Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir pertenece a su creador Thomas Astruc y a las empresas relacionadas: Zagtoon, Toei Animation, Method Animation y SAMG Animation.
II. Solas
Definitivamente los odiaba. Juleka odiaba con toda su alma esos problemas de factorización. Odiaba las matemáticas en general. En secreto, deseaba ser un poco más como Max. Eso la ayudaría un poco con sus tareas.
Estaba tan concentrada en intentar resolver los problemas matemáticos que no se dio cuenta que Rose le había pasado un papel con un mensaje, con suma discreción.
«En el recreo tengo que hablar contigo. Es importante.»
Juleka no era la persona más paciente de todas. Era realmente ansiosa a pesar de su apariencia tranquila. Preocupada y ansiosa, volvió la mirada a Rose y sus ojos serenos y la pequeña sonrisa en su rostro lograron calmarla.
Realmente quería hablar con ella y preguntarle qué sucedía, o le diera unas pocas palabras para calmar su ansiedad, pero el profesor de Matemáticas tenía un super oído y reaccionaba ante cualquier susurro. Prefirió morderse la lengua y quedarse callada antes de causar problemas. Los veinte minutos que quedaban de clases serían un infierno.
Cuando sonó el timbre que marcaba el fin de la clase, Juleka juntó rápidamente sus cosas, salió corriendo al patio, y esperó a Rose al final de las escaleras.
Rose fue la última en salir del salón. Al encontrarse, Rose la llevó a un lugar apartado. Observó hacia los lados y se aseguró que nadie las estuviese mirando. Del bolsillo de su bolso sacó dos pedazos pequeños de papel y se los enseñó a Juleka.
Juleka abrió grandes los ojos ante la sorpresa.
—¡Son entradas par...!—Rose le tapó la boca para acallar sus gritos. Una tierna risa salió de su boca.
—Lo sé. Gané las entradas en un concurso de la radio, y quiero que tú me acompañes.
Juleka asintió. La mano de Rose aún le impedía hablar.
· · ·
El día había llegado. Juleka había desperdiciado toda la mañana del sábado buscando la ropa adecuada, pues hoy sería el día, ya lo había decidido.
Se había decantado por unos jeans oscuros, unos zapatos bajos color negro, su camiseta violeta favorita y una chaqueta corta de cuero. Se maquilló de forma habitual, pero sencilla.
Solo quedaba que Rose pasara por ella. Habían acordado ir juntas en taxi y luego sus respectivos padres las buscarían.
Bajó las escaleras de su casa ya preparada para irse, y se dirigió a la cocina.
Estaba ansiosa, sus manos temblaban y seguro su piel estaba más pálida de lo normal. Se sirvió un vaso con agua y lo terminó en unos pocos tragos.
El timbre de su casa sonó, alertando la llegada de Rose. Su perra ladró, y cuando Juleka abrió la puerta, la pequeña perra comenzó a saltar alrededor de Rose, reconociendo a su amiga de años al instante.
Rose estaba hermosa. Vestía una remera larga color rosa pálido y unos leggins negros. Traía puestas sus botas favoritas –las blancas sin tacón que le llegaban al tobillo– y el maquillaje era muy natural, destacaba el delineador negro, que hacía resaltar sus lindos ojos claros.
Juleka guardó su teléfono celular en el bolsillo de su chaqueta.
—Llámame cuando llegues y cuando necesites que te busque —le dijo su madre—. Disfruten el concierto —la mujer de largo cabello oscuro se despidió de ambas jóvenes y las vio partir en el taxi.
La espera se hizo interminable, pero había valido la pena cuando lograron llegar al medio del estadio y sentarse al medio. Ya se escuchaban gritos y había mucho ruido aunque aún estaban los teloneros.
Media hora después, la banda de apertura terminó y se hizo el gran anuncio, las luces se apagaron y solo quedaron algunas pequeñas luces prendidas.
El sonido de la guitarra comenzó a sentirse por todas partes, las luces se prendieron de golpe y Jagged Stone salió de una equina del escenario para ir caminando lentamente hacia el centro mientras tocaba la guitarra.
Los flashes de las cámaras y las luces de las pantallas las rodeaban. Los gritos las aturdían. Todo temblaba. Juleka estaba segura que esta noche ambas acabarían sin voz. Poco a poco comenzaron a bailar, cantar –o gritar, no había diferencia–, saltar. La música las guiaba, todos en el estadio estaban drogados de música.
Por las enormes pantallas se podía ver al cantante totalmente transpirado mientras cantaba y bailaba, pero aún así, disfrutando de lo que hacía.
Cuando llegó el momento de la última canción, la más enérgica y la gran favorita, todos parecían hacer una coreografía, saltando y gritando como locos, sintiendo la canción a flor de piel. Todos comenzaron a tomarse de las manos, abrazarse por la cintura o los hombros con las personas que estaban al lado, sin importar si se conocían o no, el fin era disfrutar todos juntos ese momento.
Juleka abrazó a Rose por los hombros, y Rose hizo lo propio, abrazando a Juleka por la cintura.
Todos cantaban al los gritos y se movían al mismo tiempo.
La canción estaba por terminar. Las últimas notas estaban siendo tocadas. La gente comenzó a soltarse y comenzó a aplaudir.
Rose y Juleka se quedaron unidas. Sus cuerpos rozándose y los sentimientos a flor de piel.
—Me gustas —le dijo Juleka en voz alta, pero con los aplausos y los gritos a su alrededor sus palabras se perdieron—. Me gustas, Rose.
· · ·
Jagged Stone dio unas palabras de agradecimiento a todos y se despidió. Las personas seguían aplaudiendo aunque él ya no estuviera en el escenario.
La gente se demoró bastante en dispersarse, nadie se quería ir. Todos estaban eufóricos y llenos de energía.
Juleka y Rose salieron caminando lentamente buscando la salida, tranquilas y hablando de lo genial que había estado el concierto. Era agradable como las personas se saludaban, aun sin conocerse. Todos estaban eufóricos. Gritaban, cantaban, saltaban, corrían; parecían un enorme grupo de amigos. Rose ya se había comunica con sus padres para que la busquen, pero Juleka estaba teniendo problemas con la señal.
Rose notó los problemas de Juleka para comunicarse y le ofreció su teléfono.
Juleka sonrió cuando descubrió que el fondo de pantalla era una foto de ellas juntas.
Lograron salir de allí y tuvieron que caminar varias cuadras calle abajo, ya que las calles estaban cortadas, el tránsito restringido y había mucha gente por todas partes. Sin apuro llegaron al punto acordado con sus padres.
Los padres de Rose ya estaban allí. En cuanto las vieron, las saludaron desde allí, e hicieron gestos para que Rose se apresurara. Era muy tarde en la noche y seguramente querrían descansar luego de un pesado día de trabajo.
Ella, ante la insistencia de sus padres, guardó rápidamente su teléfono en el bolsillo, se paró en la puntas de sus pies, abrazó a Juleka y le besó la mejilla.
—Tú también me gustas —Rose le susurró cerca del oído. Apresuró el paso hacia el auto de sus padres— ¡Gracias por acompañarme! Nos vemos el lunes.
La madre de Juleka la encontró con la mejillas arreboladas, la mirada perdida en un punto fijo, y una hermosa y feliz sonrisa.
Juleka no lo podía creer: su amor era correspondido.
Gracias a los que leyeron, pusieron en favoritos y a los que siguen esta historia.
Me gustó escribir sobre Rose y Juleka, me parecen tan distintas pero tan tiernas.
En fin... espero sus opiniones.
Nos leemos mañana.
¡Un enorme abrazo!
