había despertado con sudores cubriéndole por todo el cuerpo y con un desagradable sabor de boca, que no había tardado en ir al cuarto de baño para expulsarlo.
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¡Reconócelo de una vez!
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Tirado en el sofá, agobiado y deprimido, Yamato no hacía otra más que recordar lo que había soñado.
Había tenido relaciones con Sora.
Había sido sexo.
Un sexo no consentido.
Él quería.
Ella no.
La había ultrajado en contra de su voluntad.
La había violado en sus sueños.
Cerró los ojos desesperado.
Y se maldijo, porque…
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¡Reconócelo!
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…porque lo que más deseaba ahora mismo era acostarse con ella, aunque ella no quisiera.
Bruscamente el teléfono de la casa sonó, haciendo que se sobresaltara como si lo hubieran pillado en mitad de un crimen.
Y aunque no había sido realizado físicamente, en su mente y en sus sueños lo había hecho.
Cogió el aparato y se quedó sin voz al escuchar a Sora al otro lado de la línea.
-Te llamaba para preguntarte si estás bien. Ayer me dio la impresión de que aún tenías secuelas de la insolación.
-Estoy bien –carraspeando con una voz que no parecía la suya. Y no era para menos. Si lo que había soñado e imaginado no fuera suficiente, con solo escuchar su voz, era para imaginar más cosas indecentes.
-¿En serio? Parece que tienes la voz cambiada –preguntó preocupada y perceptiva.
-Estoy bien –volvió a repetir como si estuviera programado para decir esas palabras, pero con la voluntad de cambiar el timbre de su voz.
-De acuerdo, te creeré. Por cierto, Yamato ¿te gustaría que quedáremos para ir a dónde quieras para compensarte lo de ayer?
-Hoy no puedo –pronunció simplemente.
-¡Ah! ¡Vaya! –expresó decepcionada-. Pues cuando quieras y cuando puedas me llamas y vamos a dónde tú quieras.
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A mi cama.
A un Love Hotel.
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Yamato apretó con fuerza el aparato y se despidió rápidamente.
-Ya te llamaré –y colgó.
¿Qué estaba haciendo?
Con esa despedida no solo había sonado brusco, sino también extraño.
Pero, ¿qué podía hacer?
Ya su sola voz hacía que esa presencia interna saliera, desvelando la oscura fantasía que tenía en su corazón.
-¡MIERDA! –mascullando nuevamente.
¿Qué podía hacer?
Los días posteriores, tuvo la misma pesadilla, donde ya dormir le daba miedo.
Y la cosa iba yendo a peor, donde ya no solo verla o escucharla provocaba la aparición de ese perverso yo oculto. Ya era verla en fotos o pensar en ella, para imaginarla haciéndola suya.
De vez en cuando, ella le llamaba para recordarle su cita pendiente, y él siempre tenía que posponerlo.
Ahora estaba en una situación donde si la veía cara a cara, no sabía de lo que sería capaz de hacer.
Tenía miedo de sí mismo y de lo que sus impulsos masculinos pudieran hacerle.
Había escuchado que aquella edad era dónde el hombre sentía curiosidad sobre el género femenino, pero no imaginaba que en su caso fuese tan fuerte y salvaje, donde cualquier chica, aunque estuviera en pelota picada, no le producía el mismo deseo que con Sora. Era como si él, como hombre, solo pudiera estar con ella como mujer. Su media naranja. La mitad que debía unirse para ser una naranja completa y perfecta.
Y la distancia que había creado tuvo que romperse cuando el siguiente trimestre comenzó.
¿Cómo sobrellevarlo?
¿Qué hacer?
No podía evitar preguntarse.
Lo que sí tenía claro es que tenía que evitarla para no cometer una atrocidad.
Pues aunque la deseaba, también la amaba, y era por ese amor que la protegía de sí mismo.
Si ella descubría la verdad… seguro que lo miraría como un monstruo y quizás… lo odiaría.
Ese pensamiento lo aterraba.
Tenía que ocultar ese yo fuese como fuese, aunque eso suponga sacrificarse a sí mismo.
CONTINUARÁ…
Notas de la autora:
Me he tardado bastante, así que mil perdones.
Debo decir que no esperaba alargar tanto LA RAZÓN, que por fin ha sido desvelada. ¿Qué os ha parecido? ¿Encontráis la lógica ahora? Si es que además he ido dejando las pistas a lo largo de los dos capítulos anteriores. Tienen diecisiete años, Yamato es un hombre con necesidades como otro cualquiera. Sobre todo cuando llevan tres años de noviazgo. Dicha relación se fue notando extraña después de la quedada en la playa (la vio en traje de baño). Y bueno, como quiero aclarar algunas cosas que sucedieron a lo largo del fic para que os tranquilicéis, este capítulo tendrá una segunda parte, donde seguiremos viendo el punto de vista de Yamato.
Como siempre digo, espero que os haya gustado y también espero que me dejéis reviews. Son el apoyo moral de todo escritor y también lo que ayuda a seguir mejorando.
Os recuerdo que en Facebook, abrí un grupo Fics sorato, sesshrin, sasusaku y otros (el enlace lo encontrareis en mi perfil), donde hay pongo más información acerca de mis fics, como actualizaciones, el proyecto de fic dedicado y otras cosas.
Muchos besos y abrazos.
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Respuesta a los reviews anónimos:
Sorasofi: Pues aquí tienes LA FAMOSA RAZÓN. Si es que lo dije un montón de veces. Estaba ya medio escrito. Bueno, quizás no, pero ahí estaba jejeje.
Sasha: Gracias por preocuparte por mí. Estoy bien, tranquila. Y bueno, como dije, la famosa razón desvelada y que estaba más o menos escrita. Y gracias por ser mi fan. Te invito a leer otros muchos soratos que tengo por ahí.
Marian: Pues ya ves que te has equivocado en lo que te imaginabas.
Fogadramon: Tardé bastante. Gomen nasai. Y bueno, espero que también perdones a Yamato y veas que es una perfecta a excusa. Que no pusiera mimato era más que obvio, y tú que me conoces hasta en persona, sabes que NI LOCA haría una barbaridad así. Y me alegro que te emocionara la dedicación.
Sarama: Pues aquí está la razón. Gracias por tu review.
Hilary: Perdón por hacerte esperar. Aquí la razón.
Dama: Aquí está el siguiente capítulo que espero que te haya gustado.
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'Atori' – BPS - Begodramon
