Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir pertenece a su creador Thomas Astruc y a las empresas relacionadas: Zagtoon, Toei Animation, Method Animation y SAMG Animation.


V. Agua

Tom conoció a Sabine un día de lluvia camino a la Escuela de Gastronomía. Él iba en el autobús cuando ella subió. El único lugar disponible era el que estaba a su lado y allí se sentó.

Ninguno habló ni se miró durante el viaje.

Ambos se bajaron en la misma parada, se dirigieron hacia la misma dirección e ingresaron al mismo lugar. Tom se dio cuenta de ello ya que iba detrás.

Los días pasaban y siempre era lo mismo: Tom se subía al autobús, tres paradas más adelante se subía la chica, y luego de diez paradas más se bajaban en el mismo lugar para ir hacia el mismo lado. Lo curioso era que ella siempre se sentaba alrededor de él.

Tom comenzó a observarla. Era una chica menuda, de hermosas curvas y rostro redondo con rasgos chinos o japones, el cabello era negro y le caía lacio hasta la cintura.

Los dias se hicieron semanas, la escena siempre se repetía. A Tom le encantaba observarla. Parecía un ente etéreo, hermoso, ajeno a este mundo.

Tom recuerda el día en que todo cambió.

Ella se subió en su parada habitual, pagó el boleto, y cuando pasó delante de Tom.

—Hola —fue lo único que dijo antes de sentarse detrás de él, pero para Tom esa palabra era cielo. Ella tenía una voz hermosa.

A partir de ese día siempre se saludaban. Un hola mutuo era suficiente.

Otro momento importante para su relación fue otro día de lluvia.

Ella subió empapada al autobús, el pelo se pegaba le a la cara y el cabello le caía pesado, la ropa mojada se le pegaba al cuerpo. Se veía más pequeña de lo que en realidad era.

Lo saludó como era habitual y se sentó delante de él. Tom notó durante el recorrido que ella no dejaba de temblar. Hacía frío y la lluvia no ayudaba en absoluto a elevar unos grados la temperatura.

Cuando se bajaron juntos del autobús, él la detuvo antes de que ella se le adelantara.

—Sé que vamos hacia el mismo lugar, ¿quieres que vayamos juntos? —le preguntó señalándole el paraguas.

Ella le sonrió.

—Gracias —se colocó a su lado para que la lluvia no la mojara—, el mío se rompió con el viento de anoche —le ofreció la mano—. Soy Sabine.

Él le apretó suavemente la mano.

—Tom.

—Lo sé. En mi curso te conocen por tus manos —avergonzado metió su mano libre en bolsillo—. No, no te avergüences —ella le apretó el antebrazo, reconfortándolo—. Comentan que tus manos son mágicas para amasar, y que todo lo que haces con ellas es delicioso. Hasta los profesores lo comentan.

—Gracias... supongo.

Tom estaba nervioso ¿Había halagado sus manos? Era algo bastante extraño. Y bizarro, para qué mentir.

Al entrar al edificio había llegado el momento de separarse. Ella aún tenía frío, estaba pálida y sus labios parecían un papel mojado a punto de romperse.

Tom cerró su paraguas, se sacó la chaqueta y se la ofreció. Ella se negó rotundamente, y prácticamente Tom la obligó a tomarla.

—Me la puedes devolver en el autobús.

Y cada uno se fue a su clase.

Ella desapareció durante una semana. La lluvia la había enfermado.

Cuando regresó, le devolvió la prenda limpia a Tom. Le agradeció en varias oportunidades.

Tom nunca olvidaría el perfume de Sabine en su chaqueta.

· · ·

Ir juntos a la escuela de gastronomía se había hecho costumbre. Con el pasar de los meses comenzaron a realizar pequeños encuentros al finalizar las clases: tomar un café, intercambiar notas, ir al cine, dar un paseo, mirar escaparates. Simplemente disfrutaban la compañía del otro, era gratificante.

Los años de amistad se intensificaron, compartían amistades y buenos momentos. A Tom siempre le gustó Sabine, pero nunca le dijo nada. Si algo tenía que suceder, sucedería a su tiempo.

Él recuerda ese hermoso día cuando ello lo invitó a un paseo a la orilla del Sena. Nada especial, solo caminar y hablar.

El cielo había comenzado a nublarse y había decidido volver a sus casas antes de que la lluvia los sorprendiera.

Ella lo detuvo un instante.

—Tom, quiero decirte algo importante —ella lo tomó de la mano—. Te quiero —pausa. Tom solo la miraba—. Quiero decir que me gustas —ella bajó la mirada—, quiere ser algo más que tu amiga. Confío en ti más que nadie. Y-yo...

Tom acunó su rostro con sus manos. Las mejillas de Sabine estaban rosadas, él podía sentir las propias arder. Ella aún mantenía la mirada baja.

—Yo también —ella lo miró, tenia los ojos brillantes—. También me gustas y también quiero ser más que tu amigo.

Ella largó aire por su nariz y cerró sus ojos. Él se fue acercando poco a poco. Sabine lo abrazó por el cuello.

Las gotas de lluvia comenzaron a caer cuando ya se estaban besando.

· · ·

Al año de estar de novios decidieron vivir juntos. Consiguieron una casa, como ellos querían, para poder abrir su soñada panadería en la sala de abajo.

Poco a poco cumplirían sus sueños.

La panadería fue un éxito inmediato. Todos alababan sus productos y cada vez había más gente.

Una enorme tormenta asechaba a París, el viento y la lluvia golpeaban fuerte y decidieron cerrar temprano para poder cenar tranquilos y quedar en un lugar caliente.

Tom se encargó de cerrar y acomodar todo. Cuando subió las escaleras Sabine salía del baño.

—Tom, estoy embarazada.

Ambos comenzaron a llorar, emocionados y asustados ante esta nueva etapa en sus vidas. Se abrazaron, se besaron y se amaron, como aún lo siguen haciendo.

¿Acaso todos los momentos importantes y hermosos tenían que pasar cuando lloviera?

En realidad no le importaba mientras Sabine estuviera a su lado.


¡DESHONRA PARA MI VACA POR NO PUBLICAR A TIEMPO! Perdón por no publicar ayer, pero se cortó la luz y luego internet y, recién lo puedo publicar. Disculpen si hay algo mal o no está bien corregido, con lo apurada que estoy se me pudo haber pasado algo.

En unas horas publico el siguiente.

¡Nos leemos en el próximo!