Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir pertenece a su creador Thomas Astruc y a las empresas relacionadas: Zagtoon, Toei Animation, Method Animation y SAMG Animation.
VI. Distinto
Era su primer día de clases en la Facultad de Arte. Todavía seguían ingresando alumnos al aula, se sentaban y esperaban al profesor. Muy pocos hablaban, pues era el primer día en el primer año y nadie conocía a nadie.
Tamborileaba sus dedos en el pupitre mientras se distraía viendo a los alumnos ingresar. Uno en particular le llamó la atención. Tenía el cabello rojo, no anaranjado, literalmente rojo, como el color de sus uñas pintadas. Él caminaba mirando sus pies. Era pequeño en estatura al compararlo con los demás y su piel se veía clara, posiblemente llena de pecas.
El chico rojo se sentó delante de ella, haciendo que pudiera admirar su cabello más de cerca. Estiró su mano hacia adelante y comparó el color del pelo del chico con el color de sus uñas –rojo pasión según la etiqueta–. Y sí, eran bastantes similares. Le llamó la atención que ese color de cabello tan inusual era natural. Ella sabía reconocer un cabello teñido, pues su madre era estilista.
—Increíble —susurró.
El profesor ingresó, los hizo a callar a todos y se presentó.
Ella sacó su cuaderno y lapicera, pero se le ocurrió una idea y la escondió al instante. Estiró la mano y le tocó el hombro al chico rojo.
Asustado se dio vuelta y la miró.
—¿Me prestas algo para escribir? Es una vergüenza que sea el primer día y ya me haya olvidado eso.
Él se dio la vuelta, buscó en su estuche y le dio una lapicera negra. No dijo ni una palabra, pero a ella no le importaba, sólo quería ver el color de sus ojos.
—Gracias —«Que celeste tan hermoso», pensó.
La lapicera tenia un papel pegado con un nombre: Nathanaël.
· · ·
Sus compañeros de clases eran geniales. Siempre estaban dispuestos a ayudarse y hacían reuniones recurrentes para ayudarse mutuamente en el estudio. Llegó a conocer un poco más a Nathanaël. Era un chico tímido y reservado, pero con una gran imaginación.
Sus compañeros comenzaron a llamarlo Rojo de forma cariñosa. Al menos era más corto que Nathanaël y más original que Nath. Los más altos le decían Pequeño Rojo, remarcando su poca altura. Por suerte él se lo tomaba con humor y nunca se enojó con nadie por esos apodos.
Era tan pequeño y bueno que le causaba ternura.
· · ·
Nathanaël era muy tímido y casi siempre estaba solo, eran él y su carpeta de dibujos. Generalmente se sentaba en las anchas escaleras del patio interno. Tomó valor y te acercó.
—¿Puedo?
Él se movió hacia un lado, dejándole espacio. Cerró su carpeta y la apretó contra el pecho, ocultando lo que estaba haciendo.
A pesar de que estuvieron hablando tranquilamente el tiempo libre entre clase y clase, a ella no se le quitó la curiosidad.
· · ·
Con el tiempo lograron hacerse amigos. Ella no paraba de dibujar en la equina de sus hojas al Nathanaël, resaltando siempre sus ojos celestes y su cabello exageradamente rojo.
Le dejó el vaso sobre el escritorio.
—Capuchino, tres de azúcar y poca crema.
Nathanaël le sonrió.
—Gracias. Tú sí me conoces.
—Soy tu amiga —le respondió—. Si no sé algo tan básico como eso, pues entonces no sé quién soy —ella le dio un sorbo a su café.
Las ojeras se notaban en ambos. Falta un cuarto de hora para las cuatro de la mañana, pero querían terminar el proyecto. O al menos poder avanzar cuánto pudieran.
Haciendo una profunda investigación –que consistió en preguntarle a cada momento qué es lo que escondía en su cuaderno– descubrió que Nathanaël se había inscrito en un concurso. Tenía que realizar un cómic completo sobre alguna aventura de Ladybug y Chat Noir, pero estaba cerca de la fecha de entrega y aún no lo tenía completamente dibujado. Según tenía entendido los mismos héroes de París formarían parte del jurado.
Ella se comprometió en ayudarlo. Dijo ser buena en los dibujos digitales y fue suficiente para que él aceptara su ayuda.
Ella estaba delineando uno de los dibujos. Su vista estaba tan cansada que las lineas se le cruzaban y le costaba enfocar la vista. Se apretó el puente de la nariz, se refregó los ojos y decidió que ya era demasiado trabajo y, que había llegado el momento de descansar.
Dio otro sorbo al café y lo observó: él tenía toda su concentración en el dibujo, el ceño fruncido y su cabello rojo desordenado.
—Creo que es hora de descansar —ella comentó.
—¡No! —el grito la sorprendió— Lo siento, no quise hacerlo... Estoy cansado —se pasó las manos por la cara para quitar el sueño—. Pero si nos detenemos no lo entregaremos a tiempo.
Ella se acercó al Pequeño Rojo y le acarició la cabeza.
—Sí lo haremos, pero para eso debemos descansar.
Los párpados de Nathanaël se cerraban por si solos.
—Está bien, pero solo un momento.
—Como desees.
Se sentaron en la cama a mirar una película en la televisión usando la pared como respaldar. Así se durmieron, hombro a hombro.
· · ·
Terminaron el trabajo a tiempo, entregando el comic dos días de antes de que se termine el tiempo. Los resultados se publicarían en el Ladyblog de Alya Césaire en un mes.
Ese mes pasó realmente lento y lo único que lograba distraerlos un poco era el estudio, pues tenían encima muchas fechas de exámenes para rendir.
El día decisivo había llegado por fin. Acordaron encontrarse en las escaleras del patio interno de la facultad. Ella se llevó un café y a él le llevó su capuchino tal cual le gustaba. Cuando llegó Nathanaël estaba en el punto acordado. Se notaba la ansiedad en él, por la palidez de su cara y la ojeras bajo los ojos ella dedujo que su amigo no había pasado la noche en vela.
Ni siquiera lo saludó, le dio el capuchino y se sentó a su lado.
—Gracias —le sonrió él. Aunque su rostro se notara cansado, ella vio sinceridad en su sonrisa—. Realmente lo necesito.
—¿Listo?
El suspiró profundo.
—No —le pasó la tablet con mano temblorosa—. Hazlo tú.
Ella le hizo el favor, ingresó al Ladyblog y colocó la tablet entre ellos dos para que ambos pudieran ver.
El título era enorme y estaba acompañado por un collage con imágenes de varios de los trabajos entregados:
«Concurso Crea tu propia aventura: Lista de ganadores y menciones especiales»
Abrió la entrada en el blog. La espera mientras la página cargaba se les hizo infinita. Nathanaël desvió la mirada.
—Nath —le dijo ella sin ninguna emoción en la voz y le pasó la tablet. Él la miró, nunca le decía Nath a menos que fuese importante.
Nathanaël ya había aceptado la derrota y desanimado miró lo que le mostraba la pantalla, pero al instante su rostro se animó y la envolvió en un fuerte abrazo.
—¡Gané! —exclamó. Ella solo pudo sonreír y devolverle el abrazo.
Desde que conoció a Nathanaël siempre le gustó su cabello. Era único, hermoso y brillante. También amaba sus ojos celestes como el mar, siempre tímidos pero llenos de vida, curiosidad e imaginación.
Pero lo que más le gustaba era ver esa hermosa sonrisa en su rostro.
Oookay, como la opción era Nathanaël con cualquiera decidí hacer un reader insert, pero es algo distinto. Debo confesar que no me gustan los reader insert porque siento que cuando dice [tu nombre], [nombre de tu padre], [nombre de tu mascota], [lo que sea] interrumpe la lectura. No critico a lxs que les gusta leer ese tipo de escrito ni a lxs que los escriben, es sólo mi opinión y creo que soy la única persona a la que le molesta eso.
Dejando ese punto aclarado, espero que les haya gustado el one-shot del día.
Por Dios, como se me complicó escribir Nathanaël.
¡Un enorme abrazo!
Edit: En Wattpad me corrigieron el color de ojos de Nathanaël, así que ésta es la versión corregida.
Quiero agradecer especialmente a uminekofuuhikaru por sus comentarios.
