El gato de Schrödinger se encontraba maullando en la oscuridad, inundando la sala con un sentimiento de desesperación. A su vez, Elpis parecía pasear por el borde de la cama con la intención de acercarse hacia la ventana.

Los ojos de Root se adentraron en la oscuridad de la sala, pidiendo a gritos ser encontrados. El alfeizar empezó a sentirse como una pequeña nube, todo empezó a darle vueltas. Su cuerpo pendía del borde de la ventana. La figura que se encontraba de pie en medio de la oscuridad empezó a dirigirse hacia ella. Root consiguió alcanzar el taser de su chaqueta y lo dirigió hacia la sombra.

Los pocos vehículos que pasaban por Lenox Avenue consiguieron iluminar el interior de la habitación. Root quedó paralizada al encontrar su mirada reflejada en aquellos ojos marrones que tanto deseaba volver a ver.

- ¿S-Sameen? – susurró entre lágrimas.

Shaw avanzó hacia Root con ojos perdidos y cansados, su cuerpo parecía flotar por la sala esperando poder ser sostenido. Ambas se observaban a escasos centímetros, deseando romper la barrera que parecía separarlas.

- Harold dijo… Ella…ella no está... y tú…

- Root. – interrumpió Shaw mientras acercó las manos a su rostro.

- Estás aquí. – dijo Root, esbozando una triste sonrisa en sus labios.

- Estoy aquí.

Una especie de felicidad agridulce las envolvió en el momento. Root deseaba abrazar a Shaw y no dejarla escapar de nuevo, deseaba poder decirle lo mucho que la había echado de menos y lo feliz que estaba por tenerla de nuevo frente a ella; Shaw, en cambio, no quería hablar, se limitó a sostener el rostro de Root y abrazarla. "¿Por qué ahora?" intentó preguntar Root con voz quebrada, pero el sonido no acabó de salir de sus labios. "¿Qué ha cambiado?", volvió a intentar decir. Había demasiadas incógnitas, tanto que explicar, pero acabó dándose cuenta que aquel no era el momento.

Se dirigieron al borde de la cama y se limitaron a sentarse una al lado de la otra. Root apoyó su cabeza en el hombro de Shaw, provocando un quejido de dolor en ella.

- ¿Estás bien? – preguntó Root con preocupación, pero al ver su rostro supo la respuesta. Se dirigió al botiquín del lavabo y comenzó a buscar entre las pastillas y los vendajes.

- Hey. – masculló Shaw, acariciando la mejilla de Root cuando la tuvo de nuevo delante. – Estoy bien.

El silencio de la habitación solo fue interrumpido por las quejas de Shaw, quien dejó el filo de la cama empapado de sangre. Root necesitaba respuestas, necesitaba saber qué había pasado con ella, pero no quería perderla. No ahora cuando por fin la tenía de vuelta.

- Ya se te podrían dar igual de bien los puntos que las armas, Root. – se quejó Shaw al contemplar la herida cosida de su brazo.

- Tomaré eso como un agradecimiento. – contestó Root, dirigiendo la aguja hacia el cuello de Shaw y esbozando una sonrisa en sus labios, la cual tardó poco en desdibujarse. – Me tenías preocupada.

- Root, ahora no…

- ¿Ahora no? ¿Entonces cuándo? Dime.

- No voy a hacer esto.

- Aquí está tu problema, Shaw. Nunca quieres hablar de nada, no quieres hablar de ti, no quieres hablar de tu pasado, no quieres hablar de… nosotras. – le reprochó Root.

- ¿Mi pasado? – preguntó Shaw, evitando así contestar ese "nosotras". – Todo lo que puedas saber te lo habrá contado esa máquina, Dios, demonio, como quieras llamarlo.

- ¿Y crees que quiero escucharlo de ella? – dijo Root, deseando poder gritarle que no era la Máquina a quien quería escuchar. – Además, precisamente ahora el pasado por el que quiero saber está bien cercano. Así que por una vez en tu vida, ten en cuenta a los demás y dime, ¿por qué no volviste?

- Joder, Root. Necesitaba protegert… Necesitaba protegeros.

- No me vengas con esa historia, no huyas de todo con la excusa de la protección. Acabamos con Samaritan, eras libre y decidiste no volver. No hay protección, no hay motivo, no hay nada.

- ¿De verdad crees que sería capaz de volver con vosotros después de lo que hice? No podía permitirme volver, no sería capaz de mirar a Bear a la cara. – dijo Shaw con la intención de añadir cierto humor a la discusión y así tranquilizarla.

- Me dejaste. – susurró Root.

Por mucho que Shaw quisiera mantener su frialdad, las palabras de Root tuvieron un impacto en su interior. Sabía que estaba en lo cierto, Harold y John se tenían el uno al otro, llevaban tiempo siendo un equipo; pero Root, sin la Máquina, estaba completamente sola.

- Volví. – dijo Shaw.

- ¿Qué?

- 29 de octubre de 2013. "Cuando veas esa estatua de nuevo…", pues bueno, la vi. – empezó a explicar Shaw mientras observaba la mirada de confusión de Root. – Decidí volver por tercera vez…y ahí estabas, sentada en el banco, acariciando a Bear.

- ¿Por qué no te acercaste?

- ¿Y decirte qué? No era tan simple, Root.

Aunque le costase aceptarlo, sabía que Shaw tenía razón. Harold y John no hubiesen aceptado que volviese al equipo fácilmente teniendo en cuenta que había trabajado para Samaritan en los últimos meses.

El silencio volvió a invadir la habitación, amenazando con finalizar ese momento. Shaw empezó a desnudarse, abrió el armario y rebuscó en él. Root se acercó al alfeizar y cogió la camiseta que horas antes había sacado del armario para devolvérsela. En ese preciso instante, su piel entró en contacto con la de Shaw y una pequeña chispa las hizo acercarse. Eran incapaces de dar un paso atrás, la misma barrera que momentos antes las separaba ahora se encontraba presionando sus cuerpos. Los ojos de Shaw se encontraron en los de Root.

- Sameen…

"Sameen" – aquel nombre dejó caer una lágrima por el rostro de Shaw y la presión de la barrera cesó, permitiendo a Root acariciar el cuerpo desnudo de Shaw, quien no dudó en acercar sus labios y besarla. Aquel beso compartía con la noche el mismo sabor agridulce. El sentimiento de soledad, desesperanza y temor que las había acechado en los pasados meses empezó a remover la habitación con la intención de abandonarlas para siempre. Sus rostros cansados empezaron a coger color con cada beso y cada caricia. Cualquier otro apocalipsis cibernético que tuviese lugar esa noche no sería capaz de separarlas de nuevo.